Entrevistas/24


 

ARTÍFICES DE UNA ESTACIÓN AFRICANA DE ESPERANZA

Algunas preguntas al Card. Stanisław Ryłko

 

El Card. Stanislaw RylkoStanisław Ryłko ha nacido en Polonia en 1945, y en 1995 ha sido nombrado Secretario del Pontificio Consejo para los Laicos, del cual se volvió Presidente en 2003. En el seno del consistorio del 24 de noviembre de 2007 ha sido creado cardenal por Benedicto XVI.

Al Card. Ryłko el Santo Padre le ha dirigido un significativo Mensaje, con ocasión del Congreso Panafricano de los Laicos Católicos, organizado por el Pontificio Consejo para los Laicos, en Yaundé, desde el 4 hasta el 9 de septiembre de 2012.

Durante mis viajes a ese continente ―dice el Santo Padre en el Mensaje―, afirmé en varias ocasiones que África está llamada a ser el ‘continente de la esperanza’. No eran palabras circunstanciales, sino que indicaban el horizonte luminoso que se abre a la mirada de la fe. Ciertamente, a primera vista los problemas de África parecen graves y de difícil solución, y no solo por las dificultades materiales, sino también por obstáculos espirituales y morales que afronta también la Iglesia… A pesar de ello, si miramos al corazón de los pueblos africanos con una mirada más profunda, descubrimos una gran riqueza de recursos espirituales, muy valiosos para nuestro tiempo ―afirma el Santo Padre― … Convertir a África en ‘continente de la esperanza’ es un compromiso que debe orientar hoy la misión de los fieles laicos africanos, así como el Congreso mismo que estáis celebrando”.

El Card. Ryłko, en su discurso de apertura en el Congreso, rico en contenido y articulado, ha definido a aquella asamblea “el Congreso de la esperanza”. Al final de los trabajos, a él le hemos hecho algunas preguntas, a las que ha respondido amablemente.

 

 

* Eminencia, usted ha definido al Congreso Panafricano para los Laicos Católicos como el “Congreso de la esperanza”; esta esperanza tendrá que ser vehiculada por los participantes, al regreso a sus países, según el compromiso de cada uno. ¿Qué “signos” de esperanza derivan del laicado africano para la Iglesia universal?

 La fuente de la esperanza, cuando se mira al África de hoy, se individúa ya en el contexto de la evangelización del continente. El cristianismo de África es joven, y en la mayor parte de los países tiene menos de 200 años; sin embargo, en un lapso de tiempo tan breve, la fe ha logrado ya penetrar en la vida de tantos africanos.

En mi intervención inicial, he traído algunas estadísticas significativas. Al comienzo del siglo XX, los católicos en el continente eran 1 millón y 200.000; en el año 2000 alcanzaban 139 millones; en 2012, según el anuario estadístico de la Iglesia, son 185 millones, más del 18% de la población del continente. Ciertamente, desde el punto de vista demográfico, África ha vivido un crecimiento exponencial de la población, pero el ritmo de crecimiento de la difusión de la fe cristiana es más significativo que el crecimiento demográfico, y este hecho es un signo elocuente, un signo de esperanza, aunque los católicos queden minoritarios.

Se trata de una fe joven, con todo lo que esto comporta desde el punto de vista positivo, con su componente de entusiasmo, de dinamismo y de gozo, que impresiona, cuando se vive en contextos africanos, con respecto a tantas formas de fatiga y desaliento presentes en las Iglesias de antigua cristiandad. Pero, por ser joven, evidentemente, es una fe que debe ser acompañada, purificada de tantos elementos, profundizada y que requiere una constante evangelización.

* ¿Cuáles cree que son los obstáculos más serios que el laicado africano tiene que afrontar, y sobre los cuales la Iglesia debe trabajar con mayor empeño?

 La exhortación apostólica Evangelii nuntiandi de Pablo VI ha puesto en evidencia, con gran eficacia, la importancia de la evangelización de la cultura; la evangelización quedaría superficial si no penetrara y transformara la cultura, la vida de las personas, las instituciones sociales como la familia. El papa Juan Pablo II ha utilizado una expresión interesante, que ha suscitado también alguna perplejidad en ciertas personas, diciendo que la fe debe volverse cultura de un pueblo. Yo creo que sobre este punto hay que trabajar mucho, en África.

Hemos escuchado tantos elogios con respecto a la familia africana, pero conocemos bien todos sus límites; se habla de Iglesia-familia, que quiere expresar en su interior relaciones de solidaridad y de comunión, pero, al mismo tiempo, sabemos que la familia africana necesita ser profundamente evangelizada. Aquí se constata la necesidad de la evangelización de la cultura y, por tanto, de las instituciones humanas fundamentales en la vida de un pueblo. Sabemos, por ejemplo, que en África la poligamia es muy difundida y, a menudo, regulada civilmente; esta contradice la visión cristiana del matrimonio sacramental. De la poligamia nacen problemas que ponen en peligro la dignidad de la mujer, con consecuencias de sufrimientos de vario tipo.

La evangelización de la cultura es algo fundamental, para realizar la "esperanza" cristiana en el continente. Evidentemente, hay varios otros problemas que atañen a la vida de los laicos, como su presencia en la vida pública. Hay el fenómeno, hoy difundido casi por todas partes, de la desvalorización del compromiso político, de la corrupción en la administración de las instituciones públicas, de la incompetencia, de la arrogancia de tantos gobernantes. La exhortación Christifideles laici habla del derecho y del deber de los cristianos de comprometerse también en este campo, delicado y no fácil, pero necesario; no podemos limitarnos a denunciar los males; los fieles no tienen que mirar las instituciones y el mundo solo desde fuera, sino que deben entrar dentro, para transformarlos y orientarlos hacia los valores evangélicos. Esta es una orientación que el próximo Sínodo sobre la nueva evangelización vuelve a tomar con fuerza.

* En su intervención, usted ha dicho a los fieles del continente africano que no se debe tener miedo de ser minoritarios, sino de ser insignificantes a causa del desaliento o de la mediocridad. Es una invitación a tener el coraje de la propia identidad y de las propias convicciones, que a menudo requiere oponerse a tantas tradiciones y prácticas difundidas.

 El Santo Padre Benedicto XVI habla frecuentemente del concepto de "minorías creativas", que he querido recordar. El cristianismo, en el mundo de hoy, en África o en Asia, es minoritario, y en Europa se está volviendo tal cada vez más. Este hecho no tiene que desalentarnos, sino empujarnos a volvernos "minorías creativas", esto es, minorías que son conscientes de tener una misión determinante que desarrollar para el futuro de la humanidad, con una identidad clara y precisos criterios de juicio y de discernimiento. No somos un simple apéndice, un contorno insignificante; nos ha sido confiada una misión esencial, para la cual nadie es capaz de sustituirnos. Tenemos un mensaje que ofrecer al mundo, del cual este tiene urgente necesidad, y ningún otro fuera de nosotros puede hacer este servicio.

Gracias, Eminencia.

Mis votos por su misión y la de su Comunidad Redemptor hominis. Como Pontificio Consejo para los Laicos, en estos encuentros continentales, nos proponemos también atraer la atención sobre los nuevos carismas, los movimientos y las nuevas comunidades que participan en la misión eclesial. La belleza de la Iglesia de nuestro tiempo es también la explosión de colores y de flores diferentes, también pequeñas, pero cada cual con la propia identidad y misión que desarrollar.

(A cargo de Silvia Recchi)

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 
23/10/2012