Perfiles misioneros y espirituales

 

 

EL ESPLENDOR DE LOS JÓVENES SANTOS/2

   Los veintidós mártires ugandeses y el Sínodo sobre los jóvenes

   

 

La libertad de conciencia

Además de la fuerza de su fe, otro aspecto, puesto de relieve por la canonización de los jóvenes mártires, ha sido la voluntad de afirmar la libertad de la propia conciencia frente al poder absoluto del rey, hasta entonces incontestado.

Joseph Mukasa es el primer y más luminoso ejemplo de libertad de conciencia. Había sido un consejero muy estimado por el rey, pero se atrevió valientemente a decirle que no debía matar a la delegación de los misioneros anglicanos que habían llegado a la corte con su primer Obispo, Hannington. Luego, lo reprochó por haberlo hecho, recordándole que su padre no se habría manchado de este crimen. El rey, mal aconsejado también por los intrigantes de la corte, ya estaba convencido de que los cristianos querían destronarlo.

Joseph, apóstol intrépido, fue encarcelado por su espíritu libre y se volvió el primer mártir, el 15 de noviembre de 1885.

Antes de morir dijo a su verdugo: "No me aten. ¿Cómo podría huir yo que voy a morir para Dios?". Envió, a través del mismo verdugo, también un mensaje al rey: "Di a Mwana que lo perdono de corazón por haberme asesinado sin culpa por mi parte. Pero le añadirás que le aconsejo fuertemente que se arrepienta, porque si no se arrepiente, tendrá que responder frente al trono del juicio de Dios". Fue decapitado y luego quemado. Tenía 26 años.

Algunos meses después, Charles Lwanga, Kizito y los demás jóvenes pajes de la corte, rechazando sus propuestas homosexuales, pusieron en crisis también ellos la autoridad del rey, quien les pedía traicionar los principios cristianos.

Ellos habían sido entre los servidores más eficaces, según el tradicional y dócil respeto de la autoridad del rey, pero no podían aceptar traicionar su conciencia, renacida en Cristo.

Interpelados por el rey, para definir su posición frente a los jefes, Charles Lwanga y Kizito, tomándose de las manos, se pusieron del lado de la "gente que reza", o sea, de los cristianos, listos de tal modo para morir, acompañados por los demás pajes.

La amistad

Hay que subrayar la belleza de esta amistad y solidaridad en el Señor entre Charles Lwanga, Kizito y los demás jóvenes. Caminaban e invitaban a caminar tomándose de las manos, en la fidelidad al Señor.

Charles Lwanga los tuvo "de las manos" y, porque era catequista, durante la noche en la cárcel bautizó a los catecúmenos, entre los cuales Kizito. Les dio, en fin, un testimonio de aguante heroico, durante las torturas que le fueron infligidas con encarnizamiento. He aquí por qué ha sido declarado, por Pío XI, patrono de la juventud africana.

Aquella amistad se fundaba, sin embargo, en una elección de fe personal. Ninguna componenda era aceptable para la conciencia de estos jóvenes que tenían una fe inquebrantable.

Uno de ellos, Mbaga Tuzinde, hijo del primer verdugo, habría podido escapar a la muerte: su familia lo imploró, llorando, que se escondiera y abjurara de la fe.

El joven Mbaga, sin embargo, se rehusó a ser indultado y se unió a los demás condenados, declarando a su familia que ahora obedecía solo a Dios, como Padre.

Su padre pidió, entonces, que se le infligiera lo que venía llamada "la muerte de los amigos", un golpe de bastón en la nuca que evitaba el suplicio consciente del fuego. Luego, Mbaga fue quemado junto a los demás.

Murieron todos, envueltos en las llamas, con las oraciones en los labios, invocando a Dios. Los verdugos se quedaron estupefactos por su serenidad[1]. En efecto, los jóvenes se animaban los unos a los otros; las últimas palabras de Kizito fueron: "Hasta luego, amigos, estamos en camino"[2].

El ejemplo de la libertad de conciencia de los mártires, actual para toda la Iglesia, ha dado vida a una nueva cultura en Uganda: su fe inquebrantable, por eso, es todavía un estímulo para los laicos cristianos africanos[3].

Formar en la responsabilidad

Después de estas reflexiones, podemos comprender mejor la importancia de la formación de los jóvenes en la libertad de conciencia, que se conjuga con la responsabilidad[4].

En la base está la contemplación de la manera de actuar del Señor quien, en diálogo con el Padre, tomó en la soledad de su conciencia las decisiones, también las más duras y desgarradoras como aquella en el Jardín de los Olivos[5].

Formar la conciencia querrá decir, entonces, para los jóvenes, ponerse a la escuela de Cristo, "Camino, Verdad y Vida", y saber superar el relativismo y la esclavitud de las pasiones y de los placeres, de los propios intereses y de las comodidades del momento, para adherir al bien y a la verdad, reconocidos y elegidos en la propia libertad, y realizados con fuerza de voluntad y sacrificio[6].

La fuerza, el coraje de la fe sostenida por la oración, la libertad, la elección según la conciencia, la amistad y la solidaridad en el Señor, he aquí los aspectos siempre actuales de la vida y del martirio de los jóvenes ugandeses que hemos querido poner en evidencia para la Iglesia en África y para todos los jóvenes, en este tiempo de reflexión sinodal.

Honrar hoy a estos jóvenes mártires de Uganda, quiere decir, para la Iglesia, sabe ir contracorriente y proponer a los jóvenes el ideal de la santidad, el corazón del Evangelio y sus bienaventuranzas[7].

Los mártires de Uganda invitan, en fin, a todos a volver con impulso al amor de Cristo, un amor que ha desafiado y vencido a la muerte.

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)




[1] Cf. F. Marion, Nouveaux saints africains. Les vingt-deux martyrs d'Uganda, Éditions Ancora, Milano 1964, 33 ss.

[2] A. Shorter, Kizito, en Dictionnaire biographique des chrétiens d'Afrique, en www.dacb.org/fr/stories/uganda/kizito. El autor nos remite a una fuente importante: J.F. Faupel, African Holocaust, St. Paul's publications Africa, Nairobi 1984.

[3] Cf. M. Ssekamanya, Les martyrs de l'Ouganda, modèles de vie chrétienne pour les laïcs, en Le futur du christianisme en Afrique et dans le monde. IIIe Rencontre continentale Africaine du Forum International d'Action Catholique, Lugazi: Ouganda. Actes, en www.catholicactionforum.org/wp-content/uploads/2015/09/FR_AttiLugazi2006_low.pdf, 24-30.

[4] El Instrumentum laboris insiste en la función central de la conciencia, cf. IL 117.

[5] Cf. IL 117.

[6] Cf. IL 115-116.

[7] Cf. GE 65 ss.

 

10/10/2018