Profundizaciones

 

 

 

Hacia el sínodo: La iglesia a la escucha de los jóvenes/2 

Documento Preparatorio de la XV Asamblea General Ordinaria

  del Sínodo de los Obispos sobre el tema "Los jóvenes,

  la fe y el discernimiento vocacional"

 

 

Continuamos la presentación del Documento Preparatorio de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que quiere ser la brújula de un camino sinodal de renovación de la pastoral vocacional de la iglesia.

 

 

Interpretar la realidad: fe, discernimiento, vocación

El Documento Preparatorio del Sínodo, después de la introducción y la primera parte sobre "Los jóvenes en el mundo de hoy", llega al corazón de la reflexión.

En la segunda parte, "Fe, discernimiento y vocación", se evidencia, en efecto, la importancia del discernimiento a la luz de la fe, para llegar a hacere lecciones de vida que estén en sintonía con la voluntad de Dios, y conduzcan a las personas a la plenitud del amor conocido en Jesucristo.

La fe es la fuente del camino de elección, pero está la necesidad de un itinerario de discernimiento de la vocación, que está indicado en tres fases, inspiradas por los tres verbos utilizados por el Papa Francisco para el discernimiento de los signos de los tiempos en la evangelización[1]: reconocer, interpretar y elegir.

Ante todo, está el reconocer lo que el joven desea vivir en plenitud. Es a la escucha de la Palabra de Dios como el joven podrá reconocer su deseo y su orientación de vida. Esto es el fruto de la capacidad de silencio, de escucha de la propia interioridad, de los efectos que la Palabra, las experiencias, los encuentros, tienen en el propio corazón.

Está, luego, el segundo momento: interpretar cómo vivir este deseo que se ha reconocido, de modo realista, pero sin permanecer en una lógica legalista de lo mínimo indispensable. Esta interpretación de la "vocación" se debe realizar en el diálogo continuo con el Señor y requiere también el acompañamiento de personas expertas.

En fin, está el tercer momento: elegir. La decisión implica el ejercicio de la libertad humana auténtica y de una responsabilidad personal. La elección destaca el Documento de modo pertinente, sustrae al joven de las fuerzas ciegas de las pulsiones. Cierto relativismo contemporáneo confiere a esta fuerza ciega la función prominente, con consecuencias negativas; esta, en efecto, aprisiona a la persona en la volubilidad, en la elección de lo que en aquel momento le da la gana de hacer o no hacer, sin constancia.

Vocación y misión

La elección es un acto concreto, ligado frecuentemente a encuentros decisivos, pero es también un largo proceso.

Este proceso se realiza en la acogida de una misión que el Señor confía, que estamos llamados a acoger con entusiasmo y temor. Tal misión se determina mayormente en el tiempo, pero implica la disponibilidad a arriesgar la propia vida, a recorrer el camino de la Cruz, siguiendo los pasos de Jesús.

Hemos llegado, según nuestro parecer, al punto central de la reflexión: la aceptación progresiva de la Cruz es el criterio de discernimiento de una auténtica vocación. Esta se verifica ya desde el momento de la elección, a través de algunas pruebas y en el facilitar la proximidad de los jóvenes a situaciones de pobreza y fragilidad.

La aceptación de la misión, marcada por la Cruz y la pobreza, pone en el centro, en efecto, el proyecto de Dios y no la autorrealización personal.

En culturas marcadas por el individualismo en Occidente, o en contextos de pobreza y de falta de oportunidad, como sucede, por ejemplo, en África, es muy importante, por eso, el discernimiento del acompañador. Este tiene que orientar a los jóvenes hacia la elección de la vocación cristiana, en la perspectiva del don generoso de sí mismo, y a través de la purificación de los motivos iniciales.

Esta función requiere libertad interior de parte de los acompañadores de las jóvenes generaciones. Como el Documento mismo destaca, el acompañador debe estar habitado solo por el deseo de ser colaborador de la alegría de los jóvenes, y por el respeto profundo de su conciencia y unicidad. Él nunca tiene que ceder a la tentación de apropiarse de su fe, de adquirir "vocaciones" para propios intereses personales o de grupo.

La vocación y la misión son atadas y expresan ambas un servicio de profecía en el mundo; requieren una constante conversión, sea de los acompañadores, sea de los jóvenes que cumplen una elección de amor y de don de sí.

Acompañar a los jóvenes a acoger la alegría del Evangelio

La tercera parte del Documento concentra su atención sobre la "Acción pastoral" de la comunidad eclesial en campo vocacional, seguida luego por el cuestionario. Esta, pues, es la parte más abierta a las contribuciones del pueblo de Dios. Presenta los actuales sujetos, lugares e instrumentos a disposición de la pastoral vocacional, abriéndose a las sugerencias que podrán llegar a propósito.

En el Documento Preparatorio se sugiere, de todos modos, que el estilo de la pastoral vocacional de la Iglesia se inspire en la actitud de Jesús en los Evangelios, que puede ser presentada a través de tres verbos: salir, ver, llamar.

Por tanto, se propone a la Iglesia salir de la rigidez de una pastoral solo sacramental y de mantenimiento, saber ir hacia los jóvenes con creatividad. Esta dimensión de éxodo, pues, lleva a ver a los jóvenes en las dificultades vividas, a posar sobre ellos una mirada de amor, de discernimiento discreto, de compresión y de respeto.

Se trata, en fin, de llamar a los jóvenes. La llamada empieza con el hacer renacer el deseo en su corazón, provocándolos a acoger la novedad del Evangelio.

Llamar a los jóvenes significa también provocarlos al riesgo de la elección, a saber renunciar a las posiciones adquiridas, al confort.

Como ejemplo, con respecto a esto, recordamos el discurso del Papa Francisco durante la última Jornada Mundial de la Juventud, cuando ha provocado a los jóvenes a no permanecer "embelesados" frente a la computadora y a abandonar "la 'felicidad' del sofá": "Amigos, Jesús es el Señor del riesgo, es el Señor del siempre 'más allá'"[2] .

Hay que evidenciar el hecho de que el Documento insiste en la responsabilidad de toda la comunidad cristiana, en la educación de las nuevas generaciones y en una alianza necesaria entre las varias instancias: familia, escuela, Iglesia, para desarrollar una función educativa, para servir el crecimiento humano de cada uno, con una atención personal.

Se destaca, a este propósito, la necesidad de la elección de personas maduras y calificadas para acompañar a los jóvenes.

Ponerse en estado sinodal con los jóvenes

El Documento se debe descubrir en toda la riqueza de sus articulaciones. Hemos querido dar una primera visión de conjunto que requerirá, luego, un ahondamiento en medio del pueblo de Dios.

En conclusión, queremos resaltar también que este Documento es un instrumento muy válido, una verdadera brújula, para permitir a los jóvenes y a los operadores pastorales ponerse en estado sinodal y dialogar sobre los temas propuestos, sin divagaciones inútiles[3].

Si los jóvenes están interpelados a elecciones audaces, también los acompañadores pastorales están llamados a una conversión de mentalidad, porque están sumergidos en la misma cultura relativista vivida por los jóvenes a quienes se dirigen. El Papa Francisco ha dedicado mucho espacio de reflexión a la mundanidad espiritual, que ataca a los evangelizadores y se expresa en un conformismo con la cultura que se respira.

Los adultos, más generalmente, están llamados a ser ejemplo firme de fidelidad a una elección de vida que excluye mil otros itinerarios posibles, porque está guiada por el Amor, y sabe asumir los momentos de sufrimiento y de cruz.

Es ya una adquisición eclesial la necesidad de un trabajo constante de educación y de evangelización, que debe ser hecho contemporáneamente a nivel de las familias y de la Iglesia y de otras instancias educativas, para que los jóvenes estén formados ya desde la infancia a una capacidad de compromiso y de sacrificio, con una voluntad fuerte, capaz de vivir hasta el final la propia libre elección.

El Papa Francisco insiste, de diversos modos, en este aspecto de la formación de una voluntad que sostenga los valores y las elecciones, para una duradera transmisión de la fe a las jóvenes generaciones[4].

El ahondamiento del magisterio del Papa Francisco en los diálogos con los jóvenes y, sobre todo, con las ocasiones de las Jornadas Mundiales de la Juventud, puede dar una gran aportación a la reflexión sinodal. Estas jornadas, por otra parte, están incluidas entre los lugares de pastoral vocacional por el mismo Documento de preparación del próximo Sínodo.

El Papa Francisco, durante estos años, nunca ha cesado de sacudir a los jóvenes y los ha invitado al riesgo de la elección, pero también a abrirse al horizonte de la misión, porque vocación y misión son profundamente unidas. Él ha confiado a ellos el mandato misionero; ha pedido a los jóvenes creyentes "ir, sin miedo, para servir"[5].

La Iglesia en todas sus componentes, en la pastoral vocacional, sale al encuentro de los jóvenes, posa sobre ellos su mirada amorosa y materna, y los llama a participar en su misión. Con el Sínodo mismo, la Iglesia se abre para transmitir su tesoro de fe y de sabiduría, pero también para ponerse en tela de juicio y abrirse a nuevas expresiones de la vida cristiana, al Espíritu que la renueva y la conserva siempre joven en sus hijos.

Antonietta Cipollini




[1] Cf. Papa Francisco, Exhortación Apostólica postsinodal Evangelii gaudium (24 de noviembre de 2013), 51.

[2] Papa Francisco, Vigilia de oración con los jóvenes, XXXI Jornada Mundial de la Juventud (30 de julio de 2016).

[3] Cf. Papa Francisco, Carta a los jóvenes con ocasión de la presentación de Documento Preparatorio de la XV Asamblea General del Sínodo de los Obispos (13 de enero de 2017).

[4] Cf. Papa Francisco, Discurso a los miembros de la Pontificia Comisión para América Latina (28 de febrero de 2014).

[5] Cf. J. Clemens, L'impegno della Chiesa per i giovani: da Giovanni Paolo II a Papa Francesco. Incontro Internazionale sulle GMG Rio 2013 - Cracovia 2016 (12 aprile 2014), en www.laici.va


 



03/02/2017