“Querido amigo…”/19


Tacuatí, 20 de enero de 2014

 

Queridos monaguillos y queridas niñas liturgistas de la parroquia de Ypacaraí:

 

 Me imagino que estarán disfrutando de sus vacaciones.

Conociéndolos, valientes y estudiosos, no tengo dudas de que estarán aprovechando positivamente de sus vacaciones, sin abandonar los libros, los cuadernos y otras actividades que los ayudarán para mejorar siempre en sus estudios.

En este sentido, sé que muchos de ustedes se apasionan por las lecturas y están sacando provechos de los libros que tienen en la pequeña biblioteca de la parroquia, destinada especialmente a ustedes.

La lectura es siempre una fuente de riqueza, de conocimiento cultural y también de autoconocimiento. Las lecturas, muchas veces, nos permiten interiorizarnos, conocernos a nosotros mismos, nos hacen descubrir nuestra propia realidad, nos interrogan y nos ayudan también a descubrir nuestra vocación. Los libros no son solamente un pasatiempo, sino que nos ayudan a buscar la verdad, a abrir nuestros horizontes.

 Las vacaciones nos sirven para reforzar la mente, el cuerpo y el espíritu, para adquirir mayor crecimiento intelectual, humano y cristiano.

Por eso, es algo ejemplar que ustedes, a pesar de las vacaciones, sigan participando en los encuentros de formación en la parroquia, y estén preparándose para los días de los Retiros.

En el mes de diciembre hemos tenido la visita de Emilio, quien ha celebrado las Misas administrando el sacramento de la Eucaristía a un centenar de niños que han hecho su Primera Comunión. Además, varios monaguillos y niñas liturgistas del centro y de las compañías, han recibido su vestidura. Han sido días de grandes fiestas.

En este período, tengo más posibilidades de encontrar a los niños de las localidades más lejanas.

Realizamos los encuentros en grupos diferentes, especialmente en el centro. Además de las películas, del rezo del rosario, de los ensayos y de los juegos, nos centramos más en pintar dibujos sobre temas religiosos y en algunas actividades manuales, que encantan a los niños.

 Como los años anteriores, hemos preparado el pesebre en la iglesia y también otros pequeños, que cada uno de los niños ha hecho para llevarlo a su casa, después de participar en la Misa de la Noche Buena.

Estos trabajos nos permiten conversar, conocernos más, entrar en relación de amistad. Son momentos de mucha atención, de imaginación y de diversión.

Es muy lindo ver a los niños emocionados, mostrando los resultados de su creatividad.

Todas estas cosas nos ponen felices, y nos hacen rezar con más fervor frente al pesebre. Rezando, nos acordamos también de ustedes y de las personas generosas que, de alguna forma, han colaborado con nosotros.

 Subrayamos también la importancia de la caridad, en particular, hacia los niños más pobres y enfermos, con pequeñas actividades concretas: por ejemplo, las colectas de golosinas y alimentos, presentados como ofrenda durante la celebración de la Misa, en los días de la entrega de la vestidura. Han sido los niños mismos los que han llevado estos alimentos a las personas necesitadas, en sus propias casas.

Esta iniciativa los entusiasma mucho. Desde el mes diciembre, hay una alcancía, que ellos mismos han preparado, en forma de arbolito de Navidad, llamada “árbol del amor”, donde ponen lo que ahorran, en lugar de gastar el dinero comprando, por ejemplo las bombitas.

Estos pequeños gestos motivan a los niños a tener en cuenta a los demás, que viven en la soledad, que están enfermos, que son más necesitados, y a comprender que cada uno, aunque en la pobreza,  siempre tiene algo que dar al otro.

El Papa Francisco, a propósito de salir de sí mismos para ir al encuentro del otro que necesita nuestra ayuda, en uno de sus discursos ha dicho:

No encerrarse en uno mismo, en los propios problemas, en las propias ideas, en los propios intereses, en ese pequeño mundito que nos hace tanto daño, sino salir e ir al encuentro de quien tiene necesidad de atención, compresión y ayuda, para llevarle la cálida cercanía del amor de Dios, a través de gestos concretos de delicadeza, de afecto sincero y de amor”.

Los saludo, con el deseo de que cada uno de ustedes pueda seguir creciendo en la gracia y en la sabiduría divina, para testimoniar el amor de Dios hasta los confines del mundo.

Con cariño

  

Mary