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la práctica del criadazgo en EL Paraguay

 

 

Está todavía bastante difundida en el Paraguay la práctica del criadazgo, término que deriva de la palabra criado/criada, y que identifica la realidad de niños y adolescentes que son incorporados en una familia, en muchos casos desde pequeños y como forma de amparo, y realizan actividades domésticas a cambio del alimento, del alojamiento, del vestuario y, en teoría, de la educación, sin recibir ninguna remuneración en dinero.

Esta realidad se distingue de la actividad doméstica infantil, considerada como trabajo realizado por menores en viviendas de terceros, a cambio de remuneración en dinero o en víveres.

Según las estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo, hay en el mundo 15,5 millones de niños implicados en el trabajo doméstico remunerado y no remunerado, en casa de terceros o bajo la dependencia de un dueño.

En el Paraguay, el 40% de la población (2.600.000 personas) tiene menos de 18 años y, según los datos del Frente para la Niñez y la Adolescencia, más de un millón vive en pobreza. El 13,6% de los menores de 17 años trabaja; de estos, 60.000 son trabajadores domésticos y casi 45.000 son los niños y los adolescentes que viven en situación de criadazgo.

Esta antigua práctica está causada no solo por la pobreza, sino también por la mentalidad que el trabajo hecho por un criado o una criada no se considera como tal, sino como remuneración por los favores donados por la familia hospedera bajo forma de lo necesario para vivir y de la educación.

Una costumbre con antiguas raíces históricas y culturales

El criadazgo, en efecto, tiene una larga raíz histórico-cultural y hunde sus orígenes en la atormentada historia de la conquista del Paraguay, de la sumisión del pueblo indígena, como de toda América Latina, a los trabajos serviles de la casa y de los campos de los señores y dueños españoles.

Esta práctica ha empezado con la así llamada encomienda, una institución característica de la colonización española, y que consistía en el derecho que daba el rey a un súbdito español, llamado encomendero (tutor), como compensación por los servicios que prestaba a la Corona, de recibir los tributos o los impuestos por los trabajos que los Indígenas, a su servicio, tenían que hacer para la Corona. El impuesto se pagaba con productos de la tierra, con servicios personales o con el trabajo hecho en la propiedad o en las minas de los encomenderos. A cambio el señor español debía tener cuidado de los Indígenas desde el punto de vista espiritual y material, preocupándose de educarlos en la fe cristiana.

La praxis del criadazgo se fijó más aún al término de la Guerra de la Triple Alianza de 1870, cuando en el país, diezmado de las fuerzas masculinas, se contaban alrededor de 200.000 habitantes, de los cuales solo 28.000 eran los hombres por encima de los 14 años, mientras que la mayor parte de los sobrevivientes eran mujeres, niños y ancianos.

A causa de la destrucción provocada por la guerra, muchas mujeres con sus hijos llegaban desde los campos a la capital o a otros centros urbanos en busca de sustento y de alojamiento.

En aquella época se intensificó particularmente la práctica del criadazgo sobre todo femenino, porque las madres entregaban sus pequeñas hijas a otras mujeres que trabajaban en los diversos sectores económicos. Por la escasez de hombres, en efecto, fueron las mujeres de cada condición social las que se encargaron de la reconstrucción del país, dedicándose a los trabajos agrícolas, a los criaderos, al comercio y a la pequeña industria. Estas mujeres, además de los propios hijos que cooperaban en el trabajo, contaban también con la ayuda de varias criaditas confiadas a ellas por sus madres, y que representaban mano de obra de bajo costo.

Esta costumbre de vida se intensificó en los años siguientes, y al comienzo del siglo XX era bastante común observar, en Asunción y en los principales centros urbanos del país, cierta cantidad de mujeres que ofrecían a las propias niñas en calidad de criadas para los trabajos domésticos en la casa de terceros, a cambio de lo necesario para vivir y, si era posible, de cierta enseñanza en la costura, en la cocina y en el catecismo católico.

La mayoría de las criadas provenía del interior del país, y la gran parte de ellas nunca más volvía a tener contactos con la familia de origen. Un elevado porcentaje eran hijas de padre desconocido y ya que las madres, en general, tenían otro hombre, eran ofrecidas para el trabajo doméstico en casa de otras familias.

Muchas de las criadas fueron objeto de vejaciones, maltratamientos, abusos de todo tipo, hasta ser obligadas a prostituirse.

La realidad actual del criadazgo

A pesar de que a comienzos del siglo XIX ha sido abolido el sistema de la encomienda y en 1870 el de la esclavitud, actualmente en la sociedad paraguaya siguen existiendo los pequeños criados y criadas, reducidos a esclavos con todos los rigores de la antigua ley abolida. Estos pequeños, en efecto, trabajan en casa o en los campos sin descansar, sufriendo numerosos abusos y sin los derechos que les pertenecen como niños.

Hay aspectos positivos en este fenómeno. Pero, son limitados a algunos casos, allí donde el niño tiene la suerte de encontrar a una familia verdaderamente acogedora que lo trata con respeto, facilita el contacto con la familia de origen y le ofrece todas las posibilidades, los estímulos y el apoyo necesarios para el estudio y para una verdadera educación, que no habría podido recibir en su familia por falta de medios y por la pobreza.

Numerosos, en cambio, y mucho más difundidos y considerables son los aspectos negativos del criadazgo: el alejamiento de los niños del ambiente familiar de origen, las largas horas de trabajo no remuneradas, las condiciones de trabajo establecidas sin ninguna regla por la familia en que el niño está viviendo, imposición de trabajos que superan a la capacidad del pequeño, violencia física, emocional y sexual, pérdida de la autoestima, dificultad en la escolarización, falta de apoyo afectivo, exposición a un permanente estado de vulnerabilidad, falta de información que permita defenderse, además del aislamiento social, de la ausencia de descanso y de recreo.

En muchos casos, los criados/as acaban por huir de las casas donde estaban alojados, prefiriendo permanecer en la calle, sabiendo que ni los padres que ya los habían enviado a trabajar, pueden mantenerlos.

Sensibilización y lucha contra el criadazgo

El Paraguay, en 2001, ha acogido y ratificado el Convenio 182 de la Organización Internacional del Trabajo sobre las peores formas de trabajo de menores, donde también el trabajo infantil doméstico está incluido en el listado de los trabajos peligrosos de menores, por lo cual es inaceptable y debe ser erradicado.

El Comité de los Derechos Humanos en el Paraguay, en las Observaciones finales de su tercer informe sobre el Paraguay, aprobadas durante el 107.° período de sesiones que se ha llevado a cabo desde el 11 hasta el 28 de marzo de 2013, ha manifestado preocupación por la preponderancia de la práctica del criadazgo, y ha afirmado: “El Estado parte debe adoptar normativas y estrategias para la eliminación de la práctica del criadazgo, incluyendo el fortalecimiento de las familias de origen para que puedan desempeñar plenamente su rol de crianza y el desarrollo de campañas de sensibilización para reducir la tolerancia social frente al trabajo infantil. El Estado parte también debe realizar esfuerzos para implementar programas de formación profesional para los niños y adolescentes de las familias vulnerables en todo el país”.

La Asociación civil Global Infancia, que desde el año 1995 trabaja en el Paraguay en defensa de los derechos de los niños/niñas y adolescentes del país junto con la organización internacional Save the children, ha lanzado una campaña de sensibilización y de lucha, “Terminá con el criadazgo”, actualmente en curso, contra esta ya obsoleta práctica, para eliminar esta costumbre.

La campaña apunta a implicar todos los medios de comunicación, divulgando las condiciones en que se encuentran niños y adolescentes criados, y manifestando cómo estas transgreden sus derechos y su desarrollo como personas y como ciudadanos libres del Paraguay.

(A cargo de Emanuela Furlanetto)

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 

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Fuentes:

www.abc.com.py (23/4/2013); (24/4/2013); (30/4/2913); (1/5/2013);

www.ultimahora.com (30/4/2013);

B.L. Fatou - F. Alvarenga - R.M. Ortiz - M. BenítezDiagnostico cualitativo sobre la situación de niños y niñas criadas en tres municipios de Paraguay, Edición de GLOBAL... Infancia, págs. 12-20.

Comité de Derechos Humanos, Observaciones finales sobre el tercer informe periódico de Paraguay aprobadas por el Comité en su 107º período de sesiones (11 a 28 de marzo de 2013), n. 19.

 

20/05/2013