Cartas de Emilio Grasso

 

 

DADNOS NUESTRO FUTURO

ESTAMOS HARTOS DE SU PASADO

 

 

Mi queridísimo amigo:

Me he quedado muy impresionado por lo que me has dicho el otro día.

Con ese rostro tuyo siempre marcado por una sonrisa que esconde una profunda tristeza, me has contado tu historia. Me has dicho que esa tarde se cumplían exactamente quince años desde cuando, sin decirte una palabra y ni hacerte una caricia, tu padre había dejado definitivamente la casa donde tú vivías, y se había ido a vivir con otra mujer. Y desde entonces, en casa contigo, con tu mamá y tus hermanas, vive otro hombre a quien tú nunca has logrado llamar papá.

Desde cuando tenías cuatro años, vives lo que para ti es un drama que te transforma en una persona desdoblada: aparentemente siempre jovial y alegre, pero triste y lleno de rencor en tu corazón.

Me has dicho que veías tu futuro como el entrar en un túnel oscuro, sin salida.

Te he escuchado en gran silencio y he pensado en tus padres, sin juzgar a nadie, porque el misterio del corazón del hombre es tan profundo que nadie, tampoco el mismo sujeto en cuestión, logra penetrarlo.

El amor es una aventura

La palabra es lo más sagrado que tenemos. En nuestra libertad, podemos decir un como podemos decir un no. Pero, una vez expresada libremente nuestra voluntad, nuestro ser está todo en esa palabra.

es . No es no. Esto dice el Evangelio. Y el , como el de Abram o el de María, contiene ya de manera antecedente todas las consecuencias del entrar en la aventura del amor.

El amor o es una aventura o simplemente no es amor. En las elecciones fundamentales, el amor compromete toda la vida.

Cuando el Señor llama a Abram (cf. Gen 12, 1), por una parte, usa un verbo en el modo imperativo: “Deja tu país, a los de tu raza y a la familia de tu padre” y por la otra, un verbo en el tiempo futuro: “Y anda a la tierra que yo te mostraré”.

Es este espacio vacío que existe entre el imperativo y el futuro, el espacio y el tiempo de la aventura de la fe.

La palabra aventura, en su significado etimológico, quiere decir “lo que va a ocurrir”.

Ahora bien, en el que pronunciamos está todo un espacio y un tiempo vacío, que debemos llenar con nuestra fidelidad, aceptando de antemano todo lo que sucederá, y ya sin volver al pasado.

Un cordón umbilical que se debe cortar

Ves, queridísimo amigo, hay un punto que se te debe quedar claro y que debes tener el coraje de enfrentar. Hay algo que tienes que cortar, si no quieres ser por toda la vida un hombre triste, atado a un pasado que no es tuyo y, por consiguiente, incapaz de construir una vida que sea tuya.

Aquel del que hemos hablado tú nunca lo has pronunciado. Puede pertenecer a tu naturaleza, ciertamente no pertenece a tu libertad única, original, irrepetible; libertad de autodeterminarte y no reducirte a una pequeña apéndice de otros.

Si quieres salvarte y vivir tu aventura personal de hombre y de creyente, ha llegado para ti el momento de cortar finalmente el cordón umbilical, que te cierra envuelto en una placenta de un pasado que ha muerto.

“No hay futuro sin memoria”, nos ha repetido tantas veces san Juan Pablo II.

Pero, ten mucho cuidado, la memoria es para el futuro, no para encarcelarnos y encarcelar a los demás en el pasado. He aquí por qué tenemos que acordarnos también que “no hay futuro sin perdón”.

Que nadie nos robe la esperanza

Años atrás, he visto una película muy hermosa que vuelve a tomar la historia, transformándola en una novela, del nacimiento de la República de Irlanda. Un grupo de jóvenes opositores, de los cuales Michael Collins es la cabeza militar, realiza acciones de resistencia contra el gobierno inglés, en Irlanda. Como jefe de la parte política está De Valera.

Después de fortunas discontinuas y atentados sangrientos, los ingleses conceden el comienzo de una negociación en Londres, a la que es enviada una delegación encabezada por Collins. Después de muchas e inútiles tentativas, Collins está obligado a aceptar un acuerdo.

La facción guiada por De Valera retira a sus representantes, dando inicio así a una guerra civil a la que Collins intenta oponerse por todos los medios, inútilmente. Morirá asesinado en su condado de Cork, mientras intenta encontrar a su ex jefe, De Valera, para poner fin a la guerra.

La película es interesante y sugestiva. De esta película, lo que más se me ha quedado impreso es una frase lanzada por Michael Collins a aquellos que, en nombre de una memoria que no se proyecta hacia el futuro, te enjaulan en un pasado de venganzas, sangre, muerte, sin esperanza.

“Dadnos nuestro futuro –grita Michael Collins–, estamos hartos de su pasado”.

A los jóvenes de todo el mundo, varias veces, el Papa Francisco ha dicho con fuerza: “No se dejen robar la esperanza”.

Vuelve a tomarte tu futuro, mi queridísimo amigo.

Quédate también harto de nuestro pasado. Tienes todo el derecho de esto.

¡Y no te dejes robar por nadie la esperanza!

 


  

 

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)


18/05/2014