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"Escapar de una relación personal y comprometida con Dios que al mismo tiempo nos comprometa con los otros, es un falso remedio que enferma el corazón, y a veces el cuerpo".

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"Hoy sucede que muchos creyentes procuran esconderse y quitarse de encima a los demás, y sutilmente escapan de un lugar a otro o de una tarea a otra, quedándose sin vínculos profundos y estables".

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"Un desafío importante es mostrar que la solución nunca consistirá en escapar de una relación personal y comprometida con Dios que al mismo tiempo nos comprometa con los otros".

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"En sectores de nuestras sociedades crece el aprecio por diversas formas de espiritualidad del bienestar sin comunidad, por una teología de la prosperidad sin compromisos fraternos o por experiencias subjetivas sin rostros, que se reducen a una búsqueda interior inmanentista".

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"Hoy se nos plantea el desafío de responder adecuadamente a la sed de Dios de mucha gente, para que no busquen apagarla en propuestas alienantes o en un Jesucristo sin carne y sin compromiso con el otro".

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"Ante una cultura de la indiferencia, que con frecuencia termina por ser despiadada, nuestro estilo de vida ha de estar lleno de piedad, de empatía, de compasión, de misericordia, que extraemos cada día del pozo de la oración".
 

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"En un mundo, a menudo duro con el pecador e indulgente con el pecado, es necesario cultivar un fuerte sentido de la justicia, de la búsqueda y el poner en práctica la voluntad de Dios".

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"En una sociedad frecuentemente ebria de consumo y de placeres, de abundancia y de lujo, de apariencia y de narcisismo, Él nos llama a tener un comportamiento sobrio, es decir, sencillo, equilibrado, lineal, capaz de entender y vivir lo que es importante".

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"No podemos quedarnos inermes.
No es justo que estemos parados. Tenemos que ir y ver a nuestro Salvador recostado en el pesebre. Este es el motivo del gozo y la alegría: este Niño ‘ha nacido para nosotros', ‘se nos ha dado', como anuncia Isaías".

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"No hay lugar para la duda; dejémosla a los escépticos que, interrogando solo a la razón, no encuentran nunca la verdad. No hay sitio para la indiferencia, que se apodera del corazón de quien no sabe querer, porque tiene miedo de perder algo".
 

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"El Señor con su ternura nos abre su corazón, nos abre su amor. El Señor le tiene alergia a las rigideces. Cultivemos esta experiencia de misericordia, de paz y de esperanza, durante el camino que estamos recorriendo a la luz del Año Jubilar".

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"La misericordia más grande radica en su estar en medio de nosotros, en su presencia y compañía. Camina junto a nosotros, nos muestra el sendero del amor, nos levanta en nuestras caídas, nos sostiene ante nuestras fatigas, nos acompaña en todas las circunstancias de nuestra existencia".
 
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"Por más grandes y graves que sean los pecados del mundo, el Espíritu, que renueva la faz de la tierra, posibilita el milagro de una vida más humana, llena de alegría y de esperanza".
 
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"Ningún pecado puede cancelar su cercanía misericordiosa, ni impedirle poner en acto su gracia de conversión, con tal que la invoquemos. Más aún, el mismo pecado hace resplandecer con mayor fuerza el amor de Dios Padre quien, para rescatar al esclavo, ha sacrificado a su Hijo".
 
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"Dios quiso compartir todas nuestras fragilidades. Quiso experimentar nuestra condición humana, hasta cargar en la Cruz con todo el dolor de la existencia humana".

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"La palabra ‘misericordia' está compuesta por dos palabras: miseria y corazón. El corazón indica la capacidad de amar; la misericordia es el amor que abraza la miseria de la persona".

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"Abandonemos toda forma de miedo y temor, porque no es propio de quien es amado; vivamos, más bien, la alegría del encuentro con la gracia que lo transforma todo".

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"Debemos anteponer la misericordia al juicio y, en cualquier caso, el juicio de Dios tendrá lugar siempre a la luz de su misericordia".

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"Si todo quedase relegado al pecado, seríamos los más desesperados de entre las criaturas, mientras que la promesa de la victoria del amor de Cristo lo encierra todo en la misericordia del Padre".

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"Siempre existe la tentación de la desobediencia, que se manifiesta en el deseo de organizar nuestra vida al margen de la voluntad de Dios. Esta es la enemistad que insidia continuamente la vida de los hombres para oponerlos al diseño de Dios".

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"Hoy muchos contextos sociales ponen obstáculos a la convivialidad familiar. Es verdad, hoy no es fácil. Debemos encontrar el modo de recuperarla; en la mesa se habla, en la mesa se escucha. Nada de silencio del egoísmo, donde cada uno se dedica a lo suyo, o la televisión o el ordenador... y no se habla".

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"Sabemos bien la fuerza que adquiere un pueblo cuyos padres están preparados para movilizarse con el fin de proteger a los hijos de todos, porque consideran a los hijos un bien indiviso, que están felices y orgullosos de proteger".

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"Nosotros mismos hemos conocido, y aún conocemos, los milagros que pueden suceder cuando una madre se preocupa, atiende y cuida a los hijos de los demás, y no solo los suyos. ¡Hasta ayer, bastaba una mamá para todos los niños del patio!".

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"La Eucaristía de una Iglesia de familias, capaces de restituir a la comunidad la levadura dinámica de la convivialidad y la hospitalidad recíproca, ¡es una escuela de inclusión humana que no teme confrontaciones!".
 
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"En nuestro tiempo, marcado por tantas cerrazones y tantos muros, la convivialidad, generada por la familia y dilatada desde la Eucaristía, se convierte en una oportunidad crucial. La Eucaristía y las familias que se nutren de ella pueden vencer las cerrazones y construir puentes de acogida y caridad".

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"Jesús también escogió el lugar para juntarse a comer para entregar a sus discípulos su testamento espiritual, concentrado en el gesto memorial de su sacrificio: entrega de su cuerpo y de su sangre como alimento y bebida de salvación, que nutren el amor verdadero y duradero".

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 "El cristianismo tiene una especial vocación a la convivialidad, todos lo saben. El Señor Jesús enseñaba de buena gana en la mesa, y algunas veces representaba el Reino de Dios como un banquete festivo".


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"Cuando los hijos en la mesa están pegados al ordenador, al móvil, y no se escuchan entre ellos, esto no es familia, es una pensión".

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"Una familia que no come casi nunca junta, o en cuya mesa no se habla sino que se ve la televisión, o el smartphone, es una familia poco familia".

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"La convivialidad es un termómetro seguro para medir la salud de las relaciones: si en la familia hay algo que no va bien, o alguna herida escondida, en la mesa se percibe inmediatamente".

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“Compartir los alimentos –y por lo tanto, además de los alimentos, también los afectos, las historias, los acontecimientos…– es una experiencia fundamental. Cuando hay una fiesta, un cumpleaños, un aniversario, nos reunimos alrededor de la mesa. En algunas culturas es habitual hacerlo también para estar cerca de quien se encuentra en el dolor por la pérdida de un familiar”.

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“La convivialidad es la actitud de compartir los bienes de la vida y ser felices de poderlo hacer. ¡Compartir y saber compartir es una virtud preciosa! Su símbolo, su icono, es la familia reunida alrededor de la mesa doméstica”.

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“La práctica del perdón no solo salva a las familias de la división, sino que las hace capaces de ayudar a la sociedad a ser menos mala y menos cruel. Sí, cada gesto de perdón repara la casa ante las grietas y consolida sus muros”.

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"Si aprendemos a pedirnos inmediatamente perdón y a darnos el perdón recíproco, se sanan las heridas, el matrimonio se fortalece y la familia se convierte en una casa cada vez más sólida, que resiste a las sacudidas de nuestras pequeñas y grandes maldades".

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“Y hay un secreto sencillo para curar las heridas y disipar las acusaciones. Es este: no dejar que acabe el día sin pedirse perdón, sin hacer las paces entre marido y mujer, entre padres e hijos, entre hermanos y hermanas... entre nuera y suegra”.

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“Lo que se nos pide es curar inmediatamente las heridas que nos provocamos, volver a tejer de inmediato los hilos que rompemos en la familia. Si esperamos demasiado, todo se hace más difícil”.

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“No se puede vivir sin perdonarse, o al menos no se puede vivir bien, especialmente en la familia. Cada día nos ofendemos unos a otros. Tenemos que considerar estos errores, debidos a nuestra fragilidad y a nuestro egoísmo”.

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“La familia es un gran gimnasio de entrenamiento en el don y en el perdón recíproco sin el cual ningún amor puede ser duradero. Sin entregarse y sin perdonarse el amor no permanece, no dura”.

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“Nuestra fidelidad a la promesa está realmente siempre confiada a la gracia y a la misericordia de Dios. El amor por la familia humana, en las buenas y en las malas, ¡es un punto de honor para la Iglesia!”.

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“Es necesario restituir el honor social a la fidelidad del amor. No es casualidad que este principio de la fidelidad a la promesa del amor y de la generación está escrito en la creación de Dios como una bendición perenne, a la cual está confiado el mundo”.

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“Ninguna otra escuela puede enseñar la verdad del amor, si la familia no lo hace. Ninguna ley puede imponer la belleza y la herencia de este tesoro de la dignidad humana, si el vínculo personal entre amor y generación no la escribe la verdad del amor en nuestra carne”.

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“Y digo milagro, porque la fuerza y la persuasión de la fidelidad, a pesar de todo, no terminan de encantarnos y sorprendernos. El honor a la palabra dada, la fidelidad a la promesa, no se pueden comprar ni vender. No se pueden imponer con la fuerza, pero tampoco custodiar sin sacrificio”.

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“Ninguna relación de amor –ninguna amistad, ninguna forma de querer, ninguna felicidad del bien común– alcanza la altura de nuestro deseo y de nuestra esperanza, si no llega a habitar este milagro del alma que consiste en la fidelidad a las promesas”.

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“La fidelidad a las promesas es ¡una verdadera obra de arte de humanidad! Si nos fijamos en su audaz belleza, nos asustamos, pero si despreciamos su valiente tenacidad, estamos perdidos”.

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“La fidelidad es una promesa de compromiso que se autocumple, creciendo en la libre obediencia a la palabra dada. La fidelidad es una confianza que realmente se quiere compartir, y una esperanza que se quiere cultivar juntos”.

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“Libertad y fidelidad no se oponen, más bien se sostienen mutuamente, tanto en las relaciones interpersonales, como en las sociales. Efectivamente, pensemos en los daños que producen la inflación de promesas incumplidas ¡y la indulgencia por la infidelidad a la palabra dada y a los compromisos asumidos!”.

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“El amor es libre, la promesa de la familia es libre, y esta es la belleza. Sin libertad no hay amistad, sin libertad no hay amor, sin libertad no hay matrimonio”.

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“Nadie quiere ser amado solo por sus propios bienes o por obligación. El amor, así como la amistad, deben su fuerza y su belleza a este hecho: que generan un vínculo sin quitar la libertad”.

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“En nuestros días, el honor de la fidelidad a la promesa de la vida familiar aparece muy debilitado”.

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“Una familia que se encierra en sí misma es como una contradicción, una mortificación de la promesa que la hizo nacer y la hace vivir. No olvidéis nunca: la identidad de la familia siempre es una promesa que se extiende y se extiende a toda la familia y a toda la humanidad”.

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“La familia vive de la promesa de amor y fidelidad que el hombre y la mujer se hacen el uno al otro”.

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“La verdadera fe en el Hijo de Dios hecho carne es inseparable del don de sí, de la pertenencia a la comunidad, del servicio, de la reconciliación con la carne de los otros. El Hijo de Dios, en su encarnación, nos invitó a la revolución de la ternura”.

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“El Evangelio nos invita siempre a correr el riesgo del encuentro con el rostro del otro, con su presencia física que interpela, con su dolor y sus reclamos, con su alegría que contagia en un constante cuerpo a cuerpo”.

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“Así como algunos quisieran un Cristo puramente espiritual, sin carne y sin cruz, también se pretenden relaciones interpersonales solo mediadas por aparatos sofisticados, por pantallas y sistemas que se puedan encender y apagar a voluntad”.

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“Muchos tratan de escapar de los demás hacia la privacidad cómoda o hacia el reducido círculo de los más íntimos, y renuncian al realismo de la dimensión social del Evangelio”.

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“El ideal cristiano siempre invitará a superar la sospecha, la desconfianza permanente, el temor a ser invadidos, las actitudes defensivas que nos impone el mundo actual”.

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“Salir de sí mismo para unirse a otros hace bien. Encerrarse en sí mismo es probar el amargo veneno de la inmanencia, y la humanidad saldrá perdiendo con cada opción egoísta que hagamos”.

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“En el desierto se necesita sobre todo personas de fe que, con su propia vida, indiquen el camino hacia la Tierra prometida y de esta forma mantengan viva la esperanza”.

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“En el desierto se vuelve a descubrir el valor de lo que es esencial para vivir; así, en el mundo contemporáneo, son muchos los signos de la sed de Dios, del sentido último de la vida, a menudo manifestados de forma implícita o negativa”.

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“El mal espíritu de la derrota es hermano de la tentación de separar antes de tiempo el trigo de la cizaña, producto de una desconfianza ansiosa y egocéntrica”.

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“El triunfo cristiano es siempre una cruz, pero una cruz que al mismo tiempo es bandera de victoria, que se lleva con una ternura combativa ante los embates del mal”.

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“Hay que seguir adelante sin declararse vencidos, y recordar lo que el Señor dijo a san Pablo: ‘Te basta mi gracia, porque mi fuerza se manifiesta en la debilidad’”.

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“El que comienza sin confiar perdió de antemano la mitad de la batalla y entierra sus talentos. Aun con la dolorosa conciencia de las propias fragilidades, hay que seguir adelante sin declararse vencidos”.

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“Una de las tentaciones más serias que ahogan el fervor y la audacia es la conciencia de derrota, que nos convierte en pesimistas quejosos y desencantados con cara de vinagre. Nadie puede emprender una lucha si de antemano no confía plenamente en el triunfo”.

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“La psicología de la tumba poco a poco convierte a los cristianos en momias de museo. Desilusionados con la realidad, con la Iglesia o consigo mismos, viven la constante tentación de apegarse a una tristeza dulzona, sin esperanza, que se apodera del corazón como el más preciado de los elixires del demonio”.

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“La mayor amenaza, es el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad”.

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“El inmediatismo ansioso de estos tiempos hace que los agentes pastorales no toleren fácilmente lo que signifique alguna contradicción, un aparente fracaso, una crítica, una cruz”.

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“Las personas necesitan imperiosamente preservar sus espacios de autonomía. Algunos se resisten a probar hasta el fondo el gusto de la misión y quedan sumidos en una acedia paralizante”.

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“¡No nos dejemos robar el entusiasmo misionero!”

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“En muchos lugares del mundo, las ciudades son escenarios de protestas masivas donde miles de habitantes reclaman libertad, participación, justicia y diversas reivindicaciones que, si no son adecuadamente interpretadas, no podrán acallarse por la fuerza”.

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“La ciudad produce una suerte de permanente ambivalencia, porque, al mismo tiempo que ofrece a sus ciudadanos infinitas posibilidades, también aparecen numerosas dificultades para el pleno desarrollo de la vida de muchos”.

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“Se impone una evangelización que ilumine los nuevos modos de relación con Dios, con los otros y con el espacio, y que suscite los valores fundamentales. Es necesario llegar allí donde se gestan los nuevos relatos y paradigmas, alcanzar con la Palabra de Jesús los núcleos más profundos del alma de las ciudades”.

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“En sus vidas cotidianas los ciudadanos muchas veces luchan por sobrevivir, y en esas luchas se esconde un sentido profundo de la existencia que suele entrañar también un hondo sentido religioso”.

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“Dios no se oculta a aquellos que lo buscan con un corazón sincero, aunque lo hagan a tientas, de manera imprecisa y difusa”.

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“Dios vive entre los ciudadanos promoviendo la solidaridad, la fraternidad, el deseo de bien, de verdad, de justicia. Esa presencia no debe ser fabricada sino descubierta, develada”.

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“Necesitamos reconocer la ciudad desde una mirada contemplativa, esto es, una mirada de fe que descubra al Dios que habita en sus hogares, en sus calles, en sus plazas”.

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“Jesús sabe que la felicidad, que deja lleno el corazón, no está en las ‘pilchas’ que llevamos, en los zapatos que nos ponemos, en la etiqueta de determinada marca. La felicidad verdadera está en ser sensibles, en aprender a llorar con los que lloran, en estar cerca de los que están tristes”.

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“Jesús no nos miente. Nos muestra un camino que es vida, que es verdad. Él es la gran prueba de esto. Es su estilo, su manera de vivir la vida, la amistad, la relación con su Padre. Y es a lo que nos invita. A sentirnos hijos. Hijos amados”.

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“Jesús nos ofrece su jugada. No nos vende humo, no nos promete aparentemente grandes cosas. No nos dice que la felicidad estará en la riqueza, el poder, el orgullo. Por el contrario. Nos muestra que el camino es otro”.

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“El diablo es un gran ‘vende humo’ porque todo lo que nos propone es fruto de la división, del compararnos con los demás, de pisarle la cabeza a los otros para conseguir nuestras cosas. Es un ‘vende humo’ porque todo se basa en la apariencia. Te hace creer que tu valor depende de cuánto tenés”.

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“El diablo te hace desear cosas que no dependen de él, que las consigas o no. Te hace depositar la esperanza en algo que nunca te hará feliz. Esa es su jugada, esa es su estrategia. Hablar mucho, ofrecer mucho y no hacer nada”.

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“El diablo, es un ‘vende humo’. Te promete, te promete, pero no te da nada, nunca va a cumplir nada de lo que dice. Es un mal pagador”.

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“Al demonio se lo llama el padre de la mentira. Aquel que prometía, o mejor dicho, te hacía creer que haciendo determinadas cosas serías feliz. Y después te dabas cuenta de que no eras para nada feliz. Que estuviste atrás de algo que lejos de darte la felicidad, te hizo sentir más vacío, más triste”.

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“Jesús no nos presenta una vida de estrellas, de famosos, por el contrario, nos dice que jugar con Él es una invitación a la humildad, al amor, al servicio a los demás. Jesús no nos miente. Nos toma en serio”.

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“El demonio para reclutar jugadores, les promete a aquellos que jueguen con él riqueza, honores, gloria, poder. Serán famosos. Todos los endiosarán”.

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“Uno de los secretos más grande del cristiano radica en ser amigos de Jesús. Cuando uno quiere a alguien, le está al lado, lo cuida, ayuda, le dice lo que piensa, no lo deja tirado. Así es Jesús con nosotros. Los amigos se hacen el aguante, se acompañan, se protegen. Así es el Señor con nosotros”.

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“¡Hagan lío! Pero también ayuden a arreglar y a organizar el lío que hacen. Un lío que nos dé un corazón libre, un lío que nos dé solidaridad, un lío que nos dé esperanza, un lío que nazca de haber conocido a Jesús y de saber que Dios, a quien conocí, es mi fortaleza. Ese es el lío que hagan”.

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“Tener un corazón libre: ese es el camino. Pero para eso hace falta sacrificio, hace falta andar contracorriente”.

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“Conocer a Dios, acercarse a Jesús, es esperanza y fortaleza. Y eso es lo que necesitamos de los jóvenes hoy. No queremos jóvenes debiluchos, jóvenes que están ahí no más, ni sí ni no. No queremos jóvenes que se cansen rápido y que vivan cansados, con cara de aburridos”.

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“Señor Jesús, dame un corazón libre. Que no sea esclavo de todas las trampas del mundo. Que no sea esclavo de la comodidad, del engaño. Que no sea esclavo de la buena vida. Que no sea esclavo de los vicios. Que no sea esclavo de una falsa libertad, que es hacer lo que me gusta en cada momento”.

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“La libertad es un regalo que nos da Dios, pero hay que saber recibirlo, hay que saber tener el corazón libre, porque todos sabemos que en el mundo hay tantos lazos que nos atan el corazón y no dejan que el corazón sea libre”.

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“Hay algo que es cierto: no podemos obligar a nadie a recibirnos, a hospedarnos; es cierto y es parte de nuestra pobreza y de nuestra libertad. Pero también es cierto que nadie puede obligarnos a no ser acogedores, hospederos de la vida de nuestro Pueblo”.

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“¡Cuántas veces pensamos la misión en base a proyectos o programas! ¡Cuántas veces imaginamos la evangelización en torno a miles de estrategias, tácticas, maniobras, artimañas, buscando que las personas se conviertan en base a nuestros argumentos!”.

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“Pasar de la lógica del egoísmo, de la clausura, de la lucha, de la división, de la superioridad, a la lógica de la vida, de la gratuidad, del amor. De la lógica del dominio, del aplastar, manipular, a la lógica del acoger, recibir y cuidar”.

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“Jesús no los envía como poderosos, como dueños, jefes o cargados de leyes, normas; por el contrario, les muestra que el camino del cristiano es simplemente transformar el corazón. El suyo, y ayudar a transformar el de los demás.”.

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“El diablo quiere que se peleen entre ustedes, porque así divide y los derrota y les roba la fe. ¡Solidaridad de hermanos para defender la fe! ¡Solidaridad de hermanos para defender la fe! Y, además, que esa fe solidaria sea mensaje para toda la ciudad”.

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“La fe que despierta Jesús es una fe con capacidad de soñar futuro y de luchar por eso en el presente”.

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“El primero en ser solidario fue el Señor, que eligió vivir entre nosotros, eligió vivir en medio nuestro”.

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“Si no tenés un corazón solidario, si no sabés lo que pasa en tu pueblo, tu fe es muy débil o es enferma o está muerta. Es una fe sin Cristo. La fe sin solidaridad es una fe sin Cristo, es una fe sin Dios, es una fe sin hermanos”.

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“Una fe que no se hace solidaridad es una fe muerta, o una fe mentirosa”.

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“La fe nos hace próximos, nos hace próximos a la vida de los demás, nos aproxima a la vida de los demás. La fe despierta nuestro compromiso con los demás, la fe despierta nuestra solidaridad: una virtud, humana y cristiana”.

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“El llamado por Dios no se pavonea, no anda tras reconocimientos ni aplausos pasatistas, no siente que subió de categoría ni trata a los demás como si estuviera en un peldaño más alto”.

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“Todos tenemos limitaciones, ninguno puede reproducir en su totalidad a Jesucristo, y si bien cada vocación se configura principalmente con algunos rasgos de la vida y la obra de Jesús, hay algunos comunes e irrenunciables”.

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“Si la división entre nosotros provoca esterilidad, no cabe duda de que de la comunión y la armonía nacen la fecundidad, porque son profundamente consonantes con el Espíritu Santo”.

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“Siempre es bueno crecer en esa conciencia de trabajo apostólico en comunión. Es hermoso verlos colaborando pastoralmente, siempre desde la naturaleza y función eclesial de cada una de las vocaciones y carismas”.

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“La belleza de la comunidad eclesial nace de la adhesión de cada uno de sus miembros a la persona de Jesús, formando un conjunto vocacional en la riqueza de la diversidad armónica”.

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"Estar apegados a Jesús da profundidad a la vocación cristiana, que interesada en el hacer de Jesús –que es mucho más que actividades– busca asemejarse a Él en todo lo realizado”.

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“La oración es reflejo del amor que sentimos por Dios, por los otros, por el mundo creado”.

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“La oración hace emerger aquello que vamos viviendo o deberíamos vivir en la vida cotidiana, al menos la oración que no quiere ser alienante o solo preciosista. La oración nos da impulso para poner en acción o revisarnos en aquello que rezábamos”.

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“Cuando hay amor al hombre, y voluntad de servirlo, es posible crear las condiciones para que todos tengan acceso a los bienes necesarios, sin que nadie sea descartado. Buscar en cada caso las soluciones por el diálogo”.

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“Les pido que no cedan a un modelo económico idolátrico que necesita sacrificar vidas humanas en el altar del dinero y de la rentabilidad”.

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“Traer el pan a casa, ofrecer a los hijos un techo, ofrecer salud y educación, son aspectos esenciales de la dignidad humana, y los empresarios, los políticos, los economistas, deben dejarse interpelar por ellos”.

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Las personas cuya vocación es ayudar al desarrollo económico tienen la tarea de velar para que este siempre tenga rostro humano”.

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“Los pobres tienen mucho que enseñarnos en humanidad, en bondad, en sacrificio, en solidaridad. Los cristianos tenemos, además, un motivo mayor para amar y servir a los pobres, porque en ellos vemos el rostro y la carne de Cristo, que se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza”.

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“Las ideologías tienen una relación o incompleta o enferma o mala con el pueblo. Las ideologías no asumen al pueblo. Piensan por el pueblo, no dejan pensar al pueblo: ‘Todo por el pueblo, pero nada con el pueblo’. Estas son las ideologías”.

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“Un aspecto fundamental para promover a los pobres está en el modo en que los vemos. No sirve una mirada ideológica, que termina usando a los pobres al servicio de otros intereses políticos y personales”.

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“Si alguien considera que hay personas, culturas, situaciones de segunda, tercera o de cuarta... algo, seguro, saldrá mal, porque simplemente carece de lo mínimo, que es el reconocimiento de la dignidad del otro”.

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“Las verdaderas culturas nunca están cerradas en sí mismas –si se cierran en sí mismas mueren–, sino que están llamadas a encontrarse con otras culturas y crear nuevas realidades”.

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“Si estoy dispuesto a recibir, y a dialogar con eso, entonces sí me siento a dialogar; si no estoy dispuesto, mejor no perder el tiempo”.

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“Al tratar de entender las razones del otro, al tratar de escuchar su experiencia, sus anhelos, podemos ver que en gran parte son aspiraciones comunes. Y esta es la base del encuentro: todos somos hermanos, hijos de un mismo Padre, y cada uno con su cultura, su lengua, sus tradiciones, tiene mucho que aportar a la comunidad”.

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“El conflicto existe: hay que asumirlo, hay que procurar resolverlo hasta donde se pueda, pero con miras a lograr una unidad que no es uniformidad, sino que es unidad en la diversidad”.

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“Vamos a dialogar, hay conflicto, lo asumo, lo resuelvo y es un eslabón de un nuevo proceso. Es un principio que nos tiene que ayudar mucho. La unidad es superior al conflicto”.

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“No tenemos que ignorar el conflicto. Por el contrario, somos invitados a asumir el conflicto. Si no asumimos el conflicto no podemos dialogar nunca. Esto significa: Aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en un eslabón de un nuevo proceso”.

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“En el diálogo se da el conflicto. Y es lógico y esperable. Porque si yo pienso de una manera y vos de otra, y vamos andando, se va a crear un conflicto. ¡No le tenemos que temer!”.

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“Dialogar no es negociar. Negociar es procurar sacar la propia tajada. A ver cómo saco la mía. Si vas con esa intención no pierdas tiempo. Es buscar el bien común para todos. Discutir juntos, pensar una mejor solución para todos”.

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“Siempre, cuando hay verdadero diálogo, se termina en un acuerdo nuevo, donde todos nos pusimos de acuerdo en algo. ¿Hay diferencias? Quedan a un costado, en la reserva. Pero en ese punto, o en esos puntos en que nos pusimos de acuerdo, nos comprometemos y los defendemos. Es un paso adelante. Esa es la cultura del encuentro”.

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“El diálogo es para el bien común, y el bien común se busca, desde nuestras diferencias, dándole posibilidad siempre a nuevas alternativas”.

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“El punto de partida no puede ser: ‘Voy a dialogar pero aquel está equivocado’. Yo voy con lo mío y voy a escuchar qué dice el otro, en qué me enriquece el otro, en qué el otro me hace caer en la cuenta de que yo estoy equivocado, y en qué cosas le puedo dar yo al otro. Es un ida y vuelta, pero con el corazón abierto”.

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“El diálogo presupone y nos exige buscar esa cultura del encuentro. Es decir, un encuentro que sabe reconocer que la diversidad no solo es buena, es necesaria. La uniformidad nos anula, nos hace autómatas. La riqueza de la vida está en la diversidad”.

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“¿Cuál es la identidad en un país? –estamos hablando del diálogo social acá–. El amor a la patria. La patria primero, después mi negocio. Esa es la identidad. Entonces, yo, desde esa identidad, voy a dialogar. Si yo voy a dialogar sin esa identidad el diálogo no sirve”.

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“Para que haya diálogo es necesaria una base fundamental, una identidad. Cada uno dice, pero su identidad. No negocia su identidad. O sea, para que haya diálogo es necesaria esa base fundamental”.

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“Ahora, también es verdad que el diálogo no es fácil, hay que superar muchas dificultades y, a veces, parece que nosotros nos empecinamos en hacer las cosas más difíciles todavía”.

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“Si vos, en el diálogo, no decís realmente lo que sentís, lo que pensás, y no te comprometés a escuchar al otro, ir ajustando lo que vas pensando vos y conversando, el diálogo no sirve, es una pinturita”.

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“Palabras solas no sirven. Si vos decís una palabra comprometéte con esa palabra, amasá día a día, día a día. ¡Sacrificáte por eso! ¡Comprometéte!”.

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“Yo les confieso que a veces a mí me da un poquito de alergia el escuchar discursos grandilocuentes con todas estas palabras y, cuando uno conoce la persona que habla, dice: ‘Qué mentiroso que sos’”.

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“Fraternidad, justicia, paz, dignidad, pueden convertirse en un nominalismo: ¡pura palabra! ¡No! La fraternidad, la justicia, la paz y la dignidad son concretas, sino no sirven. ¡Son de todos los días! ¡Se hacen todos los días!”.

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“Jueguen limpio, jueguen con todo. No tengan miedo de entregar lo mejor de sí. No busquen el arreglo previo para evitar el cansancio, la lucha. No coimeen al réferi”.

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“Paraguay tiene abundante población joven y es una gran riqueza. Por eso, pienso que lo primero que se ha de hacer es evitar que esa fuerza se apague, que esa luz que hay en sus corazones desaparezca, y contrarrestar la creciente mentalidad que considera inútil y absurdo aspirar a cosas que valen la pena”.

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“Felicidad y placer no son sinónimos. Una cosa es la felicidad y el gozo y otra cosa es un placer pasajero. La felicidad construye, es sólida, edifica. La felicidad exige compromiso y entrega”.

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“Qué importante es que ustedes los jóvenes vayan intuyendo que la verdadera felicidad pasa por la lucha de un país fraterno”.

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“Me gustó escuchar en boca de un joven la preocupación por hacer que la sociedad sea un ámbito de fraternidad, de justicia, de paz y dignidad para todos. La juventud es tiempo de grandes ideales. A mí me viene decir muchas veces que me da tristeza ver un joven jubilado”.

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“Dios siempre está a favor de todo lo que ayude a levantar, mejorar, la vida de sus hijos”.

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“Un pueblo que no mantiene vivas sus preocupaciones, un pueblo que vive en la inercia de la aceptación pasiva, es un pueblo muerto”.

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“Es un llamado a no perder la memoria, a no perder las raíces, los muchos testimonios que han recibido de pueblo creyente y jugado por sus luchas. Una fe que se ha hecho vida, una vida que se ha hecho esperanza y una esperanza que las lleva a primerear en la caridad”.

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“Como Pueblo, hemos venido a nuestra casa, a la casa de la Patria paraguaya, a escuchar una vez más esas palabras que tanto bien nos hacen: ‘Alégrate, el Señor está contigo’”.

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“María no tiene un programa propio, no viene a decirnos nada nuevo; más bien, le gusta estar callada, tan solo su fe acompaña nuestra fe”.

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“Ella fue la primera discípula que acompañó a su Hijo y sostuvo la esperanza de los apóstoles en los momentos difíciles”.

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“Ella es mujer de fe, es la Madre de la Iglesia, ella creyó. Su vida es testimonio de que Dios no defrauda, que Dios no abandona a su Pueblo, aunque existan momentos o situaciones en que parece que Él no está”.

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“Contemplamos la vida de María, y nos sentimos comprendidos, entendidos. Podemos sentarnos a rezar y usar un lenguaje común frente a un sinfín de situaciones que vivimos a diario. Nos podemos identificar en muchas situaciones de su vida. Contarle de nuestras realidades porque ella las comprende”.

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“María es la madre del ‘sí’. Sí, al sueño de Dios; sí, al proyecto de Dios; sí, a la voluntad de Dios. Un ‘sí’ que, como sabemos, no fue nada fácil de vivir. Un ‘sí’ que no la llenó de privilegios o diferencias, sino que, como le dirá Simeón en su profecía: ‘A ti una espada te va a atravesar el corazón’”.

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“Un desarrollo económico que no tiene en cuenta a los más débiles y desafortunados no es verdadero desarrollo. La medida del modelo económico ha de ser la dignidad integral de la persona, especialmente la persona más vulnerable e indefensa”.

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“Que no cese ese esfuerzo de todos los actores sociales, hasta que no haya más niños sin acceso a la educación, familias sin hogar, obreros sin trabajo digno, campesinos sin tierras que cultivar y tantas personas obligadas a emigrar hacia un futuro incierto; que no haya más víctimas de la violencia, la corrupción o el narcotráfico”.

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“En la voluntad de servicio y de trabajo por el bien común, los pobres y necesitados han de ocupar un lugar prioritario”.

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“No hay que detenerse en lo conflictivo, la unidad siempre es superior al conflicto; es un ejercicio interesante decantar en el amor a la patria, en el amor al pueblo, toda perspectiva que nace de las convicciones de una opción partidaria o ideológica”.

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“En todos los ámbitos de la sociedad, pero especialmente en la actividad pública, se ha de potenciar el diálogo como medio privilegiado para favorecer el bien común, sobre la base de la cultura del encuentro, del respeto y del reconocimiento de las legítimas diferencias y opiniones de los demás”.

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“Un pueblo que olvida su pasado, su historia, sus raíces, no tiene futuro, es un pueblo seco. La memoria, asentada firmemente sobre la justicia, alejada de sentimientos de venganza y de odio, transforma el pasado en fuente de inspiración para construir un futuro de convivencia y armonía”.

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“Donarse es evangelizar, esa es nuestra revolución –porque nuestra fe siempre es revolucionaria–, ese es nuestro más profundo y constante grito”.

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“Donándose el hombre vuelve a encontrarse a sí mismo con su verdadera identidad de hijo de Dios, semejante al Padre y, como Él, dador de vida, hermano de Jesús, del cual da testimonio”.

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“Y darse aún en los momentos más difíciles como aquel Jueves Santo de Jesús, donde Él sabía cómo se tejían las traiciones y las intrigas, pero se dio a nosotros mismos con su proyecto de salvación”.

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“En cualquier donación se ofrece la propia persona. Darse, significa dejar actuar en sí mismo toda la potencia del amor que es Espíritu de Dios y así dar paso a su fuerza creadora”.

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“¡Qué lindo sería que todos pudieran admirar cómo nos cuidamos unos a otros, cómo mutuamente nos damos aliento y cómo nos acompañamos! El don de sí es el que establece la relación interpersonal, que no se genera dando cosas, sino dándose a sí mismo.

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“Jesús reza para que formemos parte de una gran familia, en la que Dios es nuestro Padre y todos nosotros somos hermanos. Nadie es excluido y esto no se fundamenta en tener los mismos gustos, las mismas inquietudes, los mismos talentos”.

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“La propuesta de Jesús no es un arreglo hecho a nuestra medida, en el que nosotros ponemos las condiciones, elegimos los integrantes y excluimos a los demás. Una religiosidad de élite…”.

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“La propuesta de Jesús es concreta, no es una idea: ‘Andá y hacé lo mismo’, le dice a aquel que le preguntó ‘¿Quién es mi prójimo?’ Después de haber contado la parábola del buen samaritano”.

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“La vida espiritual del evangelizador nace de esta verdad tan honda, que no se confunde con algunos momentos religiosos que brindan cierto alivio. Jesús nos consagra para suscitar un encuentro con Él, un encuentro que alimenta el compromiso en el mundo y la pasión evangelizadora”.

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“Poner a la Iglesia en estado de misión nos pide recrear la comunión, pues no se trata ya de una acción solo hacia afuera… nos misionamos también hacia adentro”.

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“La misión de la Iglesia, como sacramento de la salvación, condice con su identidad como Pueblo en camino, con vocación de incorporar en su marcha a todas las naciones de la tierra. Cuanto más intensa es la comunión entre nosotros, tanto más se ve favorecida la misión”.

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“La evangelización no consiste en hacer proselitismo, sino es atraer con nuestro testimonio a los alejados, es acercarse humildemente a aquellos que se sienten lejos de Dios y de la Iglesia, acercarse a los que se sienten juzgados y condenados a priori por los que se sienten perfectos y puros”.

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“Es impensable que brille la unidad si la mundanidad espiritual nos hace estar en guerra entre nosotros, en una búsqueda estéril de poder, prestigio, placer o seguridad económica. Y esto a costillas de los más pobres, de los más excluidos, de los más indefensos”.

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“El servicio es el criterio del verdadero amor. El que ama sirve, se pone al servicio de los demás. Y esto se aprende especialmente en la familia, donde nos hacemos por amor servidores unos de otros”.

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“La familia es una escuela donde la oración también nos recuerda que hay un nosotros, que hay un prójimo cercano, patente, que vive bajo el mismo techo, que comparte la vida y está necesitado”.

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“Rezar siempre nos saca del perímetro de nuestros desvelos, nos hace trascender lo que nos duele, lo que nos agita o lo que nos falta a nosotros mismos y nos ayuda a ponernos en la piel de los otros”.

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“El pueblo fiel ha sabido expresar la fe con su propio lenguaje, manifestar sus más hondos sentimientos de dolor, duda, gozo, fracaso, agradecimiento con diversas formas de piedad: procesiones, velas, flores, cantos que se convierten en una bella expresión de confianza en el Señor y de amor a su Madre, que es también la nuestra”.

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“Una Iglesia en salida es una Iglesia que se acerca, que se allana para no estar distante, que sale de su comodidad y se atreve a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio”.

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“Caminemos juntos, sosteniéndonos unos a otros y pidamos con humildad el don de la perseverancia en su servicio”.

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“Perseverar aunque nos rechacen, aunque se haga la noche y crezcan el desconcierto y los peligros. Perseverar en este esfuerzo sabiendo que no estamos solos, que es el Pueblo Santo de Dios el que camina”.

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“Perseverancia en la misión implica no andar cambiando de casa en casa, buscando dónde nos traten mejor, dónde haya más medios y comodidades. Supone unir nuestra suerte con la de Jesús”.

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“Nuestros dones son para renovar y edificar la Iglesia. No se nieguen a compartir, no se resistan a dar, no se encierren en la comodidad, sean manantiales que desbordan y refrescan, especialmente a los oprimidos por el pecado, la desilusión, el rencor”.

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“No somos mercenarios, sino servidores; no hemos venido a ser servidos, sino a servir y lo hacemos en el pleno desprendimiento, sin bastón y sin morral”.

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“La palabra de Dios nos dice que es Él quien nos ha elegido, escogido y destinado. Esto nos aleja de la autoreferencialidad, nos hace comprender que ya no nos pertenecemos, que nuestra vocación nos pide alejarnos de todo egoísmo, de toda búsqueda de lucro material o compensación afectiva”.

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“Permanecer en el amor de Jesús significa permanecer en el amor del Padre que nos ha enviado a Jesús; permanecer en el amor de Jesús significa hacer, no solo decir; permanecer en el amor de Jesús significa capacidad de comunicar, de diálogo, tanto con el Señor como con nuestros hermanos”.

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“El verdadero amor no puede aislarse, porque si se aísla no es amor y se convierte, más bien, en una forma espiritualista de egoísmo, un permanecer cerrado en sí mismo, buscando el propio provecho. En una palabra es egoísmo”.

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“El amor se comunica, no permanece aislado: el amor se da a sí mismo y recibe, se lleva a cabo esa comunicación que existe entre el Padre y el Hijo, una comunicación que obra el Espíritu Santo. Por eso, no hay amor sin comunicar, no hay amor aislado”.

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“El verdadero amor es concreto, está en las obras, es un amor constante; no es un simple entusiasmo. Pero muchas veces es también un amor doloroso: pensemos en el amor de Jesús al cargar la cruz”.

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“Nosotros podemos mirar un amor de telenovela: es una fantasía. Son historias, pero no nos hacen partícipes. Por su parte, en cambio, Jesús advertía a los suyos: ‘No los que dicen: ¡Señor! ¡Señor! entrarán en el reino de los cielos, sino los que cumplen mis mandamientos’”.

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“Existen dos criterios que nos ayudarán a distinguir el amor verdadero del no verdadero. El primer criterio es que el amor se debe poner más en los hechos que en las palabras. Y el segundo criterio consiste en que el amor se comunica”.

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“No hay que olvidar nunca que en la vida debemos ir por los caminos de la tribulación, porque es la ley de la vida; pero se debe siempre recordar, precisamente en esos momentos, de confiarse al Señor. Y Él nos responde con la paz”.

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“Un cristiano puede llevar adelante las tribulaciones y también las persecuciones confiándose al Señor: solamente Él es capaz de darnos la fuerza, de darnos la perseverancia en la fe, de darnos la esperanza”.

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“Entrar en el reino de Dios pasando por muchas tribulaciones no es una actitud sadomasoquista: es precisamente la lucha cristiana”.

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“En la vida nos esperan las tribulaciones: es parte de la vida pasar por momentos oscuros, momentos difíciles”.

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“Ser cristiano no es una apariencia o una conducta social, no es maquillarse un poco el alma, para que sea más bonita. Ser cristiano, es hacer lo que hizo Jesús: servir. Él vino no para ser servido, sino para servir”.

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“Nosotros no estamos sin raíces, tenemos raíces profundas que jamás debemos olvidar y que se extienden desde nuestro padre Abraham hasta hoy”.

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“El cristiano es un hombre y una mujer de historia, porque no pertenece a sí mismo, está integrado en un pueblo, un pueblo que camina. De aquí la imposibilidad de pensar en un egoísmo cristiano”.

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“He aquí, uno de los rasgos de la identidad cristiana: ser hombre y mujer de historia, entender que la historia no comienza conmigo ni se acaba conmigo. Todo comenzó, en efecto, cuando el Señor entró en la historia”.

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“Sin oración no hay cabida para el Espíritu; se necesita pedir a Dios que nos mande este don para que podamos discernir en todo tiempo qué tenemos que hacer. El mensaje es el mismo: pero la Iglesia va hacia adelante con estas novedades del Espíritu Santo”.

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“Podemos estudiar toda la historia de la salvación, podemos estudiar toda la teología, pero sin el Espíritu no podemos entender. Es precisamente el Espíritu quien nos hace entender la verdad”.

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“En la historia de la Iglesia podemos ver cuántos miedos han suscitado las sorpresas del Espíritu Santo. Es el Dios de las sorpresas”.

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“Resulta evidente que el Señor quiere encontrarnos, quiere que la relación con nosotros sea cara a cara. Seguramente en nuestra vida hubo un encuentro fuerte que nos guio a cambiar un poco la vida y a ser mejores”.

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“Rezar y pedir la gracia de la memoria, para no escuchar el reproche que el Señor hace en el Apocalipsis: ‘Pero tengo contra ti que has abandonado tu amor primero’”.

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“Nuestra fe es un encuentro con Jesús. Precisamente este es el fundamento de la fe”.

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“Todos nosotros hemos tenido en nuestra vida algún encuentro con Él, un encuentro verdadero en el que sentí que Jesús me miraba. Y si no recordamos, será bonito hacer un poco de memoria y pedir al Señor que nos dé la memoria, porque Él recuerda, Él se acuerda del encuentro”.

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“Cada uno tiene su encuentro con Jesús. Los encuentros son verdaderamente muchos”.

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“Están también los mártires ocultos, los hombres y las mujeres fieles a la fuerza del Espíritu Santo, que buscan caminos nuevos para ayudar a los hermanos y amar mejor a Dios. Y por esta razón son vistos con sospecha, calumniados, perseguidos por muchos sanedrines modernos que se creen dueños de la verdad”.

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“Hoy, la Iglesia es Iglesia de mártires: ellos sufren, ellos dan la vida y nosotros recibimos la bendición de Dios por su testimonio”.

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“Quisiera recordar que la historia de la Iglesia, la verdadera historia de la Iglesia, es la historia de los santos y de los mártires: los mártires perseguidos y muchos también asesinados por los que creían dar gloria a Dios, por los que creían poseer la verdad”.

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“La palabra de Dios no siempre cae bien a algunos corazones; la palabra de Dios molesta cuando tú tienes el corazón duro, cuando tu corazón es pagano, porque la palabra de Dios te interpela a seguir adelante, buscándote y dándote de comer ese pan del cual hablaba Jesús”.

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“Los mártires son los que, en la historia de la Iglesia dieron testimonio de Jesús sin tener necesidad de otros panes: para ellos era suficiente solo Jesús, porque tenían fe en Jesús”.

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“Para huir del orgullo está solamente el camino de abrir el corazón a la humildad, y a la humildad no se llega jamás sin humillación: esto es algo que no se entiende naturalmente. Es más bien una gracia que debemos pedir”.

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“El tiempo pone las cosas en armonía y hace ver la cosa justa. Pero, si reaccionas en el momento de la furia, seguro que serás injusto. Y ser injusto también te hará mal a ti”.

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“Cuando tenemos malos pensamientos contra los demás, malos sentimientos, cuando probamos antipatía, odio: no dejarlos crecer, pararse, dar tiempo al tiempo”.

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“El tiempo es una gran medicina, porque en el tiempo hay sitio para la esperanza. En tal medida que san Pedro Fabro decía que el tiempo es el mensajero de Dios”.

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“La falta de diálogo lleva a no obedecer a Dios. El diálogo se hace con Dios y con los hermanos”.

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“Debemos estar dispuestos a obedecer, a tener la valentía de cambiar de camino cuando el Señor nos lo pide. Y por ello quien obedece tiene la vida eterna; y quien no obedece, la ira de Dios permanece en él”.

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“Una comunidad cristiana muestra que ha renacido en el Espíritu Santo, cuando es una comunidad que busca la armonía y no la división interna, cuando busca la pobreza, y no la acumulación de riquezas y cuando tiene paciencia, porque el siervo de Yahvé, Jesús, es paciente”.

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“Si el cristiano se deja llevar por las comodidades, las vanidades, el egoísmo, si se convierte en sordo y ciego ante la petición de resurrección de tantos hermanos, ¿cómo podrá comunicar a Jesús vivo, como podrá comunicar la potencia liberadora de Jesús vivo y su ternura infinita?”.

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“Cada cristiano puede transformarse en testigo de Jesús resucitado. Y su testimonio es mucho más creíble cuando más transparenta un modo de vivir evangélico, gozoso, valiente, humilde, pacífico, misericordioso”.

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“Cristo resucitado puede ser testimoniado por quienes han tenido una experiencia personal de Él, en la oración y en la Iglesia, a través de un camino que tiene su fundamento en el Bautismo, su alimento en la Eucaristía, su sello en la Confirmación, su continua conversión en la Penitencia”.

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“El contenido del testimonio cristiano no es una teoría, no es una ideología o un complejo sistema de preceptos y prohibiciones o un moralismo, sino que es un mensaje de salvación, un acontecimiento concreto, es más, una Persona: es Cristo resucitado, viviente y único Salvador de todos”.

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“El testigo cuenta, no de manera fría y distante sino como uno que se ha dejado cuestionar y desde aquel día ha cambiado de vida. El testigo es uno que ha cambiado de vida”.

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“El testigo ha visto, por eso recuerda, no solo porque sabe reconstruir de modo preciso los hechos sucedidos, sino también porque esos hechos le han hablado y él ha captado su sentido profundo”.

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“El testigo es uno que ha visto, con ojo objetivo, ha visto una realidad, pero no con ojo indiferente; ha visto y se ha dejado involucrar por el acontecimiento”.

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“El testigo es uno que ha visto, que recuerda y cuenta. Ver, recordar y contar son los tres verbos que describen su identidad y su misión”.

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“Cada bautizado está llamado a dar testimonio, con las palabras y con la vida, que Jesús ha resucitado, que Jesús está vivo y presente en medio de nosotros. Todos nosotros estamos llamados a dar testimonio de que Jesús está vivo”.

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“La Pascua es el acontecimiento que ha traído la novedad radical para todo ser humano, para la historia y para el mundo: es el triunfo de la vida sobre la muerte; es la fiesta del renacer y de la regeneración”.

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“La fe en la resurrección de Jesús y la esperanza que Él nos ha traído es el don más bonito que el cristiano puede y debe ofrecer a sus hermanos”.

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El testimonio de nuestra fe, pobre pero sincera, se traduce en gestos sencillos de caridad fraterna. Pero principalmente en la coherencia de vida: entre lo que decimos y lo que vivimos, coherencia entre nuestra fe y nuestra vida, entre nuestras palabras y nuestras acciones”.

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“A aquellos que también hoy quieren ver a Jesús, a los que están en búsqueda del rostro de Dios podemos ofrecerles el testimonio de nuestra fe, pobre pero sincera”.

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“Si en la creación el Padre nos dio la prueba de su inmenso amor dándonos la vida, en la pasión y en la muerte de su Hijo nos dio la prueba de las pruebas: vino a sufrir y morir por nosotros”.

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“El camino de Jesús nos lleva siempre a la felicidad. Habrá siempre una cruz en medio, pruebas, pero al final nos lleva siempre a la felicidad. Jesús no nos engaña, nos prometió la felicidad y nos la dará si vamos por sus caminos”.

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“El desierto es el lugar donde se puede escuchar la voz de Dios y la voz del tentador. En el rumor, en la confusión esto no se puede hacer; se oyen solo las voces superficiales. En cambio, en el desierto podemos bajar en profundidad, donde se juega verdaderamente nuestro destino, la vida o la muerte”.

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“Dios no viene a dar una lección sobre el dolor; no viene tampoco a eliminar del mundo el sufrimiento y la muerte; viene más bien a cargar sobre sí el peso de nuestra condición humana, a conducirla hasta sus últimas consecuencias, para liberarnos de modo radical y definitivo”.

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“Jesús no toma distancia de seguridad y no actúa delegando, sino que se expone directamente al contagio de nuestro mal; y precisamente así nuestro mal se convierte en el lugar del contacto: Él, Jesús, toma de nosotros nuestra humanidad enferma y nosotros de Él su humanidad sana y capaz de sanar”.

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“Compasión significa padecer-con-el otro. El corazón de Cristo manifiesta la compasión paterna de Dios por ese hombre, acercándose a él y tocándolo. La misericordia de Dios supera toda barrera”.

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“La obra salvífica de Cristo no termina con su persona y en el arco de su vida terrena; prosigue mediante la Iglesia, sacramento del amor y de la ternura de Dios por los hombres”.

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“El Evangelio es palabra de vida: no oprime a las personas, al contrario, libera a quienes son esclavos de muchos espíritus malignos de este mundo: el espíritu de la vanidad, el apego al dinero, el orgullo, la sensualidad... El Evangelio cambia el corazón, cambia la vida, transforma las inclinaciones al mal en propósitos de bien”.

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“Con su encarnación, Dios puso su sed –porque también Dios tiene sed– en el corazón de un hombre: Jesús de Nazaret. Dios tiene sed de nosotros, de nuestros corazones, de nuestro amor, y puso esta sed en el corazón de Jesús. Por lo tanto, en el corazón de Cristo se encuentran la sed humana y la sed divina”.

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“Dios, haciéndose hombre, hizo propia nuestra sed, no solo de agua material, sino sobre todo la sed de una vida plena, de una vida libre de la esclavitud del mal y de la muerte”.

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“Un cristiano y una comunidad sordos a la voz del Espíritu Santo, que impulsa a llevar el Evangelio a los extremos confines de la tierra y de la sociedad, llegan a ser también un cristiano y una comunidad mudos que no hablan y no evangelizan”.

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“Poner bajo la acción del Espíritu Santo nuestra vida de cristianos y la misión, que todos recibimos en virtud del Bautismo, significa volver a encontrar la valentía apostólica necesaria para superar fáciles comodidades mundanas”.

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“El pecado nos aleja de Dios e interrumpe el vínculo entre la tierra y el cielo, determinando así nuestra miseria y el fracaso de nuestra vida”.

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“La paz no es solo ausencia de guerra, sino una condición general en la cual la persona humana está en armonía consigo misma, en armonía con la naturaleza y en armonía con los demás. Esto es la paz”.

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“El corazón del hombre puede rechazar la luz y preferir las tinieblas, porque la luz revela sus obras malvadas. Quien obra el mal, odia la luz. Quien obra el mal, odia la paz”.

“Si no está el Espíritu, podemos hacer muchas cosas, mucho trabajo, pero no sirve de nada”.

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“El camino de la valentía cristiana es una gracia que da el Espíritu Santo”.

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“Es la valentía del anuncio lo que nos distingue del simple proselitismo. Nosotros no hacemos publicidad para tener más socios en nuestra sociedad espiritual. Lo que el cristiano hace es anunciar con valentía; y el anuncio de Jesucristo provoca, mediante el Espíritu Santo, ese estupor que nos hace seguir adelante”.

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“Podemos decir que también hoy el mensaje de la Iglesia es el mensaje del camino de la franqueza, del camino de la valentía cristiana. Esa palabra, se puede traducir como ‘valor’, ‘franqueza’, ‘libertad de hablar’, ‘no tener miedo de decir las cosas’. Es la parresia”.

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“Es triste ser creyente sin alegría y no hay alegría cuando no hay fe, cuando no hay esperanza, cuando no hay ley, sino solamente las prescripciones, la doctrina fría. Esto es lo que vale”.

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“Miremos a la serpiente, el veneno ahí en el cuerpo de Cristo, el veneno de todos los pecados del mundo y pidamos la gracia de aceptar los momentos difíciles; de aceptar el estilo divino de salvación”.

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“La curación llega solo mirando la cruz, mirando a Dios que asume nuestros pecados: mi pecado está allí. Sin embargo, cuántos cristianos mueren en el desierto de su tristeza, de su murmuración, de su no querer el estilo de Dios”.

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“No aceptar el don de Dios con su estilo, ese es el pecado, ese es el veneno; lo que envenena el alma, quita la alegría, no deja seguir”.

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“El problema no era la salvación, la liberación, el problema era el estilo de Dios: no les gustaba el sonido de Dios para bailar; no les gustaban las lamentaciones de Dios para llorar. Querían obrar según su pensamiento, elegir el propio camino de salvación. Pero ese camino no conducía a nada”.

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“La fe es dejar espacio a este amor de Dios; es dejar espacio al poder, al poder de Dios, al poder de alguien que me ama, que está enamorado de mí y desea la alegría conmigo. Esta es la fe. Esto es creer: es dejar espacio al Señor para que venga y me cambie”.

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“No existe una tercera senda posible: o eres santo, o vas por el otro camino. Y quien no recoge con el Señor, no solo deja las cosas, sino peor: desparrama, arruina. Es un corruptor. Es un corrupto, que corrompe”.

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“O estás en la senda del amor, o estás en la senda de la hipocresía. O te dejas amar por la misericordia de Dios, o haces lo que quieres según tu corazón, que se endurece cada vez más por esta senda”.

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“En la historia de Dios con su pueblo, el Señor enviaba a los profetas para decir que amaba a su pueblo. En la Iglesia, el Señor envía a los santos. Son ellos los que llevan adelante la vida de la Iglesia. Son los santos, es decir los que no tienen el corazón endurecido”.

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“El corazón malvado no nos deja entender el amor de Dios. Nosotros queremos ser libres, pero con una libertad que al final nos hace esclavos, y no con la libertad del amor que nos ofrece el Señor”.

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“Parece que Dios llorase. Un llanto que recuerda el de Jesús contemplando Jerusalén. Una historia de infidelidad que atañe a nuestra historia personal, porque nosotros hacemos nuestra voluntad. Pero haciendo esto, seguimos una senda de endurecimiento: el corazón se endurece, se petrifica”.

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“Si yo no perdono, en cierto sentido es como si cerrase la puerta al perdón de Dios. Una puerta, en cambio, que debemos mantener abierta: dejemos entrar el perdón de Dios a fin de que podamos perdonar a los demás”.

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“Si yo no soy capaz de perdonar, no soy capaz de pedir perdón. Por ello, Jesús nos enseña a rezar así al Padre: ‘Perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”’.

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“Pedir perdón es otra cosa que pedir disculpas. Pedir perdón implica el reconocimiento de haber pecado. El pecado, en efecto, no es un simple error. El pecado es idolatría, es adorar a los numerosos ídolos que tenemos: el orgullo, la vanidad, el dinero, el yo mismo, el bienestar”.

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“Pedir perdón no es un simple pedir disculpas. No es fácil, así como no es fácil recibir el perdón de Dios: no porque Él no quiera dárnoslo, sino porque nosotros cerramos la puerta no perdonando a los demás”.

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“El Señor hace las cosas sencillamente. Te habla silenciosamente al corazón: la humildad y la sencillez son su estilo”.

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“El Señor desplaza siempre al hombre: las cosas simples, la humildad de Dios, este es el estilo divino, nunca el espectáculo”.

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“El estilo del buen Dios no es hacer espectáculo: Dios actúa en la humildad, en el silencio, en las cosas pequeñas”.

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“Los mundanos pierden el nombre. Son solo un elemento de la multitud acomodada que no necesita nada. No han escuchado a Moisés, porque solo necesitan manifestaciones extraordinarias”.

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“‘Maldito quien confía en el hombre, y busca apoyo en las criaturas, apartando su corazón del Señor’. Es precisamente el perfil del mundano. Su alma es desierta, porque los mundanos, en verdad, están solos con su egoísmo”.

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“Con el corazón mundano no se pueden comprender la carencia y la necesidad de los demás. Y la mundanidad es un pecado sutil, es más que un pecado: es un estado pecaminoso del alma”.

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“La mundanidad transforma las almas, hace perder la conciencia de la realidad: viven en un mundo artificial, hecho por ellos. La mundanidad anestesia el alma. Y por eso, ese hombre mundano no era capaz de ver la realidad”.

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“Jesús prefería mil veces a los pecadores en vez de los hipócritas, quienes dicen: ‘Te agradezco, Señor, porque no soy pecador, porque soy justo’”.

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“El corazón de los hipócritas no pertenece al Señor; pertenece al padre de todas las mentiras, a Satanás. Y este es el fingimiento de la santidad. Es una actitud contra la cual Jesús usó siempre palabras muy claras”.

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“A los hipócritas, a estos astutos, les gusta la vanidad, el orgullo, el poder, el dinero. Y son hipócritas porque fingen convertirse, pero su corazón es una mentira: son mentirosos”.

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“También nosotros somos astutos, como pecadores: siempre encontramos un camino que no es el justo, para aparentar ser más justos de lo que somos: es el camino de la hipocresía”.

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“Dios, ante nuestra conversión, nos da el don de su perdón y perdona generosamente. El Señor lo perdona siempre todo, todo. Pero, si quieres ser perdonado tienes que encaminarte por la senda de hacer el bien”.

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“Conversión significa que estamos llamados a hacer el bien a los más necesitados: la viuda, el huérfano, los enfermos, los ancianos abandonados, de los que nadie se acuerda; pero también los niños que no pueden ir a la escuela o los niños que no saben hacer la señal de la cruz”.

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“Ve adonde están las llagas de la humanidad, adonde hay mucho dolor; y así, haciendo el bien, lavarás tu corazón. Tú serás purificado. Esta es la invitación del Señor”.

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“La suciedad del corazón no se quita como se quita una mancha: vamos a la tintorería y salimos limpios. Se quita con el obrar. La conversión es hacer un camino distinto, otro camino distinto al del mal”.

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“Cuando uno aprende a acusarse a sí mismo es misericordioso con los demás. Y puede decir: ‘¿Pero quién soy yo para juzgarlo, si soy capaz de hacer cosas peores?’”.

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“Si no aprendemos este primer paso de la vida jamás daremos pasos hacia adelante por el camino de la vida cristiana, de la vida espiritual. Porque, precisamente, el primer paso es siempre el de acusarse a sí mismo, incluso sin decirlo: yo y mi conciencia”.

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“El primer paso es la capacidad de acusarse a sí mismo. Esta experiencia suscita algo un poco extraño pero que, al final, nos da paz y salud”.

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“Todos encontramos una excusa para justificarnos de nuestras faltas, de nuestros pecados. Es más, muchas veces somos capaces de poner esa cara de ‘¡yo no lo sé!’, cara de ‘¡yo no lo hice, tal vez será otro!’. En pocas palabras, estamos siempre listos para pasar por inocente”.

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“La capacidad de acusarse a sí mismo es el primer paso para encaminarse como cristiano. En cambio, todos nosotros somos maestros, somos doctores en justificarnos a nosotros mismos con expresiones como: yo no fui, no, no es culpa mía, pues sí, pero no era tanto... Las cosas no son así...”.

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“El amor a Dios y el amor al prójimo forman una unidad y si quieres hacer penitencia, real no formal, debes hacerla ante Dios y también con tu hermano, con el prójimo”.

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“En el momento en que nos detengamos para tomar decisiones, elegir algo, sepamos que el Señor está con nosotros, está a nuestro lado, para ayudarnos. Nunca nos deja caminar solos. Está siempre con nosotros. Incluso en el momento de la elección”.

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“¿Por qué vamos con tanta prisa por la vida, sin saber por qué tipo de camino transitamos? Porque queremos ganar, queremos tener beneficios, queremos tener éxito. Pero, Jesús nos hace pensar: ‘Qué ventajas tiene un hombre que gana el mundo entero, pero se pierde o se arruina a sí mismo?’”.

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“Muchas veces vivimos corriendo, vivimos con prisa, sin darnos cuenta de cómo es el camino; y nos dejamos llevar por las necesidades, por las necesidades del día, pero sin pensar: ‘¿Cómo es mi vida?’”.

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“Siempre tenemos esa costumbre de ir un poco donde va la gente, un poco como todos. Pero, hoy la Iglesia nos dice: ‘Detente y elige’. Es un buen consejo. Y hoy, nos hará bien detenernos y durante la jornada pensar: ¿cómo es mi estilo de vida? ¿Por qué caminos voy?”.

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“El Señor nos ha dado la libertad, una libertad para amar, para caminar por sus caminos. Y de este modo somos libres y podemos elegir. Lamentablemente pero, no es fácil elegir. Es más cómodo vivir dejándose llevar por la inercia de la vida, de las situaciones, de las costumbres”.

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“Si todos nosotros somos capaces de hacer tanto bien somos igualmente capaces también de destruir en lo grande y en lo pequeño, en la familia misma: destruir a los hijos, no dejando crecer a los hijos con libertad, no ayudándolos a crecer bien y así, en cierto modo, anulando a los hijos”.

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“Los discípulos no entendían porque el corazón estaba endurecido por esta pasión, por esta maldad de discutir entre ellos y ver quién era el culpable”.

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“Nosotros tenemos esta posibilidad, esta semilla de destrucción dentro de nosotros. Pero, tenemos también al Espíritu Santo que nos salva. Se trata, por ello, de elegir a partir de las pequeñas cosas”.

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“Del corazón del hombre salen todas las maldades. En efecto, nuestro corazón débil está herido. Está siempre ese deseo de autonomía que lleva a decir: ‘Yo hago lo que quiero y si tengo ganas de hacer esto, lo hago’”.

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“Somos capaces de destruir incluso la fraternidad, como lo demuestra la historia de Caín y Abel en las primeras páginas de la Biblia. Un episodio que, precisamente, destruye la fraternidad, es el inicio de las guerras: los celos, las envidias, tanta codicia de poder, de tener más poder”.

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“El hombre es capaz de destruir lo que ha hecho Dios, cuando le parece que es más poderoso que Dios. Y, así, Dios puede hacer cosas buenas, pero el hombre es capaz de destruirlas todas”.

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“Ponte en camino y conocerás tu identidad, porque tú eres imagen de Dios, estás hecho a semejanza de Dios. Ponte en camino y busca a Dios”.

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“Jesús encuentra gente que tiene miedo de ponerse en camino y que construye una especie de caricatura de Dios. Pero, eso es un carné de identidad falso, porque estos no-inquietos han silenciado la inquietud del corazón: dibujan a Dios con los mandamientos, pero haciendo así se olvidan de Dios”.

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“A veces, en el camino de la vida, no encontramos un sentido a las cosas. Esta misma experiencia la vivió el profeta Jeremías. Él quería quedarse sentado tranquilo y, en cambio, el Señor quería hacerle ver su rostro”.

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“Cuando Job se dejó interpelar por el Señor en la prueba, encontró a Dios. Es este el núcleo de la cuestión: el encuentro con Dios que puede darse solamente poniéndose en camino”.

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“Para caminar se necesita esa inquietud que Dios mismo puso en nuestro corazón y que te lleva adelante a buscarlo”.

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“Quien no se pone en camino, jamás conocerá la imagen de Dios, jamás encontrará el rostro de Dios. Es una lección para todos nosotros: los cristianos sentados, los cristianos inmóviles no conocerán el rostro de Dios. Tienen la presunción de decir: ‘Dios es así, así...’, pero en realidad no lo conocen”.

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“Ponerse en camino significa dejar muchas seguridades, muchas opiniones de cómo es la imagen de Dios, y buscarlo. Significa, en otros términos, dejar que Dios, la vida, nos ponga a prueba, significa arriesgar, porque solamente así se puede llegar a conocer el rostro de Dios, la imagen de Dios”.

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“Nuestro carné de identidad se encuentra en el hecho de que los hombres fueron creados a imagen y semejanza de Dios. Existe solo un modo para encontrar la imagen de Dios, que es mi identidad y consiste en ponerse en camino: Si no nos ponemos en camino, jamás podremos conocer el rostro de Dios”.

***
“Un cristiano que no custodia la creación, que no la hace crecer, es un cristiano a quien no le importa el trabajo de Dios, ese trabajo nacido del amor de Dios por nosotros. Y esta es la primera respuesta a la primera creación: custodiar la creación, hacerla crecer”.

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“¿Cuál sería la alabanza más bella para un apóstol? He aquí la respuesta: ‘Ha sido un obrero del reino, un trabajador del reino’. A hacer que el pueblo vuelva a encontrar al Padre, a llevar la paz al corazón de la gente”.

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“Cuando olvidamos la pobreza, olvidamos el celo apostólico y ponemos la esperanza en estos medios, la Iglesia lentamente cae hacia una ONG y se convierte en una hermosa organización: poderosa pero no evangélica, porque falta ese espíritu, esa pobreza, esa fuerza de sanar”.

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“Esta es la misión de la Iglesia: curar las heridas del corazón, abrir puertas, liberar, decir que Dios es bueno, que Dios lo perdona todo, que Dios es padre, que Dios es afectuoso, que Dios nos espera siempre”.

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“Algunas veces hablé de la Iglesia como de un hospital de campaña: ¡es verdad! ¡Cuántos heridos hay, cuántos heridos! ¡Cuánta gente necesita que sus heridas sean curadas!”.

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“¿Qué manda hacer a los discípulos? ¿Cuál es su programa pastoral? Sencillamente el de atender, curar, levantar, liberar, expulsar a los demonios: este es el programa sencillo. Que coincide, con la misión de la Iglesia: la Iglesia que atiende, que cura”.

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“El Evangelio es tan rico y tan poderoso que no necesita formar grandes compañías, grandes empresas para ser anunciado. Porque el Evangelio se debe anunciar siendo pobres, y el verdadero pastor es el que va como Jesús: pobre, a anunciar el Evangelio, con ese poder”.

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“Nuestra vida cristiana se mueve en ese marco, entre memoria y esperanza: memoria de todo el camino pasado, memoria de tantas gracias recibidas del Señor; y esperanza, mirando al Señor, que es el único que puede darme la esperanza”.

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“Si nosotros no tenemos la mirada fija en Jesús difícilmente podremos tener esperanza. Tal vez podremos tener optimismo, ser positivos, ¿pero la esperanza?”.

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“Dan pena, hacen mal al corazón tantos cristianos a mitad de camino, tantos cristianos fracasados en este camino hacia el encuentro con Jesús. Y aun partiendo del encuentro con Jesús, a mitad del camino han perdido la memoria del primer amor y no tienen esperanza: están allí...”.

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“Jamás hay que olvidar el primer amor; es más, se necesita siempre traer a la memoria ese primer amor. Por eso, a la pregunta ‘¿Cómo sigo adelante?’, la respuesta es: ‘Con la esperanza’”.

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“Un cristiano tibio no sabe quién es el que llama a la puerta y la abre, diciendo: ‘¡Adelante!’. Pero, Jesús dice que el final de esa alma es incluso peor que su comienzo”.

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“San Pedro, en su segunda carta, usa la imagen del perro que vuelve a su propio vómito. Esta imagen representa bien a un cristiano tibio que va más allá del primer amor, como si ese amor jamás hubiese existido”.

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“Los cristianos tibios perdieron también la paciencia, ese tolerar las cosas de la vida con el espíritu del amor de Jesús; ese cargar sobre los hombros las dificultades. He aquí por qué, los cristianos tibios, pobrecillos, están en grave peligro”.

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“La memoria es tan importante para recordar la gracia recibida. De hecho, si nosotros dejamos de lado este entusiasmo que viene de la memoria del primer amor, se hace presente ese peligro tan grande para los cristianos: la tibieza”.

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“El primer criterio para custodiar el don de la salvación es no perder la memoria de esos primeros días caracterizados por un cierto entusiasmo: el día del encuentro con Jesús. Sobre todo no perder la memoria del primer amor”.

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“La salvación es un don que nos da el Señor: no se compra ni se puede obtener con el estudio, porque es siempre un don, un regalo. Pero la auténtica pregunta es esta: ¿Cómo custodiar esta salvación? ¿Cómo hacer para que esta salvación permanezca en nosotros y dé fruto?”.

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“Cuando en un grupo se habla de muchas cosas y no se nos da fuerza mutuamente, se termina por disertar del grupo grande para hacer pequeños grupitos de elite. En cambio, Dios nos salva en un pueblo, no en las elites que hemos hecho nosotros con nuestras filosofías o nuestro modo de entender la fe”.

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“Los criterios para reconocer si yo estoy en mi parroquia, en mi grupo, en mi familia, si soy un verdadero hijo de la Iglesia, hijo de Dios, salvado por Jesús, en su pueblo son: si hablo de la fe, si hablo de la esperanza, si hablo de la caridad”.

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“Privatizar la fe es un error muy grande. Es lo que llamamos y que vemos: las elites eclesiales. Sucede cuando en el pueblo de Dios se crean estos grupitos que piensan ser buenos cristianos, pero son grupitos que han privatizado la salvación”.

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“He ahí el error: cada uno busca su propia salvación, no la salvación de todos, la salvación del pueblo. Sin embargo, Jesús ha salvado a cada uno, pero en un pueblo, en una Iglesia”.

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“La privatización de la salvación es un camino equivocado”.

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“Existe el peligro de olvidar que el Señor nos ha salvado individualmente, pero en un pueblo, porque el Señor siempre salva en el pueblo”.

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“Jesús nos ha salvado a todos, pero no en general. Todos, cada uno, con nombre y apellido. Y esta es la salvación personal: cada uno de nosotros puede decir para mí, porque el Señor me ha mirado, ha dado su vida para mí, ha abierto esta puerta, esta vía nueva para mí”.

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“Si es verdad que Jesús ha inaugurado una vía nueva y viva y nosotros debemos seguirla, es también verdad que debemos seguirla como el Señor quiere, según la forma que Él quiere. Y un modelo equivocado es justo el de quienes tienden a privatizar la salvación”.

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“La grandeza del misterio de Dios solo se conoce en el misterio de Jesús, y el misterio de Jesús es precisamente un misterio de abajarse, de anonadarse, de humillarse, y trae la salvación a los pobres, a quienes son aniquilados por muchas enfermedades, pecados y situaciones difíciles”.

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“Jesús vino precisamente para los marginados: Él se margina, no considera un valor innegociable ser igual a Dios. En efecto, se humilló a sí mismo, se anonadó. Él se marginó, se humilló para darnos el misterio del Padre y el suyo”.

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“Es verdad, que la realidad es fea: hay muchos pueblos que sufren; muchas guerras, mucho odio, mucha envidia, mucha mundanidad espiritual y mucha corrupción. Pero todo esto caerá. He aquí por qué debemos pedir al Señor la gracia de estar preparados para el banquete que nos espera, con la cabeza siempre en alto”.

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“Cuando pensemos en el fin de nuestra vida, en el fin del mundo con todos nuestros pecados, con toda nuestra historia, pensemos en el banquete que se nos dará gratuitamente y alcemos la cabeza. Por ello, sin abatimiento sino con esperanza”.

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“Si Babilonia cae por corrupción, Jerusalén cae por distracción, por no recibir al Señor que viene a salvarla. En concreto, no se sentía necesitada de la salvación”.

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“Babilonia es así el símbolo de toda sociedad, de toda cultura, de toda persona alejada de Dios; también alejada del amor al prójimo, que termina por pudrirse, por pudrirse en sí misma. Y, al final, esta Babilonia cae por espíritu de mundanidad, cae por corrupción, se aleja del Señor”.

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“La peor corrupción es el espíritu de mundanidad. Jesús había pedido mucho al Padre que guardara a sus discípulos del mundo, del espíritu del mundo, que te hace sentir como en el paraíso aquí, pleno, abundante. En cambio, dentro, esa cultura corrupta es una cultura putrefacta: muerta”.

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“La corrupción te da algo de felicidad, te da poder y también te hace sentir satisfecho de ti mismo; pero no deja espacio para el Señor, para la conversión”.

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“Cuando la Iglesia es humilde y pobre, y también cuando confiesa sus miserias la Iglesia es fiel. Es como si ella dijera: Yo soy oscura, pero la luz me viene de allí”.

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“La gran virtud de la Iglesia debe ser precisamente la de no brillar con luz propia, sino reflejar la luz que viene de su Esposo. Tanto más que a lo largo de los siglos, cuando la Iglesia quiso tener luz propia, se equivocó”.

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“Jesús sigue llamando a la puerta de cada uno de nosotros y de su Iglesia, de los pastores de la Iglesia. Y si la puerta de nuestro corazón, de la Iglesia, de los pastores no se abre, el Señor llora, también hoy, como lo hizo sobre Jerusalén, sola, un tiempo rica en pueblo, viuda”.

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“Hoy, nosotros los cristianos, que conocemos la fe, el catecismo, que vamos a misa todos los domingos, nosotros los cristianos, nosotros los pastores, ¿estamos contentos de nosotros mismos?... El riesgo es ya sentirse satisfechos porque lo tenemos todo acomodado y no necesitamos nuevas visitas del Señor”.

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“La cruz es el precio para hacernos ver el amor de Jesús, lo que lo lleva a llorar, a llorar también hoy, muchas veces, por su Iglesia”.

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“Todos nosotros tenemos miedo: no de la alegría, sino más bien de la alegría que trae el Señor, porque no podemos controlarla”.

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“Nosotros estamos seguros en las cosas que podemos gestionar. Pero la visita del Señor, sus sorpresas, no podemos gestionarlas. Y Jerusalén tenía miedo de esto: ser salvada por el camino de las sorpresas del Señor. Tenía miedo del Señor, de su esposo, de su amado”.

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“El llanto de Jesús sobre su ciudad elegida es también el llanto sobre su Iglesia y sobre nosotros. Pero ¿por qué Jerusalén no había recibido al Señor? Porque estaba tranquila con lo que tenía, no quería problemas”.

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“Aún hoy Jesús sigue llamando a la puerta, como llamó a la puerta del corazón de Jerusalén: a la puerta de sus hermanos, de sus hermanas; a nuestra puerta, a la puerta de nuestro corazón, a la puerta de su Iglesia”.

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“La cerrazón hace llorar a Jesús; la cerrazón del corazón de su elegida, de la ciudad elegida, del pueblo elegido, que no tenía tiempo para abrirle la puerta porque estaba demasiado ocupada, demasiado satisfecha de sí misma”.

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“Es hermoso reconocer la gracia con la que Dios nos bendice y, aún más, encontrar en otros cristianos algo de lo que necesitamos, algo que podemos recibir como un don de nuestros hermanos y de nuestras hermanas”.

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“A pesar del sufrimiento de las divisiones, que lamentablemente aún permanecen, alegrémonos sinceramente por las gracias que Dios concede a otros cristianos. Tenemos el mismo Bautismo, el mismo Espíritu Santo que nos dio la Gracia: reconozcámoslo y alegrémonos”.

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“Las divisiones debilitan la credibilidad y la eficacia de nuestro compromiso de evangelización y amenazan con vaciar la Cruz de su poder”.

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“El nombre de Cristo crea comunión y unidad, no división. Él vino para crear comunión entre nosotros, no para dividirnos”.

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“Ciertamente Cristo no estuvo dividido. Pero debemos reconocer sinceramente y con dolor que nuestras comunidades siguen viviendo divisiones que son un escándalo. Las divisiones entre nosotros cristianos son un escándalo”.

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Nadie se salva solo. Somos comunidad de creyentes, somos Pueblo de Dios y en esta comunidad experimentamos la belleza de compartir la experiencia de un amor que nos precede a todos, pero que al mismo tiempo nos pide ser ‘canales’ de la gracia los unos para los otros”.

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“Existe un vínculo indisoluble entre la dimensión mística y la dimensión misionera de la vocación cristiana, ambas radicadas en el Bautismo”.

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“El Pueblo de Dios es un Pueblo discípulo –porque recibe la fe– y misionero –porque transmite la fe–. Y esto hace el Bautismo en nosotros: nos dona la Gracia y transmite la fe”.

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“En virtud del Bautismo nos convertimos en discípulos misioneros, llamados a llevar el Evangelio al mundo. La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de todos, de todo el pueblo de Dios, un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados”.

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“Como de generación en generación se transmite la vida, así también de generación en generación, a través del renacimiento en la fuente bautismal, se transmite la gracia, y con esta gracia el Pueblo cristiano camina en el tiempo, como un río que irriga la tierra y difunde en el mundo la bendición de Dios”.

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“El Bautismo nos convierte en miembros del Cuerpo de Cristo y del Pueblo de Dios. En la escuela del Concilio Vaticano II, decimos hoy que el Bautismo nos hace entrar en el Pueblo de Dios, nos convierte en miembros de un Pueblo en camino, un Pueblo que peregrina en la historia”.

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“En la historia, siempre uno bautiza a otro y el otro al otro... es una cadena. Una cadena de Gracia. Pero yo no puedo bautizarme a mí mismo: debo pedir a otro el Bautismo. Es un acto de fraternidad, un acto de filiación en la Iglesia”.

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“Nadie puede bautizarse por sí mismo. Podemos pedirlo, desearlo, pero siempre necesitamos a alguien que nos confiera en el nombre del Señor este Sacramento. Porque el Bautismo es un don que viene dado en un contexto de solicitud y de compartir fraterno”.

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“Debemos despertar la memoria de nuestro Bautismo. Estamos llamados a vivir cada día nuestro Bautismo, como realidad actual en nuestra existencia”.

***
“No es lo mismo una persona bautizada o una persona no bautizada. Nosotros, con el Bautismo, somos inmersos en esa fuente inagotable de vida que es la muerte de Jesús, el más grande acto de amor de toda la historia; y gracias a este amor podemos vivir una vida nueva, en la comunión con Dios y con los hermanos”.

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“La verdad es que no siempre tenemos el valor de creer en la palabra de Dios, de recibir esa Palabra que nos cura dentro y por la cual el Señor llama a la puerta de nuestro corazón”.

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“¿Cristianos de corazón? Todos. ¿Cristianos de alma? Todos. Pero, ¿cristianos de bolsillo? Pocos”.

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“En Zaqueo inmediatamente el corazón cambió, se convirtió, y pronunció su palabra auténtica: ‘He aquí, Señor, yo doy la mitad de lo que poseo a los pobres, y si he robado a alguien restituyo cuatro veces más’. Esta es una regla de oro. Cuando la conversión llega a los bolsillos, es segura”.

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“La Palabra de Dios entró en el corazón de Zaqueo. El Evangelio de san Lucas relata que él bajó de prisa y lo acogió lleno de alegría: es decir, acogió la Palabra de Dios, que era Jesús”.

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“El Espíritu Santo es astuto y sembró la semilla de la curiosidad; Zaqueo para ver a Jesús hizo un poco el ridículo: subió a un árbol para ver una procesión. Es un poco ridículo comportarse así. Sin embargo, él hizo precisamente eso, no tuvo vergüenza. ‘Yo quiero verlo’”.

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Se necesita hacer atención a la tentación de repetirse: si parece que todo está bien, no tengo nada que reprocharme: Atención, porque los cristianos de apariencia… ¡Están muertos! Se necesita en cambio convertirse: de las apariencias a la realidad. De la tibieza al fervor”.

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“El Señor no ahorra palabras a estos cristianos cómodos, lo dice todo, y de frente. En la Escritura se lee también: ‘Porque eres tibio estoy a punto de vomitarte de mi boca’”.

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“La comodidad espiritual es un estado de pecado. En el Apocalipsis se lee: ‘Tú dices: Yo soy rico, me he enriquecido, y no tengo necesidad de nada, y no sabes que tú eres desgraciado, digno de lástima, un pobre, ciego y desnudo’”.

***
“Convertirse no es un acto de voluntad; no se piensa: ‘Ahora me convierto, me conviene...’, o bien: ‘Debo hacerlo...’. No, la conversión es una gracia, es una visita de Dios: es el Hijo de Dios que viene a buscar y a salvar, es Jesús que llama a nuestra puerta, al corazón, y dice: ‘Ven’”.

***
“Pidamos la gracia de ser pueblo fiel de Dios, sin pedir al Señor ningún privilegio que nos aleje del pueblo de Dios”.

***
“La visión bíblica y cristiana del tiempo y de la historia no es cíclica, sino lineal: es un camino que va hacia una realización. Un año que pasó, por lo tanto, no nos conduce a una realidad que termina sino a una realidad que se cumple, es un ulterior paso hacia la meta que está delante de nosotros”.

***
“Ya no habrá otra nueva revelación, sino la manifestación plena de lo que Jesús ya ha revelado. En este sentido estamos en la última hora; cada momento de nuestra vida no es provisional, es definitivo, y cada una de nuestras acciones está llena de eternidad”.

***
“Con la venida de Dios en la historia estamos ya en los tiempos últimos, después de los cuales el paso final será la segunda y definitiva venida de Cristo. Con Jesús vino la plenitud del tiempo, plenitud de significado y plenitud de salvación”.

***
“En esta Noche compartamos la alegría del Evangelio: Dios nos ama, nos ama tanto que nos ha dado a su Hijo como nuestro hermano, como luz para nuestras tinieblas. El Señor nos dice una vez más: ‘No teman’. Como han dicho los ángeles a los pastores: ‘No teman’”.

***
“Los pastores fueron los primeros que vieron esta tienda, que recibieron el anuncio del nacimiento de Jesús. Fueron los primeros porque eran de los últimos, de los marginados. Y fueron los primeros porque estaban en vela aquella noche, guardando su rebaño”.

***
“En Jesús ha aparecido la gracia, la misericordia, la ternura del Padre: Jesús es el Amor hecho carne. No es solamente un maestro de sabiduría, no es un ideal al que tendemos y del que nos sabemos por fuerza distantes, es el sentido de la vida y de la historia que ha puesto su tienda entre nosotros”.

***
“En esta noche, como un haz de luz clarísima, resuena el anuncio del Apóstol: ‘Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres’. La gracia que ha aparecido en el mundo es Jesús. Él ha venido a nuestra historia, ha compartido nuestro camino. Ha venido para librarnos de las tinieblas y darnos la luz”.

***
“Somos un pueblo en camino, y a nuestro alrededor –y también dentro de nosotros– hay tinieblas y luces. Y en esta noche, cuando el espíritu de las tinieblas cubre el mundo, se renueva el acontecimiento que siempre nos asombra y sorprende: el pueblo en camino ve una gran luz”.

***
“Cuán importante es repetir en estos días aquellas hermosas antífonas que la Iglesia nos propone rezar: ‘Oh Hijo de David, oh Adonai, oh Sabiduría, oh Raíz de Jesé, oh Emanuel, ven a darnos vida, ven a salvarnos, porque Tú solo puedes, yo por mí mismo no puedo’”.

***
“En las palabras de los profetas está la imagen del desierto: la tierra desierta, incapaz de hacer crecer un árbol, un fruto, de hacer brotar algo. Y, sin embargo, el desierto será como una selva. Los profetas dicen: será grande, florecerá”.

***
“La vida, la capacidad de dar vida y salvación, vienen solamente del Señor y no del hombre, que no tiene la humildad de reconocerle y pedirle ayuda”.

***
“Que nunca entremos en este microclima de los discípulos eclesiásticos privilegiados que se alejan de la Iglesia de Dios que sufre, que pide salvación, que pide fe, que pide la palabra de Dios”.

***
“Cuando Dios se detiene, lo hace siempre con misericordia y justicia, pero también, algunas veces, lo hace con ira”.

***
“El Señor hace que los discípulos giren la cabeza hacia las periferias que sufren. Como si dijese: ‘No me miréis solo a mí. Sí, me tenéis que mirar, pero no solo a mí. Miradme también en los demás, en los necesitados’”.

***
“Se trata de una tentación de los discípulos: olvidar el primer amor, es decir, olvidar también las periferias, donde yo estaba antes. Es una actitud que puede resumirse en la expresión: ‘Señor este huele mal, no hagas que venga a ti’. Pero la respuesta del Señor es clara: ‘¿Y tú no olías mal cuando te he besado?’”.

***
“Cuando en la Iglesia los fieles, los ministros, se convierten en un grupo de privilegio, de cercanía al Señor, tienen la tentación de olvidar el primer amor. Ese amor tan bello que todos nosotros hemos tenido cuando el Señor nos ha llamado, nos ha salvado, nos ha dicho: ‘Te quiero tanto’”.

***
“De tanto mirar al Señor sucede que no miramos las necesidades del Señor: no miramos al Señor que tiene hambre, que tiene sed, que está en prisión, que está en el hospital. En realidad, no miramos al Señor en el marginado y este clima hace tanto mal”.

***
“Es importante reconocer bien nuestra actitud frente a los muchachos. En efecto, todos nosotros tenemos una responsabilidad de dar lo mejor que tenemos, y lo mejor que tenemos es la fe: dársela a ellos, pero darla con el ejemplo. En este mundo de la imagen las palabras no sirven”.

***
“Un cristiano tiene que cuidar de los niños y transmitir la fe, transmitir lo que vive, lo que está en su corazón. ¡No podemos ignorar las plantas que crecen!”.

***
“Es parte del Reino de Dios también el sufrimiento, la cruz, la cruz cotidiana de la vida, la cruz del trabajo, de la familia, la cruz de llevar adelante bien las cosas”.

***
“Justamente la cercanía es una de las características del Reino. Cercanía quiere decir también todos los días. Por eso Jesús aleja de la mente de los discípulos una imagen espectacular del Reino de Dios”.

***
“Al opuesto del espectáculo hay la perseverancia de tantos cristianos, que llevan adelante su familia: hombres, mujeres que se ocupan de sus hijos, cuidan a los abuelos y llegan a fin de mes solo con medio euro, pero rezan. Ahí está el Reino de Dios, escondido, en esa santidad de todos los días”.

***
“El Señor jamás dice que el Reino de Dios es un espectáculo. ¡Es una fiesta! Pero es diferente. Es fiesta, ciertamente, es bellísima. Una gran fiesta. Y el Cielo será una fiesta, pero no un espectáculo. Y nuestra debilidad humana prefiere el espectáculo”.

***
“El Reino de Dios no es un espectáculo. El espectáculo, tantas veces es la caricatura del Reino de Dios. En cambio el Reino de Dios es silencioso, crece dentro. Lo hace crecer el Espíritu Santo con nuestra disponibilidad, en nuestra tierra, que nosotros debemos preparar”.

***
“En la vida debemos luchar mucho contra la pereza que lleva a la comodidad y hace prestar un servicio por la mitad; y la tentación de adueñarnos de la situación, que lleva a la soberbia, al orgullo, a tratar mal a la gente, a sentirse importantes”.

***
“Existe otra ocasión que aleja de la actitud de servicio, y es la de adueñarse de las situaciones. Lo mismo sucede a los cristianos que en lugar de servidores se convierten en dueños: dueños de la fe, dueños del reino, dueños de la salvación. Esta es una tentación para todos los cristianos”.

***
“Cuando digo servicio, lo digo todo: servicio a Dios en la adoración, oración y alabanzas, servicio al prójimo y servicio hasta las últimas consecuencias. En esto, Jesús es fuerte y recomienda: ‘Así también vosotros, cuando habréis hecho todo lo que se os haya ordenado, diréis: somos siervos inútiles’”.

***
“La pereza nos aleja del servicio y nos conduce a la comodidad, al egoísmo. Muchos cristianos son así: son buenos, van a misa, pero en lo que se refiere al servicio se arriesgan hasta cierto punto”.

***
“Un cristiano que recibe el don de la fe en el bautismo, pero luego no lo lleva por el camino del servicio, se convierte en un cristiano sin fuerza, sin fecundidad, un cristiano para sí mismo, para servirse a sí mismo, para procurar ventajas para sí mismo”.

***
“Sin la fe, nunca podré llevar adelante una vida sin escandalizar y una vida de perdón”.

***
“La fe es un regalo. Nadie con los libros o participando en conferencias puede tener la fe. Por lo demás, precisamente porque la fe es un regalo de Dios que te es dado, los apóstoles pidieron a Jesús: ‘Aumenta nuestra fe’”.

***
“Necesitamos la fe de un Padre misericordioso, de un Hijo que dio la vida por nosotros, de un Espíritu que está dentro de nosotros y nos ayuda a crecer, la fe en la Iglesia, la fe en el pueblo de Dios, bautizado, santo”.

***
“Sin la fe no se puede vivir sin escandalizar y siempre perdonando. Necesitamos la luz de la fe, esa fe que hemos recibido”.

***
“La lógica humana, que te lleva a no perdonar, a la venganza, te conduce al odio, a la división. Por esta razón es tan importante pensar en esto: si yo no perdono no tengo, parece que no tendría, derecho a ser perdonado o no comprendí lo que significa que el Señor me haya perdonado”.

***
“Jesús, en el Evangelio, habla del perdón y nos aconseja que no nos cansemos de perdonar. ¿Por qué? Porque yo he sido perdonado. En efecto, el primer perdonado en mi vida soy yo. Por esto no tengo derecho a no perdonar: estoy obligado, por el perdón recibido, a perdonar a los demás”.

***
“Un cristiano que no es capaz de perdonar escandaliza: no es cristiano”.

***
“El escándalo destruye, destruye la fe. Y es por esto por lo que Jesús es tan firme y repite: ‘¡Estad atentos, estad atentos!’ Esta exhortación de Jesús nos hará bien repetirla hoy: Estad atentos a vosotros mismos. Porque todos somos capaces de escandalizar”.

***
“Cuando un cristiano o una cristiana, que va a la iglesia, que va a la parroquia, no vive según lo que dice y profesa, escandaliza”.

***
“¡Cuánto mal hacen al pueblo de Dios los escándalos de los sacerdotes, cuánto mal! La Iglesia sufre mucho por esto”.

***
“Nosotros debemos preguntarnos: ¿Yo escandalizo?”.

***
“El escándalo es decir y profesar un estilo de vida –‘soy cristiano’– y después vivir como un pagano que no cree en nada. Y esto provoca escándalo porque falta el testimonio: la fe profesada es vida vivida”.

***
“¡Ay de quien escandaliza a uno de estos pequeños, al pueblo de Dios; a los débiles en la fe, a los niños, a los jóvenes, a los ancianos que han vivido toda una vida de fe! ¡Ay de quien escandaliza a estos! ¡Mejor morir!”.

***
“Pidamos al Señor la gracia de enviarnos el Espíritu Santo para seguirlo con rectitud de intención: solo por Él, sin vanidad, sin deseo de poder, y sin deseo de dinero”.

***
“¿Cómo sigo yo a Jesús? ¿Hay vanidad en mi seguimiento de Jesús? ¿Hay deseo de poder? ¿Hay deseo de dinero? ¿Lo sigo solo por Él? Y este es el camino de la santidad. ¿O lo sigo por Él pero también para tener alguna ventaja para mí? Y esto no es cristiano”.

***
“Hemos conocido muchos buenos católicos que se presentaban como bienhechores de la Iglesia, pero acumulaban mucho dinero y no siempre era dinero limpio”.

***
“La tercera cuestión que nos aleja de la rectitud de intención es el dinero. Están, en efecto, los que siguen a Jesús por el dinero y con el dinero. Buscan aprovecharse económicamente de la parroquia, de la diócesis, de la comunidad cristiana, del hospital, del colegio...”.

***
“En nuestra vida cristiana, sin embargo, el pecado permanece. Y por ello nos hará bien hacernos la pregunta: ¿cómo sigo yo a Jesús? ¿Solo por Él, incluso hasta la cruz, o busco el poder y uso a la Iglesia, a la comunidad cristiana, a la parroquia, a la diócesis para tener un poco de poder?”.

***
“Jesús reprocha a quien busca el poder. Algunos siguen a Jesús porque inconscientemente buscan el poder. En la Iglesia hay trepadores, y son muchos... Pero sería mejor, que fuesen hacia el norte e hicieran alpinismo. Y más sano. Pero no vengan a la Iglesia para trepar”.

***
“Un pastor que es vanidoso no hace bien al pueblo de Dios”.

***
“Algunas veces también nosotros hacemos cosas buscando sobresalir por vanidad. Pero, la vanidad es peligrosa porque puede hacernos resbalar hacia el orgullo, la soberbia. Y cuando sucede esto, todo se acaba. Por ello, siempre debemos preguntarnos: ¿Las cosas buenas que hago, las hago para que me vean?”.

***
“En mi seguimiento de Jesús ¿busco algo que no es precisamente Jesús? ¿Tengo rectitud de intención o no?”.

***
“Cuando se paga para esconder la verdad, estamos en una maldad muy grande”.

***
“Jesús habla, predica, ama, acompaña, camina con la gente. Es manso, humilde. Hasta tal punto que cuando la gente, dejándose llevar un poco por el entusiasmo quiere hacerlo rey, Él los detiene. Y les dice: ¡no, esto no! Y se marcha. Jesús, así, ayudaba verdaderamente a su pueblo”.

***
“¿Qué lugar ocupan los pobres entre nosotros? Al respecto se debe hacer un examen de conciencia que se puede subdividir en dos partes: ¿Cuál es tu actitud, o la actitud de esta comunidad hacia los pobres?; y después, ¿es pobre esta comunidad? ¿Pobre de corazón y pobre de espíritu?”.

***
“Es necesario dar testimonio de que Jesús está vivo, entre nosotros: solo así se puede verificar cómo va una comunidad”.

***
“La paz en una comunidad, en efecto, es una peculiaridad muy importante. Tan importante porque el demonio trata de dividirnos, siempre. Es el padre de la división; con la envidia, divide. Jesús nos hace ver este camino, el camino de la paz entre nosotros, del amor entre nosotros”.

***
“Es necesario construir un clima en el que reine la paz y la armonía. ‘Tenía un solo corazón y una sola alma...’. Esto significa que en esa comunidad no había espacio para las murmuraciones, las envidias, las calumnias, las difamaciones, sino solo para la paz. Porque el perdón, el amor, lo cubría todo”.

***
“Es necesario superar el miedo a la alegría. Como los discípulos que, quemados con el drama de la cruz, dijeron: no, ¡detengámonos aquí! Él está en el cielo, está muy bien así, ha resucitado, pero que no venga otra vez aquí, ¡porque ya no podemos más!”.

***
“Hay muchos cristianos cuya vida parece un funeral permanente. Cristianos que se mueven mejor en la sombra que en la luz de la alegría. Precisamente como esos animales que logran salir solamente de noche, pero que a la luz del día no ven nada. ¡Como los murciélagos!”.

***
“Todos somos tentados porque la ley de nuestra vida espiritual, de nuestra vida cristiana, es una lucha. Y lo es en consecuencia del hecho de que el príncipe de este mundo no quiere nuestra santidad, no quiere que sigamos a Cristo”.

***
“He aquí por qué, se debe estar atentos, cuando en nuestro corazón sintamos algo que acabará llevándonos a la mundanidad, al pecado. Se debe estar atentos porque, si no detenemos a tiempo ese hilo de agua, cuando crece y contagia llega a ser una marea tal que llevará a justificarnos del mal”.

***
“También nosotros, cuando somos tentados, vamos por este mismo camino. Tenemos una tentación que crece y contagia a otro. Basta pensar en las habladurías: si tenemos un poco de envidia por aquella persona, no la mantenemos dentro, sino que la compartimos, hablando mal alrededor”.

***
“El demonio sigue la táctica de la seducción: habla como si fuera un maestro espiritual, como si fuera un consejero. Pero, si se rechaza la tentación, luego esta crece y vuelve más fuerte. Jesús advierte que, cuando se rechaza al demonio, él da vueltas y busca algunos compañeros y vuelve con esta banda”.

***
“La tentación del demonio tiene tres características. Ante todo la tentación comienza levemente, pero crece, siempre crece. Luego contagia a otro: se transmite a otro, trata de ser comunitaria. Y, al final, para tranquilizar el alma, se justifica”.

***
“Jesús luchó con el demonio que lo tentó muchas veces, y sintió en su vida las tentaciones y también las persecuciones. Así también nosotros cristianos debemos conocer bien esta verdad: también nosotros somos tentados, también nosotros somos objeto del ataque del demonio”.

***
“El diablo existe también en el siglo XXI, y debemos aprender del Evangelio cómo luchar contra él. Para hacerlo se deben conocer sus estrategias para las tentaciones, que siempre tienen tres características: comienzan despacio, luego crecen por contagio y al final encuentran la forma para justificarse”.

***
“Incluso hoy existe la idolatría del pensamiento único. Hoy se debe pensar así y si tú no piensas así no eres moderno, no eres abierto”.

***
“Ante la mente cerrada, según Jesús, no es posible convencer, no es posible dar un mensaje de novedad. La terquedad de los interlocutores de Jesús, sin embargo, es algo más que una simple testarudez. No, es algo más. Es la idolatría del propio pensamiento: yo lo pienso así, esto debe ser así y nada más”.

***
“Cuando el corazón y la mente están cerrados, estamos solo nosotros y, por lo demás, convencidos al decir que se debe hacer solo lo que yo creo, seguros, además, de hacer exactamente lo que dicen los mandamientos. Pero, los mandamientos conducen a una promesa y los profetas despiertan esta promesa”.

***
“He aquí, el drama del corazón cerrado, el drama de la mente cerrada. Y cuando el corazón está cerrado, este corazón cierra la mente. Y cuando corazón y mente están cerrados, no hay sitio para Dios”.

***
“Para los cristianos siempre habrá persecuciones, incomprensiones. Pero hay que afrontarlas con la certeza de que Jesús es el Señor y este es el desafío y la cruz de nuestra fe”.

***
“El camino de quienes siguen al Señor termina siempre como para el Señor, con una resurrección, pero pasando por la cruz. Así, pues, no tener miedo a las persecuciones, a las incomprensiones, incluso si por causa de ellas siempre se pierden muchas cosas”.

***
“Aún hoy los cristianos están perseguidos. Tanto que me atrevo a decir que puede ser que haya tantos o más mártires que en los primeros tiempos. Y están perseguidos porque a esta sociedad mundana, a esta sociedad tranquila que no quiere problemas, le dicen la verdad y anuncian a Jesucristo”.

***
“La historia nos da testimonio que todas las personas a quienes el Espíritu Santo elige para decir la verdad al pueblo de Dios sufren persecuciones”.

***
“En la Iglesia están los perseguidos desde fuera y los perseguidos desde dentro. Los santos mismos han sido perseguidos. En efecto, cuando leemos la vida de los santos nos encontramos ante muchas incomprensiones y persecuciones. Porque, siendo profetas, decían cosas que resultaban demasiado duras”.

***
“Los profetas son todos perseguidos, no compresos, dejados a parte: no se les da espacio. Y esta es una realidad que no ha terminado con la muerte y resurrección de Jesús, sino ha continuado en la Iglesia”.

***
“Es la misma actitud de siempre: desacreditan al Señor, desacreditan al profeta para quitarle autoridad. Desacreditan a Jesús, porque él salía y hacía salir de aquel ambiente religioso cerrado, de aquella jaula. Y el profeta lucha contra las personas que enjaulan al Espíritu Santo”.

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“Es un hecho que en toda la historia de la salvación, los profetas han sido perseguidos. En efecto el profeta es un hombre que dice: pero ustedes se han equivocado de camino, volved al camino de Dios. Esto es el mensaje de un profeta”.

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“Tender insidias significa hacer un trabajo de calumnias. No pueden aceptar que haya un hombre justo que, afirma el Antiguo Testamento, se opone a nuestro modo de actuar, nos reprocha las faltas contra la ley y nos echa en cara las transgresiones contra la educación recibida”.

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“Cuando rezamos a Dios, no es un diálogo entre dos, porque siempre en toda oración está el Espíritu Santo. Por lo tanto, no se puede rezar sin el Espíritu Santo: es Él quien reza en nosotros, es Él quien nos cambia el corazón, es Él quien nos enseña a decir a Dios ‘Padre’”.

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“La oración necesita y requiere tiempo. En efecto, rezar es también negociar con Dios para obtener lo que pido al Señor pero sobre todo para conocerlo mejor. De ello brota una oración como de un amigo a otro amigo. Y así debe ser la oración: libre, insistente, con argumentaciones”.

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“Moisés trata de convencer al Señor, emprendiendo una lucha en la que pone en el centro dos elementos: tu pueblo y mi pueblo”.

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“Moisés habla libremente ante el Señor. Y actuando así nos enseña cómo rezar: sin miedo, libremente, incluso con insistencia. Moisés insiste, es valiente: la oración debe ser así”.

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“Es necesario hablar como un hermano y una hermana, invitando a curarse y luego a no pecar más”.

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“Jesús, no le soluciona la vida: le da la gracia y la gracia lo hace todo”.

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“Existen cristianos hipócritas que no dejan espacio a la gracia de Dios. Tanto que para esta gente la vida cristiana es tener todos los documentos en regla, todos los certificados. Actuando así cierran la puerta a la gracia de Dios”.

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“Lamentablemente, hoy son muchos los cristianos egoístas que cometen el pecado de la acedia contra el celo apostólico, contra las ganas de llevar la novedad de Jesús a los demás; esa novedad que me ha sido donada gratuitamente”.

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“Los cristianos sin celo apostólico no sirven y no hacen bien a la Iglesia”.

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“La enfermedad de la acedia de los cristianos es una actitud paralizante para el celo apostólico y que hace de los cristianos personas inmóviles, tranquilas, pero no en el buen sentido de la palabra: personas que no se preocupan por salir para anunciar el Evangelio, personas anestesiadas”.

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“Existe un tiempo propicio para pensar si estamos en camino o si estamos demasiado inmóviles o bien si nos hemos equivocado de camino o, por último, si somos turistas teologales, como los que dan vueltas por la vida pero que nunca dan un paso hacia adelante”.

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“El Señor nos pide que no nos detengamos, que no nos equivoquemos de camino y que no demos vueltas por la vida. Nos pide que miremos las promesas, que sigamos adelante con las promesas. Y la fe se pone en camino”.

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“Hay otro grupo que es más peligroso porque se engaña a sí mismo. Son los que caminan pero no hacen camino. Son los cristianos errantes: dan vueltas, dan vueltas como si la vida fuese un turismo existencial, sin meta, sin tomar en serio las promesas”.

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“Algunas veces nos hemos equivocado de camino. Pero el problema, no es equivocarse de camino. El problema es no volver cuando uno se da cuenta de que se ha equivocado. Es nuestra condición de pecadores lo que nos hace errar el camino. Caminamos, pero a veces cometemos esta equivocación de camino”.

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“Se puede incluso no caminar en la vida. Contamos con muchos cristianos inmóviles. Tienen una esperanza débil. Sí, creen que existe el cielo pero no lo buscan. Siguen los mandamientos, cumplen los preceptos, pero están inmóviles. Y el Señor no puede sacar levadura de ellos para hacer crecer a su pueblo”.

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“Esta es nuestra vida: creer y ponerse en camino como hizo Abrahán, que confió en el Señor y caminó incluso en momentos difíciles, cuando, por ejemplo, su fe fue probada con la petición del sacrificio del hijo”.

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“Este es nuestro destino: caminar en la perspectiva de las promesas, seguros de que llegarán a ser realidad. Amar tanto estas promesas y buscarlas incluso con el martirio, sabiendo que el Señor es fiel. La esperanza no defrauda nunca”.

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“El Señor no pidió nunca a nadie ir, actuar, sin antes haberle hecho una promesa”.

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“El Señor, antes de pedir algo promete. Y por ello el fundamento principal de la virtud de la esperanza es precisamente fiarse de las promesas del Señor”.

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“Si quieres conocer la ternura de este Padre, ¡ve a Él y prueba! Después, me cuentas. Porque el Dios que nos espera es también el Dios que perdona: el Dios de la misericordia. Y no se cansa de perdonar; somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón”.

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“Nuestro Dios es un Dios que espera. Dios nos ha esperado a todos nosotros, a lo largo de la historia. En efecto, es un Dios que nos espera siempre”.

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“Cuando oímos la palabra que nos invita a la conversión –¡convertíos!–, quizá nos parezca algo fuerte, porque nos dice que tenemos que cambiar de vida. Pero dentro de la palabra conversión está precisamente esta nostalgia amorosa de Dios. Es la palabra apasionada de un Padre que dice a su hijo: vuelve, vuelve, ¡es hora de volver a casa!”.

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“En la dialéctica de la libertad hay el Señor que nos ama. En cambio, en la lógica de la necesidad no hay lugar para Dios: se debe hacer, se debe hacer, se debe… Nos volvemos comportamentales. Hombres de buena educación, pero de malos hábitos. Jesús los llama, ‘sepulcros blanqueados’”.

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“Los hipócritas han rechazado el amor del Señor, y este rechazo les llevó a recorrer un camino que no era el de la dialéctica de la libertad que ofrecía el Señor, sino el de la lógica de la necesidad, donde no hay lugar para el Señor”

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“¿Qué significa el camino de la humildad, de la humillación? Significa sencillamente, decir: ‘Yo soy hombre, yo soy mujer y tú eres Dios’. Y seguir adelante, en presencia de Dios, como hombre, como mujer, en la obediencia y en la docilidad del corazón”.

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“La salvación no se compra ni se vende. Se regala, es gratuita. Y porque nosotros no podemos salvarnos por nosotros mismos, la salvación es un regalo, totalmente gratuita. Para que esta salvación entre en nosotros pide un corazón humilde, un corazón dócil, un corazón obediente, como el de María”.

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“La humildad cristiana no es una virtud que nos hace decir: ‘Yo no sirvo para nada’ y así nos hace esconder la soberbia; en cambio, la humildad cristiana es decir la verdad: ‘Soy pecador, soy pecadora’. Se trata, en esencia, sencillamente de decir la verdad; y esta es nuestra verdad”.

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“Dios no nos encontrará en el centro de nuestras seguridades. No, allí no va el Señor. Nos encontrará en la marginación, en nuestros pecados, en nuestros errores, en nuestras necesidades de ser curados espiritualmente, de ser salvados. Es allí donde nos encontrará el Señor”.

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“No era humilde quien no aceptaba la palabra de Dios, pero decía: sí, la palabra de Dios es esta, pero la interpreto según mi interés. Con este modo de obrar eran soberbios, eran suficientes, eran personas que creían tener todo el poder para cambiar el significado de la palabra de Dios”.

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“Para no matar la palabra de Dios, para no adueñarnos de esta palabra, para ser dóciles, para no enjaular al Espíritu Santo hay dos sencillos caminos: humildad y oración”.

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“Cuando no estamos abiertos a la novedad de la palabra de Dios, cuando no somos obedientes a la palabra de Dios, la palabra de Dios se convierte en algo muerto, encarcelado. Pero desobedecer a la palabra de Dios es como querer afirmar que esta palabra ya no es de Dios: ahora es nuestra”.

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“Nos hará bien preguntarnos: ¿dónde está mi confianza? ¿Está en el Señor o en los ídolos que yo he hecho? ¿Tengo aún un nombre o he comenzado a perder el nombre y me llamo ‘yo’?, con todas las varias declinaciones: mi, conmigo, para mí, solo yo: siempre en el egoísmo, yo”.

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“Esta es la maldición más fuerte para la persona que confía en las posibilidades de los hombres y no en Dios: ¡perder el nombre! Tanto que a la pregunta ‘¿cómo te llamas?’ no responde con su propio nombre sino con la cuenta del numero de tal banco o bien indicando tantas propiedades”.

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“Hay un paso evangélico que cuenta la historia de un hombre que lo tenía todo y no se daba cuenta de que en la puerta de su casa, lleno de llagas, estaba un tal Lázaro. Nosotros sabemos el nombre del vagabundo: se llamaba Lázaro. Pero, ¿cómo se llamaba este hombre, el rico? ¡No tiene nombre!”.

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“¿Por qué es maldito el hombre que confía en el hombre, en sí mismo? Porque esa confianza lo cierra en sí mismo, sin horizontes, sin puertas abiertas, sin ventanas. Termina así por ser un hombre cerrado en sí mismo y no tendrá salvación, porque no puede salvarse a sí mismo”.

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“Nuestro problema es que nuestro corazón es poco de fiar. Y, así, incluso si sabemos que nos equivocamos, de todos modos nos gusta confiar en nosotros mismos o confiar en ese amigo o confiar en esa situación buena que tengo o en esa ideología, favoreciendo la tendencia a decidir nosotros mismos dónde poner nuestra confianza”.

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“Bienaventurado el hombre que edifica su casa sobre la roca, en terreno seguro. En cambio es infeliz quien edifica sobre la arena. Solo en el Señor está nuestra confianza segura: otras confianzas no sirven, no nos salvan, no nos dan vida, no nos dan alegría. Más bien, nos dan muerte, sequía”.

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“El hipócrita se salva por sí mismo, al menos así piensa: mientras la señal que nos hemos acercado al Señor es ocuparnos de los hermanos necesitados”.

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“La señal de que estamos con Jesús es precisamente esta: atender a los hermanos, a los pobres, a los enfermos como el Señor nos enseña en el Evangelio”.

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“¿Cuál es la señal de que estamos en el buen camino? Lo dice la Escritura: socorrer al oprimido, cuidar al prójimo, al enfermo, al pobre, a quien tiene necesidad, al ignorante. Esta es la piedra de toque”.

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“Todos necesitamos ser justificados y el único que nos justifica es Jesucristo. ¿Cuál es la piedra de toque? Lo dice el Señor mismo: ‘Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Dejad de hacer el mal, aprended a hacer el bien’”.

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“El cristiano que piensa que puede salvarse por sí solo es un hipócrita, un cristiano maquillado. ¿Qué hacen los hipócritas? Se maquillan de buenos. Ponen cara de estampa, rezan mirando al cielo, haciéndose ver, se sienten más justos que los demás, despreciando a los demás”.

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“Un corazón grande no se enreda en la vida de los demás, no condena, sino que perdona y olvida, precisamente como Dios ha olvidado y perdonado mis pecados”.

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“La segunda actitud para ser misericordiosos es ampliar el corazón. Precisamente la vergüenza, el arrepentimiento, amplía el corazón pequeñito, egoísta, porque deja espacio a Dios misericordioso para perdonarnos”.

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“La primera actitud para ser misericordiosos es el conocimiento de sí mismo. No se deben encontrar excusas y descargar la culpa sobre los demás”.

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“Hay un signo que tal vez nos ayudará. Se trata de una pregunta: ¿sé acariciar a los enfermos, a los ancianos, a los niños? ¿O he perdido el sentido de la caricia? Los hipócritas no saben acariciar, olvidaron cómo se hace. He aquí, entonces, la recomendación de no avergonzarse de la carne de nuestro hermano: es nuestra carne”.

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“La propuesta de la Iglesia hoy sugiere un auténtico examen de conciencia: ‘¿Me avergüenzo de la carne de mi hermano, de mi hermana?’”.

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“Nuestra perfección, nuestra santidad va adelante con nuestro pueblo, en el cual somos elegidos e introducidos. Y nuestro acto de santidad más grande es precisamente en la carne del hermano y en la carne de Jesucristo”.

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“El Señor da la salvación dentro de un pueblo, en la pertenencia a un pueblo. Pueblo al que nosotros pertenecemos: nuestro pueblo, en el que hemos sido llamados, del cual formamos parte”.

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“Los hipócritas son personas buenas, hacen todo lo que se debe hacer, parecen buenas. Pero son moralistas, moralistas sin bondad, porque han perdido el sentido de pertenencia a un pueblo”.

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“Recibir del Señor el amor de un padre, recibir del Señor la identidad de un pueblo y luego transformarla en una ética significa rechazar ese don de amor”.

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“Los hipócritas han reducido la historia de salvación a una ética. La vida religiosa era para ellos una ética”.

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“Los hipócritas han olvidado que fueron elegidos por Dios en un pueblo, no individualmente. Han olvidado la historia de su pueblo, la historia de salvación, de elección, de alianza, de promesa que viene directamente del Señor”.

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“Esta es nuestra alegría y esta es nuestra fecundidad: ir con Jesús. Otras alegrías no son fecundas, piensan solamente, como dice el Señor, en ganar el mundo entero, pero al final se pierde y se arruina a sí mismo”.

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“El camino a seguir es este: humildad, servicio, ningún egoísmo, sin sentirse importante o adelantarse a los demás como una persona importante: ¡Soy cristiano…! La Imitación de Cristo nos da un consejo bellísimo: ama pasar desapercibido y ser considerado una nulidad”.

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“El estilo cristiano sin cruz no es de ninguna manera cristiano y si la cruz es una cruz sin Jesús, no es cristiana”.

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“Yo les digo que hoy hay más mártires que en los primeros tiempos de la Iglesia. Numerosos hermanos y hermanas nuestros dan testimonio de Jesús y son perseguidos. Este es el camino de Jesús. Pero es un camino gozoso, porque jamás el Señor nos pone a prueba más de lo que podemos soportar”.

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“Vocaciones hay muchas. Debemos rezar para que el corazón de estos jóvenes se pueda vaciar: vaciarse de otros intereses, de otros amores. Para que su corazón llegue a ser libre de la idolatría de la vanidad, de la soberbia, del poder, del dinero”.

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“También hoy son muchos los jóvenes que quieren seguir a Jesús. Pero cuando tienen el corazón lleno de otra cosa, y no son tan valientes para vaciarlo, dan un paso atrás. Y así esa alegría se convierte en tristeza”.

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“Para vivir con coherencia cristiana es necesaria la oración, porque la coherencia cristiana es un don de Dios. Es un don que debemos esforzarnos por pedir, diciendo: Señor, que yo sea coherente. Señor, que no escandalice nunca”.

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“Uno también puede decir: yo soy cristiano. Pero si tú no vives como cristiano, si no piensas y no sientes como cristiano, hay una cierta incoherencia. Todos nosotros cristianos, estamos llamados a dar testimonio de Jesucristo. En cambio, los cristianos que viven ordinaria y comúnmente, con incoherencia, hacen mucho mal”.

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“En todas las cosas de la vida es necesario pensar como cristiano, sentir como cristiano y actuar como cristiano. Esta es la coherencia de vida de un cristiano que, cuando actúa, siente y piensa, reconoce la presencia del Señor”.

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“No se puede comprender a Jesús sin el pueblo de donde proviene, el pueblo elegido de Dios, el pueblo de Israel. Y sin el pueblo que Él llamó en torno a sí: la Iglesia. Es absurdo amar a Cristo sin la Iglesia; escuchar a Cristo pero no a la Iglesia; seguir a Cristo al margen de la Iglesia. Porque Cristo y la Iglesia están unidos”.

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“El encuentro con Jesucristo conduce al testimonio, como destaca el apóstol Santiago en su carta, y remarca que una fe sin obras, una fe que no te implica y no te lleva al testimonio, no es fe. Son palabras. Y nada más que palabras”.

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“He aquí, por lo tanto, las dos realidades contrapuestas: por una parte los que tienen doctrina o saben las cosas y por otra los que tienen fe. Con una certeza: la fe conduce siempre al testimonio. La fe es un encuentro con Jesucristo, con Dios”.

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“No se puede ser cristianos que piensan la fe como un sistema de ideas. Quienes caen en la casuística o en la ideología son cristianos que conocen la doctrina, pero sin fe. Como los demonios. Con la diferencia que aquellos tiemblan, estos no: viven tranquilos”.

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“La casuística es precisamente el sitio adonde van todos los que creen tener fe, pero solo conocen el contenido. Así, cuando encontramos a un cristiano que pregunta solo si es lícito esto o si la Iglesia podría hacer esto, quiere decir que o no tiene fe o es demasiado débil”.

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“Tener fe no es tener un conocimiento: tener fe es recibir el mensaje de Dios que nos trajo Jesucristo, vivirlo y llevarlo adelante”.

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“Podemos recitar el Credo, teóricamente, incluso sin fe. Y hay muchas personas que lo hacen. También los demonios”.

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“Preguntarse qué puede hacer y qué no puede hacer la Iglesia, o bien, qué es lícito y qué no, es caer en la casuística que, junto con la ideología, es el signo de reconocimiento de una persona que conoce de memoria la doctrina y la teología pero sin fe. Porque la fe jamás es abstracta: se testimonia”.

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“Se conoce a Jesús como discípulos por el camino de la vida, siguiéndole a Él. Pero esto no es suficiente, porque conocer a Jesús es un don del Padre: es Él quien nos hace conocer a Jesús”.

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“Conocemos a Jesús como discípulos en el encuentro cotidiano con el Señor: con nuestras victorias y nuestras debilidades. Nos acercamos a Él y le conocemos más profundamente, y tenemos lo que san Pablo llama el sentido de Cristo, la hermenéutica para juzgar todas las cosas”.

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“Para conocer a Jesús, no es necesario un estudio de nociones sino una vida de discípulo. De este modo, caminando con Jesús aprendemos quién es Él, aprendemos esa ciencia de Jesús”.

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“Jesús no solo nos espera para ayudarnos a salir de la tentación, sino que confía en nosotros. Y esta es una gran fuerza, Él nos abre siempre nuevos horizontes, mientras que el diablo con la tentación cierra y hace crecer el ambiente donde se riñe, por lo cual se buscan justificaciones acusándose uno a otro”.

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“La tentación nos cierra todo horizonte y así nos conduce al pecado. Cuando somos tentados, solo la palabra de Dios nos salva. Escuchar esa palabra nos abre el horizonte, porque Él está siempre dispuesto a enseñarnos a cómo salir de la tentación”.

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“Inicialmente, la tentación comienza con un aire tranquilizador, pero luego crece. Después tiene lugar el contagio. La tentación no ama la soledad; por lo tanto, busca a otro para que lo acompañe. Y la tercera característica es la justificación, porque nosotros, hombres, para estar tranquilos nos justificamos”.

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“Cada uno es tentado por las propias pasiones, que lo atraen y lo seducen. Luego, las pasiones engendran, generan el pecado. Y el pecado, una vez cometido, genera la muerte”.

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“La tentación se nos presenta de modo solapado, contagia todo el ambiente que nos rodea, nos impulsa a buscar siempre una justificación. Y al final nos hace caer en el pecado, cerrándonos en una jaula de la cual es difícil salir”.

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“La Carta a los Hebreos dice que el mundo era indigno del pueblo de Dios. Pero hoy podemos decir lo mismo de esta gente de nuestro pueblo: gente que sufre, pero no pierde la alegría de la fe. Es precisamente esta gente, la que lleva adelante a la Iglesia con su santidad de todos los días, de cada día”.

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“Son muchas las personas que sufren y son capaces de llevar adelante la vida con paciencia. No piden un signo, pero saben leer los signos de los tiempos. En cambio, las personas impacientes que presenta el Evangelio querían un signo pero no sabían leer los signos de los tiempos. Por ello no reconocieron a Jesús”.

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“La vida cristiana debe desarrollarse desde esta música de la paciencia, porque fue precisamente la música de nuestros padres: el pueblo de Dios. La música de aquellos que creyeron en la palabra de Dios, que siguieron el mandamiento que el Señor había dado a nuestro padre Abrahán”.

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“Otra tentación de aquellos que no tienen paciencia es la omnipotencia, encerrada en la pretensión: ¡Quiero las cosas de inmediato!”.

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“La persona que no tiene paciencia es una persona que no crece, que permanece en los caprichos de los niños, que no sabe tomar la vida como se presenta, y solo sabe decir: o esto o nada”.

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“Quien no tiene paciencia lo quiere todo inmediatamente, todo de prisa. Y quien no conoce esta sabiduría de la paciencia es una persona caprichosa, que termina comportándose precisamente como los niños caprichosos, quienes dicen: yo quiero esto, quiero aquello, esto no me gusta, y no se contentan nunca con nada”.

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“La paciencia no es resignación, es otra cosa. Paciencia quiere decir, en efecto, soportar sobre los hombros las cosas de la vida, las cosas que no son buenas, las cosas malas, las cosas que no queremos. Y será precisamente esta paciencia la que hará madura nuestra vida”.

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“Demasiada tristeza y también amargura nos llevan a vivir un así llamado cristianismo sin Cristo”.

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“No hacen un favor al Señor en la Iglesia esos cristianos que tienen un tiempo de adagio quejumbroso, que viven siempre así, lamentándose de todo, tristes. Este no es el estilo de un discípulo”.

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“La alegría es el estilo del cristiano. El cristiano no puede caminar sin alegría. Una actitud que hay que mantener siempre, incluso ante los problemas, también con los propios errores y pecados porque está la alegría de Jesús que siempre perdona y ayuda”.

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“Es necesario permanecer como corderos y no convertirse en lobos. Permanecer como cordero, no como tonto, sino cordero. Cordero, con la astucia cristiana, pero siempre cordero. Porque si tú eres cordero Él te defiende. Pero si te sientes fuerte como el lobo, Él no te defiende, te deja solo. Y los lobos te comerán crudo”.

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“El cristiano camina, si hay dificultades va mas allá para anunciar que el Reino de Dios está cerca”.

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“El cristiano es un discípulo del Señor que camina, que va siempre adelante. No se puede pensar en un cristiano quieto. Un cristiano que permanece quieto está enfermo en su identidad cristiana”.

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“En la celebración entramos en el misterio de Dios, en esa senda que nosotros no podemos controlar: solo Él es el único, Él es la gloria, Él es el poder. Pidamos esta gracia: que el Señor nos enseñe a entrar en el misterio de Dios”.

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“La liturgia es tiempo de Dios y espacio de Dios, y nosotros debemos entrar allí, en el tiempo de Dios, en el espacio de Dios y no mirar el reloj. La liturgia es precisamente entrar en el misterio de Dios; dejarnos llevar al misterio y estar en el misterio”.

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“La Misa no se escucha, se participa. Es algo distinto de las otras formas de nuestra devoción. Estas, son representaciones; la Eucaristía es una conmemoración real, es decir, es una teofanía. Dios se acerca y está con nosotros y nosotros participamos en el misterio de la redención”.

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“La Misa no es una representación: es propiamente la Última Cena; es precisamente vivir otra vez la pasión y la muerte redentora del Señor. Es una teofanía: el Señor se hace presente en el altar para ser ofrecido al Padre para la salvación del mundo”.

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“A Misa no se va con el reloj en la mano, como si se debieran contar los minutos o asistir a una representación. Se va para participar en el misterio de Dios”.

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“Un examen de conciencia acerca de nuestro discipulado a través de algunas preguntas: ¿Anunciamos a Jesucristo? ¿Progresamos o no progresamos en nuestra condición de cristianos como si fuese un privilegio? ¿Vamos por el camino de Jesucristo, el camino de la humillación, de la humildad, del abajamiento para el servicio?”.

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“¿Qué herencia dejo yo a los que vienen detrás de mí? ¿Una herencia de vida? La auténtica herencia es nuestro testimonio de cristianos que dejamos a los demás”.

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“Es importante pedir la gracia de morir con esperanza y morir confiándose a Dios. Pero el confiarse a Dios comienza ahora, en las pequeñas cosas de la vida y también en los grandes problemas: confiarse siempre al Señor. De esta manera uno toma este hábito de confiarse al Señor y crece la esperanza”.

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“Pedir la gracia de morir en casa: en la Iglesia. Esta es una gracia y no se compra, porque es un regalo de Dios. Nosotros debemos pedirlo: Señor dame el regalo de morir en casa, en la Iglesia. Aunque fuésemos todos pecadores, no debemos ser ni traidores ni corruptos”.

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“David había pecado: él mismo se llama pecador. Pero jamás se apartó del pueblo de Dios: pecador sí, traidor no. Esta es una gracia: la gracia de permanecer hasta el final en el pueblo de Dios y morir en el seno de la Iglesia, precisamente en el seno del pueblo de Dios”.

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“Es necesario aceptar la penitencia, comprender las razones por las cuales se necesita hacer penitencia, y así saber llorar sobre nuestros errores, sobre nuestros pecados. Por último, no se debe buscar hacer justicia con las propias manos, sino más encomendarse a Dios”.

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“David no se justifica. Es realista. Busca salvar el arca de Dios, a su pueblo. Y hace penitencia subiendo al monte. Por esta razón es un grande: un gran pecador y un gran santo. Cierto cómo vayan juntas estas dos cosas solo Dios lo sabe. Pero esta es la verdad”.

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“En los momentos malos de la vida sucede que, tal vez, en la desesperación uno busca defenderse como puede, incluso usando a Dios y a la gente. En cambio su primera actitud es precisamente la de no usar a Dios y a su pueblo”.

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“La salvación no vendrá de nuestra habilidad, de nuestra astucia, de nuestra inteligencia en hacer negocios. No, la salvación vendrá por la gracia de Dios y del ejercicio diario que hacemos de esta gracia, es decir, la vida cristiana”.

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“David había perdido el sentido del pecado, y en aquel momento el reino de Dios comenzaba a disminuir en su horizonte. Lo demuestra el hecho de que David no hizo referencia a Dios. En él, en cambio, predominó esta visión antropológica superpotente: ¡yo puedo hacerlo todo! Es la actitud de la mundanidad”.

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“Cuando el reino de Dios disminuye, uno de los signos es la pérdida del sentido del pecado. David cometió un grave pecado y, sin embargo, no lo sintió como tal. Para él era solo un problema. Por eso, no pensó en pedir perdón. Solo se preocupó por resolver un problema”.

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“La tentación es el pan nuestro de cada día. Hasta tal punto que, si alguno de nosotros dijera: jamás he tenido tentaciones, la respuesta justa sería: o eres un ángel o eres un tonto. En efecto, es normal la lucha en la vida: el diablo no está tranquilo, y quiere su victoria”.

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“Se debe orar al Señor por toda la Iglesia, por todas la partes del mundo. He aquí la esencia de un servicio ante Dios que es oración por la Iglesia”.

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“Nosotros recibimos el mensaje del Evangelio como un don. Y debemos transmitirlo como un don. Y en esta transmisión es necesario ser fieles, porque nosotros hemos recibido y debemos dar un Evangelio que no es nuestro, es de Jesús. Y no tenemos que convertirnos en dueños del Evangelio, para usarlo a nuestro gusto”.

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“Fidelidad a la Iglesia, fidelidad a su enseñanza, fidelidad al Credo, fidelidad a la doctrina y custodiar esta doctrina. Así, humildad y fidelidad van juntas”.

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“Humildad es, por lo tanto, ser consciente de que la historia de la Iglesia comenzó antes de nosotros y seguirá después de nosotros. Porque somos una pequeña parte de un gran pueblo que sigue el camino del Señor”.

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“Una persona que no es humilde no puede sentir con la Iglesia: sentirá lo que a ella le gusta”.

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“El mensaje evangélico lo recibimos en la Iglesia y nuestra santidad la hacemos en la Iglesia. Nuestro camino está en la Iglesia. La alternativa es una fantasía”.

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“No se comprende un cristiano sin Iglesia. Por ello, el gran Pablo VI decía que es una dicotomía absurda amar a Cristo sin la Iglesia; escuchar a Cristo pero no a la Iglesia; estar con Cristo al margen de la Iglesia”.

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“El cristiano no es un bautizado que recibe el bautismo y luego sigue adelante por su camino. No es así, porque el primer fruto del bautismo es hacer que pertenezcas a la Iglesia, al pueblo de Dios”.

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“Para abrirse al diálogo es necesario que no pase mucho tiempo. En efecto, hay que afrontar los problemas lo antes posible, en el momento en que se puede hacer, cuando ha pasado la tormenta. El tiempo hace crecer el muro, tal como crece la hierba mala”.

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“Humildad, mansedumbre, hacerse todo a todos son los tres elementos básicos para el diálogo. Pero todos sabemos que para hacer estas cosas es necesario tragar mucha quina; debemos hacerlo, porque las paces se hacen así”.

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“Para dialogar es necesaria, ante todo, la humildad”.

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“Dialogar no es fácil, es difícil. De todos modos, solo con el diálogo se construyen puentes en la relación, y no muros, que nos alejan”.

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“Hemos visto muchas hermosas comunidades que marchaban bien, pero luego en alguno de sus miembros entró el gusano de los celos y de la envidia, y llegó la tristeza”.

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“Está quien no soporta que otro tenga algo y entonces la solución es abajar al otro, para ser yo un poco más alto. Y el instrumento son las habladurías: busca siempre y verás que detrás de una crítica están los celos y la envidia”.

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“La persona envidiosa y celosa es una persona amargada, no sabe cantar, no sabe alabar, no sabe lo que es la alegría; mira siempre lo que tienen los demás. Y esta amargura, lamentablemente, se difunde en toda la comunidad, porque quienes son víctimas de este veneno se convierten en sembradores de amargura”.

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“El gusano de los celos trae el resentimiento, envidia, amargura. Es una inquietud mala, que no tolera que un hermano o una hermana tenga algo que yo no tengo”.

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“La humildad, la docilidad, la mansedumbre son tan importantes en la vida del cristiano: son una custodia de la pequeñez. Son las bases para llevar siempre adelante el diálogo entre nuestra pequeñez y la grandeza del Señor”.

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“La fidelidad cristiana, nuestra fidelidad, es sencillamente custodiar nuestra pequeñez para que pueda dialogar con el Señor”.

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Existe una relación entre Dios y nosotros pequeños. Dios es grande y nosotros pequeños. Así, incluso cuando Dios debe elegir a las personas, también a su pueblo, elige siempre a los pequeños. En tal medida que a su pueblo le dice: te elegí porque eres el más pequeño, el que tiene menos poder entre los pueblos”.

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“El Señor jamás habla a la gente como dirigiéndose a una masa. En cambio, habla siempre personalmente, llamando a cada persona con el propio nombre”.

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“La relación del Señor con su pueblo es una relación personal, siempre. Una relación de persona a persona: Él es el Señor y el pueblo tiene un nombre. Las personas tienen un nombre. No es un diálogo entre el poderoso y la masa, sino un diálogo personal”.

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“Dios elige siempre al más pequeño, lo llama por nombre y entabla con él una relación personal: es por ello que para dialogar con Él es necesario, ante todo, ser pequeños”.

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“Obedecer es este valor de discernir siempre, discernir siempre –y no relativizar– lo que hace el espíritu en mi corazón, qué quiere el espíritu en mi corazón, donde me lleva el espíritu en mi corazón”.

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“La libertad cristiana y la obediencia cristiana es docilidad a la palabra de Dios; es tener ese valor de llegar a ser odres nuevos para este vino nuevo que llega continuamente”.

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“Adecuarse a la palabra de Dios para poder recibirla requiere una actitud ascética”.

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“Nuestro Dios es un Dios que siempre hace nuevas las cosas. Y nos pide esta docilidad a su novedad. Jesús es claro en esto, es muy claro: vino nuevo en odres nuevos. Así, Dios debe ser recibido con esta apertura a la novedad. Y esta actitud se llama docilidad”.

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“La palabra de Dio es viva. Por ello viene y dice lo que quiere decir: no lo que yo espero que diga o lo que yo confío que diga o lo que yo quiero que diga. La palabra de Dios es libre. Y es también sorpresa, porque nuestro Dios es el Dios de las sorpresas: viene y hace siempre nuevas las cosas”.

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“La mundanidad ablanda el corazón. Pero le hace mal. Porque jamás es algo bueno un corazón blando. Bueno es el corazón abierto a la palabra de Dios, que la recibe”.

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“La tentación endurece el corazón. Y cuando el corazón es duro, cuando el corazón no está abierto, la palabra de Dios no puede entrar”.

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“La normalidad de la vida exige del cristiano fidelidad a su elección. Esta elección suya no debe venderla nunca para ir hacia una uniformidad mundana; esta es la tentación del pueblo y también nuestra”.

***
“Cuando no está la palabra de Dios, su lugar lo toma otra palabra: la palabra propia, la palabra del propio egoísmo, la palabra de los propios deseos. Y también la palabra del mundo”.

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“La mundanidad espiritual es una tentación peligrosa porque ablanda el corazón con el egoísmo e insinúa en los cristianos un complejo de inferioridad que los lleva a uniformarse con el mundo, a actuar como hacen todos, siguiendo la moda más divertida”.

***
“¿Cómo es nuestra relación con Dios, con la palabra de Dios? ¿Es una relación formal, o una relación lejana? La palabra de Dios entra en nuestro corazón, cambia nuestro corazón, ¿tiene este poder, o no? ¿O bien es una relación formal, todo bien, pero el corazón está cerrado a esa Palabra?”.

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“¡Cuántas veces el pueblo de Dios no se siente querido por quienes deben dar testimonio, por los cristianos, los laicos cristianos, los sacerdotes, los obispos!”.

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“Preparar el camino, preparar también nuestra vida, es propio de Dios, del amor de Dios por cada uno de nosotros. Él no nos hace cristianos por generación espontánea. Él prepara nuestro camino, prepara nuestra vida, desde hace tiempo”.

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“El sacerdote adora a Jesucristo, habla con Jesucristo, busca a Jesucristo y se deja buscar por Jesucristo. Este es el centro de nuestra vida. Si no existe esto lo perdemos todo. ¿Y qué daremos a la gente?”.

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“Somos buenos sacerdotes si vamos a Jesucristo, si buscamos al Señor en la oración. Si, en cambio, nos alejamos de Jesucristo, debemos compensar esto con otras actitudes mundanas”.

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“¡Cuánto mal hacen a la Iglesia los sacerdotes que ponen la fuerza en las cosas artificiales, en las vanidades! Y cuántas veces se oye: pero este es un sacerdote que se parece a una mariposa, precisamente porque siempre está en la vanidad y no tiene la relación con Jesucristo”.

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“Es la relación con Jesucristo lo que salva al sacerdote de la tentación de la mundanidad, por la idolatría al dios Narciso. El sacerdote, en efecto, puede también perderlo todo pero no su vínculo con el Señor, de otro modo no tendría nada más que dar a la gente”.

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“Para permanecer en el Señor, para permanecer en el amor es necesario el Espíritu Santo, por parte de Dios. Pero por parte nuestra: confesar la fe que es un don y confiarse al Señor Jesús para adorar, alabar y ser personas de esperanza”.

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“¿Creo en lo que digo? ¿Esta confesión de fe es auténtica o lo digo de memoria porque se debe decir? ¿O creo a medias?”.

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“Se debe confesar la fe. Y confesarla toda, no una parte. ¡Toda! Pero, se debe también custodiarla por entero como llegó a nosotros por el camino de la tradición. ¡Toda la fe!”.

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“Muchas veces somos cristianos derrotados. La Iglesia está llena de cristianos derrotados, que no creen que la fe es victoria, que no viven esta fe. Y si no se vive esta fe está la derrota, y vence el mundo, el príncipe del mundo”.

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“El cristiano no repite el Credo de memoria como un loro y no vive como un eterno derrotado, sino que confiesa toda su fe y tiene la capacidad de adorar a Dios, llevando así hacia lo alto el termómetro de la vida de la Iglesia”.

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“La persona que ama da, da cosas, da vida, se entrega a sí mismo a Dios y a los demás. En cambio la persona que no ama y que es egoísta busca siempre recibir. Busca siempre tener cosas, tener ventajas”.

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“El amor está más en las obras que en las palabras. Jesús mismo lo dijo: no los que me dicen ‘Señor, Señor’, los que hablan mucho, entrarán en el Reino de los cielos; sino aquellos que cumplen la voluntad de Dios”.

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“El criterio de lo concreto en la vida cristiana es la fe en la encarnación del Verbo, Dios hecho hombre. Y no existe un cristianismo auténtico sin este fundamento. La clave de la vida cristiana es la fe en Jesucristo, Verbo de Dios hecho hombre”.

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“Un amor de ilusiones, no concreto, no nos hace bien”.

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“El amor cristiano es concreto. Jesús mismo, cuando habla del amor, nos habla de cosas concretas: dar de comer a los hambrientos, visitar a los enfermos. Son todas cosas concretas porque, precisamente el amor es concreto. Es lo concreto de la vida cristiana”.

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“La vida cristiana es este doble permanecer: nosotros en Dios y Dios en nosotros. Pero no permanecer en el espíritu del mundo, en la superficialidad, en la idolatría, en la vanidad. No, permanecer en el Señor”.

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“El amor verdadero no es el de las telenovelas. No está hecho de ilusiones. El verdadero amor es concreto, se centra en los hechos y no en las palabras; en el dar y no en la búsqueda de beneficios”.

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“Muchas veces nuestro corazón es como un camino, donde pasan todos. Pero precisamente por esto es necesario examinar y preguntarnos si elegimos siempre las cosas que vienen de Dios, si conocemos el criterio auténtico para discernir nuestros deseos, nuestros pensamientos”.

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“Si un pensamiento, si un deseo te lleva por el camino de la humildad, del abajamiento, del servicio a los demás, es de Jesús; pero si te lleva por la senda de la suficiencia, de la vanidad, del orgullo o por el camino de un pensamiento abstracto, no es de Jesús”.

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“El cristiano que permanece en el Señor sabe lo que pasa en su corazón. Un corazón se parece a un mercado de barrio donde se puede encontrar de todo. Por esto es necesaria una obra constante de discernimiento; para comprender lo que es verdaderamente del Señor”.

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“El corazón del hombre se parece a un mercado de barrio donde se puede encontrar de todo. El cristiano debe aprender a conocer en profundidad lo que pasa a través de él, discerniendo aquello que sigue el camino indicado por Cristo y lo que lleva, en cambio, al indicado por el anticristo”.

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“No existe límite alguno para la misericordia divina ofrecida a todos. El Señor está siempre dispuesto a quitar la piedra de la tumba de nuestros pecados, que nos separa de Él, la luz de los vivientes”.

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“Es una hermosa invitación a la libertad auténtica, a dejarnos liberar de las vendas del orgullo que nos hace esclavos de tantos ídolos. Nuestra resurrección comienza cuando caen de nuestro rostro las máscaras y volvemos a encontrar el valor de nuestro rostro original, creado a imagen y semejanza de Dios”.

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“Cristo nos llama insistentemente a salir de la oscuridad de la prisión en la que estamos encerrados, contentándonos con una vida falsa, egoísta, mediocre. ‘Sal afuera’, nos dice, ‘Sal afuera’.

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“Cristo no se resigna a los sepulcros que nos hemos construido con nuestras opciones de mal y de muerte, con nuestros errores, con nuestros pecados. Él no se resigna a esto. Él nos invita, casi nos ordena salir de la tumba en la que nuestros pecados nos han sepultado”.

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“Nuestra vida, algunas veces, es semejante a la del ciego que se abrió a la luz, que se abrió a Dios, que se abrió a su gracia. A veces, lamentablemente, es un poco como la de los doctores de la ley: desde lo alto de nuestro orgullo juzgamos a los demás, incluso al Señor”.

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“Muchas veces una obra buena, una obra de caridad suscita críticas y discusiones, porque hay quienes no quieren ver la verdad”.

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“Todo encuentro con Jesús nos cambia la vida, siempre. Es un paso adelante, un paso más cerca de Dios”.

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“El Señor es más grande que los prejuicios, por eso no tuvo temor de detenerse con la samaritana: la misericordia es más grande que el prejuicio. ¡Esto tenemos que aprenderlo bien! La misericordia es más grande que el prejuicio”.

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“Jesús no tiene miedo. Jesús cuando ve a una persona va adelante porque ama. Nos ama a todos. No se detiene nunca ante una persona por prejuicios”.

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“La Palabra de Cristo crece en nosotros cuando la proclamamos, cuando la damos a los demás. Y esta es la vida cristiana. Es una misión para toda la Iglesia, para todos los bautizados, para todos nosotros: escuchar a Jesús y donarlo a los demás”.

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“El encuentro con Dios en la oración nos impulsa nuevamente a bajar de la montaña y volver a la parte baja, donde encontramos a tantos hermanos afligidos por pobreza material y espiritual. A estos hermanos nuestros, estamos llamados a llevarles los frutos de la experiencia que hemos tenido con Dios”.

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“Nosotros necesitamos ir a un lugar apartado, subir a la montaña en un espacio de silencio, para encontrarnos a nosotros mismos y percibir mejor la voz del Señor. Esto hacemos en la oración. Pero no podemos permanecer allí”.

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“Nosotros, discípulos de Jesús, estamos llamados a ser personas que escuchan su voz y toman en serio sus palabras. Para escuchar a Jesús es necesario estar cerca de Él, seguirlo, como hacían las multitudes del Evangelio que lo seguían por los caminos de Palestina”.

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“Debemos deshacernos de los ídolos, de las cosas vanas, y construir nuestra vida sobre lo esencial”.

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“El camino de la fe pasa también a través de la oscuridad, la duda, y se alimenta de paciencia y de espera perseverante”.

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“Jesús no dialoga con Satanás, como había hecho Eva en el paraíso terrenal. Jesús sabe bien que con Satanás no se puede dialogar, porque es muy astuto. Por ello, Jesús, en lugar de dialogar como había hecho Eva, elige refugiarse en la Palabra de Dios y responde con la fuerza de esta Palabra”.

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“Para hacer que a nadie le falte el pan, el agua, el vestido, la casa, el trabajo, la salud, es necesario que todos nos reconozcamos hijos del Padre que está en el cielo y, por lo tanto, hermanos entre nosotros, y nos comportemos en consecuencia”.

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“Si, en cambio, alguien acumula solo para sí, ¿qué sucederá cuando sea llamado por Dios? No podrá llevar las riquezas consigo, porque –lo sabéis– el sudario no tiene bolsillos. Es mejor compartir, porque al Cielo llevamos solo lo que hemos compartido con los demás”.

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“La Providencia de Dios pasa a través de nuestro servicio a los demás, nuestro compartir con los demás. Si cada uno de nosotros no acumula riquezas solo para sí, sino que las pone al servicio de los demás, en este caso la Providencia de Dios se hace visible en este gesto de solidaridad”.

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“En un corazón poseído por las riquezas, no hay mucho sitio para la fe: todo está ocupado por las riquezas, no hay sitio para la fe”.

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“Un corazón ocupado por el afán de poseer es un corazón lleno de este anhelo de poseer, pero vacío de Dios. Por ello Jesús advirtió en más de una ocasión a los ricos, porque es grande su riesgo de poner su propia seguridad en los bienes de este mundo, y la seguridad, la seguridad definitiva, está en Dios”.

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“Quienes recibieron un ministerio de guía, de predicación, de administrar los Sacramentos, no deben considerarse propietarios de poderes especiales, dueños, sino ponerse al servicio de la comunidad, ayudándole a recorrer con alegría el camino de la santidad”.

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“En las comunidades cristianas –diócesis, parroquias, asociaciones, movimientos– las diferencias no pueden contradecir el hecho de que todos, por el Bautismo, tenemos la misma dignidad: todos, en Jesucristo, somos hijos de Dios”.

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“Las habladurías, también, pueden matar, porque matan la fama de las personas. Al inicio puede parecer algo placentero, incluso divertido. Pero al final, nos llena el corazón de amargura, y nos envenena también a nosotros”.

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“Jesús nos recuerda que incluso las palabras pueden matar. No solo no hay que atentar contra la vida del prójimo, sino que tampoco hay que derramar sobre él el veneno de la ira y golpearlo con la calumnia. Ni tampoco hablar mal de él”.

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“Para tener comportamientos buenos y honestos no bastan las normas jurídicas, sino que son necesarias motivaciones profundas, expresiones de una sabiduría oculta, la Sabiduría de Dios, que se puede acoger gracias al Espíritu Santo”.

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“Jesús propone a quien le sigue la perfección del amor: un amor cuya única medida es no tener medida, de ir más allá de todo cálculo”.

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“Si nosotros, los cristianos, perdemos el sabor y apagamos nuestra presencia de sal y de luz, perdemos la eficacia”.

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“Todos nosotros, los bautizados, somos discípulos misioneros y estamos llamados a ser en el mundo un Evangelio viviente: con una vida santa daremos sabor a los distintos ambientes y los defenderemos de la corrupción, como lo hace la sal; y llevaremos la luz de Cristo con el testimonio de una caridad genuina”.

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“Es necesario rezar para que muchos jóvenes respondan sí al Señor que les llama a consagrarse totalmente a Él para un servicio desinteresado a los hermanos; consagrar la vida para servir a Dios y a los hermanos”.

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“Los consagrados son el testimonio de que Dios es bueno y misericordioso. Por ello es necesario valorar con gratitud las experiencias de vida consagrada y profundizar el conocimiento de los diversos carismas y espiritualidad”.

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“Cada persona consagrada es un don para el Pueblo de Dios en camino. Hay gran necesidad de estas presencias, que refuerzan y renuevan el compromiso de la difusión del Evangelio”.

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“Si alguno de vosotros percibe que el Señor le dice ‘sígueme’ sea valiente, vaya con el Señor. El Señor jamás decepciona”.

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“El Señor pasa por los caminos de nuestra vida cotidiana. Incluso hoy, en este momento, aquí, el Señor pasa por la plaza. Nos llama a ir con Él, a trabajar con Él por el Reino de Dios”.

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“Jesús comienza su misión no solo desde un sitio descentrado, sino también con hombres que se catalogarían, así se puede decir, de bajo perfil. Para elegir a sus primeros discípulos y futuros apóstoles, se dirige a las personas humildes y a las personas sencillas, que se preparan con diligencia para la venida del Reino de Dios”.

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“Jesús nos enseña que la Buena Noticia, que Él trae, no está reservada a una parte de la humanidad, sino que se ha de comunicar a todos. Es un feliz anuncio destinado a quienes lo esperan, pero también a quienes tal vez ya no esperan nada y no tienen ni siquiera la fuerza de buscar y pedir”.

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“Ser discípulos del Cordero no significa vivir como una ciudadela asediada, sino como una ciudad ubicada en el monte, abierta, acogedora y solidaria. Quiere decir no asumir actitudes de cerrazón, sino proponer el Evangelio a todos, testimoniando con nuestra vida que seguir a Jesús nos hace más libres y más alegres”.

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“¿Qué significa para la Iglesia, para nosotros, hoy, ser discípulos de Jesús Cordero de Dios? Significa poner en el sitio de la malicia, la inocencia; en el lugar de la fuerza, el amor; en el lugar de la soberbia, la humildad; en el lugar del prestigio, el servicio”.

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“Vivimos en una sociedad de la información que nos satura indiscriminadamente de datos, todos en el mismo nivel, y termina llevándonos a una tremenda superficialidad a la hora de plantear las cuestiones morales. Por consiguiente, se vuelve necesaria una educación que enseñe a pensar críticamente y que ofrezca un camino de maduración en valores”.

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“En la cultura predominante, el primer lugar está ocupado por lo exterior, lo inmediato, lo visible, lo rápido, lo superficial, lo provisorio. Lo real cede el lugar a la apariencia”.

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“La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera”.

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“Casi sin advertirlo, nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe”.

***
“Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos”.

***
“Si algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y de vida”.

***
“No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos”.

***
“Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades”.

***
“Hoy y siempre, los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio, y la evangelización dirigida gratuitamente a ellos es signo del Reino que Jesús vino a traer. Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. Nunca los dejemos solos”.

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“La Iglesia está llamada a ser siempre la casa abierta del Padre. Uno de los signos concretos de esa apertura es tener templos con las puertas abiertas en todas partes”.

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“Salir hacia los demás para llegar a las periferias humanas no implica correr hacia el mundo sin rumbo y sin sentido”.

***
“En su constante discernimiento, la Iglesia también puede llegar a reconocer costumbres propias no directamente ligadas al núcleo del Evangelio, algunas muy arraigadas a lo largo de la historia, que hoy ya no son interpretadas de la misma manera y cuyo mensaje no suele ser percibido adecuadamente. No tengamos miedo de revisarlas”.

***
“La fe siempre conserva un aspecto de cruz, alguna oscuridad que no le quita la firmeza de su adhesión. Hay cosas que solo se comprenden y valoran desde esa adhesión que es hermana del amor, más allá de la claridad con que puedan percibirse las razones y argumentos”.

***
“Con la santa intención de comunicarles la verdad sobre Dios y sobre el ser humano, en algunas ocasiones damos a los fieles un falso dios o un ideal humano que no es verdaderamente cristiano. De ese modo, somos fieles a una formulación, pero no entregamos la substancia. Ese es el riesgo más grave”.

***
“A veces, escuchando un lenguaje completamente ortodoxo, lo que los fieles reciben, debido al lenguaje que ellos utilizan y comprenden, es algo que no responde al verdadero Evangelio de Jesucristo”.

***
“Recordemos que la expresión de la verdad puede ser multiforme, y la renovación de las formas de expresión se hace necesaria para transmitir al hombre de hoy el mensaje evangélico en su inmutable significado”.

***
“El Evangelio invita ante todo a responder al Dios amante que nos salva, reconociéndolo en los demás y saliendo de nosotros mismos para buscar el bien de todos. ¡Esa invitación en ninguna circunstancia se debe ensombrecer! Todas las virtudes están al servicio de esta respuesta de amor”.

***
“Hay un orden o jerarquía en las verdades en la doctrina católica, por ser diversa su conexión con el fundamento de la fe cristiana. Esto vale tanto para los dogmas de fe como para el conjunto de las enseñanzas de la Iglesia, e incluso para la enseñanza moral”.

***
“Todas las verdades reveladas proceden de la misma fuente divina y son creídas con la misma fe, pero algunas de ellas son más importantes por expresar más directamente el corazón del Evangelio”.

***
“Cuando se asume un objetivo pastoral y un estilo misionero, que realmente llegue a todos sin excepciones ni exclusiones, el anuncio se concentra en lo esencial, que es lo más bello, lo más grande, lo más atractivo y al mismo tiempo lo más necesario”.

***
“Conviene ser realistas y no dar por supuesto que nuestros interlocutores conocen el trasfondo completo de lo que decimos o que pueden conectar nuestro discurso con el núcleo esencial del Evangelio que le otorga sentido, hermosura y atractivo”.

***
“Una postulación de los fines sin una adecuada búsqueda comunitaria de los medios para alcanzarlos está condenada a convertirse en mera fantasía”.

***
“Invito a todos a ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades”.

***
“La pastoral en clave de misión pretende abandonar el cómodo criterio pastoral del ‘siempre se ha hecho así’”.

***
“Una excesiva centralización, más que ayudar, complica la vida de la Iglesia y su dinámica misionera”.

***
“También el papado y las estructuras centrales de la Iglesia universal necesitan escuchar el llamado a una conversión pastoral”.

***
“El Obispo siempre debe fomentar la comunión misionera en su Iglesia. Para eso, a veces estará delante para indicar el camino, otras veces estará simplemente en medio de todos, y en ocasiones deberá caminar detrás del pueblo, porque el rebaño mismo tiene su olfato para encontrar nuevos caminos”.

***
“Es muy sano que las demás instituciones eclesiales, comunidades de base y pequeñas comunidades, movimientos y otras formas de asociación, no pierdan el contacto con la parroquia del lugar, y que se integren en la pastoral orgánica de la Iglesia particular. Esta integración evitará que se queden solo con una parte del Evangelio y de la Iglesia, o que se conviertan en nómadas sin raíces”.

***
“La parroquia es comunidad de comunidades, santuario donde los sedientos van a beber para seguir caminando, y centro de constante envío misionero”.

***
“La parroquia no es una estructura caduca: es presencia eclesial en el territorio, ámbito de la escucha de la Palabra, del crecimiento de la vida cristiana, del diálogo, del anuncio, de la caridad generosa, de la adoración y la celebración”.

***
“La reforma de las estructuras exige que todas ellas se vuelvan más misioneras, que la pastoral ordinaria en todas sus instancias sea más expansiva y abierta, que coloque a los agentes pastorales en constante actitud de salida y favorezca así la respuesta positiva de todos aquellos a quienes Jesús convoca a su amistad”.

***
“Hay estructuras eclesiales que pueden llegar a condicionar un dinamismo evangelizador; igualmente las buenas estructuras sirven cuando hay una vida que las anima, las sostiene y las juzga. Sin vida nueva y auténtico espíritu evangélico, sin fidelidad de la Iglesia a la propia vocación, cualquier estructura nueva se corrompe en poco tiempo”.

***
“La Iglesia evangeliza y se evangeliza a sí misma con la belleza de la Liturgia, la cual también es celebración de la actividad evangelizadora y fuente de un renovado impulso donativo”.

***
“El discípulo sabe dar la vida entera y jugarla hasta el martirio como testimonio de Jesucristo, pero su sueño no es llenarse de enemigos, sino que la Palabra sea acogida y manifieste su potencia liberadora y renovadora”.

***
“La comunidad evangelizadora siempre está atenta a los frutos, porque el Señor la quiere fecunda. Cuida el trigo y no pierde la paz por la cizaña”.

***
“La comunidad evangelizadora se dispone a acompañar. Acompaña a la humanidad en todos sus procesos, por más duros y prolongados que sean. Sabe de esperas largas y de aguante apostólico. La evangelización tiene mucho de paciencia, y evita maltratar límites”.

***
“La comunidad evangelizadora se mete con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás, achica distancias, se abaja hasta la humillación si es necesario, y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo”.

***
“La comunidad evangelizadora experimenta que el Señor tomó la iniciativa, la ha primereado en el amor (cf. 1Jn 4, 10); y, por eso, ella sabe adelantarse, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos”.

***
“Fiel al modelo del Maestro, es vital que hoy la Iglesia salga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo”.

***
“La Palabra tiene en sí una potencialidad que no podemos predecir. El Evangelio habla de una semilla que, una vez sembrada, crece por sí sola también cuando el agricultor duerme (cf. Mc 4, 26-29). La Iglesia debe aceptar esa libertad inaferrable de la Palabra, que es eficaz a su manera, y de formas muy diversas que suelen superar nuestras previsiones y romper nuestros esquemas”.

***
“La alegría del Evangelio que llena la vida de la comunidad de los discípulos es una alegría misionera”.

***
“Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio”.

***
“Hace falta pasar de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera”.

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“Los cristianos tienen el deber de anunciar a Jesucristo sin excluir a nadie, no como quien impone una nueva obligación, sino como quien comparte una alegría, señala un horizonte bello, ofrece un banquete deseable. La Iglesia no crece por proselitismo sino por atracción”.

***
“El creyente es fundamentalmente ‘memorioso’”.

***
“La alegría evangelizadora siempre brilla sobre el trasfondo de la memoria agradecida: es una gracia que necesitamos pedir. Los Apóstoles jamás olvidaron el momento en que Jesús les tocó el corazón: ‘Era alrededor de las cuatro de la tarde’ (Jn 1, 39)”.

***
“La verdadera novedad es la que Dios mismo misteriosamente quiere producir, la que Él inspira, la que Él provoca, la que Él orienta y acompaña de mil maneras”.

***
“Cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual”.

***
“Cristo es el ‘Evangelio eterno’ (Ap 14, 6), y es ‘el mismo ayer y hoy y para siempre’ (Hb 13, 8), pero su riqueza y su hermosura son inagotables. Él es siempre joven y fuente constante de novedad”.

***
“Y ojalá el mundo actual –que busca a veces con angustia, a veces con esperanza– pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo”.

***
“Un evangelizador no debería tener permanentemente cara de funeral”.

***
“Cuando la Iglesia convoca a la tarea evangelizadora, no hace más que indicar a los cristianos el verdadero dinamismo de la realización personal: ‘Aquí descubrimos otra ley profunda de la realidad: que la vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros. Eso es en definitiva la misión’”.

***
“La propuesta es vivir en un nivel superior, pero no con menor intensidad: ‘La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho, los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás’”.

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“El bien siempre tiende a comunicarse. Toda experiencia auténtica de verdad y de belleza busca por sí misma su expansión, y cualquier persona que viva una profunda liberación adquiere mayor sensibilidad ante las necesidades de los demás. Comunicándolo, el bien se arraiga y se desarrolla”.

***
“No me cansaré de repetir aquellas palabras de Benedicto XVI que nos llevan al centro del Evangelio: ‘No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva’”.

***
“Comprendo a las personas que tienden a la tristeza por las graves dificultades que tienen que sufrir, pero poco a poco hay que permitir que la alegría de la fe comience a despertarse, como una secreta pero firme confianza, aun en medio de las peores angustias”.

***
“Hay cristianos cuya opción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua”.

***
“No huyamos de la resurrección de Jesús, nunca nos declaremos muertos, pase lo que pase. ¡Que nada pueda más que su vida que nos lanza hacia adelante!”.

***
“Al que arriesga, el Señor no lo defrauda, y cuando alguien da un pequeño paso hacia Jesús, descubre que Él ya esperaba su llegada con los brazos abiertos”.

***
“Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien”.

***
“El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada”.

***
“La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”.

***
“Las pruebas y las dificultades forman parte de un designio más grande; el Señor, dueño de la historia, conduce todo a su realización. A pesar de los desórdenes y los desastres que agitan el mundo, el designio de bondad y de misericordia de Dios se cumplirá. Y ésta es nuestra esperanza”.

***
“Las adversidades que encontramos por nuestra fe y nuestra adhesión al Evangelio son ocasiones de testimonio; no deben alejarnos del Señor, sino impulsarnos a abandonarnos aún más a Él, a la fuerza de su Espíritu y de su gracia”.

***
“El Señor nos ayuda incluso a no tener miedo: ante las guerras, las revoluciones, pero también ante las calamidades naturales, las epidemias, Jesús nos libera del fatalismo y de falsas visiones apocalípticas”.

***
“También hoy existen falsos salvadores, que buscan sustituir a Jesús: líder de este mundo, santones, incluso brujos, personalidades que quieren atraer a sí las mentes y los corazones, especialmente de los jóvenes. Jesús nos alerta: ‘¡No vayáis tras ellos!’”.

***
“Si Dios es fiel y ama, no puede serlo a tiempo limitado: la fidelidad es eterna, no puede cambiar. El amor de Dios es eterno, no puede cambiar. Él es fiel para siempre y Él nos espera, a cada uno de nosotros, acompaña a cada uno de nosotros con esta fidelidad eterna”.

***
“Delante de nosotros está el Dios de los vivientes, el Dios de la alianza, el Dios que lleva mi nombre, nuestro nombre. … Está la derrota definitiva del pecado y de la muerte, el inicio de un nuevo tiempo de alegría y luz sin fin”.

***
“Jesús afirma que nuestra peregrinación va de la muerte a la vida: la vida plena. Nosotros estamos en camino, en peregrinación hacia la vida plena, y esa vida plena es la que ilumina nuestro camino. Por lo tanto, la muerte está detrás, a la espalda, no delante de nosotros”.

***
“Si miramos solo con ojo humano, estamos predispuestos a decir que el camino del hombre va de la vida hacia la muerte. ¡Esto se ve! Pero esto es solo si lo miramos con ojo humano”.

***
“No es esta vida la que hace referencia a la eternidad, a la otra vida, la que nos espera, sino que es la eternidad–aquella vida– la que ilumina y da esperanza a la vida terrena de cada uno de nosotros”.

***
“La vida que Dios nos prepara no es un sencillo embellecimiento de esta vida actual: ella supera nuestra imaginación, porque Dios nos sorprende continuamente con su amor y con su misericordia”.

***
“En lo profundo del corazón, escuchemos su voz que nos dice: ‘Es necesario que hoy me quede en tu casa’, es decir, en tu corazón, en tu vida. Y acojámosle con alegría: Él puede cambiarnos, puede convertir nuestro corazón de piedra en corazón de carne, puede liberarnos del egoísmo y hacer de nuestra vida un don de amor”.

***
“Dios recuerda, siempre, no olvida a ninguno de aquellos que ha creado. Él es Padre, siempre en espera vigilante y amorosa de ver renacer en el corazón del hijo el deseo del regreso a casa”.

***
“No existe profesión o condición social, no existe pecado o crimen de algún tipo que pueda borrar de la memoria y del corazón de Dios a uno solo de sus hijos”.

***
“Nuestra alegría es Jesucristo, su amor fiel e inagotable. Por ello, cuando un cristiano llega a estar triste, quiere decir que se ha alejado de Jesús”.

***
“La alegría cristiana, al igual que la esperanza, tiene su fundamento en la fidelidad de Dios, en la certeza de que Él mantiene siempre sus promesas”.

***
“Por más grandes que sean nuestros límites y nuestros extravíos, no se nos permite ser débiles y vacilantes ante las dificultades y ante nuestras debilidades mismas”.

***
“La alegría del Evangelio no es una alegría cualquiera. Encuentra su razón de ser en el saberse acogidos y amados por Dios”.

***
“La Iglesia no es un refugio para gente triste, la Iglesia es la casa de la alegría”.

***
“Estamos llamados a caminar para entrar cada vez más dentro del misterio del amor de Dios, que nos sobrepasa y nos permite vivir con serenidad y esperanza”.

***
“La fe es caminar con Jesús; y es un camino que dura toda la vida. Al final tendrá lugar el encuentro definitivo. Cierto, en algunos momentos de este camino nos sentimos cansados y confundidos. Pero la fe nos da la certeza de la presencia constante de Jesús en cada situación, incluso en la más dolorosa o difícil de entender”.

***
“La liturgia del martirio de Esteban nos trae de vuelta al sentido auténtico de la Encarnación, enlazando Belén al Calvario y recordándonos que la salvación divina implica la lucha contra el pecado, pasa a través de la puerta estrecha de la Cruz. Este es el camino que Jesús ha indicado claramente a sus discípulos, como atestigua el Evangelio de hoy: ‘Serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará’ (Mt 10, 22)”.

***
“En el martirio de Esteban, se reproduce el mismo enfrentamiento entre el bien y el mal, entre el odio y el perdón, entre la mansedumbre y la violencia, que ha alcanzado su ápice en la cruz de Cristo. La memoria del primer mártir viene así, de inmediato, para disolver una falsa imagen de la Navidad: ¡la imagen de cuento de hadas y endulzada, que no existe en el Evangelio!”.

***
“Cuando en una familia no se es entrometido y se pide ‘permiso’, cuando en una familia no se es egoísta y se aprende a decir ‘gracias’, y cuando en una familia uno se da cuenta de que ha hecho una cosa fea y sabe pedir ‘excusa’, en esa familia hay paz y hay alegría”.

***
“Cuando tiene lugar el encuentro, nunca es un encuentro apresurado, porque Dios desea permanecer largo rato con nosotros. Dios se apresura para encontrarnos, pero nunca tiene prisa para dejarnos. Permanece con nosotros. Como nosotros le anhelamos y le deseamos, así también Él tiene deseo de estar con nosotros”.

***
“Belén sigue siendo Belén. Dios vino a un punto determinado, a una tierra determinada, apareció allí la ternura de Dios, la gracia de Dios. No podemos pensar en la Navidad sin pensar en la Tierra Santa”.

***
“Dios es paciente y la paz, la serenidad de la noche de Navidad, es un reflejo de la paciencia de Dios hacia nosotros”.

***
“Dios nunca da un don a quien no es capaz de recibirlo. Si nos ofrece el don de la Navidad es porque todos tenemos la capacidad para comprenderlo y recibirlo. Todos, desde el más santo hasta el más pecador, desde el más limpio hasta el más corrupto. Incluso el corrupto tiene esta capacidad: pobrecito, la tiene un poco oxidada, pero la tiene”.

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“La Navidad no fue una denuncia de la injusticia social, de la pobreza, sino un anuncio de alegría. Todo lo demás son conclusiones que sacamos nosotros”.

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“Dios se convirtió en un niño que dependía totalmente de los cuidados de un papá y de una mamá. Por esto la Navidad nos da tanta alegría. Ya no nos sentimos solos, Dios descendió para estar con nosotros. Jesús se hizo uno de nosotros y sufrió por nosotros el final más terrible en la cruz, el de un criminal”.

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“Tengo miedo cuando los cristianos pierden la esperanza y la capacidad de abrazar y acariciar. Tal vez por esto, viendo hacia el futuro, hablo a menudo sobre los niños y los ancianos, es decir los más indefensos”.

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“La Navidad nos habla de la ternura y de la esperanza. Dios, al encontrarse con nosotros, nos dice dos cosas. La primera: tengan esperanza. Dios siempre abre las puertas, no las cierra nunca. Segunda: no tengan miedo de la ternura”.

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“Si Dios, por medio de Jesús, se ha implicado con el hombre hasta el punto de convertirse en uno de nosotros, quiere decir que cualquier cosa que le hagamos a un hermano y a una hermana se la habremos hecho a Él”.

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“Si en la Navidad Dios se revela no como uno que está en las alturas y que domina el universo, sino como El que se abaja. Dios se abaja, desciende a la tierra, pequeño y pobre, esto significa que para ser como Él nosotros no podemos ponernos por encima de los demás, sino abajarnos, ponernos al servicio, hacernos pequeños con los pequeños y pobres con los pobres”.

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“La Navidad de Jesús es la manifestación de que Dios se ha puesto de la parte del hombre, para salvarnos, para levantarnos del polvo de nuestras miserias, de nuestras dificultades y de nuestros pecados”.

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“Dios no espera a buscarle: le busca inmediatamente. Nuestro Padre es un buscador paciente. Él nos precede y nos espera siempre. No se cansa de esperarnos, no se aleja de nosotros, sino que tiene la paciencia de esperar el momento favorable del encuentro con cada uno de nosotros”.

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“En la Biblia Dios aparece siempre como Aquél que toma la iniciativa del encuentro con el hombre: es Él quien busca al hombre, y generalmente le busca precisamente mientras el hombre atraviesa la experiencia amarga y trágica de traicionar a Dios y de huir de Él”.

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“Si llega a faltar la sed del Dios vivo, la fe corre el riesgo de convertirse en rutina, corre el riesgo de apagarse, como un fuego que no se reaviva. Corre el riesgo de llegar a ser ‘rancia’, ‘sin sentido’”.

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“A veces pienso: ¿sabemos esperar el mañana de Dios? ¿O queremos el hoy? El mañana de Dios para María es el alba de la mañana de Pascua, de ese primer día de la semana”.

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“La esperanza de la Virgen no vacila nunca. Mujer de esperanza. Esto nos dice que la esperanza se alimenta de escucha, contemplación y paciencia, para que maduren los tiempos del Señor. También en las bodas de Caná, María es la madre de la esperanza, que la hace atenta y solícita por las cosas humanas”.

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“María no sabía cómo podría llegar a ser madre, pero se confió totalmente al misterio que estaba por realizarse, y llegó a ser la mujer de la espera y de la esperanza”.

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“María instaura un vínculo de parentesco con Jesús antes aún de darle a luz: se convierte en discípula y madre de su Hijo en el momento en que acoge las palabras del Ángel y dice: ‘He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra’ (Lc 1, 38)”.

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“Los santos nos dan un mensaje. Nos dicen: fiaos del Señor, porque el Señor no defrauda. Con su testimonio, los santos nos alientan a no tener miedo de ir a contra corriente o de ser incomprendidos y escarnecidos cuando hablamos de Él y del Evangelio; nos demuestran con su vida que quien permanece fiel a Dios y a su Palabra experimenta ya en esta tierra el consuelo de su amor y luego el céntuplo en la eternidad”.

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“El Reino de los cielos es para quienes no ponen su seguridad en las cosas, sino en el amor de Dios; para quienes tienen un corazón sencillo, humilde, no presumen ser justos y no juzgan a los demás, quienes saben alegrarse con quien se alegra, no son violentos sino misericordiosos y buscan ser artífices de reconciliación y de paz”.

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“Ser santos no es un privilegio de pocos, como si alguien hubiera tenido una gran herencia. Todos nosotros en el Bautismo tenemos la herencia de poder llegar a ser santos. La santidad es una vocación para todos. Todos, por lo tanto, estamos llamados a caminar por el camino de la santidad, y esta senda tiene un nombre, un rostro: el rostro de Jesucristo”.

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“Los santos no son superhombres, ni nacieron perfectos. Son personas que antes de alcanzar la gloria del cielo vivieron una vida normal, con alegría y dolores, fatigas y esperanzas. Cuando conocieron el amor de Dios, lo siguieron con todo el corazón, sin condiciones e hipocresías”.

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“San Pablo ha conservado la fe porque, así como la había recibido, la ha dado, yendo a las periferias, sin atrincherarse en actitudes defensivas”.

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“San Pablo se ha opuesto decididamente a quienes querían conservar, embalsamar el mensaje de Cristo dentro de los confines de Palestina. Por esto ha hecho opciones valientes, ha ido a territorios hostiles, ha aceptado el reto de los alejados, de culturas diversas, ha hablado francamente, sin miedo”.

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“El apóstol Pablo, al final de su vida, hace un balance fundamental, y dice: ‘He conservado la fe’ (2Tim 4, 7) ¿Cómo la conservó? No en una caja fuerte. No la escondió bajo tierra, como aquel siervo un poco perezoso. San Pablo compara su vida con una batalla y con una carrera. Ha conservado la fe porque no se ha limitado a defenderla, sino que la ha anunciado, irradiado, la ha llevado lejos”.

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“El amor del obispo: amad a los pobres, a los indefensos y a cuantos tienen necesidad de acogida y de ayuda. Exhortad a los fieles a cooperar en el compromiso apostólico y escuchadlos de buen grado”.

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“El amor del obispo: amad, amad con amor de padre y de hermano a todos aquellos que Dios os confía. Ante todo, amad a los presbíteros y a los diáconos. Son vuestros colaboradores, son para vosotros los más próximos de los próximos. Nunca hacer esperar a un presbítero. ¿Pide una audiencia? ¡Responder inmediatamente! Sed cercanos a ellos”.

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“Si podemos entender que todo es don de Dios, ¡cuánta felicidad habrá en nuestro corazón! Decir gracias es tan fácil, y sin embargo tan difícil. Gracias es una de las palabras claves de la convivencia. ‘Por favor’, ‘perdona’, ‘gracias’. Muchas veces damos todo por descontado. Y así hacemos también con Dios. Es fácil ir al Señor a pedirle algo, pero ir a darle gracias... ‘¡Ah!, no se me ocurre’”.

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“Pienso en los diez leprosos del Evangelio curados por Jesús. Llama la atención, que solamente uno regrese alabando a Dios a grandes gritos y dando gracias. Jesús mismo lo indica. Saber agradecer, saber alabar al Señor por lo que hace por nosotros”.

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“Y yo me pregunto: ¿Soy un cristiano ‘a ratos’ o soy siempre cristiano? La cultura de lo provisional, de lo relativo entra también en la vida de fe. Dios nos pide que le seamos fieles cada día, en las cosas ordinarias. No ir jamás por el camino de lo provisional. Esto nos mata. La fe es fidelidad definitiva, como la de María”.

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“Preguntémonos hoy todos nosotros si tenemos miedo de lo que el Señor pudiera pedirnos o de lo que nos está pidiendo. ¿Me dejo sorprender por Dios o me cierro en mis seguridades materiales, seguridades intelectuales, seguridades ideológicas, seguridades de mis proyectos? ¿Dejo entrar a Dios verdaderamente en mi vida? ¿Cómo le respondo?”.

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“Dios nos sorprende siempre, rompe nuestros esquemas, pone en crisis nuestros proyectos, y nos dice: fíate de mí, no tengas miedo, déjate sorprender, sal de ti mismo y sígueme”.

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“Dios nos sorprende; precisamente en la pobreza, en la debilidad, en la humildad es donde se manifiesta y nos da su amor que nos salva, nos cura, nos da fuerza. Solo pide que sigamos su palabra y nos fiemos de Él”.

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“San Francisco es testigo del respeto por todo, de que el hombre está llamado a custodiar al hombre, de que el hombre está en el centro de la creación, en el puesto en el que Dios –el Creador– lo ha querido, sin ser instrumento de los ídolos que nos creamos. ¡La armonía y la paz! Francisco fue hombre de armonía, un hombre de paz”.

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“La paz franciscana no es un sentimiento almibarado. Y ni siquiera es una especie de armonía panteísta con las energías del cosmos… La paz de san Francisco es la de Cristo, y la encuentra el que ‘carga’ con su ‘yugo’, es decir su mandamiento: Amaos los unos a los otros como yo os he amado (cf. Jn 13, 34; 15, 12)”.

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“El Crucifijo no nos habla de derrota, de fracaso; paradójicamente nos habla de una muerte que es vida, que genera vida, porque nos habla de amor, porque Él es el Amor de Dios encarnado, y el Amor no muere, más aún, vence el mal y la muerte”.

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“El catequista es un hombre de la memoria de Dios si es hombre de paciencia, de perseverancia, que sabe hacer frente a las dificultades, las pruebas y los fracasos, con serenidad y esperanza en el Señor; si es hombre amable, capaz de comprensión y misericordia”.

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“El catequista es un hombre de la memoria de Dios si tiene una relación constante y vital con Él y con el prójimo; si es hombre de fe, que se fía verdaderamente de Dios y pone en Él su seguridad; si es hombre de caridad, de amor, que ve a todos como hermanos”.

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“¿Qué camino se ha de seguir para no ser superficiales, como los que ponen su confianza en sí mismos y en las cosas, sino hombres y mujeres de la memoria de Dios? Tender a la justicia, a la piedad, a la fe, a la caridad, a la paciencia, a la mansedumbre (cf. 1Tim 6, 11)”.

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“El mismo Catecismo, ¿qué es sino memoria de Dios, memoria de su actuar en la historia, de su haberse hecho cercano a nosotros en Cristo, presente en su Palabra, en los sacramentos, en su Iglesia, en su amor?”.

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“Me pregunto: ¿Quién es el catequista? Es el que custodia y alimenta la memoria de Dios; la custodia en sí mismo y sabe despertarla en los demás, no para exhibirse, no para hablar de sí mismo, sino para hablar de Dios, de su amor y su fidelidad. Hablar y transmitir todo lo que Dios ha revelado, es decir, la doctrina en su totalidad, sin quitar ni añadir nada”.

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“Quien corre en pos de la nada, él mismo se convierte en nada, dice otro gran profeta, Jeremías (cf. Jr 2, 5). Estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, no a imagen y semejanza de las cosas, de los ídolos”.

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“‘¡Ay de los que se fían de Sión!’, decía el profeta. Si falta la memoria de Dios, todo queda rebajado, todo queda en el yo, en mi bienestar. La vida, el mundo, los demás, pierden la consistencia, ya no cuentan nada, todo se reduce a una sola dimensión: el tener. Si perdemos la memoria de Dios, también nosotros perdemos la consistencia”.

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“Mira el dolor de tu hermano y no añadas más dolor, detén tu mano, reconstruye la armonía que se ha roto; y esto no con la confrontación, sino con el encuentro. La guerra significa siempre el fracaso de la paz, es siempre una derrota para la humanidad”.

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“¡Cómo quisiera que todos mirasen la Cruz! Allí se puede leer la respuesta de Dios: allí, a la violencia no se ha respondido con violencia, a la muerte no se ha respondido con el lenguaje de la muerte. En el silencio de la Cruz calla el fragor de las armas y habla el lenguaje de la reconciliación, del perdón, del diálogo, de la paz”.

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“Ser persona humana significa ser guardianes los unos de los otros. Sin embargo, cuando se rompe la armonía, se produce una metamorfosis: el hermano que deberíamos proteger y amar se convierte en el adversario a combatir, suprimir. ¡Cuánta violencia se genera en ese momento, cuántos conflictos, cuántas guerras han jalonado nuestra historia!”.

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“Eso es exactamente lo que quiere hacernos comprender el pasaje del Génesis en el que se narra el pecado del ser humano: el hombre entra en conflicto consigo mismo, se da cuenta de que está desnudo y se esconde porque tiene miedo de la mirada de Dios; acusa a la mujer, que es carne de su carne; rompe la armonía con la creación, llega incluso a levantar la mano contra el hermano para matarlo”.

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“Cuando el hombre piensa solo en sí mismo, en sus propios intereses y se pone en el centro, cuando se deja fascinar por los ídolos del dominio y del poder, cuando se pone en el lugar de Dios, entonces altera todas las relaciones, lo arruina todo; y abre la puerta a la violencia, a la indiferencia, al enfrentamiento”.

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“La creación conserva su belleza que nos llena de estupor, sigue siendo una obra buena. Pero también hay violencia, división, rivalidad, guerra. Esto se produce cuando el hombre, vértice de la creación, pierde de vista el horizonte de belleza y de bondad, y se cierra en su propio egoísmo”.

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“El mundo de Dios es un mundo en el que todos se sienten responsables de todos, del bien de todos”.

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“La inquietud del amor impulsa siempre a salir al encuentro del otro, sin esperar que sea el otro quien manifieste su necesidad. La inquietud del amor nos regala el don de la fecundidad pastoral, y nosotros debemos preguntarnos, cada uno de nosotros: ¿cómo va mi fecundidad espiritual, mi fecundidad pastoral?”.

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“¿Creemos en el amor a Dios y a los demás? ¿Nos dejamos inquietar por sus necesidades o nos quedamos encerrados en nosotros mismos, en nuestras comunidades, que muchas veces es para nosotros ‘comunidad-comodidad’? A veces se puede vivir en una vecindad sin conocer a quien tenemos al lado; o bien se puede estar en comunidad sin conocer verdaderamente al propio hermano”.

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“He aquí, entonces, la inquietud del amor: buscar siempre, sin descanso, el bien del otro, de la persona amada, con esa intensidad que lleva incluso a las lágrimas”.

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“Podemos preguntarnos: ¿estoy inquieto por Dios, por anunciarlo, para darlo a conocer? ¿O me dejo fascinar por esa mundanidad espiritual que empuja a hacerlo todo por amor a uno mismo?”.

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“El tesoro de Agustín es precisamente esta actitud: salir siempre hacia Dios, salir siempre hacia el rebaño... Es un hombre en tensión, entre estas dos salidas; no ‘privatizar’ el amor... ¡siempre en camino!”.

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“Agustín se deja inquietar por Dios, no se cansa de anunciarlo, de evangelizar con valentía, sin temor, busca ser la imagen de Jesús Buen Pastor que conoce a sus ovejas (cf. Jn 10, 14), más aún, como me gusta repetir, que ‘percibe el olor de su rebaño’, y sale a buscar las perdidas”.

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“La inquietud de la búsqueda de la verdad, de la búsqueda de Dios, se convierte en la inquietud de conocerle cada vez más y de salir de sí mismo para darlo a conocer a los demás. Es justamente la inquietud del amor”.

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“Desearía decir a quien se siente indiferente hacia Dios: ¿Tu corazón ha conservado la inquietud de la búsqueda o lo has dejado sofocar por las cosas, que acaban por atrofiarlo? Dios te espera, te busca: ¿qué respondes? ¿Te has dado cuenta de esta situación de tu alma? ¿O duermes? ¿Crees que Dios te espera o para ti esta verdad son solamente palabras?”.

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“Donde está la cruz, para nosotros los cristianos hay esperanza, siempre. Si no hay esperanza, no somos cristianos. Por esto me gusta decir: no os dejéis robar la esperanza. Que no os roben la esperanza, porque esta fuerza es una gracia, un don de Dios que nos hace avanzar mirando al Cielo”.

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“La vergüenza nos conduce a la humildad que nos hace conscientes cada día de que no somos nosotros quienes construimos el Reino de Dios, sino que es siempre la gracia del Señor que actúa en nosotros como vasijas de barro, frágiles, inadecuados, insuficientes, pero en los cuales hay un tesoro inmenso que llevamos y comunicamos”.

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“Pedir la gracia de la vergüenza; vergüenza que me llega del continuo coloquio de misericordia con Él; vergüenza que nos hace sonrojar ante Jesucristo; vergüenza que nos pone en sintonía con el corazón de Cristo que se hizo pecado por mí; vergüenza que pone en armonía nuestro corazón en las lágrimas y nos acompaña en el seguimiento cotidiano de ‘mi Señor’”.

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“La invitación que hace Jesús es la de no avergonzarse nunca de Él, sino seguirle siempre con entrega total, fiándose y confiándose a Él”.

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“Yo busco a Jesús, yo sirvo a Jesús porque Él me ha buscado antes, porque he sido conquistado por Él: y este es el núcleo de nuestra experiencia. Pero Él es el primero, siempre”.

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“Para ir hacia las muchas periferias se requiere creatividad, pero siempre en comunidad, en la Iglesia, con esta pertenencia que nos da el valor para ir adelante. Servir a Cristo es amar a esta Iglesia concreta, y servirla con generosidad y espíritu de obediencia”.

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“Ser hombres enraizados y fundados en la Iglesia: así nos quiere Jesús. No puede haber caminos paralelos o aislados. Sí, caminos de investigación, caminos creativos, sí; esto es importante: ir hacia las periferias, las muchas periferias”.

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“A la centralidad de Cristo le corresponde también la centralidad de la Iglesia: son dos fuegos que no se pueden separar: yo no puedo seguir a Cristo más que en la Iglesia y con la Iglesia”.

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“No está descontada la pregunta para nosotros, para todos nosotros: ¿es Cristo el centro de mi vida? ¿Pongo verdaderamente a Cristo en el centro de mi vida? Porque existe siempre la tentación de pensar que estamos nosotros en el centro”.

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“La oración es el respiro de la fe: en una relación de confianza, en una relación de amor, no puede faltar el diálogo, y la oración es el diálogo del alma con Dios”.

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“El Maligno es listo, y nos hace creer que con nuestra justicia humana podemos salvarnos y salvar el mundo. En realidad solo la justicia de Dios nos puede salvar. Y la justicia de Dios se ha revelado en la Cruz: la Cruz es el juicio de Dios sobre todos nosotros y sobre este mundo”.

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“Si en nuestro corazón no hay la misericordia, la alegría del perdón, no estamos en comunión con Dios, aunque observemos todos los preceptos, porque es el amor lo que salva, no la sola práctica de los preceptos”.

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“Dios no nos olvida, el Padre no nos abandona nunca. Es un padre paciente, nos espera siempre. Respeta nuestra libertad, pero permanece siempre fiel. Y cuando volvemos a Él, nos acoge como a hijos, en su casa, porque jamás deja, ni siquiera por un momento, de esperarnos, con amor”.

***
“Caminemos juntos por la vía de la Cruz, caminemos llevando en el corazón esta Palabra de amor y de perdón. Caminemos esperando la Resurrección de Jesús, que nos ama tanto. Es todo amor”.

***
“La palabra de la Cruz es también la respuesta de los cristianos al mal que sigue actuando en nosotros y a nuestro alrededor. Los cristianos deben responder al mal con el bien, tomando sobre sí la Cruz, como Jesús”.

***
“La Cruz de Cristo es una Palabra que es amor, misericordia, perdón. Y también juicio: Dios nos juzga amándonos. Si acojo su amor estoy salvado, si lo rechazo me condeno, no por Él, sino por mí mismo, porque Dios no condena, Él solo ama y salva”.

***
“La Cruz de Jesús es la Palabra con la que Dios ha respondido al mal del mundo. A veces nos parece que Dios no responde al mal, que permanece en silencio. En realidad Dios ha hablado, ha respondido, y su respuesta es la Cruz de Cristo”.

***
“La lucha contra la pobreza, tanto material como espiritual; edificar la paz y construir puentes. Son como los puntos de referencia de un camino al cual quisiera invitar a participar a cada uno de los Países que representáis”.

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“No se pueden construir puentes entre los hombres olvidándose de Dios. Pero también es cierto lo contrario: no se pueden vivir auténticas relaciones con Dios ignorando a los demás”.

***
“No puede haber verdadera paz si cada uno es la medida de sí mismo, si cada uno puede reclamar siempre y solo su propio derecho, sin preocuparse al mismo tiempo del bien de los demás, de todos, a partir ya de la naturaleza, que acomuna a todo ser humano en esta tierra”.

***
“Sentimos cercanos a todos esos hombres y mujeres en búsqueda de la verdad, la bondad y la belleza de Dios, comprometidos en la defensa de la dignidad del hombre, de construir una convivencia pacífica entre los pueblos y de salvaguardar cuidadosamente la creación”.

***
“Sabemos cuánta violencia ha causado en la historia reciente el intento de eliminar a Dios y lo divino del horizonte de la humanidad, y nos damos cuenta del valor que tiene el dar testimonio en nuestras sociedades de la originaria apertura a la trascendencia, ínsita en el corazón humano”.

***
“Debemos mantener viva en el mundo la sed de lo absoluto, sin permitir que prevalezca una visión de la persona humana unidimensional, según la cual el hombre se reduce a aquello que produce y a aquello que consume. Esta es una de las insidias más peligrosas para nuestro tiempo”.

***
“Podemos hacer mucho por el bien de quien es más pobre, débil o sufre, para fomentar la justicia, promover la reconciliación y construir la paz”.

***
“Pidamos al Padre misericordioso que vivamos plenamente esa fe que hemos recibido como un don el día de nuestro Bautismo, y que demos de ella un testimonio libre, alegre y valiente”.

***
“La Iglesia aunque es ciertamente una institución también humana, histórica, con todo lo que ello comporta, no es de naturaleza política, sino esencialmente espiritual: es el Pueblo de Dios. El Santo Pueblo de Dios que camina hacia el encuentro con Jesucristo”.

***
“La verdad cristiana es atrayente y persuasiva porque responde a la necesidad profunda de la existencia humana, al anunciar de manera convincente que Cristo es el único Salvador de todo el hombre y de todos los hombres”.

***
“No caigamos en el pesimismo y el desánimo: tengamos la firme convicción de que, con su aliento poderoso, el Espíritu Santo da a la Iglesia el valor de perseverar y también de buscar nuevos métodos de evangelización, para llevar el Evangelio hasta los extremos confines de la tierra”.

***
“Existe una guerra más profunda que todos debemos combatir. Es la decisión fuerte y valiente de renunciar al mal y a sus seducciones y elegir el bien, dispuestos a pagar en persona: he aquí el seguimiento de Cristo, he aquí el cargar la propia cruz”.

***
“El discípulo de Jesús renuncia a todos los bienes porque ha encontrado en Él el Bien más grande, en el que cualquier bien recibe su pleno valor y significado. El cristiano se desprende de todo y reencuentra todo en la lógica del Evangelio, la lógica del amor y del servicio”.

***
“Jesús no quiere engañar a nadie. Seguir a Jesús no significa participar en un cortejo triunfal. La obra de Jesús es precisamente una obra de misericordia, de perdón, de amor que pasa a través de la cruz. Pero Jesús no quiere realizar esta obra solo: quiere implicarnos también a nosotros en la misión que el Padre le ha confiado”.

***
“Cierto, la puerta de Jesús es una puerta estrecha, porque nos pide abrir nuestro corazón a Él, reconocernos pecadores, necesitados de su salvación. Jesús en el Evangelio nos dice que ser cristianos no es tener una etiqueta. Cristianos de verdad, de corazón. Por la puerta estrecha que es Cristo debe pasar toda nuestra vida”.

***
“Y he aquí entonces que, a la pregunta, Jesús responde diciendo: ‘Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán’ (Lc 13, 24). ¿Qué quiere decir Jesús? ¿Cuál es la puerta por la que debemos entrar? Y, ¿por qué Jesús habla de una puerta estrecha?”.

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“Relata el evangelista Lucas que durante el camino alguien se le acerca y le pregunta: ‘Señor, ¿son pocos los que se salvan?’ (13, 23). Jesús no responde directamente a la pregunta: no es importante saber cuántos se salvan, sino que es importante más bien saber cuál es el camino de la salvación”.

***
“Seguir a Jesús comporta renunciar al mal, al egoísmo y elegir el bien, la verdad, la justicia, incluso cuando esto requiere sacrificio y renuncia a los propios intereses. Y esto sí, divide. Él pone el criterio. He aquí en qué sentido Jesús es ‘signo de contradicción’ (Lc 2, 34)”.

***
“Jesús dice: he venido a traer división; no es que Jesús quiera dividir a los hombres entre sí, al contrario: Jesús es nuestra paz, nuestra reconciliación. Pero esta paz no es la paz de los sepulcros, no es neutralidad, Jesús no trae neutralidad, esta paz no es una componenda a cualquier precio”.

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“La fe comporta elegir a Dios como criterio-base de la vida, y Dios no es vacío, Dios no es neutro, Dios es siempre positivo, Dio es amor, y el amor es positivo”.

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“La fe no es una cosa decorativa, ornamental; vivir la fe no es decorar la vida con un poco de religión, como si fuese un pastel que se lo decora con nata”.

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“María después de recibir la gracia de ser la Madre del Verbo encarnado, no se quedó con aquel regalo. Este es nuestro modelo. La que ha recibido el don más precioso de parte de Dios, como primer gesto de respuesta se pone en camino para servir y llevar a Jesús”.

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“En un cristiano, las obras de servicio y de caridad nunca están separadas de la fuente principal de cada acción nuestra: es decir, la escucha de la Palabra del Señor, el estar –como María– a los pies de Jesús, con la actitud del discípulo”.

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“Es de la contemplación de donde nace en nosotros la capacidad de vivir y llevar el amor de Dios hacia los demás. Y también nuestro trabajo de caridad en las obras de misericordia, nos lleva al Señor, porque nosotros vemos precisamente al Señor en el hermano y en la hermana necesitados”.

***
“Dios siempre quiere la misericordia y no la condena hacia todos. Quiere la misericordia del corazón, porque Él es misericordioso y sabe comprender bien nuestras miserias, nuestras dificultades y también nuestros pecados. El Samaritano hace precisamente esto: imita la misericordia de Dios, la misericordia hacia quien está necesitado”.

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“Jesús no quiere obrar solo, vino a traer al mundo el amor de Dios y quiere difundirlo con el estilo de la comunión, con el estilo de la fraternidad. Por ello forma inmediatamente una comunidad de discípulos, que es una comunidad misionera. Inmediatamente los entrena para la misión, para ir”.

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“No hay tiempo que perder en habladurías, no es necesario esperar el consenso de todos, hay que ir y anunciar. La paz de Cristo se lleva a todos, y si no la acogen, se sigue igualmente adelante”.

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“No debemos gloriarnos como si fuésemos nosotros los protagonistas: el protagonista es uno solo, ¡es el Señor! Protagonista es la gracia del Señor. Él es el único protagonista. Nuestra alegría es solo esta: ser sus discípulos, sus amigos”.

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“Jerusalén es la meta final, donde Jesús debe llevar a cumplimiento su misión de salvación. Jesús se dirige a la meta, y también a las personas que encuentra y que le piden seguirle les dice claramente cuáles son las condiciones: no tener una morada estable; saberse desprender de los afectos humanos; no ceder a la nostalgia del pasado”.

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“Jesús dice a sus discípulos, encargados de precederle en el camino hacia Jerusalén para anunciar su paso, que no impongan nada: si no hallan disponibilidad para acogerle, que se prosiga, que se vaya adelante”.

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“Jesús nos quiere a los cristianos libres como Él. Jesús no quiere ni cristianos egoístas, que siguen el propio yo ni cristianos débiles que no tienen voluntad, cristianos telemandados, incapaces de creatividad, que buscan siempre conectarse a la voluntad de otro. Si un cristiano no sabe hablar con Dios, no sabe oír a Dios en la propia conciencia, no es libre”.

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“Debemos aprender a oír más nuestra conciencia. Pero ¡cuidado! Esto no significa seguir al propio yo, hacer lo que me interesa, lo que me conviene, lo que me apetece... ¡No es esto!”.

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“La conciencia es el espacio interior de la escucha de la verdad, del bien, de la escucha de Dios; es el lugar interior de mi relación con Él, que habla a mi corazón y me ayuda a discernir, a comprender el camino que debo recorrer, y una vez tomada la decisión, a seguir adelante, a permanecer fiel”.

***
“Reconocemos que Dios no es una cosa vaga, nuestro Dios no es un Dios spray, es concreto, no es un abstracto, sino que tiene un nombre: ‘Dios es amor’. No es un amor sentimental, emotivo, sino el amor del Padre que está en el origen de cada vida, el amor del Hijo que muere en la cruz y resucita, el amor del Espíritu que renueva al hombre y el mundo”.

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“La Santísima Trinidad no es el producto de razonamientos humanos; es el rostro con el que Dios mismo se ha revelado, no desde lo alto de una cátedra, sino caminando con la humanidad”.

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“Cuando una persona conoce verdaderamente a Jesucristo y cree en Él, experimenta su presencia en la vida y la fuerza de su Resurrección, y no puede dejar de comunicar esta experiencia. Y si esta persona encuentra incomprensiones o adversidades, se comporta como Jesús en su Pasión: responde con el amor y la fuerza de la verdad”.

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“El Espíritu de Cristo Resucitado expulsa el temor del corazón de los Apóstoles y les impulsa a salir del Cenáculo para llevar el Evangelio. ¡No debemos temer ser cristianos y vivir como cristianos! ¡Tengamos también nosotros esta valentía de ir y anunciar a Cristo Resucitado”.

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“Cristo ha vencido el mal de modo pleno y definitivo, pero nos corresponde a nosotros, a los hombres de cada época, acoger esta victoria en nuestra vida y en las realidades concretas de la historia y de la sociedad”.

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“Todo pasa a través del corazón humano: si yo me dejo alcanzar por la gracia de Cristo resucitado, si le permito cambiarme en ese aspecto mío que no es bueno, que puede hacerme mal a mí y a los demás, permito que la victoria de Cristo se afirme en mi vida, que se ensanche su acción benéfica”.

***
“Dios jamás se cansa de perdonar, pero nosotros, a veces, nos cansamos de pedir perdón. Él es Padre amoroso que siempre perdona, que tiene ese corazón misericordioso con todos nosotros”.

***
“Padre, perdón por quien se ha acomodado y se ha cerrado en su propio bienestar que anestesia el corazón”.

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“Somos una sociedad que ha olvidado la experiencia de llorar, de ‘sufrir con’: ¡la globalización de la indiferencia nos ha quitado la capacidad de llorar!”.

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“La globalización de la indiferencia nos hace ‘innominados’, responsables anónimos y sin rostro”.

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“La cultura del bienestar, que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles al grito de los otros, nos hace vivir en pompas de jabón, que son bonitas, pero no son nada, son la ilusión de lo fútil, de lo provisional, que lleva a la indiferencia hacia los otros, o mejor, lleva a la globalización de la indiferencia”.

***
“El sueño de ser poderoso, de ser grande como Dios, en definitiva de ser Dios, lleva a una cadena de errores que es cadena de muerte, ¡lleva a derramar la sangre del hermano!”.

***
“La difusión del Evangelio no está asegurada ni por el número de personas, ni por el prestigio de la institución, ni por la cantidad de recursos disponibles. Lo que cuenta es estar imbuidos del amor de Cristo e injertar la propia vida en la Cruz del Señor”.

***
“Cuanto más les llame la misión a ir a las periferias existenciales, más unido ha de estar su corazón a Cristo, lleno de misericordia y de amor. ¡Aquí reside el secreto de la fecundidad pastoral, de la fecundidad de un discípulo del Señor!”.

***
“El riesgo del activismo, de confiar demasiado en las estructuras, está siempre al acecho. Si miramos a Jesús, vemos que la víspera de cada decisión y acontecimiento importante, se recogía en oración intensa y prolongada”.

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“Sin la relación constante con Dios la misión se convierte en función”.

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“La misión es gracia. Y si el apóstol es fruto de la oración, encontrará en ella la luz y la fuerza de su acción. En efecto, nuestra misión pierde su fecundidad, e incluso se apaga, en el mismo momento en que se interrumpe la conexión con la fuente, con el Señor”.

***
“Los obreros para la mies no son elegidos mediante campañas publicitarias o llamadas al servicio de la generosidad, sino que son “elegidos” y “mandados” por Dios. Él es quien elige, Él es quien manda, Él es quien encomienda la misión”.

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“Es la Cruz, siempre la Cruz con Cristo, la que garantiza la fecundidad de nuestra misión. Y desde la Cruz, acto supremo de misericordia y de amor, renacemos como ‘criatura nueva’ (Ga 6, 15)”.

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“La fecundidad pastoral, la fecundidad del anuncio del Evangelio no procede ni del éxito ni del fracaso según los criterios de valoración humana, sino de conformarse con la lógica de la Cruz de Jesús, que es la lógica del salir de sí mismos y darse, la lógica del amor”.

***
“¡El misterio pascual es el corazón palpitante de la misión de la Iglesia! Y si permanecemos dentro de este misterio, estamos a salvo tanto de una visión mundana y triunfalista de la misión, como del desánimo que puede nacer ante las pruebas y los fracasos”.

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“Haberse dejado conformar con la muerte de Jesús ha hecho a San Pablo participar en su resurrección, en su victoria. En la hora de la oscuridad, en la hora de la prueba está ya presente y activa el alba de la luz y de la salvación”.

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“Encontrar al Señor que nos consuela e ir a consolar al pueblo de Dios, ésta es la misión. La gente de hoy tiene necesidad de que demos testimonio de la misericordia, la ternura del Señor, que enardece el corazón, despierta la esperanza, atrae hacia el bien”.

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“¿De dónde nace la misión? La respuesta es sencilla: nace de una llamada que nos hace el Señor, y quien es llamado por Él lo es para ser enviado”.

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“Unidos en las diferencias: no hay otra vía católica para unirnos. Este es el espíritu católico, el espíritu cristiano: unirse en las diferencias. Este es el camino de Jesús”.

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“Cuando dejamos que prevalezcan nuestras Ideas, nuestros sentimientos, la lógica del poder humano, y no nos dejamos instruir y guiar por la fe, por Dios, nos convertimos en piedras de tropiezo”.

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“El resultado de querer construir la ciudad del hombre sin Dios es que el Dios vivo es sustituido por ídolos humanos y pasajeros, que ofrecen un embriagador momento de libertad, pero que al final son portadores de nuevas formas de esclavitud y de muerte”.

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“La constante ilusión es pensar que el rechazo de Dios, del Mensaje de Cristo, del Evangelio de la Vida, lleva a la libertad, a la plena realización del hombre”.

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“La constante ilusión es querer construir la ciudad del hombre sin Dios, sin la vida y el amor de Dios: una nueva Torre de Babel”.

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“Con frecuencia, el hombre se deja guiar por ideologías y lógicas que ponen obstáculos a la vida, que no la respetan, porque vienen dictadas por el egoísmo, el propio interés, el lucro, el poder, el placer”.

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“El egoísmo conduce a la mentira, con la que trata de engañarse a sí mismo y al prójimo. Pero no se puede engañar a Dios”.

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“Cuando el hombre quiere afirmarse a sí mismo, encerrándose en su propio egoísmo y poniéndose en el puesto de Dios, acaba sembrando la muerte”.

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“Jesús nos recuerda que seguirle quiere decir salir de nosotros mismos y hacer de nuestra vida no una posesión nuestra, sino un don a Él y a los demás”.

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“También el amor más grande cuando no se alimenta continuamente, se debilita y se apaga”.

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“Los cristianos no hemos sido elegidos por el Señor para pequeñeces. Hemos de ir siempre más allá, hacia las cosas grandes. Jóvenes, poned en juego vuestra vida por grandes ideales”.

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“Confiemos en la acción de Dios. Con Él podemos hacer cosas grandes y sentiremos el gozo de ser sus discípulos, sus testigos. Apostad por los grandes ideales, por las cosas grandes”.

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“Si queremos ir por la senda de la mundanidad, negociando con el mundo, nunca tendremos el consuelo del Señor. Y si buscamos únicamente el consuelo, será un consuelo superficial, no el del Señor, será un consuelo humano. La Iglesia está siempre entre la Cruz y la Resurrección, entre las persecuciones y los consuelos del Señor. Y este es el camino: quien va por Él no se equivoca”.

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“¿He pensado en qué ídolo oculto tengo en mi vida que me impide adorar al Señor? Adorar es despojarse de nuestros ídolos, también de esos más recónditos, y escoger al Señor como centro, como vía maestra de nuestra vida”.

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“Adorar al Señor quiere decir darle a Él el lugar que le corresponde; adorar al Señor quiere decir afirmar, creer –pero no simplemente de palabra– que únicamente Él guía verdaderamente nuestra vida; adorar al Señor quiere decir que estamos convencidos ante Él de que es el único Dios, el Dios de nuestra vida, el Dios de nuestra historia”.

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“La incoherencia de los fieles y los Pastores entre lo que dicen y lo que hacen, entre la palabra y el modo de vivir, mina la credibilidad de la Iglesia”.

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“La paciencia de Dios debe encontrar en nosotros la valentía de volver a Él, sea cual sea el error, sea cual sea el pecado que haya en nuestra vida”.

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“Dios es paciente con nosotros porque nos ama, y quien ama comprende, espera, da confianza, no abandona, no corta los puentes, sabe perdonar. Recordémoslo en nuestra vida de cristianos: Dios nos espera siempre, aun cuando nos hayamos alejado. Él no está nunca lejos, y si volvemos a Él, está preparado para abrazarnos”.

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“Pidamos al Señor que nos haga partícipes de su resurrección: nos abra a su novedad que trasforma, a las sorpresas de Dios, tan bellas; que nos haga hombres y mujeres capaces de hacer memoria de lo que Él hace en nuestra historia personal y la del mundo; que nos haga capaces de sentirlo como el Viviente, vivo y actuando en medio de nosotros; que nos enseñe cada día a no buscar entre los muertos a Aquel que vive”.

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“Hacer memoria de lo que Dios ha hecho por mí, por nosotros, hacer memoria del camino recorrido; y esto abre el corazón de par en par a la esperanza para el futuro. Aprendamos a hacer memoria de lo que Dios ha hecho en nuestras vidas”.

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“Si hasta ahora has estado lejos de Él, da un pequeño paso: te acogerá con los brazos abiertos. Si eres indiferente, acepta arriesgar: no quedarás decepcionado. Si te parece difícil seguirlo, no tengas miedo, confía en Él, ten la seguridad de que Él está cerca de ti, está contigo, y te dará la paz que buscas y la fuerza para vivir como Él quiere”.

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“No nos cerremos a la novedad que Dios quiere traer a nuestras vidas. ¿Estamos acaso con frecuencia cansados, decepcionados, tristes; sentimos el peso de nuestros pecados, pensamos no lo podemos conseguir? No nos encerremos en nosotros mismos, no perdamos la confianza, nunca nos resignemos: no hay situaciones que Dios no pueda cambiar, no hay pecado que no pueda perdonar si nos abrimos a Él”.

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“Las cosas del corazón no tienen explicación; solo salen”.

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“Al no salir de sí, proviene precisamente la insatisfacción de algunos, que terminan tristes, sacerdotes tristes, y convertidos en una especie de coleccionistas de antigüedades o bien de novedades, en vez de ser pastores con olor a oveja”.

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“El que no sale de sí, en vez de mediador, se va convirtiendo poco a poco en intermediario, en gestor. Todos conocemos la diferencia: el intermediario y el gestor ya tienen su paga, y puesto que no ponen en juego la propia piel ni el corazón, tampoco reciben un agradecimiento afectuoso que nace del corazón”.

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“No es precisamente en autoexperiencias ni en introspecciones reiteradas que vamos a encontrar al Señor. Hay que salir a experimentar nuestra unción, su poder y su eficacia redentora: en las periferias donde hay sufrimiento, hay sangre derramada, ceguera que desea ver, donde hay cautivos de tantos malos patrones” .

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“El óleo precioso que unge la cabeza de Aarón no se queda perfumando su persona sino que se derrama y alcanza las periferias. El Señor lo dirá claramente: su unción es para los pobres, para los cautivos, para los enfermos, para los que están tristes y solos. La unción no es para perfumarnos a nosotros mismos, ni mucho menos para que la guardemos en un frasco, ya que se pondría rancio el aceite... y amargo el corazón”.

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“No os avergonzáis de su cruz. Más aún, la abrazáis porque habéis comprendido que la verdadera alegría está en el don de sí mismo, en el don de sí, en salir de uno mismo, y en que Él ha triunfado sobre el mal con el amor de Dios”.

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“La cruz de Cristo, abrazada con amor, nunca conduce a la tristeza, sino a la alegría, a la alegría de ser salvados y de hacer un poquito eso que ha hecho Él aquel día de su muerte”.

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“Nunca os dejéis vencer por el desánimo. Nuestra alegría no es algo que nace de tener tantas cosas, sino de haber encontrado a una persona, Jesús”.

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“No tener miedo de la gracia, no tener miedo de salir de nosotros mismos, no tener miedo de salir de nuestras comunidades cristianas para ir a encontrar a las 99 que no están en casa. E ir a dialogar con ellos, y decirles qué pensamos, ir a mostrar nuestro amor que es el amor de Dios”.

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“No tener miedo, no tener miedo. No tener miedo del amor, del amor de Dios, nuestro Padre. No tener miedo. No tener miedo de recibir la gracia de Jesucristo, no tener miedo de nuestra libertad que viene dada por la gracia de Jesucristo o, como decía Pablo: ‘Ya no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia’”.

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“Y cuando una comunidad está cerrada, siempre con las mismas personas que hablan, esta comunidad no es una comunidad que da vida. Es una comunidad estéril, no es fecunda”.

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“Es más fácil quedarse en casa, con esa única oveja. Es más fácil con esa oveja, peinarla, acariciarla... pero nosotros sacerdotes, también vosotros cristianos, todos: el Señor nos quiere pastores, no peinadores de ovejas; ¡pastores!”.

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“No entiendo las comunidades cristianas que están cerradas, en la parroquia. Quiero deciros algo. En el Evangelio es bonito ese pasaje que nos habla del pastor que, cuando vuelve al ovil, se da cuenta de que falta una oveja: deja las 99 y va a buscarla, a buscar una. Pero, hermanos y hermanas, nosotros tenemos una; ¡nos faltan 99! Debemos salir, ¡debemos ir hacia los demás! En esta cultura –digámonos la verdad– tenemos sólo una, ¡somos minoría! ¿Y sentimos el fervor, el celo apostólico de ir y salir y buscar las otras 99?”.

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“El cristiano debe ser valiente y ante el problema, ante una crisis social, religiosa, debe tener el valor de ir adelante, ir adelante con valentía. Y cuando no se puede hacer nada, con paciencia: soportando. Soportar”.

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“Por ello me gusta usar la expresión ir a las periferias, las periferias existenciales. A todos, a todos ellos, desde la pobreza física y real a la pobreza intelectual, que es real también. Todas las periferias, todos los cruces de caminos: ir ahí. Y ahí sembrar la semilla del Evangelio con la palabra y con el testimonio”.

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“El Evangelio es como la semilla: tú lo siembras, lo siembras con tu palabra y con tu testimonio. Y después no haces una estadística acerca de cómo ha ido esto: la hace Dios. Él hace crecer esta semilla; pero debemos sembrar con esa certeza de que el agua la da Él, el crecimiento lo da Él”.

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“El profeta Ezequiel decía: ‘Arrancaré de vosotros el corazón de piedra y os daré un corazón de carne’. Qué quiere decir esto? Un corazón que ama, un corazón que sufre, un corazón que se alegra con los demás, un corazón lleno de ternura hacia quien, llevando impresas las heridas de la vida, se siente en la periferia de la sociedad”.

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“La verdadera revolución, la que transforma radicalmente la vida, la realizó Jesucristo a través de su Resurrección: la Cruz y la Resurrección. Un cristiano, si no es revolucionario, en este tiempo, ¡no es cristiano!”

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“Son muchos los revolucionarios en la historia, han sido muchos. Pero ninguno ha tenido la fuerza de esta revolución que nos trajo Jesús: una revolución para transformar la historia, una revolución que cambia en profundidad el corazón del hombre”.

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“Un cristiano nunca puede ser aburrido o triste. Quien ama a Cristo es una persona llena de alegría, y que irradia alegría”.

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“A vosotros jóvenes os digo: No tengáis miedo de ir a contracorriente, cuando nos quieren robar la esperanza. Id a contracorriente y tened este orgullo de ir precisamente a contracorriente. ¡Adelante, sed valientes e id a contracorriente! ¡Y estad orgullosos de hacerlo!”

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“Cuántos hombres rectos prefieren ir a contracorriente, con tal de no negar la voz de la conciencia, la voz de la verdad. Personas rectas, que no tienen miedo de ir a contracorriente. Y nosotros, no debemos tener miedo”.

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“Para custodiar, también tenemos que cuidar de nosotros mismos. Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida. Custodiar quiere decir entonces vigilar sobre nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas: las que construyen y las que destruyen”.

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“Seamos custodios de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro” .

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“José es ‘custodio’ porque sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es más sensible aún a las personas que se le han confiado, sabe cómo leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que le rodea, y sabe tomar las decisiones más sensatas” .

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“Volvamos al Señor. El Señor nunca se cansa de perdonar, ¡jamás! Somos nosotros los que nos cansamos de pedirle perdón. Y pidamos la gracia de no cansarnos de pedir perdón, porque Él nunca se cansa de perdonar”.

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“Cuando caminamos sin la cruz, cuando edificamos sin la cruz y cuando confesamos un Cristo sin cruz, no somos discípulos del Señor: somos mundanos, somos obispos, sacerdotes, cardenales, papas, pero no discípulos del Señor”.

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“Podemos caminar cuanto queramos, podemos edificar muchas cosas, pero si no confesamos a Jesucristo, algo no funciona. Acabaremos siendo una ONG asistencial, pero no la Iglesia, Esposa del Señor”.

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“Caminar: nuestra vida es un camino y cuando nos paramos, algo no funciona”.

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“Cada cristiano y cada comunidad es misionera en la medida en que lleva y vive el Evangelio, y da testimonio del amor de Dios por todos, especialmente por quien se encuentra en dificultad”.

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“No encerrarse en uno mismo, en los propios problemas, en las propias ideas, en los propios intereses, en ese pequeño mundito que nos hace tanto daño, sino salir e ir al encuentro de quien tiene necesidad de atención, compresión y ayuda, para llevarle la cálida cercanía del amor de Dios, a través de gestos concretos de delicadeza, de afecto sincero y de amor”.

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“Los pobres, los abandonados, los enfermos, los marginados son la carne de Cristo”.

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“Preguntémonos si tenemos la tendencia a cerrarnos en nosotros mismos, en nuestro grupo, o si dejamos que el Espíritu Santo nos conduzca a la misión”.



 

Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis