Entrevistas/28


ACTUALIDAD DE LA CASA DE LA CARIDAD

Como anuncio evangélico para la Iglesia, la sociedad y el mundo

 




Mons. Gilberto Baroni con el P. Mario PrandiEn este año, dedicado a la Vida Consagrada, hemos querido reflexionar sobre una particular experiencia comunitaria y caritativa, nacida en el 1941 del corazón sacerdotal de un joven párroco, el P. Mario Prandi, en la parroquia de Fontanaluccia, un pueblito de los Apeninos emilianos, en la Diócesis de Reggio Emilia-Guastalla (Italia): las Casas de la Caridad[1]. Hoy las Casas están presentes no solo en la Diócesis de nacimiento, sino también en la de Roma, de Bolonia, de Modena-Nonantola, de Parma, de Forlì-Bertinoro, y, además, en tierra de misión: Madagascar, India, Albania y Brasil.

Desde el 28 de agosto hasta el 27 de septiembre del año pasado, se ha desarrollado el Capítulo General de la Congregación Mariana de las Casas de la Caridad, y también el Capítulo Particular de los Hermanos de la Caridad y de las Carmelitas Menores de la Caridad. En el curso del Capítulo, el P. Filippo Capotorto ha sido elegido como Superior Mayor de las Casas de la Caridad.

Hemos encontrado al P. Romano Zanni, quien ha sido Superior Mayor por varios mandatos y ahora es el nuevo Superior de los Hermanos de la Caridad, y a la hermana Ines Talignani, Superiora Mayor de las Carmelitas Menores de la Caridad. 

 

* La realidad de las Casas de la Caridad, que abarca a pobres, a familias, a jóvenes, a laicos, a consagrados y a sacerdotes, en parroquias y misiones, bajo el signo de las Tres Mesas (Palabra-Eucaristía-Pobres) ¿es actual todavía o está superada por la existencia de tantas nuevas asociaciones de voluntariado en Italia y en el exterior?

Padre Romano: El reciente Capítulo General ha ratificado con certeza la actualidad de las Casas de la Caridad, por la especificidad constitutiva de las Casas mismas. Y esto bajo todas las latitudes. En efecto, no pertenecen a entes particulares como podrían ser las asociaciones, congregaciones, ONG u otro, todas realidades encomiables y dignas de gran estima, sino que pertenecen a las parroquias, a su vivencia litúrgica, pastoral y caritativa.

La celebración de la Misa en el palacete del deporte de Reggio Emilia, el 15 de octubre de 2014, con ocasión de la tradición de las Casas de la Caridad

Las Casas de la Caridad son otra cosa: su finalidad, en efecto, no es el servicio a los necesitados, la asistencia social, el acoger a los ancianos en dificultad, el responder a las innumerables exigencias de una población cada vez más necesitada (esto viene como corolario, diría el P. Mario Prandi). Su finalidad es la de ayudar a cada comunidad cristiana a tomar conciencia de que los pobres del territorio le pertenecen, son su tesoro, son el mismo Cristo, quien sale al encuentro de ella, y del cual debe alimentarse en la pastoral ordinaria. En el 1972 el P. Mario Prandi escribía: “Se sirve, se adora, se celebra, se alaba a Dios en ellos, con gozo y con cuidado como se hace para la Palabra y la Eucaristía. Y se busca a Dios en ellos como se busca en la Palabra y en la Eucaristía. Y se trata a los Pobres como se trata la Palabra y la Eucaristía. Por consiguiente, se intenta poner también para los Pobres todo el culto y la Liturgia que se tiene para la Palabra y la Eucaristía”.

Se comprende bien, pues, el profundo e inseparable vínculo del ejercicio de la caridad con la Eucaristía. Esto ayuda a cada uno de los fieles, en su vocación específica, a vivir un aspecto esencial de su llamada bautismal.

Creo, por tanto, que esta función que la Casa de la Caridad sigue ejerciendo es de extrema actualidad y fuertemente necesaria.

* ¿Cuáles son los aspectos que el Capítulo General ha reafirmado como propios de las Casas de la Caridad?

Hermana Ines: Ante todo, la Casa de la Caridad es un hecho eclesial. Ha nacido así del corazón del P. Mario. Por eso, ha sido reafirmado este caminar con la Iglesia, en la lógica del “fermento”: un signo pequeño, una realidad muy pequeña y simple, como somos nosotros, que intenta arraigarse en el Evangelio, en la fidelidad a la Iglesia, que, desde siempre, busca caminos para ser Madre y Servidora de todos sus hijos, sobre todo de los más pobres. Por eso, una realidad plenamente encarnada, sumergida en la historia y en la sociedad, donde están exaltados determinados aspectos como el individualismo, el miedo del otro, la violencia, la hipocresía, la fuerza, la riqueza, pero ciertamente con una lógica totalmente “invertida”.

La Casa se presenta como experiencia de familia, de familia ensanchada, de comunidad eclesial parroquial convocada y congregada por la Eucaristía, reunida también alrededor de la mesa de los Pobres.

Otro aspecto de la Casa es el de ser una realidad que intenta acoger a todos. La Casa de Fontanaluccia tiene la puerta siempre abierta, de día y de noche, guardando así una lógica de acogida y de misericordia hacia todos.

Además, la Casa es una realidad que, a partir de los pobres, de los débiles, guarda un culto a Jesús-Verdad. Estando delante de la Palabra, de la Eucaristía y de los Pobres, estamos llamados a un camino de verdad y de transparencia cada vez mayor. Esto requiere una conversión permanente.

La Casa, en fin, guarda a los miembros más débiles, el “desecho” de la sociedad, que son los más necesarios, aunque no parezca, para proteger la sacralidad de la vida de todos, poniendo en el centro precisamente la Palabra, la Eucaristía y los Pobres.

Padre Romano: La Casa de la Caridad es un Evangelio viviente, inmediatamente legible y comprensible. En una sociedad terriblemente fragmentada, ayuda a descubrir la futilidad y la inconsistencia de una vida consumista, inducida por una publicidad tan martilleante y apremiante, que te hace creer que este es el único sentido de la vida, y que no es posible un modo de vivir diferente y más lindo. Con la extrema y desarmante simplicidad de los Pequeños que la Casa acoge, descubres que hay una dimensión extraordinariamente bella, la caridad, que te regenera y te vuelve a humanizar, llevándote de nuevo a las cosas verdaderas, a los valores sustanciales y duraderos que dan sentido y espesor a tu vida.

En la Casa de la Caridad se hace familia con quien se encuentre, más allá de los vínculos de carne y de sangre, con vínculos de fraternidad y de compartir tan fuertes y libres que fascinan, porque en el centro de todo ponemos a los Huéspedes. Es el Señor que te llama a este “hacer familia”, que te convoca a la mesa del amor, como te convoca a la Eucaristía, cumbre y fuente de la vida cristiana.

De esto se consigue la experiencia de la gratuidad: “Ustedes lo recibieron sin pagar, denlo sin cobrar” (Mt 10, 8). Y de quienes vienen a ayudarnos escuchamos, cada vez, este estribillo: “Había venido pensando en dar, en realidad, soy yo quien ha recibido”.

* ¿Cuáles son las líneas y las orientaciones para el futuro?

Hermana Ines: La vida de la Casa no es para una elite, es decir, no es que se deba considerar una cosa especial porque en ella están algunos consagrados. Junto con nosotros que vivimos con los Huéspedes, están los Auxiliares y los Voluntarios que hacen ir adelante la Casa. Respecto a quien se acerque a la Casa y se comprometa en las diversas actividades, la Casa se pone como un lugar donde se encuentra a Dios en el convivio de las Tres Mesas, inseparables entre sí, de la Palabra, de la Eucaristía y de los Pobres.

Padre Romano: Más allá de tantos programas, lo esencial es arraigarnos, cada vez más, en la fidelidad al don que Dios nos ha hecho a través del P. Mario, abriéndonos a los numerosos desafíos a “salir”, como con insistencia nos invita el Papa Francisco, hacia las muchas periferias existenciales y geográficas.

Estamos llamados también a recoger el desafío, puesto por la ancianidad y la fragilidad que varios Hermanos y Hermanas inevitablemente experimentan, como una oportunidad que el Señor nos ofrece a fin de descubrir modos nuevos de presencia, de acción y de testimonio, para la difusión de la civilización del amor.

(A cargo de Sandro Puliani)

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 

 


El P. Romano Zanni ha entrado a formar parte de los Hermanos de la Caridad del P. Mario Prandi en 1972. Ha sido misionero en India por ocho años. En 1997 ha sido ordenado sacerdote. Ha sido Superior Mayor de las Casas de la Caridad de 1972 a 1998 y de 2005 a 2014. Actualmente es el Superior de losHermanos de la Caridad.

 


Ines Talignani ha sido el Substituto del Procurador de la República en el Tribunal de Caltanissetta de 1989 a 1992. En 1995 ha entrado a formar parte de las Carmelitas Menores de la Caridad. En el Capítulo General de 2014 ha sido elegida como Superiora Mayor de la Congregación.

 

 

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[1] Para conocer la historia y la espiritualidad de las Casas de la Caridad, cf. S. Chesi, … dicevano: «È fuori di sé…». Don Mario Prandi e le Case della Carità, Ed. Diabasis, Reggio Emilia 2005.

 

24/03/2015