“Querido amigo…”/16




De Bélgica, donde se encuentran para un período de formación, Mary Beatriz Portillo y Liz María Gómez, miembros de la Comunidad Redemptor hominis,  mantienen una regular correspondencia con los niños de la catequesis, con los monaguillos y las niñas liturgistas de las parroquias de Tacuatí e Ypacaraí.
En esta rúbrica "Querido amigo...", publicamos estas simples, pero significativas cartas, escritas en una realidad tan diferente de la del Paraguay, que, sin embargo, continúan aquel diálogo apasionado con los niños, entre los cuales Mary y Liz trabajan desde hace tiempo.




Genk, 30 de octubre de 2012

 

 

Queridos amigos del servicio litúrgico:  

Siempre, y con alegría, recibo sus saludos.

 A través de las fotos del día de la fiesta patronal, que me ha enviado Rosalba, he podido admirar, con gozo, la belleza de sus talentos, utilizados con cuidado y amor en la preparación de todos los detalles para las celebraciones litúrgicas.

Como siempre, ustedes han trabajado intensa y generosamente, para ayudar al pueblo cristiano a participar y vivir profundamente el misterio de la presencia de Cristo, que se celebra en las acciones litúrgicas.

Cada uno, ejerciendo la función que le corresponde, realiza este servicio para Dios mismo, porque, de esta manera, ayuda a la comunidad reunida en el nombre del Señor a confesar su fe, y a participar consciente e intensamente en el misterio pascual de Cristo, que se celebra.

Además de las grandes responsabilidades que cada una ya tiene en la familia, en la casa, como esposa, madre o abuela, ustedes siempre dedican generosamente su precioso tiempo al Señor.

La celebración litúrgica es una acción sagrada, a la cual los fieles son convocados por el Señor. Ellos se reúnen para celebrar el misterio de la salvación, que se ha llevado a cabo por medio de la vida, la pasión, la muerte y la resurrección de Cristo, y el envío del Espíritu Santo.

La liturgia es una obra de toda y para toda la comunidad cristiana, porque Cristo ha muerto por todos los hombres y la salvación alcanza a cada uno, pero no como individuo separado de los demás, sino íntimamente unido a toda la comunidad de los bautizados. En efecto, Dios  “quiso santificar y salvar a los hombres no individualmente y aislados, sin conexión entre sí, sino hacer de ellos un pueblo para que le conociera de verdad y le sirviera con una vida santa” (Catecismo de la Iglesia Católica, 781).

 Por eso, la liturgia es la actualización de los misterios salvíficos di Cristo. A través de ella, cada hombre participa en ellos, porque sin su actualización, todos los hombres que han vivido después del término de la misión terrena de Jesús quedarían excluidos del plan de la salvación, no pudiendo entrar en comunión con el sacrificio de Cristo. Él, “ofreció por los pecados un único y definitivo sacrificio” (Heb 10, 12), que no repite sino que actualiza, es decir, hace presente sacramentalmente, en la celebración de la Eucaristía, a través del ministerio de la Iglesia.

“La Iglesia es cuerpo de Cristo porque, por medio del Espíritu, Cristo muerto y resucitado une consigo íntimamente a sus fieles. De este modo los creyentes en Cristo, en cuanto íntimamente unidos a Él, sobre todo en la Eucaristía, se unen entre sí en la caridad, formando un solo cuerpo, la Iglesia. Dicha unidad se realiza en la diversidad de miembros y funciones” (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 156).

De aquí la importancia de las diferentes funciones en la liturgia: no todos son llamados a ser ministros consagrados, monaguillos, lectores…, coral, porque el pueblo de Dios se construye en la diferencia. Esto nos lleva a comprender mejor, lo que dice San Pablo en su Primera Carta a los Corintios:“Las partes del cuerpo son muchas, pero el cuerpo es uno; por muchas que sean las partes, todas forman un solo cuerpo. Así, también Cristo. Hemos sido bautizados en el único Espíritu para que formáramos un solo cuerpo… para que no se dividiera el cuerpo; todas sus partes han de tener la misma preocupación unas por otras... Ustedes son el cuerpo de Cristo y cada uno en su lugar es parte de él” (1Cor 12, 12-25.27).

Cada uno ha recibido un carisma, un talento que tiene que poner en común, porque es en la caridad donde se construye la unidad. La caridad es la suprema ley de la Iglesia.

Con su disposición a servir a la comunidad, ustedes ponen a beneficio de los demás los dones, los talentos que han recibido del Señor. De esta manera, ayudan al pueblo cristiano, a participar plenamente en las celebraciones litúrgicas y a experimentar la presencia del Señor.

La gracia divina crece, aumenta con los actos de caridad y de amor, en la búsqueda del bien y del crecimiento del otro, porque la fe pasa de persona a persona, tiene vida, fuerza solamente con la apertura, el movimiento hacia el otro.

La liturgia compromete a cada cristiano no solo en el momento de la celebración, sino también fuera de ella, en la casa, en la escuela, en el trabajo, en todo lo que hace, porque el culmen y la fuente de la  vida de la Iglesia es la liturgia: todo parte de ella y todo retorna a ella. Esto significa que es en la liturgia donde, escuchando la Palabra de Dios, aprendemos de Él cómo debemos amar; y hacemos experiencia de esto sobre todo en la Eucaristía, donde está realmente presente Cristo, quien ha entregado su cuerpo, ha derramado su sangre por amor, por la salvación de todos los hombres. Este es el amor que debemos vivir durante la semana, en los diversos lugares en que nos toca estar; luego, en la siguiente celebración litúrgica, vamos a presentar al Señor los frutos que hemos producido durante la semana.

En efecto, en la celebración de la Misa, con el saludo final “pueden ir en paz”, el sacerdote quiere recordar que cada uno está llamado a tomar el compromiso de ir a vivir lo que ha celebrado, a vivir la fe en la vida cotidiana.

Queridos amigos y amigas, les cuento que, junto con Liz, estoy ya en la última etapa del curso, es decir, en la fase de los exámenes finales.

Estoy muy contenta de poder volver junto a ustedes, en el mes de noviembre.

Con Liz, los recordamos siempre en nuestras oraciones. Les enviamos muchos saludos a cada uno de ustedes y a sus familiares.

 

¡Hasta noviembre!

Mary

 


03/11/2012