EL ARTE DE EDUCAR

Crisis y retos de la educación en una época de cambio



 Emilio Grasso, El Arte de Educar. Crisis y retos de la educación en una época de cambio, Centro de Estudios Redemptor hominis (Cuadernos de Pastoral 24), San Lorenzo (Paraguay) 20174, 72 págs.

Todo el ámbito de la educación constituye, en nuestra época, un verdadero y auténtico desafío. En un mundo que cambia cada vez más rápidamente, y donde es siempre más difícil interpretar la realidad y el pensamiento de los destinatarios de la educación, es fundamental enfrentarse con este ámbito tan complejo, pero, al mismo tiempo, fascinante. Hoy, la realidad juvenil aparece casi como un “planeta” aparte, con un propio código de comportamiento y un propio lenguaje.

El Papa Benedicto XVI, en el 2008, hablaba de una “emergencia educativa” y subrayaba el hecho de que educar nunca ha sido fácil y hoy parece todavía más difícil:

Se habla de una gran ‘emergencia educativa’, confirmada por los fracasos en los que muy a menudo terminan nuestros esfuerzos por formar personas sólidas, capaces de colaborar con los demás y de dar un sentido a su vida. Así, resulta espontáneo culpar a las nuevas generaciones, como si los niños que nacen hoy fueran diferentes de los que nacían en el pasado. Además, se habla de una ‘ruptura entre las generaciones’, que ciertamente existe y pesa, pero es más bien el efecto y no la causa de la falta de transmisión de certezas y valores[1].

Cuando se redactó este “Cuaderno de Pastoral” sobre el arte de educar, se vivía ya este contexto de gran “emergencia educativa”, no solamente en el Paraguay, sino en todos los países.

A distancia de diez años, hemos querido reeditar este texto, porque la educación constituye una de las piedras angulares que, si no es tomada en consideración, construyendo sobre ella con competencia, profesionalidad, inversiones y, sobre todo, con sabiduría evangélica, determinará el fracaso del futuro de un país.

El texto que presentamos es el resultado de la enseñanza transmitida por el P. Emilio Grasso, en homilías, charlas, conferencias, en distintos lugares del Paraguay, pero, sobre todo, en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí.

Esta nueva edición ha sido revisada, corregida y ampliada por el Autor mismo, quien ha querido enriquecerla con algunos pensamientos del Papa Francisco sobre el tema de la educación.

Muy oportunamente, el Papa Francisco ha puesto en evidencia el hecho de que el pacto educativo hoy se ha roto:

La escuela no sustituye a los padres sino que los complementa. Este es un principio básico: ‘Cualquier otro colaborador en el proceso educativo debe actuar en nombre de los padres, con su consenso y, en cierta medida, incluso por encargo suyo’. Pero se ha abierto una brecha entre familia y sociedad, entre familia y escuela, el pacto educativo hoy se ha roto; y así, la alianza educativa de la sociedad con la familia ha entrado en crisis’. La Iglesia está llamada a colaborar, con una acción pastoral adecuada, para que los propios padres puedan cumplir con su misión educativa[2].

Para que el pacto educativo pueda renovarse es necesario que familia, escuela y sociedad concurran, de modos y aspectos diferentes, a la educación de los jóvenes.

Sin este pacto, educar es muy difícil, porque los unos reman contra los otros. Cuando en la escuela y en la familia se transmiten valores diferentes y se hacen discursos contrarios unos a otros, un joven ya no tiene más orientaciones. Por eso, la emergencia educativa no se podrá resolver sin una renovación del pacto entre familia, escuela y sociedad, restableciendo una confianza recíproca.

Hay que subrayar que escuela e Iglesia, aunque distintas en sus finalidades, no están separadas porque actúan por un interés común, que es el de una buena educación y formación cultural de los jóvenes.

El Autor subraya: “Existe un método que la escuela tendría que enseñar para permitir llegar a la verdad que nos hace libres: el desarrollo del razonamiento”.

La función de la escuela, por lo tanto, es dar los instrumentos para razonar, porque la razón es la prerrogativa esencial de cada hombre. La escuela debe saber educar la razón y, por consecuencia, favorecer el desarrollo de todas las facultades humanas que cada persona tiene: la memoria, la inteligencia, la voluntad, la libertad y la responsabilidad.

Solamente si llega al completo desarrollo de sus facultades, cada niño, creciendo y actuando según la enseñanza recibida, puede llegar al conocimiento de la verdad.

Por eso, es fundamental la colaboración entre la escuela y la Iglesia, porque ambas tienen como objetivo el servicio de la verdad: la escuela tiene que mostrar el camino hacia la verdad del lenguaje, de la ciencia, de la historia, etc. La Iglesia, por su parte, propaga la luz de la fe, pero tiene necesidad del desarrollo de la razón.

“La Iglesia tiene la función de ayudar a abrir los ojos de la razón –escribe el Autor–, para que el corazón purificado y liberado de la falsedad busque la verdad”.

En la educación, un papel muy importante lo tiene la corrección, y este es un aspecto que el Autor destaca en estas páginas, presentando las razones religiosas de la corrección. Corregir es un papel necesario e indispensable que tiene el educador para favorecer un correcto crecimiento de la persona.

Sin reglas de comportamiento y de vida, aplicadas día a día también en las cosas pequeñas, no se forma el carácter y no se prepara para afrontar las pruebas que no faltarán en el futuro. Pero la relación educativa es ante todo encuentro de dos libertades, y la educación bien lograda es una formación para el uso correcto de la libertad. A medida que el niño crece, se convierte en adolescente y después en joven; por tanto, debemos aceptar el riesgo de la libertad, estando siempre atentos a ayudarle a corregir ideas y decisiones equivocadas. En cambio, lo que nunca debemos hacer es secundarlo en sus errores, fingir que no los vemos o, peor aún, que los compartimos como si fueran las nuevas fronteras del progreso humano[3].

Las páginas de este “Cuaderno de Pastoral” permiten percibir cuán difícil y compleja es la educación, y, por eso, se puede considerarla un arte que pide sacrificio, paciencia, ternura, firmeza, pasión y, sobre todo, necesita que el educador tenga el gran deseo de la búsqueda de la verdad.

Estas reflexiones son el fruto de una sabiduría que proviene de un compromiso evangélico, que busca siempre enriquecer la vivencia de los hombres con las profundas verdades de la fe católica y la gran experiencia de la Iglesia. Por eso, estamos ciertos de que pueden ayudar al educador a cumplir su misión educativa, en el difícil papel que tiene de acompañar a los jóvenes a descubrir la verdad, el único camino que les permitirá vivir una vida bella y feliz.

Maria Grazia Furlanetto




[1] Benedicto XVI, Mensaje a la diócesis de Roma sobre la tarea urgente de la educación, 21 de enero de 2008.

[2] Papa Francisco, Exhortación apostólica Amoris laetitia, 84-85.

[3] Benedicto XVI, Mensaje a la diócesis de Roma...

 

 

ÍNDICE

 

 

Introducción

3

I. 

El joven paraguayo en un mundo globalizado

   7

 

La educación encierra un tesoro

8

 

El joven en el Paraguay

16

 II.

La función de la escuela

 19

 

Educar en la verdad 

 21

 

La escuela en el Paraguay 

 25

 

La luz de la razón 

 27

 

La comunicación 

 27

 

El lenguaje y la función de la palabra 

 30

 

Educar en la responsabilidad 

 32

 

Desarrollar la capacidad del juicio 

 33

 

 El papel del educador: la docencia es una profesión y no un apostolado

 34

III.

 Las instituciones educativas y la Iglesia

 37

 

 La importancia peculiar de la escuela

 40

 

 La gozosa e irrenunciable responsabilidad de los padres

 44

 IV.

 El arte de educar

48

 

 Autoridad y autoritarismo

 48

 

 El valor de la corrección

 49

 

 Ternura y firmeza

 56

V.

 Conclusión

 59