Perfiles misioneros y espirituales

 

 

 

CONVERTIRSE A LA ALEGRÍA
BENEDETTA BIANCHI PORRO/4

 

Para conocer su experiencia, hasta ahora, nos hemos dejado conducir de la mano por Benedetta misma.
Numerosos son también los testimonios que nos restituyen la figura de Benedetta; los más impresionantes, en particular los de la mamá y de sus amigos, se remontan, sobre todo, a los últimos meses de su vida, durante los cuales ella sufrió una verdadera transformación.

Ya era el Cristo que vivía en ella: Benedetta se volvió pura transparencia de Él.


   

"Vi, a través de ella, la imagen de Jesucristo crucificado..."

Como lo testimonia constantemente su diario, Benedetta amaba, ya desde su infancia, la vida en todas sus manifestaciones, en particular, la naturaleza. La luz y el calor del sol la consolaban también durante su enfermedad.

La última transformación de Benedetta se realiza con su último sacrificio: ella pierde también la vista, a consecuencia de una intervención en la cabeza. Así ella se ha quedado completamente despojada de todo lo que mayormente le importaba: de la belleza de la creación, de la lectura de los libros que hacían vibrar su alma y, sobre todo, de los rostros de las personas que amaba...

Quince días antes de la operación quirúrgica en cuestión, Benedetta, consciente del riesgo que corría, había enseñado a los miembros de su familia a utilizar el alfabeto mudo: en efecto, sus queridos ya podrán comunicar con ella solo a través de la presión de los dedos sobre una mano.

Maria Grazia, la amiga de Benedetta que la asistió en el hospital junto con su madre, cuenta que los sufrimientos físicos, unidos a la angustia por la soledad total, fueron, para Benedetta, un verdadero Calvario que la hicieron exclamar: "¡Qué fatiga, mi Dios, qué fatiga...! ¡Cuánto he sufrido! ¡Mi cruz es más pesada de lo que puedo soportar..., pero, quiero donar con alegría, no por forzar!"[1].

La pérdida de la vista, que, desde una perspectiva humana, puede considerarse solo un ulterior fracaso, se transforma en una victoria, gracias a la aceptación de la voluntad de Dios de parte de Benedetta. Es siempre su amiga Maria Grazia la que cuenta la impresión profunda que le hicieron las palabras de agradecimiento de Benedetta, por haberse quedado cerca de ella en su "huerto de los olivos": "Entonces me di cuenta repentinamente de que algo había cambiado, desde el momento en que se había vuelto ciega. Parecía, al final, que la hubiera invadido una gran paz, como si se sintiera completamente librada del miedo y de la angustia. Parecía que la ceguera fuera, para ella, un estado de gracia, un camino hacia la alegría y la luz"[2].

Como lo afirmaba el teólogo Divo Barsotti, quien escudriñó con profundidad la experiencia espiritual de Benedetta: "La santidad implica esta intervención que arranca al hombre de sus raíces más profundas, y lo transfiere a un mundo nuevo de pura luz. Los hombres perciben que esa alma está totalmente donada en el amor, pero, precisamente en esta propia perfección de amor, perciben también que ya no pertenece más al mundo de aquí abajo. La santidad es verdaderamente la revelación más alta de Dios: el santo está totalmente poseído por el Cristo: él ya no vive más, y vive en él solo el Cristo"[3].

Impresionante, en este sentido, es el testimonio de la mamá. Ella recuerda, tal vez, uno de los últimos días. "Ocurrió en una mañana, para mí muy laboriosa, cuando, cansada y exasperada, la levanté y la eché sobre su cama; cayó así con los brazos abiertos y con la cabeza dulcemente inclinada sobre un hombro: me hizo más rabia aún al verla así dulce y disponible y, puesto que debía lavarla, le quité con poca delicadeza la bata, luego la camisa. De repente, vi, a través de ella, la figura del Cristo crucificado. Lloré y le pedí perdón. 'No, no dijo soy yo, mamá, la que tengo que pedirte perdón, porque evidentemente estas cosas no te las sé pedir bastante bien'"[4].

La figura y los testimonios de Elsa, la madre de Benedetta, quien ha permanecido cerca de ella hasta el fin, son notables.

Definida como "una madre digna de la angélica hija, investida de una gracia especial"[5], mamá Elsa escribía a la Hermana Alberta (maestra de Benedetta en la escuela de enseñanza general básica): "Ella está serena en el Señor. Vive rezando, cantando, y dictando cartas a los amigos; ella vive de una manera más angelical que humana. ... Es de una obediencia desconcertante y edificante. Es fuerte, dulce, segura... Ya no soy más afligida por el estado de salud de mi hija, sino que la miro humilde y serenamente, como se miran a los Santos en la Iglesia"[6].

También su madre, por lo tanto, fue transformada, y se puso al servicio de la misión del sufrimiento de Benedetta, dejándose llevar a una vida nueva, como, por otra parte, lo admitirá: "Cuando Benedetta murió, me parecía haber quedado huérfana. Era yo la hija quien había perdido a la mamá, porque ella había sido nuestro guía"[7].

Su padre, quien al principio no aceptaba el sufrimiento de su hija, después de su muerte, ha testimoniado, con un tono sobrio y solemne, que Benedetta le había enseñado la fraternidad universal y el amor al prójimo, a través de su atención a todos, y que en su cuerpo desfigurado se percibía la presencia de Dios[8].

También los hermanos y las hermanas de Benedetta recuerdan de ella sobre todo su gran amor a la vida y la exquisita humanidad, a pesar de sus sufrimientos atroces.

Su hermano Corrado, quien tenía 14 años hacia el fin de la vida de Benedetta, afirma que no era el sufrimiento la realidad más evidente en ella, sino más bien una "secreta alegría, tranquila, segura, que nos daba confianza en la vida"[9].

Frente a las preguntas inevitables que surgían, con dolor y ternura, en su corazón sobre el sentido de tal sufrimiento, Benedetta enseñaba a sus hermanos y hermanas menores a mirar siempre más allá, a aceptar el límite de nuestra comprensión y a agradecer por todo[10].

Es en este sentido en que Corrado explicará también la gran piedad popular que existe respecto a Benedetta: "Porque no es extraña a nuestro dolor. Porque conoce bien nuestro cansancio, nuestras deudas. Porque nos soporta y es nuestra amiga, siempre. Porque nos enseña la levadura de la paciencia y de la espera, también cuando querríamos saberlo todo y enseguida. Porque el Paraíso, no es, en fin de cuentas, tan difícil de imaginar"[11].

Benedetta irradia a Dios

La pobreza total de Benedetta ha permitido la intervención de Dios, quien ha tomado definitivamente llena posesión de ella. Y sus amigos, ya, le rinden veneración; de modo más o menos consciente, ellos buscan esta Presencia de Dios en ella.

Se podrían multiplicar los relatos de sus amigos, de los consejos y de la clarividencia espiritual que Benedetta les había otorgado, a través de su correspondencia y de los encuentros. Ella vivía estas ocasiones como una verdadera misión que el Señor le había confiado. Benedetta no fue, por lo tanto, y no se mostró nunca replegada en sí misma y en su sufrimiento, sino que siempre permaneció atenta al sufrimiento de los demás, para consolar, animar, corregir y hablar de ellos al Señor.

Ella no se apegó, pues, a las amistades; estas no fueron la búsqueda de un vacío consuelo, sino que ella rezó por sus amigos a fin de que pudieran encontrar al Señor, como ella lo había encontrado. Ella irradiaba a Dios y el misterio salvador de la Cruz de Cristo; era, para los jóvenes que le hacían visita, "un encuentro con Dios mismo, a través de ella. Su presencia era un sacramento de Dios"[12].

La vida de las amigas de la primera hora fue marcada por Benedetta, y ellas le rindieron un gran testimonio. Nicoletta, su amiga y madre espiritual, le escribía, en fin, así: "Te quiero también por la claridad con la que muestras a Cristo crucificado, como único sentido de la vida, sin sermones, sino por lo que eres, que se te ha sido dado ser. Todos los demás, si estamos bien atentos, son también un signo de Dios, pero, nadie de modo tan esencial, tan duro, tan simple y tan dulce como tú. Dios te ha dado una parte así grande en el mensaje de la Cruz..."[13].

También Maria Grazia le escribía así: "Tú has sido, para mí, el camino: tú me has rendido testimonio de Él. No he creído en quienes me hablaban de Él. Pero, en ti, que has sufrido y sufres junto con Él, yo no puedo no creer. Has ganado... Era solo lo que quería decirte: el Señor no podía darte una vida más bella, más rica. Eres importante, para mí; eres la cosa más bella y más querida que tengo. Eres el rostro mismo de la esperanza. Te quiero mucho: estás junto a mí en cada hora, porque ya no podré más separarme de ti: te llevo dentro de mí como una llama y como un signo. Que Dios omnipotente pueda darte la Alegría. ... Querría hacer algo para Ti, darte testimonio"[14].

(Continúa)

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)




[1] D.M. Turoldo, Profilo spirituale della serva di Dio Benedetta Bianchi Porro, en B. Bianchi Porro, Scritti completi. A cura di A. Vena, San Paolo, Milano 2006, 52 (de ahora en adelante Scritti completi).

[2] D.M. Turoldo, Profilo spirituale..., 54.

[3] D. Barsotti, Il cammino verso la luce, Quaderni di Benedetta 1, Fondazione Bianchi Porro, Dovadola 2007, 14; la lectura integral está disponible en la red: www.benedetta.it/ita/Pubblicazioni/htm

[4] D. Barsotti, Il cammino verso la luce..., 14.

[5] C. Fabro, Momenti dello spirito. La missione ecclesiale di Benedetta Bianchi Porro, en www.corneliofabro.org

[6] C. Fabro, Momenti dello spirito...

[7] Homilía de Mons. Angelo Comastri, con ocasión de la Santa Misa celebrada el 23 de enero de 2005 en Dovadola, para la conmemoración del paso de Benedetta al Padre, en www. Benedetta.it/ita.htm; la homilía de Mons. Comastri retoma varios testimonios de la mamá de Benedetta y los episodios salientes de las intervenciones de Benedetta en las vicisitudes de su familia.

[8] Cf. D. Barsotti, Il cammino verso la luce..., 19.

[9] J. Guerriero, Entrevista a Corrado Bianchi Porro, en www.testimonideltempo.it

[10] Cf. J. Guerriero, Entrevista a Corrado Bianchi Porro...

[11] J. Guerriero, Entrevista a Corrado Bianchi Porro...

[12] D. Barsotti, Il cammino verso la luce..., 20. Muchos jóvenes que visitaban a Benedetta formaban parte del movimiento católico de "Gioventù Studentesca", fundado por don Luigi Giussani en Milán en 1954.

[13] B. Bianchi Porro, L'Epistolario, Nicoletta Padovani a Benedetta (14 agosto 1962), en Scritti completi, 567-568.

[14] B. Bianchi Porro, L'Epistolario, Maria Grazia Bolzoni a Benedetta (9 ottobre 1962), en Scritti completi, 570-571.




14/08/2017