Conocer la vida consagrada/23



MADRES Y NO “SOLTERONAS”

El Papa Francisco a las Superioras Generales


  

 

El 8 de mayo de 2013, el Papa Francisco ha dirigido un Discurso a la Asamblea Plenaria de la Unión Internacional de las Superioras Generales (UISG), reunidas para discutir sobre el tema: “El servicio de la autoridad según el Evangelio[1].

El Papa les ha propuesto “tres sencillos pensamientos” resumidos en las palabras: adorar, servir, sentir con la Iglesia.

El Discurso del Papa evoca, en síntesis, algunos grandes pilares que sostienen la vida consagrada, actualizándolos con su estilo personal y la inmediatez de su lenguaje.

Una existencia adorante

El primer pilar de la vida consagrada, recordado por el Papa, es la centralidad de la persona de Cristo. Esta requiere un éxodo permanente, para seguir la voluntad de Dios, liberándose de los propios proyectos, de los propios criterios y del propio “yo”. Es un camino de “adoración”, una actitud fundamental y prioritaria, que se realiza en una progresiva expoliación de sí. Adorar significa vivir de esta manera. Solo así se pueden llamar a los demás a esta centralidad de Cristo, a la identidad evangélica de las personas consagradas.

Esta actitud de adoración se expresa, ante todo, a través de la práctica de los consejos evangélicos de obediencia, pobreza y castidad, fundamentos de cada vida consagrada.

La obediencia empieza por la escucha de la voluntad de Dios, y se realiza cumpliéndola en la aceptación de sus mediaciones humanas. La dialéctica autoridad-obediencia, ha recordado el Papa, está ubicada en el corazón del misterio de la Iglesia.

Las personas consagradas no son llamadas a obedecer a Dios más que los otros fieles, porque todos deben someterse a Él. Lo específico en su vida consiste en el hecho de que ellas cumplen la obediencia aceptando determinadas mediaciones, que encuentran su fundamento en el origen carismático de la familia religiosa, y se hacen concretas a través de las constituciones del Instituto, mediante la vida fraternal de los miembros y la acción de los superiores. Estos son llamados a ejercer la autoridad en conformidad con el don del Espíritu, y a representar una mediación fundamental en la transmisión de la voluntad de Dios, en el interior del proyecto evangélico del Instituto.

En cuanto a la pobreza –ha recordado el Papa Francisco–, esta es, ante todo, confianza en la acción de Dios, en su proyecto y en su Reino, en la conciencia de que este no se construye con los medios humanos.

La pobreza no debe reducirse a una afirmación teórica, y “se aprende tocando la carne de Cristo pobre, en los humildes, en los pobres, en los enfermos, en los niños”, en todos los que están marginados en las periferias existenciales de la vida.

En fin, la adoración del Señor se expresa en vivir la castidad consagrada, como carisma precioso del don de sí a Dios y a los hermanos. De este modo, la castidad se vuelve fecunda, engendrando hijos espirituales en la Iglesia. “La consagrada es madre, debe ser madre y no ‘solterona’. Disculpadme si hablo así, pero es importante esta maternidad de la vida consagrada, esta fecundidad”.

La castidad orienta, de manera fecunda, las dimensiones antropológicas de las personas consagradas hacia Cristo, quien no ha venido entre los hombres para vivir en la fecundidad natural, sino que se ha hecho carne y sangre para donarse completamente y ser así el Esposo.

Con un lenguaje inmediato y popular, el Papa Francisco ha vuelto a recorrer la gramática esencial, que se encuentra en la base de cada profesión de los consejos evangélicos.

Una autoridad que es servicio

El segundo “sencillo pensamiento” ofrecido por el Papa a las Superioras Generales es el aspecto de servicio, que debe caracterizar el ejercicio de la autoridad religiosa.

También sobre este punto, las palabras son pronunciadas con estilo concreto e inmediato. Para los hombres, a menudo, la autoridad es sinónimo de dominio, de poder y de posesión. Mientras que en la visión evangélica es servicio de humildad y de amor, que permite entrar en la lógica de Jesús, quien no desdeñó lavar los pies a sus apóstoles y llama a los discípulos a ser servidores, a ser “últimos” para hacerse “primeros” en su Reino.

El Papa, en su Discurso, no ha titubeado en hablar con gran franqueza de los daños que hacen a la Iglesia todos aquellos hombres y mujeres “con afán de hacer carrera, trepadores, que ‘usan’ al pueblo, a la Iglesia, a los hermanos y hermanas –aquellos a quienes deberían servir–, como trampolín para los propios intereses y ambiciones personales”.

Hay, pues, un ulterior aspecto, que apenas se transparenta en el Discurso, que es importante hacer emerger. Si la verdadera autoridad consiste en el servicio a los demás, este “tiene su vértice luminoso en la Cruz”.

El servicio nunca es la realización de un simple programa de prestaciones humanitarias, a favor de los pobres o de cualquier otro. Siempre es un servicio en el marco de la verdad evangélica, en el marco de la caridad, que significa amar como el Cristo crucificado ha amado.

El vínculo con el misterio del Señor, por lo tanto, es fundamental para que el “servicio” sea efectivo, y es por eso por lo que la actitud de adoración precede necesariamente al servicio, que brota de ella y en ella encuentra las verdaderas raíces.

Sentir con la Iglesia

El último punto ofrecido por el Papa a la reflexión de las Superioras Generales se refiere al aspecto eclesial, como componente esencial de la vida consagrada.

La vida consagrada es un “carisma fundamental para el camino de la Iglesia” y se encuentra en el corazón de ella, de la cual expresa la naturaleza profunda; pertenece a la Iglesia no como un elemento decorativo, sino como un pilar suyo fundamental. Es importante formar a los miembros de las comunidades religiosas en esta dimensión profundamente eclesial de su vida y de su misión.

¿Qué sería la Iglesia sin vosotras? Le faltaría la maternidad, el afecto, la ternura, la intuición de madre”, ha finalizado el Papa dirigiéndose a las participantes.

El Discurso del Papa Francisco a la asamblea plenaria de la UISG así ha vuelto a proponer con simplicidad, profundidad y concreción los valores perennes de la vida consagrada, actualizando el sentido de su misión en la Iglesia de nuestro tiempo.

Silvia Recchi

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 

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[1] Cf. Papa FranciscoDiscurso a las religiosas participantes en la Asamblea Plenaria de la Unión Internacional de las Superioras Generales, 8 de mayo de 2013.


01/06/2013