Perfiles misioneros y espirituales


“A TIEMPO OPORTUNO E INOPORTUNO”/4

Los grandes temas de la predicación de Mons. Jean Zoa

 

 

Desviaciones mesiánicas

Mons. Zoa ha puesto en evidencia el peligro del “bubón de lo irracional” también porque afecta a la libertad y a la responsabilidad del hombre, frente a los compromisos históricos que está llamado a tomar, para construir y desarrollar su propia vida y la de su país.

Así, Mons. Zoa ponía en guardia a los cristianos contra la ambigüedad y el abuso de ciertos “rituales” también católicos. Afirmaba:

“Yo tanto apoyo a los movimientos carismáticos, etc…, cuanto tengo que poner en guardia a la gente contra las oraciones de curación, que se propagan tan rápidamente, y que adormecen a las personas frente a sus responsabilidades en el plano de las curas sanitarias de base, porque creen que, una vez que el grupo haya venido a rezar, por su parte ya no tengan que ocuparse de la higiene, de los tratamientos, etc… La verdad nos requiere que estemos atentos a esos puntos… Cristo ha venido a indicarnos el verdadero camino que debemos recorrer. No a los fideísmos desestabilizadores, que hacen de manera que el hombre ya no sea responsable de nada”[1].

Añadía que

“la escuela, la catequesis, los movimientos de acción católica, las asociaciones y los grupos carismáticos tienen que preocuparse por provocar y animar en sus miembros reflejos racionales y científicos. Deben evitar y combatir aquel fideísmo desmovilizante, que quiere sustituir con la sola oración a todo procedimiento que reconozca la responsabilidad del hombre frente a la enfermedad, al fracaso, a los accidentes, etc…”[2].

En la homilía de Todos los Santos de 1990, Mons. Zoa se había detenido largo trato en lo que él llamaba las

“desviaciones mesiánicas”, citando particularmente “la recrudescencia del rito de lo Tsoo y las polémicas que esta ha suscitado; la rápida multiplicación de las sectas en nuestros barrios; la acción rastrera de la Rosa Cruz en el ambiente intelectual y político, prometiendo dinero y poder; el frenesí morboso de las apariciones de la Virgen… y de las visiones…; la persistencia de la ‘clarividencia’ y del ‘marabutismo’; únicas industrias rentables en las sociedades subdesarrolladas…, los sincretismos retrógrados que idiotizan, promovidos y sostenidos por algunos sacerdotes católicos, quienes, con la complicidad de los fieles y de la benevolencia de ciertas autoridades administrativas y de la policía, siembran odios mortales y divisiones destructoras en las provincias ‘cristianas’ del Centro y del Sur... Insisto –añadía– en la práctica de aquellas ‘ordalías clericales’ que, a pesar de condenas, prohibiciones y sanciones de los Obispos, se practican bajo los ojos de las autoridades encargadas del orden público: registros y violaciones de domicilios privados de ciudadanos aterrorizados, acusaciones gratuitas, sentencias y exposiciones de tranquilos ciudadanos a la venganza del pueblo…”[3].

Ponía en evidencia, en particular, el peligro profundo que estaba escondido en esto.

“Todas estas prácticas ahogan, en nuestro pueblo del Centro y del Sur, las dos funciones esenciales de la Inteligencia y de la Libertad: la Racionalidad y el sentido de la Responsabilidad humana. Entrevemos las consecuencias funestas y graves de semejantes prácticas… Lo más grave no es la explotación sin vergüenza de la desesperación, de la ignorancia y de la miseria de la gente… Lo más grave es que se hacen hundir a nuestras comunidades en dimisiones catastróficas, frente a las actividades de desarrollo y a las laceraciones irremediables de la estructura social…

Sí, detrás de esas pías apariencias, ¡cuántos cálculos interesados!... ¡Cuántas familias destruidas! ¡Qué confusiones y a veces qué aberraciones en los comportamientos!... ¿Qué opinar del caso de aquellos hombres y de aquellas mujeres que abandonan a cónyuges y a hijos y pasan las noches enteras en sesiones interminables de rezos y de cantos, en las colinas de Yaundé y en los barrios…? Es una ilusión diabólica la de refugiarse en las prácticas de devoción, para evitar las propias responsabilidades humanas”[4].

Precisa añadir el llamamiento muy duro acerca de esos problemas, hecho por el Arzobispo de Yaundé, en el mes de enero de 1997, contra el

“clericalismo esterilizante, ignorante, a veces infantil, estúpido y pagano, que multiplica las bendiciones y los exorcismos, que nunca predica la Palabra de Dios, que traiciona a la Iglesia y cultiva la ignorancia, la explotación de la gente bajo la apariencia de la religión… El ritual sustituye al Evangelio. Las bendiciones, las sesiones de exorcismo sustituyen a la evangelización, a la Palabra de Dios”[5].

En efecto, es a una verdadera “reestructuración” pastoral a la que es necesario proceder, tomando el largo camino de una evangelización en profundidad.

“¡Que nuestra Iglesia sepa reponer la distancia, el espacio previsto para la Palabra y la conversión! –continuaba Mons. Zoa– No nos dejemos encarcelar por el juego de la práctica de los sacramentos, que, en un determinado momento, ha reducido toda la praxis evangélica únicamente a los sacramentos… No es el sacramento el fin de la pastoral; es, ante todo, la aceptación de la Palabra, el camino de conversión”[6].

“Que nuestra Iglesia diocesana, sobre todo sus Pastores, Párrocos, Vicarios, Capellanes den la primacía absoluta a la evangelización… Cristo no los ha enviado para que bendigan el agua en cantidad industrial, el incienso, los oleos perfumados para usos religiosos dudosos… Estas prácticas se vuelven ‘criminales’ cuando desmovilizan, deresponsabilizan, empujan al odio, a la sospecha en las familias y en la comunidad. ¿Qué decir de aquellos y aquellas que pretenden practicar –naturalmente sin autorización– los exorcismos…? Estos nuevos apóstoles ignoran el pecado: ofensa a Dios, la tentación… Conocen solo a Satanás, agente de ‘posesión’ y de enfermedades… ¡Estos ‘exorcistas’ pretenden así ‘vaciar la cruz de Jesucristo’, como dice san Pablo (1Co 1, 17-25), buscando una resurrección sin Getsemaní y sin Gólgota!”[7].

En efecto, el sacramento, como también el culto y la celebración, hacía notar Mons. Zoa al final de una de sus visitas pastorales, frecuentemente se vuelven “nocivos” a causa de la persistencia de esa mentalidad “mágica”, contribuyendo a aumentar una cultura de la irresponsabilidad y del fatalismo[8].

En la homilía de Pascua 1970, había puesto en evidencia ya este aspecto:

“La cristiandad de Yaundé ¿no está llevada a pegarse solo al sacramento con perjuicio de la Palabra? Lo sabemos, sin la fe, el signo sacramental no salva. Es la palabra la que alimenta la fe… De otra manera, el fetichismo y la superstición, que amenazan tanto a nuestras masas como a nuestras elites bautizadas, corren peligro de desviar de su sentido o de vaciar de su contenido los sacramentos aun de la Nueva Alianza”[9].

Recomendaba, entonces, una acción de “acompañamiento”, lenta, profunda y duradera, un crecimiento evangélico como el de la levadura en la pasta.

“Debemos aprender el acompañamiento espiritual de las comunidades y de los fieles… Los sacerdotes ¿encuentran el tiempo, lo reservan, lo prevén para escuchar pastoralmente?... Porque las personas vienen para consultarnos, a fin de que las ayudemos a leer la acción, la Palabra de Dios en su propio corazón, en su propio cuerpo… ¡Encontremos de nuevo el espacio de la evangelización de Jesucristo!”.

Hay que insistir en el hecho de que, si lo que la gente pide constituye el punto de partida para cada acción eclesial, sin embargo, no son las “necesidades” las que constituyen el criterio último que permite construir una pastoral porque las “necesidades” de la gente deben, también ellas, ser evangelizadas sino, más bien, la necesidad de la “conversión” de los hombres, como también de las culturas. En efecto,

“judío, griego, romano, galo, germano, africano, bëti, el hombre lleva en sí mismo la tendencia instintiva (o tentación) de querer ‘domesticar’ el Evangelio para hacer de él su religión… Estamos invitados a evangelizar la religiosidad, nuestro mundo religioso, a nivel de nuestra intimidad personal y a nivel colectivo de las mentalidades, de las costumbres, de las visiones del mundo y de la sociedad en las cuales estas se arraigan. El Evangelio es irreducible, de otra manera ya no es auténtico… Rechazando todo sincretismo doctrinal, toda ambigüedad en las actitudes, todo compromiso en los comportamientos… individual y colectivamente, tenemos que pronunciarnos y elegir públicamente: o toda la Ley sin Cristo o la Fe en Cristo con la Caridad. No a un Evangelio mutilado… Pablo nos invita a volver a centrarnos en la persona, en la vida, en los destinos y en la misión de Jesús (Mesías), muerto y resucitado; a reconocer la novedad absoluta del Evangelio, que nos sacude a todos, occidentales y africanos… Por eso, en lugar del término ‘inculturación’, tenemos que privilegiar el de ‘conversión’ (metánoia), más bíblico, más teológico y más ‘comprometido’… El sistema de la ‘inculturación’ ignora la categoría del ‘pecado’”[10].

Giuseppe Di Salvatore

(Continúa)


(Traducido del italiano por Luigi Moretti)


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[1] Homélie de Mgr Jean Zoa, Archevêque de Yaoundé, en L'engagement dans la société…, 44.

[2] J. Zoa, Homélie pour Noël (1988).

[3] Tsoo es una palabra bëti que indica al mismo tiempo el pecado cometido (incesto, derramamiento de la sangre de un pariente), la enfermedad que deriva del mismo (semejante a la tuberculosis) y el rito a través del cual se expía este pecado. Con respecto al rito de lo Tsoo y de la utilización que hacen de él algunos sacerdotes en el ritual litúrgico, precisa citar la fuerte homilía de la puesta a punto pastoral pronunciada por Mons. Zoa en la Navidad 1986. Por lo que se refiere a la Orden de la Rosa Cruz, cf. M.G. Furlanetto, Antigua y mística orden de la Rosa-Cruz. La doctrina de un movimiento que seduce al África ante la fe cristiana, en “Omnis Terra” (esp.) 32 (2000) 20-30.

[4] J. Zoa, Homélie pour la Toussaint (1990). Cf. también J. Zoa, Homélie pour Pentecôte (1997).

[5] J. Zoa, Homélie à la Cathédrale de Yaoundé (12 janvier 1997).

[6] J. Zoa, Homélie à la Cathédrale de Yaoundé (12 janvier 1997).

[7] J. Zoa, Homélie pour Pâques (1997).

[8] Cf. J. Zoa, Fétichisme scolaire et Développement. Interview recueillie par E. Lizop, en Ensemble n.° 14 (1971) 11.

[9] J. Zoa, Homélie pour Pâques (1970).

[10] J. Zoa, Homélie pour le rite d’admission au diaconat et ordination presbytérale (1er janvier 1994). El texto bíblico comentado en esta homilía era el de Gal 4, 4-7.


04/11/2015