Publicaciones

 
LA PRIMERA COMUNIÓN

Llamados a ser como Jesús



La Primera Comunión. Llamados a ser como JesúsEmilio GRASSO, La Primera Comunión. Llamados a ser como Jesús, Centro de Estudios Redemptor hominis (Cuadernos de Pastoral 29), San Lorenzo (Paraguay) 2012, 64 págs.

Presentamos un nuevo “Cuaderno de Pastoral”, fruto de encuentros con los niños de la catequesis para la Primera Comunión, con sus padres, los catequistas y otros educadores.

A los padres y a los catequistas, a quienes en especial modo está dirigido, les ofrece algunas líneas esenciales para introducir a los niños, con sencillez, en el misterio de la Eucaristía: Dios que baja del cielo para cambiar nuestra vida.

Este texto no es un manual de catequesis; sin embargo, encontramos en él algunos principios muy valiosos, para comprender el verdadero sentido de la Primera Comunión de los niños.

El autor, el P. Emilio Grasso, quien trabaja en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí (Diócesis de San Lorenzo - Paraguay), quiere ayudar también a los niños para que sepan valorar cada vez mejor a Dios hecho pan, alimento para nosotros en la Eucaristía.

Jesús se dona gratuitamente a todos y a cada uno de nosotros con una entrega total, mediante la muerte en la cruz.

Afirma Gregorio Nacianceno:

Él asume la carne, para redimir a la carne. ... El que enriquece a otros se hace pobre; soporta la pobreza de mi carne para que yo alcance los tesoros de su divinidad. El que todo lo tiene, de todo se despoja; por un breve tiempo se despoja de su gloria para que yo pueda participar de su plenitud” (Gregorio Nacianceno, Disertación 45).

Al recibirlo, en efecto, se produce nuestra transformación y nuestra vida cambia: quien acoja a Jesús se convertirá en Él.

La Comunión con el Hijo de Dios, quien ha sido crucificado, ha resucitado y está sentado a la derecha de su Padre en la gloria, es una fuerza divina que nos une íntimamente a Cristo y nos fortalece en la lucha contra el pecado.

En esto se comprueba la sabia intuición de san Pío X, quien, al acentuar el valor y la sacralidad de la Comunión para los bautizados, admitió a la misma también a los niños. El ofrecer a ellos la posibilidad de recibir el Cuerpo del Señor, desde la edad de la razón, es como resguardarlos bajo el amparo del Corazón de Jesús, “casa de Dios y puerta del cielo”.

La Iglesia, por tanto, mira y atiende a ellos, los cuida y se preocupa por ellos, con predilección y mirada amorosa, con atención y solicitud singulares, porque son los amigos muy especiales del Señor. La Santa Madre Iglesia desea que sus hijos pequeños, con las debidas disposiciones, reciban pronto el mejor y más grande don que Jesús nos ha dejado como memorial: el Pan de vida bajado del cielo.

A través de la Sagrada Comunión, Jesús en persona entra en la vida de quien lo reciba y pone su morada en él. No cabe mayor amor, ni mayor regalo que este don, lo más preciado que pueda darse en la vida de cada hombre. Estar con el Señor; que Él esté en nosotros, dentro de nosotros; que nos alimente y sacie; que nos tome de la mano y nos guíe; que nos vivifique y permanezcamos fielmente en comunión y amistad con Él, es sin duda lo más grande, lo más gratificante, lo más gozoso que le pueda suceder a uno (cf. A. Cañizares, Jesús y los niños, en “L’Osservatore Romano” [esp.] n.º 33 [15 de agosto de 2010]).

En este “Cuaderno” se encontrarán, en toda su sencillez, los elementos principales que un educador debe proporcionar a los niños como preparación a la Primera Comunión, para guiarlos hacia un proceso de cristificación, una identificación con Jesús, cuya eficacia salvadora dependerá también de la participación y fe de quien la reciba. La gracia de Dios, en efecto, no puede hacer nada sin la colaboración del hombre.

Sea cual fuere el discurso que se desarrolle en la Iglesia, este no puede prescindir de la fe. Aun los sacramentos no pueden salvar al hombre sin su fe. La gracia no se puede imponer. Dios no impone su felicidad.

Quien te hizo sin ti –dice san Agustín– no te justificará sin ti” (Agustín, Sermón 169).

Para poder seguir los designios de Dios, debemos escuchar su Palabra, analizarla y hacerla fructificar, porque solo así sus promesas actuarán eficazmente.

El pan –subraya el P. Emilio– no se recibe de balde, sino que exige el precio de nuestro sacrificio, de nuestra cruz. De lo contrario, solo se miente y se engaña, manifestando que se quiere vivir a expensas de otros.

Con el sudor de tu frente comerás tu pan hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste sacado” (Gen 3, 19).

El amor radica en olvidarse de sí mismo y de su propia autosuficiencia, valorando a los demás, para que brille la chispa de la belleza escondida en ellos como en cada persona. Solo esta humildad conduce a Cristo.

En este camino de formación, los padres son los primeros educadores de sus hijos, a quienes deben guiar con ternura y firmeza hacia la meta, para que lleguen a realizar el sueño que Dios ha puesto en sus corazones.

Esto será posible solo a través del testimonio de vida de los padres. Los niños observan y su mirada, más significativa que cualquier palabra, los juzga.

El autor, teniendo en cuenta la transformación llevada a cabo con la Primera Comunión, invita a los educadores a volverse un apoyo eficaz en la comprensión del valor del sagrado alimento del que todos pueden disfrutar. Ellos, que son, al mismo tiempo, maestros y discípulos, siempre deben tener presentes, con la humildad, la sencillez y la maravilla que los niños llevan en su corazón, estas palabras del Señor:

En verdad les digo: si no cambian y no llegan a ser como niños, nunca entrarán en el Reino de los Cielos” (Mt 18, 3).

La Redacción



ÍNDICE

 

Introducción 

3

I.

Eucaristía: el sacrificio de Jesús, quien  se ha entregado por amor

7

 

El amor exige sacrificio 

9

 

Nuestra “cédula de identidad” cristiana es el signo  de la cruz

12

 

El acto de arrodillarse

14

II.

Al comer el Cuerpo de Jesús, nos transformamos en Él

20

 

Diferencia entre el pan común y el Cuerpo de Jesús

21

 

Primer alimento: la palabra de Dios

25

 

Jesús, hecho alimento

28

 III.

Eucaristía quiere decir “dar gracias

33

 

Dios se dona

 35

 

Los frutos de la comunión

 36

 IV.

Con la Primera Comunión empieza el compromiso  

 40

 

Compromiso de fidelidad

 42

 

María y los santos, ejemplos de fidelidad

 44

 V.

Los padres: primeros anunciadores de la fe a sus hijos

47

 

Tener en cuenta la realidad en la que viven los niños

 48

 VI.

Conclusión

 52