Vida de la parroquia de Ypacaraí
 



Volviendo de África

 

Aniversario de la ordenación sacerdotal de Emilio,

y entrega de la vestidura a los monaguillos

y del pañuelo a las niñas liturgistas



 

 La parroquia Sagrado Corazón de Jesús, el 31 de octubre, ha acogido a Emilio, que ha vuelto recién de su viaje a Europa y Camerún, y lo ha festejado, en el día aniversario de su ordenación sacerdotal, con una linda celebración eucarística, durante la cual él mismo ha entregado la vestidura sagrada a 13 monaguillos y el pañuelo a 22 liturgistas, que se han preparado durante todo este año.

Con gran emoción y juntos con sus padres, todos los monaguillos y las niñas  liturgistas han dirigido a Emilio palabras de felicitaciones y agradecimiento por todo lo que él ha hecho para ellos, durante estos años de servicio en parroquia y, con alegría, le han entregado algunos regalos.

En su homilía, dirigida a todos los presentes, Emilio ha querido manifestar los que siempre han sido puntos fundamentales de su sacerdocio; un mensaje con el que ha llamado a todos los presentes a abrir el corazón a lo que verdaderamente es importante en la vida, a lo que da paz auténtica y nos hace felices.


 

Todo muere, solo el amor permanece

 Para todos, pasa la figura de este mundo, ha recordado Emilio; la única realidad que no termina nunca, que permanece eternamente es el amor. Nosotros podemos pasar de muerte a vida si amamos, si sabemos salir de nosotros mismos para ir al encuentro de quienes son el Cristo en la historia: los más necesitados, los demás, los hermanos, no de sangre sino de gracia y libertad, dones de Dios. Un verdadero cristiano no debe adorar a Dios hecho carne solo en el Sagrario, sino también en cada persona. Cada hombre, el más pequeño, el más despreciado y humilde, el más pobre y desamparado o explotado es siempre carne y sangre de Dios, es Eucaristía.

No se puede olvidar que en el sufrimiento del pueblo de Dios, en los más pequeños, en los jóvenes, en la persona que necesita, es Dios mismo el que sufre. Cristo crucificado y oprimido sigue viviendo en medio del pueblo engañado, explotado, oprimido, crucificado de tantas formas.

El sufrimiento de muchas personas que viven silenciosamente en la tristeza, que lloran en su corazón con gran dignidad, es algo que siempre ha tocado el corazón de Emilio desde su infancia. Como él mismo ha recordado, fue su madre la que lo educó al amor a los pobres, a los que necesitan, enseñándole que existe siempre una persona que sufre y que necesita más que nosotros. Por eso, no podemos encontrar la verdadera alegría, la verdadera paz, si pensamos en nosotros mismos y no sabemos ir más allá de nuestras persónales necesidades. Cuando se sabe renunciar a algo exactamente para donar, se supera también la incapacidad de ir más allá de sí mismos y de estar siempre mirando el propio ombligo, y así se descubre la belleza del amor. Se experimenta que el amor es más bello que el odio, que el pensar en los demás da más alegría, más vida que el pensar en sí mismos.

 Las tantas personas que piensan solo en sí mismas, en sus intereses, no encuentran la felicidad, porque no saben o se olvidan que la felicidad no está en acumular dinero, riqueza, poder, gloria humana que pasa. Todo pasa, recordaba Emilio. Pasa la figura de este mundo, todo muere; solo el amor permanece.

Abrir el corazón, crear puentes de amor

Dar la vida para que los demás tengan vida es bello y nos hace felices. Por eso, también en esta linda celebración, Emilio ha repetido algo que siempre ha predicado en su vida: "Abran su corazón, no tengan miedo a descubrir la voluntad, el proyecto de Dios. Dios llama a todos, aunque de forma diferente, a abrir su corazón para encontrar horizontes cada vez más amplios".

Augusto Roa Bastos definía al Paraguay como "una isla rodeada de tierra". Pero, el Paraguay no puede ser una isla rodeada de tierra, como ningún país puede serlo, y tampoco ninguna persona. No se puede vivir aislados de los demás: por eso, Emilio ha invitado a toda la parroquia a crear puentes de amistad, de amor, de encuentro, para ir siempre más allá del pequeño círculo, grupo, gremio en que uno vive.

Volviendo de África, donde, en varias circunstancias, le han pedido hablar de su experiencia en la parroquia de Ypacaraí, Emilio ha contado cómo se ha dado cuenta de lo amplio que es el interés que ha  suscitado la pequeña, sencilla experiencia de Ypacaraí, de sus monaguillos y niñas liturgistas, de la Cáritas, de las manzaneras, de los enfermos, de lo que se hace en las Capillas, del puente de amistad y de oración con la parroquia de Obeck. De cómo la parroquia de Ypacaraí se ha transformado y de cómo sus feligreses han cambiado. Es así como sus oyentes han intuido que ellos también pueden cambiar. En su mensaje, Emilio ha subrayado la importancia de ser capaces de ir más allá de los estrechos horizontes en que, muchas veces, encerramos nuestro corazón; de superar la incapacidad de ver y de ir más allá, de aprender a tener una vista más profunda y una mirada más amplia.

La existencia del puente de amistad -puente de amor entre Obeck, pequeña parroquia de Camerún, e Ypacaraí, parroquia del Paraguay- es un pequeño signo y el comienzo de esta apertura del corazón que es necesario fortalecer, creando también en Ypacaraí, como ya hacen en Obeck, la reciprocidad y el intercambio en la oración, en el ofrecer su sufrimiento y su vida, para que los feligreses que participen en el puente puedan tener una existencia bella y feliz.

 

 
Los dones 
 

Al terminar la homilía, Emilio ha entregado algunos dones significativos, que los  amigos de Obeck le habían dado para los de Ypacaraí. Las niñas liturgistas han recibido un servicio de Misa y una vela africana. A los monaguillos se les ha regalado un lindo cuadro de madera, enviado por los coetáneos de Obeck, que representa la invitación a construir un puente de amistad también entre ellos.

Para toda la parroquia, Emilio ha traído el don más precioso: el Cristo crucificado africano tallado en madera.

Entregando al Cristo crucificado traído de África, Emilio recordaba que no hay salvación, ni esperanza, ni amor sin la cruz. Quien quiera una verdadera felicidad debe conocer el valor de la cruz, del sacrificio, de la renuncia, del amor. Sobre todo para los jóvenes, él expresaba, que no se puede tenerlo todo ahora y enseguida, sino que se debe saber trabajar, sacrificarse, luchar, empezando por la fidelidad a las pequeñas cosas de cada momento.

Cada día debemos descubrir el amor y vivirlo, para llegar al final de la vida sin arrepentirnos de nada. Después de 46 años de sacerdocio, Emilio, utilizando las palabras de la célebre canción de Edith Piaf Je ne regrette rien, decía: "No me arrepiento de nada".

 Pero, para no arrepentirse al final de la vida, cada uno debe saber pasar por el camino de la cruz, abrazar la cruz y amarla cuando llega, porque sin la cruz no se encuentra la vida y la felicidad autentica.

Por eso, el Cristo crucificado traído de África, símbolo de la catolicidad de la Iglesia y de su universalidad, que cada domingo se pondrá cerca del altar, será, para los fieles de Ypacaraí, también un signo concreto de la apertura del corazón de la parroquia hacia horizontes lejanos, y un llamamiento, para cada uno de ellos, a ser personas que saben mantener la fidelidad a su vocación hasta la muerte.


(A cargo de
Emanuela Furlanetto)

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09/11/2012