Perfiles misioneros y espirituales

 

 

 

EL SABOR DE LA FIDELIDAD/5

Vida y martirio de la Beata Sor María Clementina Anuarite Nengapeta

   

Cuando llega el tiempo de la prueba, la fe, el sentido del compromiso asumido, el valor primordial que Anuarite otorga a la virginidad, la oración intensa y también el sostén de la presencia afectuosa de su comunidad le permitirán permanecer firme y valiente[1].

Anuarite testimoniará hasta el derramamiento de la sangre que la dignidad de mujer y de cristiana es un don hecho también en la latitud ecuatorial, y que no existen barreras sociales y culturales que impidan la adhesión total al amor. Cada uno puede ofrecer su historia, su pobreza, su dolor y su esperanza, volviéndose pan partido y vida donada por amor.



 

La pureza del corazón

El 30 de noviembre de 1964, Anuarite escribió la última línea de su diario: "Nuestro testimonio de la pureza de corazón con el Sig. Patris"[2]. Poco después, en la noche entre el 30 de noviembre y el 1.° de diciembre será asesinada volviéndose mártir, testigo de su consagración, de su virginidad que es, ante todo, pureza de corazón[3], donación total, física y espiritual a Yezu Tu, solo a Jesús.

El calvario de Anuarite, culminado en la soledad de su "sí", se desarrolló durante un largo trecho, hasta el umbral de la muerte, junto con las otras hermanas de su comunidad. Este empezó casi dos días antes, cuando los Simba irrumpieron en el monasterio de Bafwabaka, obligando a todas las hermanas a seguirlos[4].

El episodio se debe situar en el momento de la más aguda tensión política. Había sido emitido, sin duda, la orden de carácter logístico-militar de concentrar en Wamba a todos los misioneros, junto con todos los extranjeros, acusados de mantener contactos con el exterior. Los Simba, además, en la euforia de la insurrección se sentían seguros y como protegidos por la confusión general que reinaba en Congo, confusión que ya no garantizaba más la protección a los extranjeros.

A los motivos de odio político y racial, los rebeldes les mezclaban motivaciones religiosas y, bajo los efectos del uso excesivo de alcohol y droga, se sentían mayormente audaces en sus propuestas y en los abusos sexuales.

En la evaluación de los acontecimientos, los motivos políticos, aunque permanezcan en el fondo, se deben relegar a un segundo plano[5]: Anuarite murió mártir porque no aceptó volverse la mujer, primero de Ngalo y luego de Olombe[6]. Ella rindió testimonio de amor indiviso, de unicidad y pureza hasta la muerte.

Beatos los puros de corazón... En la pobreza y la simplicidad amó al Señor en vida; ahora va al encuentro de Él: ella verá a Dios.

En camino hacia "el Monte"

"Vivir de amor no significa quedarse en el Monte Tabor"[7], había escrito en el diario Anuarite, haciendo suya la frase de santa Teresita. Ahora ella empezaba un viaje que, ya desde los primeros momentos, indicaba la meta: el Calvario. En el camión que transportaba a las hermanas, los Simba cantaban canciones obscenas, quitando cada eventual ilusión sobre sus intenciones: "Las esposas de los Padres (de los misioneros) ¿dónde irán, por lo tanto, esta noche? ¡Oh!, ¡oh!, cada uno de nosotros esta noche tendrá a una para divertirse"[8].

Las muchas paradas del viaje que habría debido conducirlas a Wamba fueron auténticamente estaciones de un calvario.

La primera noche la pasaron en Ibambi en una casa de la misión que había sido de los Dehonianos, ahora concentrados en Wamba. No cerraron ojo: fueron más veces "molestadas", aunque "por el momento no se trató de esos abusos que se organizaban sin recato, cuando uno se encontraba frente a hermanas europeas"[9].

En la mañana retomaron el viaje, que duró diez horas, para c ubrir ochenta kilómetros de pista. Fue una escalation de terror: en Pawa, los Simba se detuvieron para eliminar a un doctor europeo que dirigía una leprosería, pero él ya había sido asesinado trágicamente tres días antes. Más tarde, se cruzaron con una camioneta de militares Simba, con los coroneles Yuma Deo y Ngalo a bordo. Los militares de los dos autos vehículos, después de haberse saludado con golpes de fusil disparados al aire, hicieron bajar a las hermanas. Es de este momento decisivo cuando la deportación de las hermanas tomó la fisonomía de persecución religiosa: les fueron arrancadas las cruces, los rosarios, y cada signo religioso fue quebrado y echado a la arena. Yuma Deo gritaba: "Su dios no es en absoluto un blanco. El dios de los negros es Lumumba. No las mataremos, porque ustedes son de nuestro mismo color. Pero es necesario que se quiten sus hábitos y se vistan como todas las demás mujeres... Así son inútiles: deben dar algunos hijos a Lumumba... "[10].

Frente a la muda, pero firme cólera de las hermanas en respuesta a la persecución religiosa, a las lisonjas y propuestas de los Simba, el coronel Ngalo concluyó: "Ellas tienen la cabeza dura como las flamencas que las han educado: es mejor matarlas a todas"[11].

Yuma Deo, invitándolas una vez más a conformarse a la nueva situación que se había creado en Congo, les prometió volver a enviarlas a Bafwabaka. Pero, cuando el auto vehículo partió de nuevo, no tomó ni la dirección de Bafwabaka ni la de Wamba, sino la de Isiro.

Para las hermanas, estaba ya cada vez más claro lo que les estaba para suceder: rezaban incesantemente. A pesar de las amenazas de muerte, algunas habían guardado unos objetos religiosos en los bolsillos internos del hábito; también Anuarite había guardado una pequeña imagen de la Virgen. Ella rezaba e intentaba tener alta la moral de las hermanas; cedió a una compañera el pagne, el tejido tradicional que había llevado consigo para defenderse de la nube de polvo de la pista, así como la tarde anterior había cedido la manta a otra hermana, para tenderse y dormir en el suelo. Con gestos de simple caridad hacia las hermanas más débiles, Anuarite se ponía en marcha hacia la última estación. Llegaron a Isiro casi a las dieciocho.

Mejor morir que traicionar al amor

Es en Isiro donde los jefes Simba pusieron los ojos en las hermanas Anuarite y Jean-Baptiste, tal vez no las más lindas, sin embargo, las que desde la mirada aparecían como las más íntegras, las más cercanas a la infancia.

Durante el transporte desde la casa de Yuma Deo ─donde habían sido inicialmente concentradas las hermanas ─ a la Maison Bleu, la casa donde sucederá el martirio, los rebeldes intentaron con una excusa aislar a Anuarite. La Madre General, adivinado el engaño, quiso quedarse con ella y veremos que no la abandonará hasta el final. Hay que subrayar que la Madre General y la Superiora de la casa de Bafwabaka, amba s bantu, son dos figuras que en aquellas circunstancias "asumieron una altura moral que ni siquiera el más optimista amigo de África ─en aquella época─ tal vez habría supuesto, porque había la costumbre de considerar a los africanos cristianamente menores de edad"[12].

Los jefes Simba en ningún momento pudieron prescindir de estas dos figuras. En efecto, cuando el coronel Yuma Deo las alcanzó y dijo claramente que quería a Anuarite como esposa, la Madre General reaccionó enérgicamente. Fue abofeteada y amenazada de muerte, porque los jefes dijeron: "Para los padres, siempre están listas. Para nosotros que somos hermanos de ustedes tienen solo desprecio. Es política"[13].

También Anuarite reaccionó con fuerza y, frente a las amenazas a la Madre General, gritó: "¡Mátenme, más bien, a mí!"[14].

Luego, una breve tregua: las volvieron a enviar juntas a la Maison Bleu donde estaban las demás hermanas. Fue la última cena con estas, que ella compartía junto a la maestra de las novicias quien la sostenía en su Getsemaní.

La agonía del Huerto de los Olivos es una etapa obligatoria también en la Pasión de los mártires. “El dolor es dolor, el tedio es tedio, la angustia es angustia también para los mártires, al menos en la fase de la preparación al combate”[15]. Anuarite pidió varias veces que se rezara por ella y repitió: “Prefiero morir”. Y, en fin, levantándose de la mesa dijo: “Ahora mi alma está turbada”[16].

Antonietta Cipollini

(Continúa)

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)

 




[1] Cf. Juan Pablo II, Homilía para la Beatificación de María Clementina Anuarite en la Solemnidad de la Ascensión de la Beata Virgen María, Kinshasa-Zaïre (15 de agosto de 1985), en w2.vatican.va 

[2] Con "el Sr. Patris" Anuarite se refiere o a Patrice Lumumba, el dios de los negros al cual las hermanas están invitadas varias veces a adherir contra el dios de los blancos, o se refiere a Olombe, su asesino, del cual ella no conocía exactamente el nombre, R.F. Esposito, Sr. M. Clementina Anuarite Nengapeta, vergine e martire zairese, Edizioni Paoline, Roma 1978, 229-230. 

[3] Cf. el testimonio de Joséphine Mungapanane: “Ella daba mucha importancia a la pureza del corazón”, Sacra Congregatio Pro Causis Sanctorum, P.N. 1218, Isiren.–Niangaraën. Canonizationis Sororis Mariae Clementinae Anuarite Nengapeta, religiosae congregationis sororum a Sacra Familia, in odium fidei, ut fertur, interfectae († 1 dec. a. 1964). Positio super martyrio, Tip. Guerra, Roma 1983 (de ahora en adelante Positio), Summarium, 102

[4] Eran 18 hermanas profesas, 9 novicias e 7 postulantes.

[5] Los testimonios de las hermanas presentes la noche del martirio son concordantes, cf., por ejemplo, la Sor Marie-Helène, Josephine Bapema Banakwemi: "Ella (Anuarite) respondió que prefería morir que ceder", en Positio, Summarium, 33.

[6] Ngalo et Olombe eran dos oficiales Simba. El segundo, Olombe, fue el asesino de Anuarite.

[7] Diario de Anuarite, Positio, Documenta, 216.

[8] R.F. Esposito, Sr. M. Clementina Anuarite..., 132.

[9]  R.F. Esposito, Sr. M. Clementina Anuarite..., 137.

[10] R.F. Esposito, Sr. M. Clementina Anuarite..., 142.

[11] R.F. Esposito, Sr. M. Clementina Anuarite..., 142.

[12] R.F. Esposito, Sr. M. Clementina Anuarite..., 155.

[13] Cf. el importante relato de la Superiora General, Sor Maria Leontina (Lucia Kasima), Positio, Summarium, 24.

[14] Positio, Summarium, 24.

[15] R.F. Esposito, Sr. M. Clementina Anuarite..., 185.

[16] R.F. Esposito, Sr. M. Clementina Anuarite..., 186.

 

 

 

15/04/2019