Entrevistas/48

 

 

 

   TRABAJO, DINERO, EUROPA, MIGRANTES:

ENTREVISTA A PAPA FRANCISCO/1

 

 


* Su Santidad, un antiguo proverbio africano afirma: "Si quieres ir rápido, camina solo, si quieres llegar lejos, ve acompañado". Todos nosotros sabemos que las nuevas herramientas de la innovación tecnológica contribuyen a aumentar la velocidad de la comunicación también entre las personas y de la economía. Pero las crisis profundas que sobrevinieron, junto con una incertidumbre duradera y difusa, parecen haber limitado y ofuscado nuestros horizontes. En Gran Bretaña, nada menos, nació un ministerio que se ocupa de la "soledad". Haría suyo este proverbio?

Este proverbio expresa una verdad; el individuo puede obrar bien y correctamente, pero el crecimiento siempre es el resultado del compromiso de cada uno a favor del bien de la comunidad. De hecho, las capacidades individuales no pueden manifestarse fuera de un ambiente comunitario favorable, ya que no se puede pensar que el resultado logrado sea simplemente la suma de las capacidades de cada uno. Digo esto no para mortificar a los individuos ni para desconocer los talentos de cada uno, sino para ayudarnos a recordar que nadie puede vivir aislado de los demás o de forma independiente. La vida social no está compuesta por la suma de las individualidades, sino por el crecimiento de un pueblo.

* ¿Cómo se llega a ser "inclusivos"?

El primer paso para ser inclusivos es considerar a la humanidad como una única familia. Estamos llamados a vivir juntos y a dar cabida para acoger la colaboración de todos. Si miramos a nuestro alrededor con el corazón abierto, no podemos dejar de notar las muchas, muchísimas historias preciosas de apoyo, cercanía, atención, gestos de gratuidad y tocamos con la mano que la solidaridad se propaga cada vez más. Si la comunidad en la que vivimos es nuestra familia, se hace cada vez más fácil evitar la rivalidad para abrazar la ayuda mutua. Como sucede con nuestras familias de origen, donde el crecimiento verdadero, el que no crea personas excluidas o descartadas, es el resultado de las relaciones sostenidas por la ternura y la misericordia, no por el afán de éxito y por la exclusión estratégica de quien nos rodea. La ciencia, la técnica, el progreso tecnológico pueden acelerar las acciones, pero el corazón es exclusivo de la persona para brindar un suplemento de amor en las relaciones y en las instituciones.

* No tener un proyecto compartido sobre la reducción de las desigualdades, en un sistema cada vez más globalizado, puede determinar lo que Usted llama "la economía del descarte", donde las mismas personas se convierten en "descartes". En el último documento ("Oeconomicae et pecuniariae quaestiones - Consideraciones para un discernimiento ético sobre algunos aspectos del actual sistema económico y financiero") la Santa Sede afirma que la economía "necesita una ética amiga de la persona para su correcto funcionamiento". ¿Nos puede explicar este concepto?

Ante todo, una aclaración sobre la idea de los descartes. Como he escrito en el Evangelii gaudium, no se trata simplemente del fenómeno conocido como acción de explotación y opresión, sino de un nuevo fenómeno propiamente dicho. Con la acción de exclusión quedan afectados en su misma raíz los vínculos de pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues en ella ya no quedamos simplemente relegados en los bajos fondos de la existencia, en las periferias, o despojados de cada poder, sino que nos expulsan. Los excluidos no son explotados, sino completamente desechados, o sea, se consideran desechos, sobrantes y se expulsan de la sociedad. No podemos ignorar que una economía estructurada de esta forma es destructora, porque pone el dinero al centro y obedece solo a él: cuando la persona ya no ocupa la centralidad, cuando ganar dinero se convierte en el principal y único objetivo, nos colocamos fuera de la ética y se construyen estructuras de pobreza, esclavitud y descartes.

* ¿Quiere decir que vivimos en un contexto de valores enemigos de la persona?

Tenemos una ética no amiga de la persona cuando, casi con indiferencia, no somos capaces de escuchar y probar compasión ante el grito de dolor de los demás, no lloramos frente a los dramas que destruyen la vida de nuestros hermanos ni tampoco los cuidamos, como si no fuera también nuestra responsabilidad, lejana de nuestras competencias. Una ética amiga de la persona se convierte en un fuerte estímulo para la conversión. Necesitamos conversión. Falta la conciencia de un origen común, de pertenecer a una raíz común de humanidad y a un futuro para construir juntos. Esta conciencia de base permitiría el desarrollo de nuevas convicciones, nuevas actitudes y estilos de vida. Una ética amiga de la persona tiende a superar la distinción rígida entre las realidades que apuestan por las ganancias, y aquellas orientadas no al mecanismo exclusivo de los beneficios, dejando un amplio espacio a las actividades que constituyen y amplían el denominado tercer sector. Sin desestimar la importancia y la utilidad económica y social de las formas históricas y consolidadas de empresa, estas realidades hacen evolucionar el sistema hacia una asunción más clara y completa de las responsabilidades de los sujetos económicos. De hecho, es la misma diversidad de las formas institucionales de empresa que genera un mercado más civil y, al mismo tiempo, más competitivo.

* En el mismo documento en el que se explicita el mensaje para que la actividad financiera esté al servicio de la economía real, y no viceversa, impacta el llamado a las escuelas donde se forman los directivos y los empresarios industriales del futuro, para que puedan comprender que los modelos económicos que persiguen solo resultados cuantitativos no serán capaces de conservar desarrollo y paz con el paso del tiempo. ¿Significa que los directivos deberían ser capacitados y luego evaluados, también en base a parámetros diferentes de los actuales? ¿Cuáles?

Me parece importante observar que ninguna actividad se desarrolla de forma casual o autónoma. Detrás de cada actividad hay una persona humana. Puede quedar anónima, pero no existe actividad que no se origine en el hombre. La centralidad actual de la actividad financiera respecto a la economía real no es casual: detrás de esto se anida la decisión de alguien que piensa, equivocándose, que el dinero produce dinero. El dinero, el de verdad, se hace con el trabajo. El trabajo otorga dignidad al hombre, no el dinero. El desempleo que afecta a varios países europeos es la consecuencia de un sistema económico que ya no es capaz de crear trabajo, porque en el centro colocó a un ídolo que se llama dinero. Y añado, pensando en los trabajadores encontrados en Cerdeña: la esperanza es como las brasas debajo de la ceniza, ayudémonos con la solidaridad soplando sobre las cenizas, la esperanza, que no es un simple optimismo, nos hace salir adelante; todos tenemos que sostener la esperanza, es nuestra, es algo de todos, por eso digo, a menudo, a los jóvenes que no se dejen robar la esperanza. También tenemos que ser astutos, porque el Señor nos hace entender que los ídolos son más sagaces que nosotros, nos invita a tener la astucia de la serpiente con la bondad de la paloma.

* ¿Astucia y bondad para luchar contra el ídolo-dinero? ¿Cómo se hace?

En este momento, el centro de nuestro sistema económico está ocupado por un ídolo, y esto no es positivo: luchemos todos juntos para que el centro esté ocupado más bien por la familia y las personas, y se pueda salir adelante sin perder la esperanza. La distribución y la participación en la riqueza producida, el establecimiento de la empresa en un territorio, la responsabilidad social, el bienestar empresarial, la igualdad de trato en materia de retribución entre hombres y mujeres, la armonización de los tiempos dedicados al trabajo y a la vida, el respeto del medio ambiente, el reconocimiento de la importancia del hombre respecto a la máquina, el reconocimiento del salario justo y la capacidad de innovación son elementos importantes que mantienen viva la dimensión comunitaria de una empresa. Perseguir un desarrollo integral requiere la atención hacia los temas que he apenas especificado.

* ¿Qué hace bien a la empresa?

El modo de pensar de la empresa influye notablemente en las decisiones de su organización, producción y distribución. Se puede decir que actuar bien respetando la dignidad de las personas y persiguiendo el bien común hace bien a la empresa. Existe siempre una correlación entre la acción del hombre y de la empresa, la acción del hombre y el futuro de una empresa. Recuerdo al Beato Pablo VI que tendré la satisfacción de proclamar santo el próximo 14 de octubre, que en la encíclica Populorum progressio escribía: "El desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico, debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre. Con gran exactitud ha subrayado un eminente experto: 'nosotros no aceptamos la separación de la economía de lo humano, el desarrollo de la civilización en que está inscrito. Lo que cuenta para nosotros es el hombre, cada hombre, cada agrupación de hombres, hasta la humanidad entera'".

* El reciente documento vaticano de análisis del sistema económico que ya mencioné, observa principalmente que "ese potente propulsor de la economía que son los mercados es incapaz de regularse por sí mismo: de hecho, estos no son capaces de generar los fundamentos que les permitan funcionar regularmente (cohesión social, honestidad, confianza, seguridad, leyes...) ni de corregir los efectos externos negativos para la sociedad humana (desigualdades, asimetrías, degradación ambiental, inseguridad social, fraudes...)". ¿Quiere decir que la economía no puede bastarse a sí misma y, en un cierto modo, necesita ser "salvada" ella misma? ¿Cuáles son, a su parecer, los límites "justos" de las ganancias?

La actividad económica no se refiere únicamente a las ganancias, sino que incluye relaciones y significados. El mundo económico, si no se reduce a una mera cuestión técnica, no solo contiene el conocimiento del cómo (representado por las competencias) sino también del porqué (representado por los significados). Por lo tanto, una sana economía nunca está desvinculada del significado de lo que se produce y la acción económica es siempre también un hecho ético. Mantener unidas acciones y responsabilidades, justicia y provecho, producción de riqueza y su redistribución, operatividad y respeto del ambiente con el tiempo se convierten en elementos que garantizan la vida de la empresa. Desde este punto de vista, el significado de la empresa se amplía, y hace comprender que perseguir únicamente el beneficio ya no garantiza la existencia de la empresa. Además de estas cuestiones vinculadas directamente con la empresa, tenemos que dejarnos interpelar por lo que nos rodea. Ya no es posible que los operadores económicos no escuchen el grito de los pobres. Una vez más, Pablo VI y deseo citarlo integralmente por su importancia afirmaba en la Populorum progressio que "la regla del libre cambio no puede seguir rigiendo ella sola las relaciones internacionales. Sus ventajas son sin duda evidentes cuando las partes no se encuentran en condiciones demasiado desiguales de potencia económica: es un estímulo de progreso y recompensa el esfuerzo. Por eso, los países industrialmente desarrollados ven en ella una ley de justicia. Pero ya no es lo mismo cuando las condiciones son demasiado desiguales de país a país: los precios que se forman 'libremente' en el mercado pueden llevar consigo resultados no equitativos. Es importante reconocerlo: es el principio fundamental del liberalismo, como regla de los intercambios comerciales, el que está aquí en litigio. La enseñanza de León XIII en la Rerum novarum conserva su validez: el consentimiento de las partes, si están en situaciones demasiado desiguales, no basta para garantizar la justicia del contrato, y la regla del libre consentimiento queda subordinada a las exigencias del derecho natural. Lo que era verdadero acerca del justo salario individual escribía todavía mi venerado predecesor Pablo VI lo es también respecto a los contratos internacionales: una economía de intercambio no puede seguir descansando sobre la sola ley de la libre concurrencia, que engendra también, demasiado a menudo, una dictadura económica. El libre intercambio solo es equitativo si está sometido a las exigencias de la justicia social".

Guido Gentili

(Traducción de Graziella Filipuzzi para Il Sole 24 Ore)

(Continúa)


© Il Sismografo (Il Sole 24 ore) - 7 de septiembre de 2018
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21/09/2018