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AL ENCUENTRO DE LOS JÓVENES

Conversaciones con los confirmandos


 


Cuaderno de Pastoral 27Emilio GRASSO, Al encuentro de los jóvenes. Conversaciones con los confirmandos, Centro de Estudios Redemptor hominis (Cuadernos de Pastoral 27), San Lorenzo (Paraguay) 2011, 88 págs.


El entonces cardenal Ratzinger, hoy papa Benedicto XVI, escribió –veinte años atrás–, estas profundas palabras acerca de la relación entre fe, catequesis y vida en nuestro tiempo:

La apostasía de la edad moderna se funda en la caída de la verificación de la fe en la vida de los cristianos. En esto se demuestra la gran responsabilidad de los cristianos hoy día. Debieran ser puntos de referencia de la fe como personas que saben de Dios, demostrar en su vida la fe como verdad, a fin de convertirse así en indicadores del camino que recorren los otros. La nueva evangelización, que tanta falta nos hace hoy, no la realizamos con teorías astutamente pensadas: la catastrófica falta de éxito de la catequesis moderna es demasiado evidente. Solo la relación entre una verdad consecuente consigo misma y la garantía en la vida de esta verdad, puede hacer brillar aquella evidencia de la fe esperada por el corazón humano; solo a través de esta puerta entrará el Espíritu en el mundo[1].

Quien tenga esta experiencia en el campo de la pastoral juvenil constata, dolorosamente, la profunda ignorancia entre nuestros jóvenes de las verdades fundamentales de la fe cristiana y, al mismo tiempo, la separación que se vive entre una afirmación teórica de la fe y las consecuencias que esta implica en las diferentes expresiones de la vida de cada día.

Este nuevo “Cuaderno de Pastoral” que presentamos constituye la síntesis de una serie de encuentros con los jóvenes que se han preparado en el año 2010 para recibir el sacramento de la Confirmación, en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí (Diócesis de San Lorenzo – Paraguay).

No se trata de un catecismo completo. Los cuatro componentes fundamentales: el Credo, los Sacramentos, el Decálogo y el Padre Nuestro, están solo indicados, sin aquel desarrollo adecuado que requiere un tiempo de formación y una estructura eclesial totalmente diferente de la que vivimos.

Estoy plenamente consciente de todos los límites de esta preparación catequética. Al mismo tiempo, en el contexto concreto donde obramos, estoy seguro de que hemos embocado un camino basado en cuatro ejes sólidos, que debemos perfeccionar y completar, pero no abandonar:

1.   Unir siempre las dos dimensiones de la fe: como complejo de verdades reveladas, que encuentran en la persona de Jesucristo la Verdad hecha Carne, y como entrega individual a la persona del Señor.

La enseñanza de la fe –ha afirmado Benedicto XVI– no puede reducirse a una mera transmisión de cosas, de palabras o incluso de un conjunto de verdades abstractas. ¡La tradición de la Iglesia es viva! Es la actualización permanente de la presencia activa de nuestro Señor Jesucristo en su pueblo, obrada por el Espíritu Santo y expresada en la Iglesia en cada generación. En este sentido, es como un río vivo que se remonta a los orígenes, que están siempre presentes, y nos lleva al puerto de la eternidad[2].

2. La preparación comunitaria al sacramento de la Confirmación está llamada a unir el tiempo formativo –del anuncio kerygmático y de la reflexión explicativa–, al tiempo de la celebración eucarística, fuente y cumbre de toda la vida cristiana.

Es importante no hacer de la catequesis un tiempo solamente intelectual, sin relación con el comportamiento físico-corporal de los catequizandos. Por ejemplo, aprender a arrodillarse en el momento de la consagración eucarística habla de la fe en la presencia de Dios, bajo las especies del pan y del vino, mucho más que un discurso teórico sobre la transubstanciación.

En su sobriedad y solemnidad, la liturgia constituye la primera escuela de catequesis, que muestra con palabras y gestos a Quién y en Quién creemos.

En efecto, por su propia naturaleza, la liturgia tiene una eficacia propia para introducir a los fieles en el conocimiento del misterio celebrado. Precisamente por ello, el itinerario formativo del cristiano en la tradición más antigua de la Iglesia, aun sin descuidar la comprensión sistemática de los contenidos de la fe, tuvo siempre un carácter de experiencia, en el cual era determinante el encuentro vivo y persuasivo con Cristo, anunciado por auténticos testigos. En este sentido, el que introduce en los misterios es ante todo el testigo. Dicho encuentro ahonda en la catequesis y tiene su fuente y su culmen en la celebración de la Eucaristía” (Sacramentum caritatis, 64).

3.  La insistencia en el respeto a la Iglesia. Ella es la Esposa de Cristo; no podemos, pues, tener a Dios como Padre si no tenemos a la Iglesia como nuestra Santa Madre. Por eso, la Iglesia no es una “estación de servicio” adonde vamos para estipular un contrato de seguro sobre la vida, en caso de que exista algo después de la muerte o para lograr algunos beneficios que nos interesan en esta vida.

Si respetamos a la Iglesia como Esposa de Cristo, no la podemos tratar como una prostituta, con la cual hacemos lo que queremos y luego con un poco de plata ponemos en paz nuestra conciencia.

Esto no se hace con ninguna mujer y, a mayor razón, con la Esposa de Cristo.

El respeto del templo del Señor se aprende con tantos pequeños y sencillos comportamientos que, al mismo tiempo, se viven y se explican, porque la racionalidad pertenece a la fe, y porque una pastoral de la inteligencia siempre debe ser acompañada por una pastoral de la voluntad.

En este sentido, los confirmandos están llamados a ofrecer un número de horas de trabajo comunitario, ya que la Iglesia es, al mismo tiempo, casa de Dios y casa de los hombres.

4.  Con tristeza, he constatado, en muchos encuentros y escuelas de catequesis, que hoy la única cosa que interesa y se pide es la consecución de un método en la catequesis. Un método ¿para comunicar qué o a Quién?

Con respecto a esta praxis, se ha pronunciado claramente el Santo Padre Benedicto XVI:

La catequesis no es tanto una cuestión de método, sino de contenido, como indica su propio nombre: se trata de una comprensión orgánica (kat-echein) del conjunto de la revelación cristiana, capaz de poner a disposición de la inteligencia y el corazón la Palabra de Aquel que dio su vida por nosotros. Así, la catequesis hace resonar en el corazón de todo ser humano una sola llamada siempre renovada: Sígueme (Mt 9, 9)”[3].

Esto requiere, a su vez, una catequesis sólida, basada en las enseñanzas del Catecismo de la Iglesia Católica y del Compendio[4].

La catequesis no puede ser la enseñanza de lo que el catequista piensa, sino que es la fiel e inteligente transmisión de lo que hemos recibido de la Iglesia, porque la catequesis, como los jóvenes, no es algo nuestro sino que pertenece a Dios, acogido en la libre conciencia de los jóvenes.

En este campo, grande es la responsabilidad de los sacerdotes, quienes muchas veces se dedican a actividades que no les pertenecen y omiten aquel trabajo que les fue confiado para la edificación del cuerpo del Señor.

Corresponde a vuestros sacerdotes –afirma el Papa– el ministerio de anunciar la palabra divina a todos y trabajar en la predicación y la enseñanza. Este papel sacerdotal fundamental que, para ser eficaz, requiere una sólida formación filosófica y teológica, no puede delegarse en otros[5].

******

Estos cuatro ejes centrales constituyen el fundamento de la catequesis para los confirmandos en nuestra parroquia.

Las fichas que presentamos, que contienen varias referencias al Magisterio de la Iglesia y, en particular, al de Benedicto XVI, no substituyen el trabajo paciente e inteligente de transmisión de la fe de parte de los catequistas, y tampoco dispensan a estos de un trabajo personal de estudio y preparación.

Pero, sin duda, pueden constituir unas pautas de reflexión y ayuda, para empezar a dar una respuesta a la emergencia educativa, que representa, hoy de manera particular, uno de los problemas centrales en la misión de la Iglesia.

Emilio Grasso

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[1] J. Ratzinger, Mirar a Cristo: Ejercicios de fe, esperanza y amor.

[2] Benedicto XVI, Discurso a la Conferencia Episcopal del Canadá (20 de mayo de 2006).

[3] Benedicto XVI, Discurso a la Conferencia Episcopal Francesa (14 de septiembre de 2008).

[4] Benedicto XVI, Discurso a la Conferencia Episcopal de Japón (15 de diciembre de 2007).

[5] Benedicto XVI, Discurso a la Conferencia Episcopal de Tailandia (16 de mayo de 2008).




ÍNDICE


Introducción

3

I.  

Los misterios de la fe cristiana

 9

 II.  

Las virtudes teologales: fe, esperanza, caridad

 13

 III.  

La pertenencia a la Iglesia

 17

 IV.  

El año litúrgico

 20

 V.  

El sacramento del Bautismo.

 24

 VI.  

El sacramento de la Confirmación

 29

 VII.  

El sacramento de la Eucaristía.

 32

 VIII.  

El sacramento de la Penitencia.

 39

 IX.  

Los Mandamientos.

 46

 X.  

La libertad.

 55

 XI.  

La responsabilidad.

 59

 XII.  

 La dignidad del cuerpo

 63

 XIII.  

 El trabajo.

 69

 XIV.  

 El valor del dinero

 73

 XV.  

 El combate de la oración

 76