Vida de la parroquia de Ypacaraí



 

LA CELEBRACIÓN DE LAS PRIMERAS COMUNIONES

EN YPACARAÍ/3

Los testimonios

 

   

Marta, la catequista

Desde hace varios años preparo a los niños para la Primera Comunión y, cada vez más, constato que con ellos es necesario aprovechar todo el tiempo a disposición porque, a menudo, la formación cristiana está reducida a la catequesis para recibir los sacramentos, con poco seguimiento en la familia. Para mí, también como madre, los niños son verdaderos "maestros", y hacer catequesis es, para mí, una escuela de vida: siempre hay algo que aprender de ellos, para ellos y con ellos.

Los cincuenta niños de este año han formado un grupo muy ordenado desde el comienzo, desde que les he explicado las condiciones y las reglas para convivir y trabajar juntos. Han participado todos con mucho respeto y atención y me han permitido trabajar bien, aunque la puntualidad para alguien haya sido un problema desde el primer día.

Durante el año, siempre organizo algunos encuentros para envolver a los padres y prepararlos a participar bien, tanto en la formación de los hijos como en la celebración de la Primera Comunión.

En tal sentido, la parroquia ha dado siempre amplio espacio a los catequistas para actuar y moverse con las propias capacidades y creatividades. El padre Emilio, en los cursos de formación, nos dice siempre que, respecto a los contenidos que transmitir, debemos prepararnos y expresarlos con nuestras cualidades, capacidades, iniciativas porque cada uno tiene las suyas; pero, ante todo, tenemos que ser un ejemplo de vida, coherentes y hacerlo todo con pasión.

Para mí, es una gran ayuda escuchar las homilías de Emilio: además de ser una gran riqueza, siempre me ofrecen muchos principios y contenidos y me hacen pensar en cómo puedo transmitirlos a los niños. Busco, así, instrumentos nuevos y me ingenio también con las varias técnicas de comunicación.

El tema central de la catequesis para la Primera Comunión es la Eucaristía, la Misa. Busco, por lo tanto, los medios y los modos para hacer comprender a los niños qué es la Eucaristía y cómo toda la vida cristiana es finalizada a ella y alimentada por ella. Es indispensable, pues, conocer las condiciones exteriores e interiores necesarias para participar: el silencio, el orden, la limpieza exterior y la interior de la propia conciencia liberada del pecado; está, luego, el significado de los gestos, de los movimientos, de las palabras que se pronuncian, y todo tiene relación con la Misa: las oraciones, el significado de palabras como Encarnación, Transfiguración; los sacramentos, los dones del Espíritu Santo, los Mandamientos, las obras de misericordia corporales y espirituales, los siete pecados capitales, los misterios del rosario.

Insisto mucho en estos temas también con los padres, invitándolos a aprovechar para volver a aprender tantas pequeñas prácticas religiosas, a considerar la preparación para la Primera Comunión del propio hijo como un año de formación también para ellos, y a recordar las oraciones comunes porque rezar acerca de nuevo las personas a Dios y a la Iglesia.

La iniciativa de este año, de dividir a niños y padres en grupos de seis e ir a rezar el rosario en la casa de uno de los niños, por turno (invitando también a los demás), ha sido una experiencia muy positiva y han participado, de buena gana, también aquellos padres que nunca habían rezado un rosario. Esto me ha permitido conocerlos mayormente, tener contactos más personales y también hacerme ayudar para organizar las varias actividades. Como catequista, ha sido una experiencia muy intensa.

La invitación hecha a los padres de ser partícipes de la tradicional fiesta parroquial de San Juan ha sido acogida bien y los padres se han movilizado con entusiasmo con los hijos, para organizar algunos juegos a fin de recoger fondos para la parroquia.

Todo este trabajo encuentra su cumbre en el día de la celebración de las Primeras Comuniones, que debe ser un momento lindo para todos. Para tal fin, desde el comienzo, se aclara con los padres que una condición importante, en nuestra parroquia, es que todos los niños en aquel día se presenten con el uniforme de la escuela. Trabajando con familias de diversas clases sociales, no se puede, precisamente en aquel día, hacer distinción entre ricos y pobres. Los mismos padres están invitados a presentarse a la celebración limpios, con decoro, en el respeto del lugar y de los hijos.

Siempre hay algunos padres que piden que el propio hijo o hija haga la Primera Comunión con un vestido nuevo, ostentoso y costoso. A estos padres les explico la razón del uniforme. La gran parte comprende el motivo y comparte; si alguien no lo acepta, puede ir a otro lugar, pero el uniforme escolar permanece algo imprescindible en esta parroquia.

En la celebración de las Primeras Comuniones siempre aprecio, ante todo, la gran paciencia de Emilio con los padres, quienes en su mayoría llegan a la iglesia temerosos y emocionados, más que sus hijos, pero para mí el momento más importante y más lindo es el en que los niños reciben a Jesús por primera vez. Los rostros de los niños manifiestan preocupación, pero también alegría y la solemnidad que Emilio siempre da a este momento lo vuelve más lindo y emotivo aún.

Las homilías de Emilio son siempre claras y dan en el blanco, pero en la reciente Misa de las Primeras Comuniones parecía que él leyera las preocupaciones en la mente de los padres, porque los problemas que ha tocado eran reales y concretos para la mayoría de los presentes. Estaban, en efecto, padres separados o a punto de dividirse, padres divididos que se han formado otras familias, padres que hablan de "mi hijo" o "tu hijo", madres solas y abandonadas. Para mí, ha sido muy importante la llamada de Emilio a la responsabilidad, al hecho de que son ellos, los padres, los primeros educadores de los propios hijos. Siempre me he presentado a ellos como una guía, un acompañamiento, repitiendo insistentemente que les compete a ellos ayudar a los hijos a comprender las tareas y los compromisos que deben desarrollar durante el año, que son ellos los primeros en deber acompañarlos y educarlos.

Al final del año, aunque permanezca la tristeza porque, una vez recibido el sacramento, muchos desaparecen, siempre hay algunos padres que se agregan a la comunidad parroquial, empiezan a participar y a comprometerse; son aquellos para los cuales la Primera Comunión del hijo ha sido la ocasión para despertar la propia fe, y que han experimentado el buen trabajo de la parroquia y desean continuar el camino.

(A cargo de Emanuela Furlanetto)

(Continúa)

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)



 

27/02/2019