Perfiles misioneros y espirituales



“A TIEMPO OPORTUNO E INOPORTUNO”/5

Los grandes temas de la predicación de Mons. Jean Zoa 

 

Para una teología de la creación

La necesidad de pasar de una “pastoral de la dependencia” a la pastoral de la “responsabilidad” ha marcado el pensamiento de Mons. Zoa de manera irreversible, a causa de su visión de la incomparable dignidad del hombre en el plano de la Creación y en el de la Redención.

“El Dios de las Responsabilidades y de las madureces humanas, que se quedaba escondido, ha salido al descubierto repentinamente, obligándonos a interrogarnos sobre el sentido y la seriedad de nuestro compromiso a través de la fe cristiana”[1].

Es con estas palabras con las cuales el joven cura Jean Zoa se dirigía, desde Roma, a los cristianos cameruneses, en la vigilia de su consagración episcopal que debía llevarse a cabo el 21 de diciembre de 1961.

La visión de un hombre llamado a asumir las responsabilidades que Dios le confía, en la construcción de su vida y de la de su país, estaba presente en cada instante de su magisterio.

En su folleto sobre la “mística cristiana del trabajo”, el padre Zoa desarrollaba ya esta idea, que se transformará, luego, en su “teología de la creación”:

“En el pensamiento de Dios, la función del hombre será preponderantemente activa. Él no tendrá que dejar la materia donde se encuentra. Deberá ponerse a trabajar y a transformar, poco a poco, su morada terrenal. Así, el hombre está irrevocablemente condenado al progreso, si no quiere rendirse”[2].

Porque la convicción de fe

“da al cristiano la distancia necesaria para realizar sus responsabilidades de ‘creador’ y de ‘utilizador’ inteligente, respetuoso y libre de este mundo que él tiene la misión de organizar, de ‘dominar’, de someter (Gen 1, 26-31). Creado a ‘imagen y semejanza de Dios’, el cristiano tiene que ser consciente de su libertad frente al mundo, a las cosas y a los hombres. Dios nos ha dado confianza otorgándonos la temible dignidad y capacidad de ser sus colaboradores”[3].

Contra una “pastoral de la dependencia” y rechazando al mismo tiempo

“sea el afro-pesimismo de la asistencia paternalista sea el afro-optimismo feliz e irresponsable”[4],

Mons. Zoa recordaba a los cristianos, sobre todo a los que viven en una situación de miseria y de inestabilidad extremas, el mandamiento de Dios que ordena

“humanizar las fuerzas, las potencialidades y los recursos de la naturaleza, para el servicio de los hombres y de las comunidades humanas”[5].

La tentación de la evasión

Contra la tentación de buscar en la religión un refugio para los problemas de la vida de cada día, frente a un mundo cada vez más duro y difícil, el Arzobispo de Yaundé pedía a sus fieles que entraran con decisión en el mundo actual. Y esto desde el comienzo de su episcopado.

“A veces, hermanos míos, la religión cristiana que practicamos nos sirve como refugio para rechazar nuestros deberes de hombres. No hacemos esfuerzos para mejorar nuestra condición; lo esperamos todo inmediatamente de Dios. Ahora bien, Dios ha querido darnos una razón, una inteligencia y una voluntad. Nos ha dado los brazos para que podamos hacer algo con ellos; para transformar este mundo que Él nos ha confiado…

Ahora bien, ¿qué hacemos nosotros? Hemos dimitido. ¡Esperamos que todo cambie a solas! ¿Quién tiene que venir a cambiar las cosas para nosotros?... ¿Quién tiene que venir a mejorar las cosas para nosotros?… Y yo insisto, porque los cristianos bëti no han entendido bien todavía este deber fundamental. Han creído, y han creído erróneamente, que el cristianismo era un refugio donde, después de rogar a Dios, uno se desentiende de todo: se deja la propia casa sucia…, se dejan a los hijos enfermos, no se trabaja. Se pasa toda la semana asistiendo a entierros allí, a una fiesta aquí, a un matrimonio allá, se trabaja un mes al año, y luego se permanece siempre pobres… Se llora y se envidia a quien hace algo y se lo critica. Hermanos, ¡esto no puede continuar!... El cielo se compra con la tierra. Quien no se sirva de la tierra, no irá al cielo. Quien no se sirva de sus brazos, no irá al cielo. Jesús nos trae una esperanza. Esta esperanza está dirigida también al cuerpo… Cristo nos promete un mundo nuevo: será la transformación de este mundo. Nos pide comenzar a transformarlo y Él le dará el último retoque”[6].

Oponiéndose a las fáciles soluciones, a los atajos que dejan intactos los problemas, al círculo vicioso donde el hombre permanece esclavo de las fuerzas ocultas, que se apoderan de él y lo privan de toda libertad y de toda posibilidad de desarrollo, Mons. Zoa afirmaba que

“¡nuestro Dios nos ha hecho a su semejanza, y quiere continuar su creación a través de nosotros! ¡Nos ha dado su inteligencia, su razón, y es un deber del hombre, en cuanto imagen de Dios, reproducir en su comportamiento esos reflejos de la inteligencia, de la razón, y de la racionalidad! No es indiferente negarse a utilizar la inteligencia y el sentido de la responsabilidad… Tenemos el deber no facultativo –continuaba– de aceptar y de asumir la modernidad con sus exigencias… ¡No somos libres de aceptar la modernidad!”[7].

Mons. Zoa pedía este esfuerzo para “entrar en la modernidad”[8] y asumir las leyes del tiempo presente, también por la profunda dignidad que él reconocía al hombre, y que no se tenía que malvender a cambio de fáciles caminos:

“Cuando ustedes ven este barrio: ¡niños y personas adultas que se lanzan a recoger gasolina! Hermanos, ¿es esta la dignidad, el dzin del que hablaban nuestros antepasados, también en su pobreza? ¡Era un deber para un hombre y para una mujer permanecer lleno de dzin! La palabra dzin significa dignidad. ¡Tan pronto como se encuentre la más pequeña cosa que no cuesta nada, se acude allí corriendo! ¡No! ¡La dignidad hay que crearla!”[9].

Giuseppe Di Salvatore

(Continúa)


(Traducido del italiano por Luigi Moretti)


________________________

[1] J. Zoa, Premier message aux Camerounais..., en "Ensemble" numéro spécial 10ème anniversaire du sacre de Mgr Zoa (janvier 1972) 11. Cf. J. Zoa, Homélie pour Noël (1988).

[2] J. Zoa, Mystique chrétienne du travail, s.i.e., Yaoundé 1960, 6.

[3] J. Zoa, Homélie pour Noël (1988).

[4] Tomado de la intervención de Mons. Zoa durante el Sínodo africano en Roma: J. Zoa, Le Synode doit "ausculter" l’Afrique, en M. Chéza (éd.), Le Synode africain. Histoire et textes, Éditions Karthala, Paris 1996, 55.

[5] J. Zoa, Homélie pour Noël (1988).

[6] Une année de résolution, une année de décision, une année de gens qui veulent bâtir leur pays! (Message de Noël de Monseigneur Jean Zoa, Archevêque de Yaoundé), en L’Effort Camerounais n.° 422 (1964) 6.

[7] Homélie de son Excellence Monseigneur Jean Zoa, Archevêque de Yaoundé, pour les Sinistrés de Nsam (22 février 1998).

[8] Cf. la invitación a los fieles a entrar determinadamente en la modernidad dirigida a los Obispos de Camerún, en Lettre Pastorale de la Conférence Épiscopale du Cameroun sur la crise économique dont souffre le pays, s.i.e., s.i.l. 1990, 29.

[9] Homélie de son Excellence Monseigneur Jean Zoa, Archevêque de Yaoundé, pour les Sinistrés de NsamDzin (dignidad) es una palabra del idioma bëti.


07/11/2015