Perfiles misioneros y espirituales

 

 

 

EL SABOR DE LA FIDELIDAD/2

Vida y martirio de la Beata Sor María Clementina Anuarite Nengapeta

   

Los santos africanos, como Anuarite, fueron "sal" de la tierra donde vivieron y "luz" en el mundo que los vio vivir[1]. Así se expresaba la Iglesia de África con ocasión del segundo Sínodo africano; el Papa Benedicto XVI mismo, en su Exhortación apostólica postsinodal Africae munus, subrayó que estos santos son los frutos más hermosos de la Iglesia misionera en África y son semilla de otros cristianos; en fin, él pidió a los Obispos que su culto fuera avivado y fomentado[2].

En Congo, el culto de Anuarite está animado a través de varias iniciativas que proponen sus virtudes a las nuevas generaciones[3]. En efecto, no debemos olvidar que la historia de Anuarite es la de una simple muchacha, hija de su pueblo, y que, por eso, su ejemplo es ofrecido a todos.

 

La infancia y la adolescencia

Anuarite nació el 29 de diciembre de 1941, en el suburbio Mikook a la extrema periferia de Wamba, en la parte norte oriental del país. Como cuenta la misma madre, al nacer fue llamada Nengapeta Anaolita; en el bautismo Alphonsine; en la vida religiosa María Clementina[4].

Al nacer fue el padre quien le dio el nombre augural Nengapeta Anuarite[5]. Nengapeta quiere decir, en la versión más probable, "cómo enriquecerse" o tal vez "ágil paloma". Anuarite significa "la que se rio de la guerra"[6].

Será, sobre todo, el significado del nombre Anuarite el que connotará mejor la vida y la muerte de la mártir.

Su historia, que ha alcanzado los honores de los altares, empezó, pues, como un hecho de extrema humildad en una precaria cabaña africana, que ahora no existe más.

Mikoko y Matali, los dos pequeños centros a la extrema periferia de Wamba (barrio de Anvers, hoy llamado Victimes de la Rébellion), estaban formados de no más de cuatro casas cada uno, por un total de no más allá de 30-40 personas entre adultos y niños.

Anuarite vivió, por lo tanto, la vida de parcelle (el patio donde surgen las viviendas) haciendo las primeras experiencias de brousse; bastaba, en efecto, hacer solo treinta metros de camino para encontrarse en plena floresta.

Nengapeta vivió sumergida en el mundo bantu, escuchó relatos de historia ancestral, no siempre pintados de rosa. Vio al viejo Stephanó que llevaba en el rostro y en el ojo destruido los signos de las razias de los últimos esclavistas al principio del siglo[7].

Los padres, aunque analfabetos, enviaron todos los hijos a la escuela. Así también Anuarite frecuentó las únicas escuelas existentes, las de la Misión, para alcanzar las cuales hacía una hora de camino, acostumbrándose, como es frecuente entre los africanos, a desplazamientos a pie muy notables.

Al término de las clases, corría a casa para traer el agua y buscar la leña para ayudar a su madre, quien debía llevar adelante a toda la familia vendiendo cacahuetes y madera, después de que el marido la había abandonado porque no le daba hijos varones (más tarde él tomará también a otra mujer).

Una infancia y una niñez, pues, típicamente africanas que ella llevará como patrimonio imprescindible en su vida religiosa.

Anuarite irradiaba la alegría

Muy precozmente, a los 11 años, Anuarite manifestó el deseo de hacerse religiosa y, a los 12 años, entró en la Congregación de las religiosas de la Sagrada Familia Jamaa Takatifu[8] como aspirante. A los 14 años es postulante, a los 16 es novicia, a los 18 años emite los primeros votos.

El motivo inicial por el cual eligió "hacer el trabajo de Dios" (según una expresión local usada por Anuarite), o sea, entrar en la vida religiosa, ciertamente no debe hacerse remontar a la posibilidad de continuar sus estudios, como niega resueltamente el padre en su testimonio, sino que es para ser religiosa[9].

Al contrario, ella aceptó también repetir el último año de la escuela primaria, porque estaba débil en los estudios, solo para seguir su elección.

A nuestro parecer, es el testimonio de una amiga (quien por un período formó parte de la Congregación) el que nos da una llave importante de compresión: "Ella veía que las hermanas eran felices, sobre todo los días de fiesta, es esto lo que la ha atraído"[10].

Como subraya bien otro testimonio, para cada una era un misterio el motivo por el cual entrar en la Sagrada Familia o en otra Congregación[11]. Es el misterio, pues, de atracción y contagio de una fe liberadora que se ensancha en la alegría. Y la alegría será una característica constante de Anuarite: "Ella irradiaba la alegría"[12].

Una alegría explosiva, un reír fragoroso y la locuacidad eran los aspectos más llamativos del comportamiento de Anuarite. Los testimonios concuerdan en recordarla llena de vida y de entusiasmo. En los días de fiesta era una verdadera directora de la alegría y divertía a todos. Su espontaneidad era atractiva. Amaba la danza y era una apreciada tocadora de tam-tam[13].

Entrada, por lo tanto, en la Congregación para vivir la alegría, será portadora de esta hasta la muerte. Las hermanas de Congregación recuerdan cómo, durante el viaje que la llevaba al martirio, intentaba levantar la moral de las compañeras, a pesar de que fuera la más consciente de lo que les estaba para suceder. Una alegría, por lo tanto, no superficial, sino que solo la íntima unión con el Amado puede dar[14].

Su carácter era sensible más allá de la norma[15] y, por consiguiente, era susceptible[16].

Todos recuerdan que se enfadaba fácilmente y, a veces, se ponía agresiva o se enfurruñaba, sin embargo, todos recuerdan también que lo olvidaba todo pronto y sabía pedir perdón[17].

He aquí otros rasgos de su carácter puestos en evidencia por los testimonios: bastante tenaz, sentido de la responsabilidad, simple, orgullosa, miedosa a veces, valiente para defender a los demás, fidelidad a lo que había prometido, independencia de carácter[18].

Era de salud delicada, enfermiza, con un débil sistema nervioso, sujeta también a fuertes migrañas. A pesar de que esto le condicionara la jornada, sin embargo, era siempre activa y disponible[19].

Un tesoro, por lo tanto, en un vaso de barro, a fin de que resaltara que Dios elige lo que es débil para confundir a los fuertes.

La mujer de lo explícito

Franca y leal[20], Anuarite percibió con claridad la disminución de tono de la observancia religiosa y del compromiso apostólico de su muy joven Congregación. Y, dado que en ninguna circunstancia aceptaba callarse, sucedió que ella, antaño solicitada e incluso aclamada animadora de la Comunidad, se encontró casi marginada. Fuentes acreditadas han asegurado incluso que, en los últimos tiempos de su vida, no se había excluido la hipótesis de alejarla de la Comunidad: su intransigencia espiritual, su empeño y entrega absoluta ya no tenían más espacio[21].

Cuando el decaimiento alcanzaba algunos picos a su parecer inaceptables, Anuarite pedía a la Madre General o al Obispo de Wamba, Mons. Wittebols[22]., muerto mártir seis días antes de ella, el permiso de dar algún consejo y, dado que tal permiso se le concedía, partía para auténticas cabalgatas de denuncia y de análisis cuya exactitud ha tenido demostraciones irrefutables[23].

Definida "mujer de lo explícito"[24], Anuarite era incapaz de poner los problemas entre paréntesis. Si algo no andaba bien personal o comunitariamente, no se resignaba hasta que hubiera llegado a la clarificación más completa: no aceptaba en ninguna circunstancia la hipótesis de lo implícito[25].

Antonietta Cipollini

(Continúa)

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)




[1] Cf. II Asamblea especial para áfrica del sínodo de los Obispos, Instrumentum laboris (19 de marzo de 2009), n.° 36, en w2.vatican.va

[2] Cf. Benedicto XVI, Exhortación apostólica postsinodal Africae munus (19 de noviembre de 2012), n.os 113-114, en w2.vatican.va

[3] Cf. Conférence Episcopale Nationale du Congo - Cenco, Ensemble avec la Bienheureuse Anuarite humanisons notre société. Manuel de catéchèse pour l'année pastorale Anuarite 2005-2006, Éditions du Secrétariat Général de la Cenco, B.P. 3258 Kinshasa - Gombe 2006.

[4] Cf. el testimonio de la madre de Anuarite, Giuliana Isude Makiabebe, en Sacra Congregatio Pro Causis Sanctorum, P.N. 1218, Isiren.-Niangaraën. Canonizationis Sororis Mariae Clementinae Anuarite Nengapeta, religiosae congregationis sororum a Sacra Familia, in odium fidei, ut fertur, interfectae († 1 dec. a. 1964). Positio super martyrio, Tip. Guerra, Roma 1983 (abreviamos en Positio), Summarium, 139.

[5] El padre la llama Anuarite, la madre, Anoalite. Esto se debe al hecho de que en el idioma Kiswahili hay algunos sonidos muy fluctuantes, por ejemplo, la "r".

[6] Cf. R.F. Esposito, Sr. M. Clementina Anuarite Nengapeta, vergine e martire zairese, Edizioni Paoline, Roma 1978, 23-25.

[7] Cf. R.F. Esposito, Sr. M. Clementina Anuarite..., 28.

[8] La Congregación Sagrada Familia Jamaa Takatifu fue fundada el 27 de abril de 1936 por Mons. Verfaillie, entonces Vicario Apostólico en Stanleyville (actual Kisangani). La primera Superiora General fue Lucie Kasima, como religiosa, Sor Marie Léontine a quien veremos como figura eminente junto a Anuarite durante su martirio.

[9] Cf. el testimonio del padre de Anuarite, Amisi Badjulu, en Positio, Summarium, 126.

[10] Cf. el testimonio de una amiga de infancia, Françoise Bambanota, en Positio, Summarium, 98.

[11] Cf. el testimonio de Amboko Monique, de la misma Congregación de Anuarite, en Positio, Summarium, 106.

[12] El testimonio de Amboko Monique..., 106.

[13] Cf. R.F. Esposito, Sr. M. Clementina Anuarite..., 82.

[14] Cf. Positio, Informatio, 21.

[15] Cf. R.F. Esposito, L'esperienza spirituale di Sr. Maria Clementina Anuarite Nengapeta, vergine e martire zairese (1939-1964), en T.P. Zecca, ed., Mistica e Misticismo oggi. Settimana di studio di Lucca 8-13 settembre 1978, Passionisti, CIPI, Roma 1979, 375.

[16] Cf. el testimonio de su maestra de las novicias, Sor Maria Damiana, en Positio, Summarium, 194-195.

[17] La descripción del carácter de Anuarite de la Sor Maria Damiana está recogida ampliamente por la síntesis de la Positio, Informatio, 21.

[18] Cf. Positio, Informatio, 20-21.

[19] Cf. Positio, Informatio, 20.

[20] Cf. los varios testimonios de las hermanas de su Congregación, en Positio, Summarium, 68, 102, 145.

[21] Cf. R.F. Esposito, L'esperienza spirituale..., 374.

[22] Acerca de las enseñanzas de Mons. Wittebols en la vida de la Beata Anuarite, cf. O. Matungulu, Bienheureuse Anuarite l'Africaine et son maître spirituel, Éditions Loyola, Kinshasa 1997, 203-209.

[23] Cf. R.F. Esposito, L'esperienza spirituale..., 374.

[24] R.F. Esposito, Sr. M. Clementina Anuarite..., 9.

[25] Cf. R.F. Esposito, L'esperienza spirituale..., 374.

 



08/04/2019