Homilías y discursos de Emilio Grasso

 

FABIANA, PEQUEÑA EUCARISTÍA EN MEDIO DE NOSOTROS


Homilía para su partida al cielo





Todos ustedes saben muy bien que casi nunca leo mis homilías. Me perdonen que esta vez lea algunas palabras que he pensado y madurado, desde el primer día que he visitado a Fabiana en su casa y he conocido a Sandra y a Juan.

 El cristianismo no es solo una doctrina y tampoco una ideología. El cristianismo es la persona misma de Jesucristo, el Dios hecho hombre, que sigue viviendo en medio de nosotros en la carne y en la sangre de quienes dan testimonio de Él.

Hoy, para mí, el cristianismo, en esta parroquia, tiene el rostro de Fabiana y está encarnado en el gran testimonio de amor, lleno de silencio y dignidad, escondido y sufrido, de Sandra y de Juan. El amor de Sandra y de Juan hacia Fabiana, el sufrimiento dulce y obediente hasta la muerte de Fabiana constituye el acontecimiento de la presencia de Cristo Jesús en medio de nosotros.

Nunca podré olvidar en mi vida la dulzura y el sufrimiento de Fabiana, cuando quiso venir a visitarme en la casa parroquial, y me entregó un don de su amor. En aquel momento, he comprendido y he visto que, en el amor de Sandra y en la dulzura paciente encaminada hacia la muerte de Fabiana, estaba presente Dios mismo en medio de nosotros.

No me pidan el porqué de este sufrimiento de una persona inocente, porque no tengo respuesta, y no hay respuesta. La única respuesta que podemos dar está en el arrodillarnos delante de Fabiana, pequeña Eucaristía en medio de nosotros, y adorar al mismo Dios que sigue haciéndose presente en los más débiles, en los más pequeños.

 El cuerpo es el instrumento, el símbolo, el sacramento del amor. Si amo, tengo que amar con todo el cuerpo; si creo, tengo que creer con todo el cuerpo.

El amor auténtico es el que ha sido crucificado. No es un juego el sufrimiento que nos pide el amor verdadero, pero la fe nos hace ver el bien, al Dios que se nos entrega en la cruz que nos da.

En este momento, no encuentro ejemplo más grande del que leo en las cartas de Emmanuel Mounier, uno de los más destacados filósofos franceses del siglo pasado, dirigidas a su esposa, sobre su hija gravemente enferma:

"¿Qué sentido tendría todo esto, si nuestra muchachita no fuese más que un pedazo de carne hundido no se sabe dónde, un poco de vida accidentada, y no esta blanca hostia que nos sobrepasa a todos, una infinitud de misterio y de amor que nos deslumbraría si lo viéramos cara a cara; si cada golpe más duro no fuera una nueva elevación, que es una nueva cuestión de amor cuando nuestro corazón empieza a estar acostumbrado y adaptado al golpe precedente? Oyes la pobre vocecita suplicante de todos los niños mártires del mundo y el pesar por haber perdido la infancia en el corazón de millones de hombres que nos preguntan como un pobre a la vera del camino: ‘Decidnos, vosotros que tenéis amor y las manos llenas de luz, ¿vosotros queréis dar también esto por nosotros? Si no hacemos más que sufrir -experimentar, aguantar, soportar- no resistiremos y fallaremos a lo que se nos ha pedido. De la mañana a la tarde, no pensemos en este mal como algo que se nos quita, sino como algo que damos para no desmerecer de este pequeño Cristo que está en medio de nosotros, para no dejarle solo en el trabajo con Cristo. No quisiera que perdiésemos estos días porque olvidáramos tomarlos por lo que son: días llenos de una gracia desconocida".

 El sufrimiento de Fabiana, de Sandra, de Juan, de toda su familia y sus amigos, todo esto está en la cruz de Jesús.

El cristianismo no es filosofía, ética, buena educación, razonamiento humano, doctrina de progreso, búsqueda de sentido, sino sobre todo el Cuerpo y la Sangre de Dios hecho hombre y entregado, para que los hombres puedan vivir. La Iglesia es Cuerpo de Jesús, como la Eucaristía, como María -modelo para cada uno de nosotros-, es carne donada a Dios para que Él pueda hablar con los hombres y ellos puedan entenderlo.

Hoy, en nuestra parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí, el cristianismo es el amor, el sufrimiento de Fabiana y el amor hecho carne y sangre de Sandra y de Juan, amor que hace presente a Cristo mismo en medio de nosotros.



P. Emilio Grasso 


30/01/2013