Perfiles misioneros y espirituales

 


FRANS TITELMANS/2

“Estos pobres son mis bibliotecas”

 

La inquietud interior

Después de 1530, la “controversia” parece ya no despertar ninguna atención ni en Erasmo ni en Titelmans.

De hecho, Titelmans se interesó considerablemente por las vicisitudes de las misiones en el Nuevo Mundo, e hizo publicar las cartas de sus cofrades que habían ido a México en 1523, entre los cuales los flamencos Johann Van den Auwera, Johann Dekkers y Pierre de Gand, seguidos, en 1524, por otros doce franciscanos entre los cuales Martin de Valencia y, en 1528, también Juan de Zumárraga.

Fue, probablemente, “el mismo deseo de cooperar activamente para el bien de la Iglesia el que lo llevó a abandonar la enseñanza, para participar en la renovación del espíritu religioso en la familia de san Francisco, como si hubiera captado lo que había de fundado en muchas críticas, también en las de su antagonista de Basilea”[1].

La polémica de Erasmo, en efecto, no había ahorrado a las órdenes religiosas y “la tiranía monástica” sobre todo de las órdenes mendicantes, “fuente y cumbre de todo este mal: el mundo no hallará descanso si no cuando serán puestos de nuevo en orden”[2]. Y también las páginas del “Elogio de la locura” están llenas de sarcasmos y de feroces ironías sobre las órdenes mendicantes (que se jactaban, dice entre otras cosas Erasmo, de no haber tocado nunca dinero “si no con las manos protegidas por dos pares de guantes”…)[3].

Estos últimos correspondieron rápidamente al humanista atacándolo acerca de las inexactitudes que encontraban en sus obras, en particular, en su traducción del Nuevo Testamento, con observaciones frecuentemente justas que, sin embargo, olían demasiado a revancha y rencor y acababan por desconocer también los justos méritos de Erasmo[4].

No parece el caso de Titelmans, como nos hemos dado cuenta; sin embargo, la polémica dirigida primero contra las producciones intelectuales, luego, asumiendo cada vez más carácter de ataques personales[5],seguramente ha dejado, poco a poco, un sentido de vacío y de futilidad en un alma religiosa como la del joven Frans.

La inquietud interior de Frans Titelmans tal vez se haya vuelto más penosa, al ver “el lujo desordenado con que se construía una capilla en el convento de Lovaina”. Y esto parece haber acelerado la salida de él de la Observancia, para abrazar la vida más austera de los capuchinos[6].

La elección radical de dejarlo todo

Titelmans se había enterado de la reforma capuchina realizada alrededor de 1520, por deseo de Mateo de Bascio de vivir más radicalmente el ideal franciscano, cuando se dio cuenta de que el estilo de vida llevado por los franciscanos de su tiempo ya no era el que san Francisco había imaginado.

Cuando el Papa Clemente VII aprobó la reforma capuchina, en 1528, la Orden contaba solo con muy pocos miembros. Pero, en poco tiempo afluyeron a ella todas aquellas personas animadas por el fervor de vivir radicalmente la vida franciscana, y que habían perdido la esperanza de ver una radical reforma instaurada en el ámbito de la propia Orden.

En 1535, también Frans Titelmans decidió dejarlo todo, la Orden, la enseñanza, la ciudad de Lovaina, donde había recibido tanta gloria, y, pasando por París, se fue a Roma junto con otros hermanos, como en un peregrinaje de penitencia, donde fue acogido por el Superior General, Bernardino de Asti.

Este, conociendo bien el gran valor intelectual de Titelmans, quería confiarle la cátedra de Teología en el convento de Milán.

Pero Titelmans, que lo había dejado todo para vivir una vida humilde, oscura y escondida a los ojos del mundo, suplicó a los superiores que le permitieran consagrarse al cuidado de los enfermos. Y así recibió el encargo de asistirlos en el hospital San Santiago, llamado de los “Pobres incurables”.

En su historia de la Orden de los Capuchinos, Bernardino de Colpetrazzo escribe: “Francisco Titelmans, para mortificarse mejor, pidió la gracia de ser situado en el hospital de los Incurables y de servir a los leprosos, como se lee acerca de nuestro padre san Francisco, porque en aquel período los frailes capuchinos dirigían ese hospital, y diez o doce hermanos siempre estaban al servicio de los leprosos. Una vez obtenida la autorización, él sirvió en ese hospital por muchos meses, haciendo los servicios más viles que existen, como el de limpiar los cuartos de baño. Lavaba los vendajes, daba de comer, barría y hacía otras cosas con un fervor y una diligencia tan grande que parecía otro san Francisco”[7].

Debía de ser algo que conmovía profundamente el ver en una condición tan humilde a un hombre como Titelmans, cuya fama se había difundido por todas partes y que había sido protagonista de la vida intelectual refinada y exigente de Lovaina, en relación con los más grandes nombres de la época.

Bernardino de Colpetrazzo escribe también: “Suscitó tanta admiración que le rindieron visita muchos padres procedentes de los países ultramontanos, quienes lo habían conocido tan honrado en la Orden y lo veían ahora sin libros, como un simple hermano, a pies desnudos y vestido de un traje áspero. Servía a esos pobres enfermos con tanto amor y tanta admiración que decían: ‘Padre, ¿cómo ha podido hacer para abandonar el estudio?’. El siervo de Dios respondía: ‘He tomado este ejercicio que el seráfico padre san Francisco me ha enseñado. Y sepan que mis Agustín, Jerónimo y Crisóstomo los he cambiado por estos. Son mis bibliotecas: servir a estos pobres a quienes el Señor, Dios nos ha recomendado mucho’”[8].

Pero, Titelmans no pudo permanecer por mucho tiempo entre sus enfermos. Los padres capitulares lo eligieron como Superior de la Provincia romana de los capuchinos.

Afirma De Calmpthout que una tal decisión no tiene que sorprender. En efecto, “la reforma de los capuchinos estaba todavía en el inicio, y el nuevo principiante podía figurar dignamente al lado de personajes, adornados con ciencia y con virtud, que se encontraban bajo el nuevo estandarte. Además, Titelmans no era un novicio en el camino de la perfección religiosa”[9].

Giuseppe Di Salvatore

(Continúa)

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

______________________

[1] Cf. H. De Vocht, Titelmans (François)…, 345-346.

[2] Así escribía Erasmo a John Longlond, Obispo de Lincoln, el 1 de septiembre de 1528 (carta 2037), en H.M. Allen - P.S. Allen, Opus epistolarum Des. Erasmi Roterodami, VII, 1527-1528, Oxford University Press, Oxford 1928, 465.

[3] Cf. por ej., Erasmo da Rotterdam, Elogio della Folia, 54.

[4] Cf. H. De Vocht, Titelmans (François)…, 342.

[5] En una carta suya (n.° 2261) del 31 de enero de 1530, dirigida a Hermann Phrysius, Erasmo escribe: “Louanii exortus Titelmannus quidam vel kakelmannus potius…”, en H.M. Allen - P.S. Allen, Opus epistolarum Des. Erasmi Roterodami, VIII, 1529-1530, Oxford University Press, Oxford 1934, 342. Kakelmannus (kak está escrito en cursiva por Erasmo) es un juego de palabras donde el kak deriva muy probablemente de “kakelen”, “cloquear de las gallinas”, pero también de kak “caca”: cf. A. Wesseling, Dutch proverbs and expressions in Erasmus’ Adages, Colloquies, and Letters, en http://www.thefreelibrary.com

[6] Cf. H. De Vocht, Titelmans (François)…, 346.

[7] Cf. B. Da Colpetrazzo, Historia Ordinis fratrum minorum capuccinorum (1525-1593), en Monumenta historica Ordinis capuccinorum (MHOC), III, 173.

[8] Cf. B. Da Colpetrazzo, Historia Ordinis…, II, 281.

[9] Cf. Chrysostomus de Calmpthout, François Titelmans de Hasselt, professeur de philosophie à l’Université de Louvain, de l’ordre des Frères-Mineurs Capucins (1498-1537): esquisse biographique, De Meester, Bruxelles 1903, 19.

 

20/09/2015