“Querido amigo…”/17

 

Tacuatí, 21 de noviembre de 2013

 

 

Queridos monaguillos y queridas niñas liturgistas de la parroquia de Ypacaraí:



 Cada vez que vuelvo a Ypacaraí, es siempre una alegría, para mí, ver y saludar a los amigos y amigas que tengo allí.

Como saben, en Ypacaraí me he dedicado de manera particular a las actividades con los monaguillos. ¡Los recuerdo y los extraño siempre!

Han pasado ya dos años desde que me encuentro en Tacuatí, en la parroquia Virgen de las Mercedes, Diócesis de San Pedro Apóstol, Departamento de San Pedro de Ycuamandyju.

Durante este período, como saben, tuve también la posibilidad de un tiempo de estudio en Italia y Bélgica con Liz, la cual, junto con Emanuela, los acompaña en su formación. Ellas me han hablado de sus progresos y esfuerzos.

Actualmente, contamos con un grupo de 40 monaguillos y 20 niñas liturgistas. Próximamente algunos monaguillos terminarán su tiempo de servicio y entregarán sus vestiduras. Durante las vacaciones, iniciaremos la formación de nuevos grupos de aspirantes

En las zonas rurales, aún no contamos con las niñas liturgistas. Espero comenzar a formarlas durante estas vacaciones de verano.

La situación de Tacuatí es totalmente diferente, en todos los sentidos, con respecto a la realidad de Ypacaraí, del Departamento Central, donde ustedes viven.

El Departamento de San Pedro de Ycuamandyju es una de las zonas más pobres del país.

Los pobladores de Tacuatí en su mayoría viven en las zonas rurales, en los asentamientos que lentamente se van poblando.

Tantas familias viven en pobreza extrema. Muchos niños y también adultos y ancianos están desnutridos, enfermos, abandonados.

Las viviendas son muy precarias, ubicadas en lugares aislados, con caminos totalmente sin alumbrado público. Muchos niños viven y duermen de manera inhumana, en una sola pieza, junto con muchas personas de la misma familia.

Así mismo, son cada vez más numerosos los niños que no conocen quiénes son sus padres; niños que son hijos de madres adolescentes o de madres o padres solteros. Normalmente, son los abuelos los que se encargan de los niños que sobreviven en la pobreza, sin amor ni afecto humano.

El nivel educativo, también aquí, es muy bajo. Muchos niños ni siquiera van a la escuela, y tantos jóvenes no terminan sus estudios secundarios por problemas económicos.

Varios niños y jóvenes van a la escuela, pero también trabajan media jornada en la chacra, plantando o cosechando maíz, algodón, sésamo, bajo temperaturas muy elevadas, y deben recorrer muchos kilómetros, entre ida y vuelta, transitando por camino polvorientos y, cuando llueve, barrosos y resbaladizos.

Conozco a muchos niños que trabajan para ayudar a sus padres y que, a veces, tienen la responsabilidad de mantener a toda su familia.

Los jóvenes, al terminar su secundaria, si pertenecen a familias de buenas condiciones económicas, se desplazan a otros lugares del país, por ejemplo, a Asunción, para seguir sus estudios. Pero, se encuentran con grandes dificultades sufriendo mucho, sea por problemas económicos, sea por la baja formación escolar recibida en el interior del país.

Tacuatí no cuenta con un hospital, sino solo con pequeños puestos de salud, que no están equipados para las cirugías y las internaciones. Por eso, los enfermos deben ser trasladados a otras ciudades vecinas, como Horqueta, Santa Rosa, Concepción, pero, a veces, la ambulancia no está en condiciones para hacerlo.

La pésima condición de los caminos de tierra es un gran problema, sobre todo para estos casos de emergencia. Cuando llueve, los caminos son intransitables y, lastimosamente, hay casos en que algunas personas, también niños, mueren, sea por falta de recursos económicos, sea por falta de pronta asistencia técnica.

En medio de estas y otras situaciones, realizamos las actividades parroquiales, en el centro y también en las zonas rurales.

Los monaguillos y las demás personas, para ir a las Capillas y participar en la Misa o en la catequesis, tienen que recorrer largos caminos, a veces, en la oscuridad de la noche. Lo hacen a pie o con la motocicleta, porque aquí no hay el colectivo que un monaguillo pueda tomar para ir a la Iglesia, como hacen muchos de ustedes en Ypacaraí.

Aquí el medio de transporte más utilizado es la motocicleta. Esto es muy preocupante y grave, porque, como sucede en casi todo el país, también aquí los menores de edad y todos los que conducen la moto, no tienen ninguna protección ni control para hacerlo. A menudo, ocurren accidentes graves y hasta fatales, por este motivo.

Bueno, por esta vez, me paro aquí. ¡No les puedo contar todo de una vez!

Creo que ya les he contado demasiado; espero no haberles quitado las ganas de venir, una vez, a ver con sus propios ojos y a compartir las experiencias y el amor que han recibido y siguen recibiendo ustedes.

En espera de verlos muy pronto, saludo a cada uno de ustedes y a sus familias, a quienes recuerdo siempre en mis oraciones. 

 

Mary