Profundizaciones

 

¿QUÉ TE OFRECEMOS, O CRISTO,

QUE NACES POR NOSOTROS EN LA TIERRA?


Navidad, tiempo de dones y de buenos sentimientos...

 


En ningún otro momento del año como en la Navidad, la sociedad está atravesada por una especie de fiebre, de frenesí de los buenos sentimientos, y está totalmente invadida, como dice M. Perrot, por una estética de la felicidad un poco azucarada, y por la ideología de la reconciliación y de la solidaridad, en el  marco de lentejuelas y de canciones
[1].

Ciertamente, este "espíritu de la Navidad" está ligado a Dickens y a su famosa "Canción de Navidad", de 1843, en la cual el viejo avaro y misántropo Ebenezer Scrooge, después de ser visitado, por la noche, por los espíritus de la Navidad pasada, presente y futura, se convierte a aquella simple filosofía expresada por el nieto, quien le hablaba de este período de bondad, indulgencia, caridad, el único período del año en que hombres y mujeres logran abrir su corazón endurecido, y se dejan conmover por la presencia de los demás.

¡Entonces, de esto hay demasiado!

La remisión a la compasión, a la caridad, a la familia, a la inocencia, a la generosidad, a los buenos sentimientos e stá presente hoy todavía, aunque frecuentemente bajo diversas formas, como lo pueden ser el aumento de las donaciones a las asociaciones caritativas, en este período, o el mayor número de voluntarios benévolos, quienes, por ejemplo, se ofrecen para servir a la mesa durante las comidas de los pobres, o los llamamientos a una Navidad solidaria, u otra cosa similar todavía.

La "Canción de Navidad" de Dickens conquistó a todos, ingleses, europeos y sobre todo americanos, quienes tomaron la costumbre de leerla en familia, en la vigilia de la Navidad. Luego, la fábula se transformó en una especie de "encantamiento planificado", y este, como siempre, desaparecía después de arrancar del calendario la hojita del 25 de diciembre.

"¿Te acuerdas, por casualidad, de aquella noche en que, muchos años atrás, nos hemos encontrado en una especie de cabaña, y allá, en el pesebre...?", preguntó el asnito al buey, ya en el paraíso de los animales -comienza así el lindo cuento de Dino Buzzati, Troppo Natale- "Bien, desde entonces, los hombres cada año hacen una gran fiesta por el aniversario del nacimiento. Para ellos, es el día más lindo. ¡Ojalá pudieras verlos! Es el tiempo de la serenidad, de la dulzura, del descanso del alma, de la paz, de las alegrías familiares, del quererse. Hasta las canallas se vuelven buenas como corderos. La llaman Navidad".

Y el buey y el asnito quisieron bajar a la tierra, para ver de cerca este fenómeno. "Era un espectáculo impresionante, mil lámparas, las vidrieras, las guirnaldas, los abetos y el exterminado embotellamiento de automóviles, y el vertiginoso hormigueo de las personas que iban y venían, entraban y salían, todas cargadas de paquetes grandes y pequeños, con una expresión ansiosa y frenética, como si fueran perseguidas. El asnito parecía divertido. El buey se miraba alrededor con susto... Por las calles, en las  tiendas, en las oficinas, en las fábricas, hombres y mujeres hablaban más que una urraca, intercambiándose como autómatas algunas fórmulas monótonas: Feliz Navidad, felicidades, felicidades a usted, gracias, igualmente, deseos de feliz Navidad. Un rumor que llenaba la ciudad. -Pero, ¿creen es esto? -preguntó el buey- ¿Lo dicen seriamente? ¿Le quieren de veras tanto al prójimo? El asnito se calló... ¿Estás verdaderamente seguro de que no se hayan vuelto todos locos? -No, no. Es simplemente Navidad. -Entonces, de esto hay demasiado".

¿Qué sentido tiene...?

"Bienvenidos a la feria de los buenos sentimientos", cantaba, algunos años atrás, Edoardo Bennato. Navidad: buenos sentimientos que se trenzan y sostienen campañas comerciales, que intentan dar forma y recuperar una fiesta, de la que en muchas sociedades se ha perdido el significado.

"O, mejor dicho", afirma Muolo, hablando de "fiestas cristianas robadas", "a causa de las corrientes culturales dominantes, se realiza en el DNA de las fiestas cristianas una especie de mutación genética, que, aunque manteniendo inalterado el nombre y la estructura formal, cambia profundamente su identidad y, en sustancia, las vacía de su verdadero significado"[2].

 ¿Qué sentido tiene festejar la Navidad, si no se reconoce que Dios se ha hecho hombre?, se preguntaba Benedicto XVI, durante una audiencia (19/12/2007).

¿Qué sentido tiene hablar de la Navidad en una sociedad, donde "un ejército de panzudos vestidos de rojo y con barbas postizas..., una muchedumbre voceante de parranderos, con los ojos puestos en blanco, en una expresión de perenne felicidad, se descuelga de las ventanas de los condominios, se para delante de las tiendas y en las calles más comerciales de las ciudades" y ha invadido el tiempo dedicado al Dios hecho hombre?[3]

Tal vez, se podría hablar de Saturnales, que los antiguos romanos festejaban entre el 17 y el 23 de diciembre, con grandes banquetes, sacrificios, en un creciendo casi orgiástico, en los que se intercambiaban felicitaciones y regalos.

O se podría hablar de la vuelta del espíritu de Dionisio, que ya caracteriza esta nuestra civilización posmoderna, y que intenta convencernos de que "mientras el Titanic se hunde, es necesario seguir  tocando el violín, recuperando la misma actitud lúdica que tenían los romanos, en el tiempo del derrumbamiento del Imperio: la alegría del naufragio"[4].

O de Santa Claus, de su matrimonio con la Coca-Cola, y de su desembarco en Normandía, durante la guerra junto con los aliados.

Pero, ¿hablar de la Navidad? ¿Qué tiene que ver la Navidad con todo esto, con aquel lento movimiento que tiende a hacer olvidar lo sagrado, para ofrecernos un tecno-paganismo, orgiástico-tribal, camuflado por el regreso a los orígenes y a la naturaleza, que pone en juego la carga emocional y la oscura luz de los sentimientos, también de los buenos?

La bulimia de los regalos

Y, a pesar de que vivimos en un tiempo de profunda crisis económica, y que, como anuncian diarios y sondeos, será una Navidad de crisis con consumos en baja, este año todavía se vuelve a ver la bulimia de los consumos y de los regalos[5].

Tal vez, se podría acoger (¿una vez?) las palabras de Benedicto XVI, recientemente publicadas en el Financial Times, con las cuales él afirma que "el nacimiento de Cristo nos desafía a repensar nuestras prioridades, nuestros valores, nuestro mismo modo de vivir. Y mientras la Navidad es, sin duda, un tiempo de gozo grande, es también una ocasión de profunda reflexión, mejor dicho, de un examen de conciencia. Al término de un año, que ha conllevado privaciones económicas para muchos, ¿qué podemos aprender de la humildad, de la pobreza, de la simplicidad de la escena del pesebre?"[6].

Navidad: un gigantesco potlatch, que de los estantes de las bibliotecas de los antropólogos y de los etnólogos inunda las calles de las ciudades de todos los países, manifestando lo que Perrot llama "el costo de las relaciones y el precio de la intimidad"[7].

 En efecto, sobre todo en la Navidad, el don cumple, también en la sociedad hipertecnológica, las mismas funciones de "fenómeno social total", que Mauss ha estudiado y descrito en las sociedades tradicionales. Un fenómeno, dotado de un significado conjuntamente social y religioso, mágico y económico, utilitario y afectivo, jurídico y ético, que implica el intercambio y una circulación de objetos, a través de la obligación de dar, de recibir y de restituir.

Los regalos y el número de las tarjetas de felicitaciones (ahora electrónicas, y que un tiempo se exhibían sobre la chimenea) son la prueba de la riqueza de las relaciones y del grado de prestigio que se puede exhibir. También la confección confiere al regalo un sentido "mágico", y manifiesta el vínculo entre el donador y el regalo mismo. Los regalos que se ofrecía, o que todavía hoy se ofrece, a quienes cumplen "trabajos humildes", son solamente la manera de saldar una "deuda" contraída con respecto a ellos.

Y, en la Navidad, esta deuda impone la obligación de donar, de recibir y de restituir: es el destino de quien posee vínculos. Donar a los propios seres queridos, "gastar desconsideradamente" para quien se ama: la Navidad restablece, cada año, el lugar que cada uno de nosotros ocupa en la red de los vínculos de parentela, y con la compra improductiva los seres humanos se esfuerzan por restablecer la intimidad perdida.

Una vez al año, la sociedad posmoderna, caracterizada precisamente por una sinergia entre arcaísmo y tecnología, vuelve a encontrarse a funcionar en el mismo ritmo de las sociedades tradicionales africanas, en las cuales los intercambios no son nunca "económicos", en el sentido moderno del término, sino que son ligados esencialmente a cuestiones de prestigio, de colocación del orden social, según el principio del consumo hasta el despilfarro, en la que puede ser definida una economía de ostentación.

¿Qué te ofrecemos, o Cristo?

Ciertamente el don forma parte del cuadro de la Navidad, y las sagradas representaciones de la Navidad o los cantos populares se explayan en describir cómo los pastores reflexionan sobre lo que deben llevar consigo, y, al hacerlo, alcanzan la vida diaria de la gente. Un antiguo canto siciliano dice: "Llegando a medianoche, les nació el Niñito; entre el buey y al asnito, les nació Jesús bonito / Había un pobre pastor; no tenía nada para llevar, le lleva un poco de leche en un balde, queso siciliano y queso fresco / Había un pobre cazador; no tenía nada para llevar, lleva una liebre y un conejo para la madre y para el hijo / Había un pobre carbonario; no tenía nada que llevar, lleva un trozo de carbón para calentar al Señor"[8] .

 Un himno litúrgico de la Iglesia oriental tiene como objeto el mismo tema de los dones que llevar al Niño Jesús, añade el futuro papa Benedicto XVI, pero le confiere una mayor profundidad y dice: "¿Qué te ofrecemos, o Cristo, porque por nosotros naces en la tierra como un hombre? Cada una de las creaturas, que son obra tuya, en efecto, te lleva su testimonio de gratitud: los ángeles, su canto; los cielos, la estrella; los magos, sus dones; los pastores, su admiración; la tierra, la gruta; el desierto, el pesebre; pero, nosotros los hombres te ofrecemos a una Madre Virgen".

María es el don de los hombres a Cristo. Y esto significa también que Dios no pide al hombre algunas cosas o un porcentaje de sí mismo, sino el corazón y todo su ser: Dios desea al hombre. Desea su fe, toda su vida animada por la fe. Y acogerá así los dones de los que habla la parábola del juicio universal: alimento y ropa para los pobres, compasión y amor fraternal, la palabra consoladora y la proximidad consoladora para los perseguidos, los encarcelados, los abandonados y los perdidos[9].

En una sociedad periódicamente enferma de bulimia de los dones, al final, se acaba por banalizar todos los dones y trastornar su sentido. Hoy, nota Enzo Bianchi, "se dona" con un sms una migaja a los que los medios de comunicación de masas nos indican como sujetos, lejanos, por los cuales vale la pena probar emociones. La tentación del hombre siempre es la de dar, antes que a sí mismo, otras cosas extrañas a él. Por eso, es significativo que en el cristianismo el único don posible sea el de sí mismo, del propio cuerpo, de la propia vida[10].

"Les ruego, pues, hermanos, por la gran ternura de Dios -escribe S. Pablo- que le ofrezcan su propia persona como un sacrificio vivo y santo capaz de agradarle; este culto conviene a criaturas que tienen juicio. No sigan la corriente del mundo en que vivimos, sino más bien transfórmense a partir de una renovación interior. Así sabrán distinguir cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, lo que le agrada, lo que es perfecto". (Rom 12, 1-2).

 

Giuseppe Di Salvatore

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 

 

 


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[1] Cf. M. Perrot, Etnologia del Natale. Una festa paradossale, Elèuthera, Milano 2001, 10.
[2] Chi ha rubato il Natale (e il resto), en www.avvenire.it
[3] S. Tamaro, Caro Gesù bambino, ti prego riportaci presto il senso del peccato, en www.ilgiornale.it
[4] Intervista. Il sociologo Maffesoli: "Dobbiamo recuperare il senso pagano dell'origine". A cura di Gian Luca Veneziani, en www.barbadillo.it
[5] Cf. por ej., Natale, sotto l'albero il 3% in meno dei consumi del 2011, en www.ilfattoquotidiano.it; Il budget di quest'anno per i regali di Natale? 550 euro. Nonostante la crisi. Ecco la ricerca di Deloitte, en www.huffingtonpost.it
[6] Il Papa: "I cristiani s'impegnino nel mondo". L'articolo di Benedetto XVI sul Financial Times: partecipazione in politica e in economia. "Trovino ispirazione nel Vangelo", en www.corriere.it
[7] Cf. M. Perrot, Etnologia del Natale..., 101-116. El potlatch es una palabra chinook (una tribu di nativos de la costa noroeste de la América del Norte) che indica una ceremonia ritual, en la que se ostenta prácticas de intercambio de dones o de destrucción de bienes, con vistas a estipular o consolidar las relaciones jerárquicas entre varios grupos.
[8] Echi di canti natalizi della gente di Sicilia, en www.carlomuratori.it/discografia/musica_popolare
[9] Cf. J. Ratzinger, La benedizione del Natale, Queriniana, Brescia 2005, 90-91.
[10] Cf. E. Bianchi, Il vero dono non vuole la reciprocità, en www.lastampa.it



23/12/2012