Perfiles misioneros y espirituales

 

 

 

EL SABOR DE LA FIDELIDAD/7

Vida y martirio de la Beata Sor María Clementina Anuarite Nengapeta

  

 

La lectura continuada de las actas del proceso de beatificación de Anuarite nos ha propuesto muchos testimonios que, aunque espontáneos, convergían, casi de manera monótona, en una nota extremadamente simple y esencial de la vida y de la muerte de la joven mártir congolesa: la riqueza de interioridad de Anuarite se resumía, sobre todo, en su pobreza de corazón y en su fidelidad. Es por eso por lo que hemos preferido reconstruir los acontecimientos y dejar hablar a ella misma y a los que la conocieron.

En una época en la cual la presión de la "cultura de lo provisorio" no ayuda a hacer elecciones definitivas, a arriesgar la propia vida en el amor una vez para siempre, como lo subrayaban los trabajos del Sínodo sobre los jóvenes[1] fomentados por el Papa Francisco, el testimonio de fidelidad de Anuarite es de gran actualidad.



El sabor de la pobreza y de la fidelidad

Anuarite es mártir, o sea, testigo del Amor. Verdaderamente de testigos tiene necesidad nuestra época, más que de maestros[2].

Como fue para María, una joven mujer que con su "sí" permitió la irrupción de Dios en la historia, así Anuarite, jovencita de la floresta, abrió una página nueva en la historia de la Iglesia africana.

Bibliotecas y Universidades hoy todavía reflexionan sobre la riqueza y el misterio insondable de aquel "sí" de María, de la anawim, de la pobre.

También Anuarite, así como María, no ha construido una teología. Ella se muestra, no se demuestra; es la mujer de lo totalmente expresado, de la transparencia no manipulable.

Ella comprende el lenguaje simbólico y por una imagencita de la Virgen escondida en el fondo de un bolsillo interno del hábito, comienza a arriesgar la vida, porque aquel simple objeto representaba su realidad más profunda.

Anuarite es simbólica, pero no equívoca; su belleza es precisamente la espontaneidad y la pobreza. El impacto con Anuarite hace saborear esta pobreza y llama a cada uno de nosotros a la conversión.

Anuarite: una interpelación para todos

Anuarite interpela África, como lo hemos subrayado antecedentemente, con su libertad evangélica frente a la cultura y a la familia de origen, con su dignidad de mujer, de religiosa, de Esposa de Cristo, con su fidelidad hasta el martirio.

Pero Anuarite interpela también al Occidente, a los países de la así llamada "cristiandad constituida", que en su seguridad y narcisismo "se adormecieron cristianos" y se despiertan necesitados de ser evangelizados. Lo que parece sucedido de golpe es fruto de un largo proceso que les pide empezar de nuevo el camino, en diálogo y en comunión con las jóvenes Iglesias y, sobre todo, en un impulso renovado de santidad.

La memoria y el relato de la vida de los santos son propuestos por el Magisterio actual como un instrumento privilegiado de nueva evangelización[3]. En este sentido, la historia de Anuarite puede ayudar al Occidente a descubrir de nuevo la belleza y la simplicidad del amor de una muchacha como las otras, mas que ha sido capaz de permanecer fiel a su compromiso, aceptando por eso también la muerte. Ella puede ayudar a superar cada relativismo moral de una cultura posmoderna, que promueve una concepción de la vida como una colección de experiencias, de un "amor líquido"[4].

Anuarite nos ofrece, al contrario, el evento de un Amor único, capaz de fidelidad hasta más allá de la muerte. Ella tiene la certeza de que solo un amor capaz de atravesar el sufrimiento y la cruz puede llevar a la verdadera felicidad y realizar la llena dignidad de la persona. Ella, por lo tanto, es un modelo no solo para los religiosos, sino también para los esposos cristianos y para toda la Iglesia universal[5].

Anuarite es pobre, lo ha recibido todo y sabe compartir, conservando la capacidad de la maravilla. La pobreza y la maravilla hacen de ella un sol que irradia la alegría; ella sabe exultar, en efecto, por aquel simple don de la imagencita fosforescente de la Virgen (de 150 liras, precisa significativamente una biografía), que le hizo una hermana italiana de una orden de antigua cristiandad.

Ella tiene esa maravilla que consiste en contentarse con lo poco y en desearlo todo, que es pobreza, pero no mediocridad. Y ella sabrá ser total, abrazando el todo de su Esposo: el gozo y el sufrimiento, el Tabor y el Getsemaní.

Anuarite ha abrazado a Cristo presente en los pobres: ha amado preferentemente a los más débiles, a los pobres entre los pobres. Toca así la cuerda más íntima de la vocación cristiana, porque en la tarde de la vida seremos juzgados sobre el amor.

Ella nos contagia con el amor a su pueblo y a su tierra, un África llena de gozo, de dolor y de contradicciones. Promueve una auténtica liberación del hombre africano, liberación del tribalismo y del miedo de la brujería que, de otra manera, lo clavarían en la imposibilidad de una vida nueva; actúa con instinto evangélico, sin crear fracturas ideológicas, pero sabiendo cambiar y romper las situaciones por amor a rostros concretos.

Auténticamente africana en el carácter y en la expresión de su fe joven y entusiasta, Anuarite nos invita a unirnos a la danza de la juventud del cristianismo africano, al ritmo de su esperanza.

Ella, sin embargo, no cae en un amor a los pobres como sociologismo o romanticismo, sino que se hace las preguntas fundamentales: ¿por qué y para quién me comprometo a favor de los pobres? Yezu Tu, el amor solo a Jesús no es para ella un encerrarse en el intimismo, que significaría la traición de Cristo y de su pueblo, es, en cambio, disponibilidad a servirlos como Él querrá.

Anuarite da a Cristo la llave del corazón, entrega a Él su joven vida, su pasado y el futuro que se le abre, para que Él pueda hacer de ella lo que querrá.

Y el Señor llamará a Anuarite a ser "semilla" de otros cristianos, en el martirio. Su nombre, en la fiesta de pueblo de su beatificación, cantado al ritmo de los tam-tam, ha abierto esperanzas nuevas para los jóvenes africanos.

Anuarite les dice para siempre que pueden ser fieles, porque ella lo ha sido.

Ama y el desierto florecerá

Es la certeza de la mística de Anuarite: aquella gota de Sangre de Cristo fue derramada también por ella, por todos los hombres negros. Es la locura de su Dios: pobre , pecadora, muy débil humanamente, casi despreciable, con esa cabeza alargada al estilo de su tribu..., sin embargo, ha sido elegida, locamente amada por el Rey. Y ya no le importa más ni su vivir ni el morir si no es para Él.

Anuarite es, por lo tanto, profunda y toca puntas místicas, pero permanece atada a la concreción; la suya es una mística objetiva que sabe someterse al entrenamiento de las virtudes y al compromiso cotidiano. Ella es profunda, pero extremadamente simple y nos invita a volvernos evangélicamente simples también en la extrema complejidad de los acontecimientos.

Es total como sabe serlo el ardor del neófito. El lenguaje de Anuarite, en efecto, es comprensible solo en el desierto que remite al tiempo de la juventud, donde el Señor puede hablar a su Esposa, despojada de cada seguridad histórica y cultural.

La escucha de Anuarite, por lo tanto, es posibilidad de vida renovada. Ella no nos deja esquemas que seguir. Nos dice simplemente: "Ama y comprenderás lo que te digo; ama y el desierto florecerá".

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)





[1] Cf. Documento Preparatorio de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre el tema “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional” (13 de enero de 2017), en w2.vatican.va

[2] Cf. Pablo VI, Evangelii nuntiandi, 41.

[3] Cf. XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, Mensaje al pueblo de Dios, n.° 5, en www.vatican.va

[4] Las expresiones: sociedad líquida, modernidad líquida, amor líquido son del sociólogo Zygmunt Bauman, cf. Z. Bauman, Amore liquido. Sulla fragilità dei legami affettivi, Editori Laterza, Roma-Bari 2010.

[5] Para la actualidad del testimonio de Anuarite, cf. A.B. Hernández, Fiel hasta la muerte. Vida y espiritualidad de la beata María Clementina Anuarite Nengapeta, Ed. Mundo Negro, Fatigado-Madrid, 2005.


 

 

19/04/2019