Perfiles misioneros y espirituales
 



JULIO CÉSAR DUARTE ORTELLADO,

EL SACERDOTE DE LA EUCARISTÍA/2


 


Viaje a Roma

Mons. Juan Sinforiano Bogarín, Obispo de Asunción, otorgó el permiso a Julio César para trasladarse a Roma, y terminar sus estudios eclesiásticos en el Pontificio Colegio Pío Latino Americano.

El mismo Obispo, en una de sus numerosas cartas, escribía: "Es grande, es inmensa la responsabilidad de un sacerdote ante Dios, ante sus superiores jerárquicos. ... Cuanto más grande haya sido su dignidad más grande y triste será su caída. Como cuantas más firmes virtudes prometía y se le exigía, más resaltante se volverá su acción criminal o viciosa. Inmensa es la pérdida moral de un sacerdote caído. Su desgracia es tan grande que no tiene comparación con los castigos impuestos por los sagrados cánones"[1].

Julio César desde Roma permaneció en contacto con Mons. Bogarín, quien tuvo un rol determinante en la formación del clero con su celo apostólico y, sobre todo, con las cartas que durante toda su vida no cesó de escribir para orientar, animar y corregir los errores de la época.

El futuro sacerdote salió del Paraguay el 2 de noviembre de 1926. Faltaba un año para el XXXII aniversario de la consagración episcopal del Obispo Juan Sinforiano Bogarín, quien, con ocasión de este acontecimiento escribía: "Son los sacerdotes de la diócesis los que nos han secundado en todo, han sufrido a nuestro lado las fatigas de los largos y penosos viajes, el peso alguna vez abrumador de los trabajos de la misión, alternando púlpito, confesionario, explicaciones doctrinales y muchas otras ocupaciones que esta lleva consigo"[2].

Julio César conservaba el patrimonio espiritual del Obispo y, por lo tanto, salía con todo el peso de la responsabilidad que iba a tomar en el período de estudio en Roma. Tenía veinte años.

Durante todo su viaje hacia Roma, Julio César mantuvo una correspondencia constante con su familia y, en especial, con su padre. Sus cartas describían con muchos detalles las distintas etapas del viaje, que duró hasta el 8 de diciembre del mismo año.

En una de estas cartas, decía a su padre: "Duro y penoso ha sido para mí abandonar la patria y la familia. ¿Y por qué hice esto? ¿Por buscar placeres más allá de los mares? ¡No! ¿Por buscar riquezas? ¡Tampocoǃ ¿Honores? ¡No!... Mi único ideal es perseguir la ciencia, nutrir mi espíritu con el conocimiento y la cultura del viejo mundo para luego transportar esta ciencia a mi país, a mis hermanos del Paraguay, a quienes yo les deseo bienestar y progreso y sobre todo el conocimiento de sí mismos, de su propio ser y de sus destinos futuros"[3].

No faltaba la añoranza por su patria y el sufrimiento por la situación de su país: "El mar que eternamente me dice tantas cosas, me habla, como una inmensa carta, de mi patria y de mi hogar y, ante su muda elocuencia, permanezco largas horas pensando, meditando, soñando. ... Cuando está tranquilo y bonancible me dice que mi patria y mi hogar están en paz y en silencio; ... cuando, al contrario, ruge la tempestad y las olas se encrespan y enfurecen, entonces, el océano me cuenta que los eternos enemigos de mi patria, los viejos zorros, los voraces cuervos, los politicastros, hacen estallar desórdenes para derramar la última gota de sangre de la raza, incendiar las campiñas, asesinar al hermano y sobre sus huesos sembrar la semilla de la ruina y del dolor. ... Ayer lo he visto manso y reposado, sin una arruga en su tersa superficie, entonces he pensado que mi Paraguay estaba en paz: que el arado abría nuevos caminos a través de las selvas y de los campos; ¡oh, los caminos que tanta falta hacen en el Paraguay!, que los árboles y las plantaciones estaban lozanos, verdeantes, cargados de frutos; que el agua corría abundante por todos los ríos y arroyos; que el ganado retozaba contento, como después de una benéfica lluvia; que las escuelas y los colegios daban su alimento a las inteligencias; que la fe y las costumbres de nuestros pobres aún se conservaban vívidas y puras; en fin, que una aurora de bienestar y progreso empezaba a irradiar sobre los destinos de mi patria; que el Paraguay volvía a levantarse sobre sus escombros y sus ruinas que aún humean. ... ¡He aquí un gran milagro! ... Hemos vuelto a salir de las profundidades del sepulcro y del olvido, para presentarnos a la faz del mundo con la cabeza siempre erguida, jamás humillada"[4]

Desde Roma continuaba su correspondencia con su padre, y hablaba del ambiente enteramente extraño y afirmaba que Roma era algo maravilloso: la Basílica de San Pedro, un prodigio, y tantas y tantas cosas que no se podían contar.

Ordenación sacerdotal

Julio César escribió a su padre una carta en la que anunciaba la fecha de su ordenación sacerdotal, el 27 de octubre de 1929, y que su primera Misa estaba programada para el día siguiente, fecha en que su padre habría cumplido 60 años.

Julio César recibió la ordenación de manos del Papa Pío XI. Su hermano, Pedro,  asistió al acto. Al día siguiente, celebró su primera Misa en la Basílica de San Pedro. 

El Obispo Juan Sinforiano Bogarín le escribía: "Mis más ardientes felicitaciones por su Ordenación sacerdotal y su primera Misa. Sacerdote de Jesucristo: Ud. está consagrado enteramente a trabajar por la salvación de las almas redimidas con su Preciosa Sangre. Es verdad que en el ejercicio de ese elevado ministerio no estará libre de obstáculos que el mundo nos presenta y que llevan consigo una gran abnegación; pero, también es cierto que, a pesar de los trabajos e ingratitudes humanas, el Señor comunica íntima satisfacción interior al Sacerdote que se dedica con ardor a continuar la misión de Jesús buscando almas para el cielo"[5].

"Ahora lo único que me falta escribe el P. Julio– es salir a ejercer mi apostolado buscando almas, muchas almas para Dios, salir a enseñar a los hombres el camino de la vida"[6].

El padre deseaba que Julio terminara sus estudios en Roma y también que aprovechara su estadía en Europa para visitar los lugares más importantes. Julio respondió: "Regresaré dentro de un año y algunos meses, pero siempre habiendo finalizado mis estudios. Solo digo y repito que yo no he venido aquí para llevar un título de doctor, sino para ser doctor e ilustrado. El título es un pedazo de papel, y nada más; lo que vale es la ciencia que se posee. Hay muchos que han adquirido esos pedazos de papel, es decir, que son doctores y son tontos; como, al contrario, hay quienes no son doctores y son sabios. Por lo demás, a mí me repugna que me llamen doctor. Quiero que me digan Padre y nada más"[7]

Esta idea acerca del estudio, como servicio y no como bien personal, volverá varias veces en la vida  de Julio César; lo demuestra una carta escrita a su hermano, Pedro, quien ya se había recibido de médico en Asunción, y que iba a Europa para perfeccionarse en cirugía. 

"Te abrazo, te bendigo con el corazón. Ruego a Dios que seas un buen médico, consolador paciente y caritativo de la pobre humanidad. ... Pedro, si un consejo yo debo darte, helo aquí, recuérdalo en toda tu vida como una palabra sagrada de tu hermano distante: jamás te acerques a un enfermo pensando en lo que puede darte. Nunca tu bisturí busque el oro en el organismo humano. Por último, te recomiendo a los pobres y a los miserables. Haz para ellos todo el bien que puedas. ... Ellos sean para ti tu hermanito Julio"[8].

En otra carta, leemos: "No seré rico, tengo un odio mortal a la plata. Pero, la poca que tenga será para mis hermanos. Partiré mi pan, cortaré mi vestido, más aún, moriré de hambre y me quedaré sin manta, si ellos se encuentran en la miseria y en la indigencia. Pero, sobre todo, les daré el alma, les daré la vida, la vida que no muere"[9].

Maria Laura Rossi

(Continúa)




[1] J.S. Bogarín, Carta Pastoral (15 de diciembre de 1920), en "Sondeos" n.o 30 (1969) 632.

[2] J.S. Bogarín, Carta Pastoral con motivo del 32.o aniversario de su consagración episcopal (3 de febrero de 1927), en "Sondeos" n.o 30 (1969) 658.

[3] C.A. Heyn, Presbítero Julio César Duarte Ortellado. 1906-1943. Sacerdote Secular Paraguayo de Vida ejemplar, II Parte. Sus cartas y otros escritos. Diócesis de Carapeguá 2010, 23.

[4] C.A. Heyn, Presbítero Julio César Duarte Ortellado. 1906-1943..., 30-32.

[5] C.A. Heyn-J.L. Mercado, Presbítero Julio César..., 55.

[6] C.A. Heyn-J.L. Mercado, Presbítero Julio César..., 56.

[7] C.A. Heyn-J.L. Mercado, Presbítero Julio César..., 45.

[8] C.A. Heyn-J.L. Mercado, Presbítero Julio César..., 174.

[9] C.A. Heyn, Presbítero Julio César Duarte Ortellado. 1906-1943..., 29.

 

18/03/2016