Vida de la parroquia de Ypacaraí


 

LA CELEBRACIÓN DE LAS PRIMERAS COMUNIONES

EN YPACARAÍ/1


 

La catequesis es un pilar fundamental de la vida eclesial y, junto con la liturgia y los sacramentos, caracteriza la cotidianidad de la vida de una parroquia, lugar privilegiado donde vive y se realiza la Iglesia.

La catequesis, en efecto, acompaña, en varias etapas, desde el nacimiento hasta la muerte, la transmisión, el crecimiento y la maduración de la fe de los creyentes. En particular, los itinerarios anuales de catequesis de la iniciación cristiana terminan con la administración a los muchachos de los sacramentos, que constituyen etapas formativas y pasos importantes en la vida de fe.

Una de estas etapas fundamentales es la de la Primera Comunión. En la parroquia de Ypacaraí, la celebración del sacramento de la Eucaristía es uno de los momentos más importantes para toda la comunidad parroquial y, sobre todo, para muchos niños junto con sus familias.

La catequesis de la "cuarta etapa"

La catequesis para la Primera Comunión comienza, en Ypacaraí, al principio del año pastoral, que en el Paraguay se abre, en general, a finales de febrero y termina a finales de noviembre, paralelamente al año escolar. Son los padres quienes inscriben en la parroquia a sus hijos y, cada año, alrededor de doscientos cincuenta niños reciben el sacramento de la Eucaristía.

La edad de nueve-diez años es la establecida para recibir este sacramento; la catequesis, sin embargo, no se limita solo al año en que los niños reciben el sacramento, que corresponde a la cuarta etapa, sino que la mayoría de ellos frecuentan la catequesis a partir de seis-siete años y su itinerario comprende tres etapas precedentes.

Cada mes de noviembre, en nuestra parroquia, termina la catequesis para casi un millar de niños y muchachos y se celebran las Primeras Comuniones, sea en la iglesia central, sea en las capillas esparcidas por el territorio de la parroquia. Este es un momento muy esperado por los niños, sus catequistas y las familias.

Ya en otras ocasiones, hemos tenido la oportunidad de expresar cómo el compromiso de la catequesis para los niños y los jóvenes es importante y representa una opción fundamental de nuestra pastoral, junto con la formación. La vida cristiana se basa en el encuentro con Jesús, es una relación de amor, de conocimiento y de escucha de su Palabra, que debe ser preparada de manera atenta, gradual y según precisas condiciones.

Formar a los niños para la Primera Comunión quiere decir guiarlos, corregirlos, educarlos y prepararlos para la vida cristiana, y esto requiere, ante todo, partir del respeto de las prácticas más simples de la vida cotidiana como la puntualidad, la limpieza, el orden, la escucha, para llegar a la adquisición de comportamientos coherentes con el respeto de uno mismo, de los demás, de las cosas, del ambiente y de las reglas, con la fidelidad a los pequeños compromisos tomados, a la palabra dada, al compartir con los más pobres, al encuentro con Jesús presente en la Eucaristía, en la conciencia de que todo esto es amor.

El envolvimiento de los padres

En la hora de catequesis semanal para los muchachos, el catequista (y, por consiguiente, la parroquia) puede hacer muy poco sin el apoyo y la participación activa de los padres. Este es un discurso insistente con las familias. Son los padres los primeros educadores de sus hijos en la fe; es en la familia donde los niños, desde la más tierna edad, atentos más a lo que ven que a lo que escuchan, aprenden a entablar relaciones y amar. Y el amor no consiste en muchos discursos, sino en la fidelidad a tantas cosas pequeñas, que permitirá luego asumir y realizar cosas grandes.

Son, ante todo, los padres quienes deben educar con paciencia y firmeza a sus hijos, sin ceder a sus caprichos y sin caer en el error de concederlo todo para complacerlos, excepto el tiempo para estar con ellos y escucharlos. Es en la familia donde los niños aprenden a ser hombres, todavía antes de que cristianos.

Ya desde hace años, en Ypacaraí el itinerario hacia la Primera Comunión no se limita a poner en el centro a los niños, sino que envuelve cada vez más también a los padres, para hacer comprender o despertar en ellos el sentido litúrgico profundo de esta fiesta, de este primer encuentro con el Señor, que no puede quedar el único, sino que es el comienzo de un camino que requiere la responsabilidad y el acompañamiento de parte de la familia.

Los padres, que inscriben a sus hijos en la catequesis para la Primera Comunión, saben que es imprescindible la fidelidad de los niños al encuentro de catequesis que se desarrolla el sábado, siendo este el día más favorable, tanto para los niños mismos como para los padres que los deben acompañar.

Con los catequistas, que frecuentan el curso anual al inicio del año pastoral, que reciben el mandato para este servicio en parroquia y que siguen, luego, algunos encuentros mensuales de formación, se insiste mucho en el tema que "la catequesis es el catequista". No uno cualquiera puede hacer la catequesis, porque una catequesis eficaz depende mucho del catequista, de su testimonio y coherencia de vida, de su preparación y también de su creatividad con los niños y con sus padres.

Son los catequistas, pues, quienes buscan el envolvimiento de los padres en la preparación y en las pequeñas iniciativas en que participan junto con los hijos.

La catequista Marta, que desarrolla su catequesis en la zona central de la ciudad de Ypacaraí y siempre tiene grupos numerosos de niños, como ella misma nos dirá en su testimonio, programa casi mensualmente encuentros específicos con los padres: para conocerlos, para comunicarles el camino catequético de los hijos, para proporcionar respuestas a la exigencia de los mismos padres de estar envueltos en la preparación, y también, para organizar en los detalles el día de la Primera Comunión.

Hay padres que, aunque hayan recibido los sacramentos de la iniciación cristiana, frecuentan poco o nada la iglesia. La catequesis de Primera Comunión del propio hijo se trasforma, para ellos, en una ocasión para reanudar (catequizados por los propios hijos) el hilo de una fe que ya no practicaban más; para volver a comprender el significado, por ejemplo, de la señal de la cruz, para aprender a rezar, a rezar el rosario, a participar en la celebración eucarística. De este modo, descubren de nuevo la vida de su Iglesia y su ser cristianos.

Ha tenido un gran éxito, entre los niños y las familias, la idea de la misma catequista de organizar una vez a la semana el rezo del rosario en pequeños grupos, en la casa de uno de los niños de la clase, por turno, invitando a algunos compañeros del barrio con sus padres.

El compartir con los más pobres

Un aspecto que ya forma parte del camino de preparación para la Primera Comunión, pero también de las otras etapas de catequesis, es el de pensar en los más pobres, que están en el corazón de la Iglesia y que, en el territorio de Ypacaraí y de nuestra parroquia, son numerosos.

Nuestra alegría no será plena si no pensamos, especialmente en ese día de fiesta, también en quien no tiene la posibilidad de vivir dignamente y carece de lo necesario.

A través de una atenta y constante predicación, en la parroquia se ha difundido la costumbre de ofrecer una canasta de productos alimentarios de larga conservación, durante las celebraciones eucarísticas y con ocasión de acontecimientos importantes: el cierre de la catequesis, las Primeras Comuniones, el cierre del año escolar, los aniversarios de nacimiento, de matrimonio y de muerte. Estos alimentos, luego, son distribuidos con gran discreción a personas necesitadas individuadas por el Grupo Cáritas de la parroquia.

En el ámbito de la catequesis, también la realización de este aspecto depende de la creatividad de los catequistas, en sensibilizar a padres y niños y en preparar para el día de la Primera Comunión canastas de alimentos o dones diversos que entregar durante la Misa. Desde diversos años, por ejemplo, los niños que se preparan en la zona central de Ypacaraí ofrecen los ahorros de las renuncias hechas en el curso del año y recogidos en una hucha personal, para entregarlos en la celebración de la Primera Comunión en el momento del ofertorio.

 

 

 LAS ETAPAS DE LA CATEQUESIS

En la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí, la catequesis de la iniciación cristiana comprende 11 etapas y sigue la subdivisión por edad, a partir de los 5-6 años. A los 9-10 años se recibe la Primera Comunión, prosiguiendo, luego, con los tres años del CAVEVI, sigla que significa "Camino, Verdad y Vida", para completar, sucesivamente, el itinerario con los tres años de preparación para la Confirmación, fijada a partir de los 15 años cumplidos.

Iniciación                                                                        5 -  6  años

1.ª Etapa                                                                        6 -  7  años

2.ª Etapa                                                                        7 -  8  años

3.ª Etapa (Primera Confesión)                                          8 -  9  años

4.ª Etapa (Primera Comunión)                                          9 - 10 años

5.ª Etapa (CAVEVI 1)                                                     10 - 11 años

6.ª Etapa (CAVEVI 2)                                                     11 - 12 años

7.ª Etapa (CAVEVI 3)                                                     12 - 13 años

8.ª Etapa (Pre-Confirmación)                                          13 - 14 años

9.ª Etapa (1.er año de la Confirmación)                           14 - 15 años

10.ª Etapa (2.o año de la Confirmación)                          15 - 16 años

Los años en que se recibe la Primera Comunión y la Confirmación, en general, son los más concurridos. En efecto, hay todavía una cierta tendencia, de parte de los padres, a inscribir a sus hijos directamente a la edad correspondiente a la etapa en que pueden recibir la Primera Comunión o la Confirmación. Se subraya, por tanto, la importancia de seguir todos los años de catequesis propuestos, para completar un itinerario orgánico de formación cristiana, que se desarrolla paralelamente a aquel de la formación escolar, hasta recibir la Confirmación.

Después del sacramento de la Confirmación, la catequesis para todos continúa en la vida cotidiana de la parroquia y, en particular modo, en la fidelidad al día del Señor con la participación en la Misa del domingo, punto esencial de la vida cristiana y parroquial, y sobre el cual es necesario insistir en las varias etapas de la catequesis y también con los padres. De la participación en la Eucaristía nace el compromiso para el servicio: la fe está vacía sin las obras. Por eso, los jóvenes que han recibido la Confirmación están invitados, además de continuar en la participación fiel a la celebración eucarística festiva, a colaborar en las actividades de la parroquia, a responsabilizarse para su Iglesia insertándose en ella con la asunción de un compromiso útil. Quienes lo deseen siguen, pues, la preparación específica que la parroquia ofrece cada año para ser catequista, lector, miembro del coro para animar la liturgia, para colaborar con los coordinadores de sus capillas, poniéndose en acción, de alguna manera, para dar contenido a la propia fe y ponerse al servicio del Señor.

 




 


Emanuela Furlanetto

(Continúa)

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 

 

22/02/2019